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lunes, 25 de agosto de 2014

El vacío de poder en Irak

A casi ocho años de la muerte de Saddam Hussein y más de diez años de la invasión norteamericana, Irak continúa siendo noticia. El grupo ultra radical y violento Estado Islámico (ISIS) persigue minorías, instala el terror e intenta imponer un Califato sobre los territorios que controla, desde Siria a Irak. El exterminio de minorías religiosas es una de las primeras consecuencias del gran resurgimiento de los yihadistas en Irak.

El poderío del grupo armado Estado Islámico es uno de los resultados de la interminable guerra de Irak. Fundado en 2004 durante la ocupación norteamericana pero rebautizado en 2007, esta agrupación se fue radicalizando al punto de operar de forma independiente a Al Qaeda. Ubicada en los desiertos del sudoeste iraquí (provincias de Anbar y Niniv), el 10 de junio el Estado Islámico tomó la ciudad de Mosul, la segunda más importante de Irak.

Este movimiento yihadista sunnita es un grupo con ideas primitivas que busca establecer un régimen político perteneciente a otra era, utilizando el terror como un arma para acosar a los civiles. El Estado Islámico tiene presencia en Siria, diluyendo las fronteras con Irak y asumiendo el control de la ciudad de Raqqa. En estas zonas de Siria se ubican los grupos que están en guerra frente al gobierno de Bashar al Assad. Incluso los rebeldes “moderados” acusan a los integrantes del Estado Islámico de querer robarles la revolución. 

El Estado Islámico avanza hacia el Kurdistán iraquí y comienza a prender las alarmas en el mundo occidental. Es que allí habitan los kurdos, uno de los pueblos de Medio Oriente que nunca recibió una tierra propia en la participación post caída del Imperio Otomano. La mayoría de los kurdos son musulmanes sunnitas, representan casi el 20% de la población de Irak y poseen una fuerte voluntad de independencia. Situados en el noreste del territorio iraquí, los kurdos intentaron aislarse del conflicto político entre sunnitas y chiitas en la Irak post Saddam.

El avance del Estado Islámico hacia el Kurdistán concentra la atención por las atrocidades cometidas y debido a que la región, ubicada entre el mar Negro y Caspio, es una cuenca petrolífera importante. El control de la zona por parte de los kurdos, con su líder Masud Barzani y su ejército Peshmerga, constituye una tranquilidad para Estados Unidos y el mundo occidental. Es por ello que en estos días y con el objetivo de frenar el avance de los extremistas, el ejército norteamericano bombardeó algunas regiones y lanzó raciones básicas para las poblaciones atrapadas en las montañas.

Una de las minorías religiosas que están viendo sus derechos vulnerados son los Yazidíes. Considerados adoradores del diablo por parte de Estado Islámico, este pueblo intenta escapar a las montañas para no sufrir el terror de lo que el médico español Juan Sotomayor, en declaraciones al diario El Mundo de España, define como “genocidio medieval”. Se calcula que son casi medio millón de desplazados por el avance del Estado Islámico, una catástrofe humanitaria.

Una de las causas de la expansión del Estado Islámico es la falta de control de zonas aisladas en Medio Oriente. El gobierno de Irak, situado en Bagdad, controla solamente franjas de su territorio que es parte de un triángulo de poder (chiitas, sunnitas y kurdos) al que se han sumado los yihadistas. Los chiíes, que representan un 2/3 de la población, están en el poder desde 2006 con Nuri al Maliki como primer ministro. Los sunnies de la alianza Al Iraqya, políticamente en la oposición, reclaman desde hace años que son dejados de lado. La tercera punta del triangulo son los kurdos que dejaron el gobierno por no estar de acuerdo con las políticas de Al Maliki.  

Pero la cuarta pata, los yihadistas, apareció debido a que no todos los sunnies reaccionaron de la misma manera ante esta exclusión que sintieron por parte de Al Maliki. El vacío de poder hizo que el 2013 fuese el año más sangriento desde 2008, debido a los resentimientos religiosos. Es por ello que las presiones internacionales hacia Al Maliki, por la falta de apertura, llevaron a que el primer ministro dimitiera en las últimas semanas y abriese la cancha para que otro chií pueda llevar adelante políticas inclusivas y logre un gobierno de estabilidad nacional.

El nuevo mandatario Haidar al Abadi tendrá la difícil tarea de reconstruir un país afectado por las divisiones. Para ello deberá no solo negociar internamente sino internacionalmente. Irán, clave por el apoyo que brinda a la comunidad chií, y Estados Unidos, aliado de las fuerzas kurdas, serán claves. Es que estos países así como otros de la región, como Turquía, tendrán que asumir un rol preponderante para derrotar al Estado Islámico y ayudar a la construcción de un país estable.


Quizás por su hegemonía preponderante en los últimos 20 años, Estados Unidos debiera liderar las nuevas conversaciones. Washington con su invasión a Irak fue importante en el resquebrajamiento de esta nación. Ahora deberá tener un rol preponderante para allanar caminos, no solo combatiendo a los yihadistas y defendiendo sus intereses en la región, sino también para ayudar a Irak a llenar los vacíos de poder, que son una de las causas de la emergencia de estos grupos ultra radicales. Con vacíos de poder no solo me refiero a que el Estado esté presente sino a generar mejores condiciones de vida  para una población que en el contexto actual es muy vulnerable y fácil de atraer por parte de grupos como Estado Islámico. 

jueves, 26 de septiembre de 2013

El terrorismo islámico golpea en África

El continente olvidado vuelve a estar en el punto de mira tras el ataque del grupo Al Shabab en Nairobi, Kenia. El interés de las potencias occidentales en controlar a los terroristas islámicos de la zona conlleva a la necesidad de formar gobiernos estables para no dar cabida a los radicales.
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El grupo Al Shabab (La Juventud), alineado a Al Qaeda, realizó en los últimos días un asalto a uno de los centros comerciales más exclusivos y concurridos de la capital de Kenia, propiedad de un judío israelí. Más de 60 personas murieron tras el ataque y secuestro del local, la mayoría eran pertenecientes a la colonia extranjera que frecuenta el lugar. Al Shabab posee alrededor de 8000 combatientes y realiza embestidas contra la presencia extranjera en el cuerno de África.

Nairobi es un centro regional económico y diplomático del este del continente, denominada la capital de África Oriental. Es la capital de un país de 34 millones de habitantes que ya sufrió ataques del yihadismo en 1998, cuando murieron más de 200 personas tras las explosiones en la Embajada de Estados Unidos. Con un crecimiento de 4% pero con problemas de desempleo, corrupción y disputas intertribales, el flamante presidente Uhuru Kenyatta (con un proceso abierto en el Tribunal Penal Internacional) ahora tendrá que lidiar con el terrorismo en su territorio.

Kenia está siendo castigada por Al Shabab debido a su implicación en el conflicto somalí. En el año 2011, el gobierno keniata implicó a sus Fuerzas Armadas para defender sus fronteras pero a los ojos de los islamistas pasaron a ser partícipes del problema, al igual que el otro vecino Etiopía. Estos dos países son aliados de occidente en el cuerno de África y por ende adversarios de los terroristas que buscan controlar Somalia.

Estados fallidos y terrorismo islámico

Somalia, vecino de Kenia, es uno de los tantos Estados fallidos que existen en África. Inmerso en una guerra civil desde hace 20 años, las potencias huyeron en varias oportunidades al no poder controlar la situación de un territorio complejo. En el Norte, ciudades abandonadas y semiautónomas a merced de los señores de la guerra, mientras que en el centro sur el control es de Al Shabab. El gobierno sólo es fuerte en la capital Mogadiscio. Con problemas constantes por la falta de instituciones estables, Somalia constituye una amenaza para la paz y seguridad en la región.

Actualmente en Somalia, el país más peligroso y corrupto del mundo, el gobierno lucha con el apoyo de Naciones Unidas contra distintas milicias. La principal es Al Shabab, grupo islámico de corte wahabi que se unió formalmente a Al Qaeda en 2012. Este grupo, considerado terrorista por la CIA, es heredero de las Cortes Islámicas (ala más joven y radical) expulsadas de la capital por las fuerzas etíopes en 2007. La firme presencia de este grupo provocó el apoyo y la colaboración de Estados Unidos e Israel con el presidente Mohamed, el cual con suerte controla la capital Mogadiscio.   

En el último tiempo Al Shabab está perdiendo bastiones en Somalia como las ciudades de Merca y Kismaayo, controlando actualmente una franja de territorio desértico. La mayoría de las bases piratas están destruidas y se multiplican las luchas con otros señores de la guerra asentados en el país. Sin embargo el temor de que ocurriese algo en Kenya estaba latente. El año pasado el servicio de inteligencia israelí, con el cual Nairobi tiene excelentes relaciones, desbarató un ataque contra diplomáticos israelíes en Kenya.

El problema del terrorismo islámico en África no solo abarca esta región oriental que incluye Somalia, Kenia, Tanzania y Etiopía. A comienzos de año se produjo una crisis importante en Mali por la incursión de yihadistas provenientes de Libia. En esa zona que incluye además a Níger y Argelia, entre otros, opera el grupo Al Qaeda del Magreb Islámico.  Más hacia el centro de África, en Nigeria, maniobra Boko Haram una potente agrupación que busca instalar la ley sharia en todo el país.  El golpe en Kenia y  la pérdida de más de 60 vidas confirman que el terrorismo islámico en África se mantiene firme. 

sábado, 7 de septiembre de 2013

La transformación del sistema internacional

La guerra civil en Siria y la posible intervención de Estados Unidos genera nuevamente la pregunta de si estamos frente a un mundo multipolar. ¿En las decisiones que se toman con respecto a los conflictos geopolíticos, podemos observar esa supuesta decadencia del poder norteamericano y el ascenso de potencias emergentes? Sin avances en la reforma de las Naciones Unidas, el pasaje de la bipolaridad del siglo XX a la multi polaridad del siglo XXI no es completo.
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Hace diez años atrás el gobierno de George Bush se embarcaba en la Guerra de Irak. Con el apoyo del primer ministro británico Tony Blair pero sin el aval de Naciones Unidas, Estados Unidos fue en búsqueda de las armas de destrucción masiva que nunca tuvo Saddam Hussein. Eran otros tiempos, sin crisis económicas y con un sistema unipolar consolidado, dominado por Washington y apoyado por Londres. La historia es conocida, hoy tenemos una Irak sumida en la violencia, sin rumbo cierto.

Diez años después, el régimen de Bashar Al Assad en Siria utilizó gas sarín (aún no está comprobado sino fue utilizado por los rebeldes de Al Qaeda), traspasando la línea roja que el Premio Nobel de la Paz, Barack Obama, había establecido. En estos días la comunidad internacional discute cuáles son las acciones que tomarán. Descartando iniciativas bélicas como la de Irak o Afganistán, el mandatario norteamericano busca apoyos para una acción limitada. Aquí radica la primera diferencia con respecto al sistema unipolar de las últimas décadas, Estados Unidos no se embarcará en una aventura de estas sin apoyo internacional.

En la reunión del G-20, foro de cooperación sobre temas relacionados con el sistema internacional financiero, el asunto de Siria fue inevitable. Allí, Obama obtuvo el apoyo de sus aliados que en materia de política exterior tienden a apegarse al rumbo norteamericano. Washington contó con el respaldo de los países de la Unión Europea: Francia, España, Italia, Alemania y el Reino Unido, organismo que no muestra avances en lo que refiere a una política exterior común independiente. La canciller de Alemania, Angela Merkel, fue la única que demoró su apoyo, pero finalmente se sumó a la declaración presentada en San Petesburgo. Además, Estados Unidos recibió el aval de históricos aliados como Japón, Corea del Sur y Australia. Turquía y Arabia Saudita, países deseosos de desbancar a los aliados de los chiítas iraníes en la región, fueron las otras naciones que se unieron a Estados Unidos. 

¿Y el resto dónde están?

Rusia es un aliado histórico del régimen sirio. Actualmente le provee armas y lidera la lucha diplomática en contra de un posible ataque de Estados Unidos. En estos días Putin se mostró contrario a un ataque y no brindará su apoyo en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Por su asiento permanente y el poder de veto, Rusia tiene un poder de decisión importante en el sistema internacional actual. Es por ello que como segunda consideración decimos que la bipolaridad del siglo pasado EEUU-URSS, hoy se convierte en Washington y sus aliados europeos - Moscú.

China, potencia por excelencia en el siglo XXI, siempre mantiene una política de no interferencia en los asuntos internos de otras naciones. Por supuesto por un tema de conveniencia, para ellos es mejor que nadie opine sobre lo que hace la dictadura liderada por Xi Jinping. Pekín teje sus alianzas económicas con diversos mandatarios de todos lados del mundo pero evitando entrometerse en conflictos como el de Siria. La silenciosa conquista China es a través de inversiones y comercio. La tercer consideración que surge de este análisis es si Pekín (uno de los cinco permanentes en el Consejo de Seguridad de ONU) se aleja y evita entrometerse, estamos nuevamente ante una bipolaridad.

¿Cuál es la posición del resto de las naciones de este mundo multipolar? ¿Qué han dicho sobre la guerra civil de Siria la Unasur, BRICS, MIST, Unión Africana y Liga Árabe?

Brasil, potencia regional sudamericana, intenta liderar una región pero no la tiene fácil. Los países del pacífico miran hacia otro lado, pensando más en lo económico que en lo político. Igualmente la Unasur emitió una declaración apelado a la solución pacífica de controversias. Por su parte tanto el gobierno de Brasilia como el Argentina no apoyaron en el G-20 la postura norteamericana. India, otro miembro de los BRICS, e Indonesia, país con más musulmanes en el mundo, expresaron también su rechazo. Sin embargo ¿cuál es el peso de sus declaraciones?

En África hay demasiados problemas como para pensar en un sistema internacional más justo. Bastante injusta ha sido la historia con el continente negro. La multiplicidad de países dificulta la emergencia de un país líder como lo pudo ser en su momento Egipto, hoy destrozado, o en la actualidad Sudáfrica. Cabe destacar que el gobierno del país de Nelson Mandela pregona el diálogo en Siria. En el mundo musulmán, la lucha entre sunníes y chiíes se mantiente y toman posición con respecto a los distintos conflictos que surgen. Irán, Irak y grupos como Hezbola o Hamas enfrentados contra Turquía, Arabia Saudita y Catar.

Como conclusión, si bien podemos observar la emergencia de potencias regionales u organismos con mayor poder político, mientras que no exista una reforma del Consejo de Seguridad de la ONU que refleje el sistema internacional actual y no la realidad del siglo pasado, lejos estamos de un mundo multipolar en lo práctico. A la hora de la toma de decisiones en este tipo de situaciones, poco importan los términos de Goldman Sachs y los estudios académicos. Hoy en día lo fundamental sigue siendo la importancia militar estratégica y geopolítica de los países. Las Naciones Unidas estancada en la historia pocas soluciones puede ofrecer.

   

miércoles, 4 de septiembre de 2013

La interminable Guerra en Irak

Diez años después de la invasión estadounidense a Irak, la nación asiática continúa buscando su rumbo. La instauración de un nuevo sistema político y la redacción de una Constitución no le devolvieron la normalidad al país. El texto aprobado en 2005, tras un gobierno provisional, perpetuó la inestabilidad al presentar contenidos ambiguos. Durante años, la violencia sectaria mantuvo a Irak al borde de una guerra civil. Se considera que actualmente el país vive la peor crisis desde la caída de Sadam Hussein o incluso desde la constitución del Estado en 1921. Los chiítas del Partido Islámico Dawa gobiernan desde 2003, con la oposición de kurdos, molestos porque no se contemplan sus peticiones, y sunníes, algunos de los cuales apostaron por la violencia. Cabe destacar que la comunidad sunní fue beneficiada durante la era Hussein pero luego fueron desalojados del poder tras la invasión norteamericana.

Las elecciones de marzo de 2010 parecían traer un poco de calma al país, sin embargo el ajustado recuento entre el partido de Nuri Al Maliki y la alianza Al Iraqiya encabezada por Ayad Alaui, mantiene hasta hoy en día una división política. Al Maliki, venido a primer ministro tras tener el apoyo de los sectores chiíes (mayoría en el país), se impuso sobre Alaui, a quien acusaban de mantener afinidades con el partido Baaz, liderado en su momento por Sadam Hussein. Tal fue la complicación que el gobierno asumió nueve meses después, una demora de tiempo récord.

En materia política se observa un triángulo de poder: chiíes, que son dos tercios de la población y tienen como líder al primer ministro Al Maliki, suníes, quienes dominan diversas provincias y se agrupan en la alianza Al Iraqiya, y  kurdos, claves para lograr la estabilidad. Estas tres fuerzas deberán ajustar el acuerdo nacional para dar fin a la violencia en Irak.  

Los kurdos, tranquilos en una Irak federal y consolidados en el norte, retiraron en marzo de este año sus ministros y parlamentarios. La tensión es constante entre Bagdad y el ejecutivo autónomo del Kurdistán iraqui que tiene a Masud Barzani como líder. Su forma de expresar el rechazo al gobierno es distinta a utilizada por los sunníes. La opción de los kurdos fue boicotear las reuniones del gobierno de unidad nacional del líder chií Al Maliki.

La alianza Al Iraqiya, que apoya las manifestaciones realizadas por la población en las provincias sunníes, impulsó la dimisión de sus ministros de finanzas y agricultura. La decisión supuso una retirada del gobierno de este grupo liderado por Ayad Alaui.  La comunidad sunní está descontenta por su marginación y enfurecidos por las políticas de exclusión social. Las quejas radican en que la administración ha hecho oídos sordos a sus pedidos de liberación de presos, leyes antiterroristas y empleo, entre otros asuntos. Debido a esto los extremistas instauraron el terror en la nación y desde principios de año los atentados perpetuados por los insurgentes sunníes cercanos a Al Qaeda buscan desequilibrar al gobierno.

El crecimiento de la violencia en los últimos tiempos

El terrorismo en Irak aumentó desde la retirada de las tropas norteamericanas en diciembre de 2011. Esto se debe a que el proceso político, supervisado por occidente, se construyó sobre bases erróneas. La instauración de la separación de poderes y una nueva Constitución no derivó tan fácilmente en una democracia. Los líderes tampoco se han mostrado como los responsables adecuados para dirigir los asuntos de Irak en la situación actual. La población continúa manifestándose para expresar que sus vidas, incluso luego de la caída de Sadam Hussein, no han prosperado. La situación económica, el acceso a los servicios básicos y las relaciones sociales continúan en la misma senda.

El mes de abril de 2013 fue el más sangriento desde 2008. Según las Naciones Unidas, la escalada de violencia se cobró 700 personas. La oposición al primer ministro exigía su caída y un cambio de rumbo. La división constante del país podría derivar en la división de Irak. Seguramente las elecciones generales de 2014 serán fundamentales para el futuro. El conflicto civil local también dependerá de lo que suceda en el país vecino Siria, principalmente por la guerra civil entre Bachar Al Asad y la oposición. También influirá la posición del gobierno de Irán, el cual respaldó el acuerdo de 2010 para la integración y estabilización del país.

Tanto las milicias como los grupos armados aprovechan de las carencias y dificultades de los cuerpos de seguridad para atentar contra figuras políticas del país. Los actos de violencia salpican a diario la vida del ciudadano común de este país del suroeste de Asia. La parálisis política e institucional de Irak se cobra cada día más victimas en todos los puntos del país, incluida la capital Bagdad. Las ciudades con mayoría chií sufren una oleada de atentados en el último tiempo de los cuales muchos se adjudica la red Al Qaeda. El futuro de Irak sigue siendo incierto, como ocurre en muchos conflictos del siglo XXI se conoce el inicio de la guerra pero no su final.   

domingo, 4 de agosto de 2013

Túnez y su lucha contra Al Qaeda

La turbulenta transición política en esta nación del norte de África, abre espacios de inestabilidad que son aprovechados por la red terrorista líder en la actualidad. El asesinato de dirigentes opuestos a las políticas extremistas islámicas es la estrategia utilizada por Al Qaeda para hacer temblar los cimientos políticos que el partido Ennahda trata de crear. Se necesita acelerar la transición y realizar unas elecciones en el corto plazo pero solo con eso no alcanza, el ejército debe derrocar a Al Qaeda antes que sea tarde.
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En los últimos días la falange Okba Ibn Nafka, perteneciente a la red Al Qaeda, asesinó a ocho soldados de una unidad de elite. Las fuerzas de seguridad cayeron en una emboscada y terminaron degollados por los terroristas. Este hecho provocó de inmediato una serie de manifestaciones espontáneas en la sede del partido islamista moderado gobernante, Ennahda. Los partidos de la oposición y la poderosa Unión General de Trabajadores Tunecinos se unieron exigiendo la dimisión del actual primer ministro, Ali Larayed.

Acusado de ser incapaz de combatir a Al Qaeda, el mandatario llamó al diálogo y ofreció elecciones para diciembre de este año. Ali Larayed pertenece a una agrupación afín a los Hermanos Musulmanes y es quien lidera actualmente la transición. Tras condenar el ataque, hizo un llamado a la unidad nacional y puso como prioridad la lucha contra el terrorismo. A su pedido se adhirió el presidente Moncef Marzouki, perteneciente al Partido Nacionalista y parte de la coalición del gobierno. 

A principios de este año, militantes de Al Qaeda se agruparon en los montes de Chaambi, en la provincia de Kabserine al oeste del país, cerca de la frontera con Argelia. Sin embargo el asesinato de los soldados fue hasta el momento el mayor golpe terrorista desde la caída del presidente Ben Ali. Túnez se convirtió en un nuevo frente terrorista en el norte de África, tras la expulsión de los yihadistas de Mali, por la presencia del ejército francés. Los terroristas se han trasladado al sur de Libia, en donde se aprecia un gran tránsito de militantes hacia Argelia, Níger y Túnez.

En mayo fueron heridos militares por la explosión de minas antipersonales, causando que la Guardia Nacional de un paso atrás, dejando al Ejército al mando de la lucha anti terrorista. Sin embargo, el Ejército posee 27.000 hombres, mal equipados, y deberán combatir contra Al Qaeda, que posee armamento robado a las Fuerzas Armadas de Libia y Mali. Esta semana las fuerzas de seguridad respondieron de inmediato para marcar presencia con una operación a gran escala aérea y terrestre. El objetivo es no perder espacio en momentos donde el país avanza en la transición, tras designar dirigentes claves para diversos órganos.  

La transición debe acelerarse

La última crisis política se había suscitado por el asesinato del diputado de la izquierda laica, Mohamed Brahmi. El dirigente de 58 años era coordinador del Movimiento del Pueblo, crítico del gobierno y perteneciente a la coalición Frente Popular. El principal sospechoso de su muerte es Boubakeur El Hakim, el mismo que se presume mató a Chokri Belaid tiempo atrás. Frencés de origen tunecino, este hombre de 30 años es uno de los terroristas más peligroso de la zona, buscado por tráfico de armas desde Libia y posiblemente vinculado con la agrupación salafista Ansar Al Sharia.  

La inestabilidad en Túnez comenzó en diciembre de 2010 cuando un vendedor ambulante se prendió fuego dando inicio a la revolución que terminó con Ben Alí y que se extendió al resto de los países (Primavera Árabe). A partir de la caída del histórico líder se produjo una lucha entre laicos e islamistas por el poder, con la presencia sofocante de elementos extremistas. Las elecciones legislativas de 2012 las ganó Ennahda, acordando un gobierno tripartito. Sin embargo la crisis política que se sucedió tras el asesinato de Belaid hizo renunciar al primer ministro Hamadi Yabali, quien no pudo controlar la situación ni formar un gobierno de tecnócratas.

La historia se vuelve a repetir. Ali Larayed asumió con el apoyo de dos partidos laicos hasta los comicios de fin de año. El asesinato de Brahmi volcó a la gente a las calles, reclamando cambios urgentes. El ministro del Interior fue el primero en reaccionar, poniendo su cargo a disposición para calmar las aguas. Desde el extranjero se pide paciencia tras los asesinatos que suponen un golpe a la democracia. La inestabilidad en la nación es un peligro para Túnez y para las potencias occidentales debido a un posible crecimiento de Al Qaeda en la zona.


Los políticos tunecinos se encuentran en el último tramo para redactar la nueva Constitución, la que se estima estará lista en octubre. Túnez necesita salir rápidamente de la transición, asegurándose un gobierno fuerte para combatir y rodear al grupo terrorista. Los islamistas moderados de Ennahda están siendo cuestionados por la población, tras el aumento de divisiones, el caos, los problemas para reactivar la economía y la dificultad para frenar a los salafistas. Además, la oposición recibió un fuerte espaldarazo con lo sucedido en los últimos días en Egipto por la caída del gobierno islamista. La ansiedad está minando muchos logros de la Primavera Árabe, Túnez deberá tener cuidado. 

viernes, 19 de julio de 2013

Un gigante en movimiento, peligro en el norte de África

En Argelia se acerca un cambio de autoridades. Toda modificación supone oportunidades y más en un país con gran fortaleza e influencia en el norte de África. Los islamistas se relamen ante la posibilidad de que el presidente Bouteflika deje el poder en el corto plazo. Por un lado, los políticos buscarán recuperar la fuerza que su alianza mayoritaria, Argelia Verde, perdió en las legislativas de 2012. Por otro, los yihadistas, especialistas en tomar lugar en Estados débiles, esperarán el caos político para sacar provecho.
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En las últimas horas, el presidente de Argelia, Abdelaziz Bouteflika, retornó a su país desde Francia, en donde estuvo seis meses internado. El mandatario de 76 años sufrió un accidente cerebral a fines de abril y fue trasladado a un hospital en Paris. Tras concluir un período de descanso y rehabilitación y siendo un secreto su verdadero estado de salud, el presidente volvió a casa, aunque todavía no está claro cuando retornará a las actividades. Su última aparición en público fue a mediados del mes pasado, cuando se lo vio muy debilitado junto al primer ministro y el jefe de las Fuerzas Armadas.

Luego de una década en la que se redujo la violencia interna y se mejoró la situación económica, Argelia vuelve a enfrentar desafíos y reivindicaciones de su población. El estado de recesión de sus clientes y los problemas estructurales que le impiden poder realizar reformas para fomentar la inversión, complican la economía de este gigante. Además, el gobernante Frente de Liberación Nacional, el cual revalidó el poder en los comicios legislativos de 2012, es acusado de querer imponer silencio para sortear posibles protestas sociales.

Bouteflika llegó al poder en 1999 tras la dimisión del general Liamine Zerval. Con el apoyo del ejército y tras la retirada de los seis candidatos, que lo acusaban fraude electoral, comenzó su primera administración. El mandatario, que inició su carrera política como ministro de Exteriores en 1963, pertenece a una generación de dirigentes que están al frente del país desde la independencia. Bouteflika fue reelecto en 2004 y luego en 2009, tras eliminar de la Constitución el límite de dos mandatos.

El veterano presidente se preparaba para luchar por un nuevo mandato en los comicios previstos para abril de 2014, sin embargo los problemas de salud se lo impiden. La oposición, expectante, pidió medidas extremas tras los rumores alarmistas sobre el mandatario. El islamista Movimiento para la Sociedad y la Paz solicitó elecciones anticipadas, previstas en el artículo 88 de la Carta Magna.

El yihadismo y la amenaza constante

Argelia, el país más poblado y con más peso económico del norte de África, sufrió en enero el secuestro de extranjeros en las instalaciones de la planta de gas de In Amenas, que dejó un saldo de 40 personas muertas, de las cuales la mayoría eran rehenes extranjeros. El grupo Firmantes del Batallón de Sangre, liderado por Mojtar Belmojtar, se adjudicó la violenta toma de rehenes como respuesta a las operaciones de occidente en Mali. Belmojtar, combatiente marginado de Al Qaeda,  es apodado “Mister Malboro” por sus implicaciones en el tráfico transfronterizo.

Belmojtar fue el fundador del Grupo Islámico Armado, agrupación que combatió al ejército argelino tras la anulación de las elecciones que los islamistas ganaron en los noventa. Vinculado a los ataques en el metro de Paris en los noventa, su objetivo actual es desestabilizar el país. La toma de rehenes en las plantas de gas hace perder atracción al territorio por el riesgo terrorista. En este sentido, la British Petroleum comunicó la postergación de sus proyectos por razones de seguridad.

Los islamistas sufrieron en 1992 un golpe de Estado por parte de los militares para impedir que el Frente Islámico de Salvación llegue al poder. Hasta ese año, el Frente de Liberación Nacional  había dominado la escena política al estilo del sistema soviético de partido único. La lucha contra Francia (1954-1962) en la época de la descolonización fortaleció al movimiento nacionalistas que junto a la cúpula militar gobernó durante décadas.

Tras el golpe de Estado de 1992 se desató una guerra civil hasta 1998 en la cual murieron aproximadamente 150.000 habitantes. Los islamistas intentaron conquistar con las armas lo que le fue arrebatado en las urnas. Durante el conflicto, el ejército realizó una lucha antiterrorista, lo cual fue bendecido por occidente a través de la colaboración de Washington. Luego de un gobierno de transición, Bouteflika asumió como presidente e inició una política de reconciliación nacional, concediendo amnistías e intentando la pacificación del país. Actualmente nos acercamos al fin de la era Bouteflika, una figura civil que el ejército colocó en el gobierno en un momento difícil para el país. Sin mayores sobresaltos, el mandatario logró gobernar Argelia e incluso sortear la Primavera Árabe en 2011. Sin embargo, ante la imposibilidad de continuar gobernando, el servicio secreto militar, columna vertebral del sistema y clave en la designación de altos cargos, deberá apuntar a una nueva figura.

El nuevo presidente deberá ser compatible con los políticos islamistas moderados, los nacionalistas y el Frente de Liberación Nacional. El sueño de lograr un partido fuerte de vocación religiosa, con el ejemplo turco, podría brindarle oportunidad a los islamistas moderados para llegar al poder. La exclusión de éstos en la política podría fomentar la radicalización, algo que están esperando con ansias los yihadistas.

Argelia se enfrenta a nuevos cambios en un ambiente de terrorismo difuso y cambiante. Las redes yihadistas en África (MUYO en Malí, Al Shabab en Somalia y Boko Haram en Nigeria como ejemplos) buscan extenderse en el continente y para ello esperan la oportunidad en países que no ofrezcan estabilidad. Argelia, por su importancia territorial y estratégica, no debería convertirse en uno.

martes, 4 de junio de 2013

Yemen: La lucha contra Al Qaeda

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La ministra de Derechos Humanos de Yemen, Hooria Mashour, inició una huelga de hambre por el incumplimiento del gobierno de no liberar a los detenidos en la revolución del 2011, cuando cayó el presidente Ali Abdulá Saleh. La funcionaria aduce que los encarcelados participaron de una revuelta pacífica. A ella se han sumado activistas políticos que protestan frente a las cárceles de la capital, Saná.
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La caída del mandatario Saleh, el cual fue exonerado de la persecución judicial, se dio finalmente en febrero de 2012. La transición política derivó en que las fuerzas políticas yemeníes dieran inicio a una inmensa conferencia nacional en marzo de 2013 , con 550 representantes de partidos y facciones, para dar cabida al acuerdo auspiciado por el Consejo de Cooperación del Golfo. El diálogo de seis meses tiene como objetivo redactar una nueva constitución que derivará en la celebración de elecciones presidenciales y legislativas en 2014. Además se buscan dar respuestas consensuadas a las aspiraciones secesionistas, reformas para combatir la corrupción y avanzar en los derechos de la mujer.

El sábado aviones no tripulados mataron a siete integrantes de Al Qaeda en Abyan, al sur de Yemen. Los drones, presuntamente norteamericanos, alcanzaron dos autos en el que viajaban los militantes. Tras la ofensiva armada de 2012, Al Qaeda fue desplazada a zonas montañosas desde donde prosiguen sus ataques contra las Fuerzas Armadas y servicio de seguridad. Este grupo terrorista aprovechó el debilitamiento del gobierno luego de la caída de Saleh, haciendose fuerte en el este y sur del país. Horas después del ataque aéreo, en la provincia de Hadramaout, un alto responsable de las fuerzas aéreas fue asesinado a tiros.

Yemen es una nación de 24 millones de habitantes, caracterizada por divisiones históricas. Es una especie de protectorado saudí con presencia militar de Estados Unidos. Ambas naciones colaboran en el combate al terrorismo de Al Qaeda, que se vale del tribalismo de la zona para hacerse fuerte en el sur. Los norteamericanos y saudíes contaron con el beneplácito de Saleh, el cual gobernó al país de 1978 a 2011. La población cansada del desempleo, pobreza y desigualdad, reclamaron cambios en las condiciones de vida y terminaron derrocando al régimen. Sin embargo, Yemen es el único país que salió de la Primavera Árabe a través de un acuerdo negociado, en el que se buscan cambios en los sistemas administrativos y de costumbre. Igualmente el país más pobre de la península arábiga necesita de un gobierno fuerte y estable por el aumento de la actividad de Al Qaeda. 

viernes, 24 de mayo de 2013

Infiltraciones terroristas

Níger sufre los coletazos del conflicto en Mali
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20 soldados murieron en un doble atentado terrorista en el norte de Níger. Los estallidos con coches bomba, que dejaron también 60 heridos, fueron perpetuados por un grupo islamista. El primero se produjo contra una base militar en Agadez y el segundo en las instalaciones del grupo nuclear francés Areva, en la ciudad de Arlit. El grupo islamista maliense, Movimiento para la Unicidad y la Yihad en África occidental (MUYAO), reivindicó los ataques.

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Un terrorista suicida traspasó la frontera de la base militar de Agadez, la ciudad más grande del norte del país, y detonó sus explosivos. Luego del atentado que se produjo al amanecer, en el que murieron tres atacantes islamistas, se originó un tiroteo causando más víctimas. Los rebeldes tomaron soldados como rehenes y se atrincheraron en una casa. Aproximadamente a la misma hora, en la planta de uranio ubicada en la ciudad minera de Arlit, un grupo de personas burlaron la seguridad y consiguieron entrar en la zona con vehículos que supuestamente transportaban equipos de ayuda. Allí los muyahidines, originarios de Sudán, el Sahara Occidental Mali, atentaron contra el lugar sin causar daños en la planta explotada por la gigante multinacional francesa Areva. Se prevé que los responsables llegaron a esta ciudad a través del sur de Libia. Arlit era una zona en donde se asentaban los tuaregs, los cuales fueron desplazados de sus territorios por la llegada de estas empresas.


Mojtar Belmojtar, líder del grupo Firmantes de Sangre, aseguró que actuó en coordinación con la agrupación MUYAO. Este movimiento es una imprecisa coalición islamista que fue expulsada del norte de Mali. Belmojtar, que en enero tomó la planta de gas en Argelia y donde murieron decenas de rehenes, expresó que Francia busca huir de la zona, dejando un ejército de mercenarios en el lugar. Níger aporta 600 soldados a la Misión Internacional de Apoyo a Mali, que apoya la ofensiva iniciada por el ejército francés contra grupos islamistas armados. La Unión Africana condenó los atentados de este jueves y recalcó que brindará apoyo contra el crimen organizado transnacional, por ser una gran amenaza a la paz y la seguridad internacional. Por otra parte la Unión Europea, que colabora desde 2012 con expertos para entrenar y asesorar a las fuerzas nigerinas, expresó sus condolencias a las familias. El Ejército de Níger, el cual posee acuerdos de seguridad con Estados Unidos, carece de medios aéreos y electrónicos para controlar sus fronteras.


Un vecindario complicado


El conflicto actual en la zona surge en marzo de 2012 tras el golpe de Estado en Mali, que derrocó al presidente democrático Amadou Toumani Touré. Los militares aseguraban que el gobierno prestaba poca atención a la rebelión de los tuareg en el norte. Aprovechando el vacío en el poder, el Movimiento Nacional de Liberación de Azawad proclamó la independencia en las regiones septentrionales de Mali. Diversos grupos yihadistas se hicieron fuertes en la región derivando en la presencia francesa en la zona, principalmente para cuidar sus intereses en el vecino país de Níger. Allí en 2010, Al Qaeda para el Magreb Islámico secuestró a cinco franceses, de los cuales cuatro siguen aún retenidos. Por ello Mahamadu Issoufu, presidente del país tras las elecciones de abril de 2011, desplegó fuerzas de seguridad en la frontera con Mali, de donde provenían los islamistas. Níger, país independiente desde 1960 y uno de los más pobres del planeta, tiene serios problemas por los conflictos en las naciones vecinas.


Las fronteras de Níger lo convierten en un país fundamental, más allá de las riquezas minerales. El presidente de Nigeria, Goodluck Jonathan, solicitó ayuda a su vecino en la ofensiva militar que realiza contra el grupo de Boko Haram. Libia, luego de la caída de Gaddafi, es un nido para terroristas por la inestabilidad del país. Por otro lado, Argelia sufrió ataques a establecimientos franceses y en Mali hay ya instaurada una guerra contra los yihadistas. Ubicado en una zona conflictiva, Níger será en 2020 el segundo productor mundial de uranio. Allí radican los intereses económicos de Francia, uno de las naciones más nuclearizadas que importa todo el material que consume. Por ello es que el presidente galo, Francois Hollande, apoya a Níger en la lucha contra el terrorismo. Además de estar librando un conflicto en Mali, el gobierno de Francia preveía enviar fuerzas especiales a la zona para suministrar una protección adicional. Sin embargo la lucha contra estos grupos es complicada y por ello no se pudo evitar el primer atentado de este tipo en el territorio de Níger.

martes, 21 de mayo de 2013

Un país dividido en tres

Chiítas, sunníes y kurdos buscan su lugar en Irak
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60 personas murieron tras una ola de ataques con coches bomba contra la comunidad chií. Una de las mayores explosiones se produjo cuando dos automóviles estallaron en la localidad de Basora, ciudad situada al sureste del país. Irak lleva varios días seguidos con incidentes entre las dos principales colectividades: chiítas y sunitas. En dicha nación operan varios grupos terroristas, entre ellos el Estado Islámico, milicia ligada a Al Qaeda. Sin embargo hasta el momento ninguno ha reivindicado los atentados. 
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El principal incidente de las últimas semanas, que encendió nuevamente la mecha, fue la matanza de manifestantes sunníes por parte de las fuerzas de seguridad en la ciudad de Hawida. El gobierno del primer ministro, Nuri Al Maliki, debe reconocer que lo acontecido fue un error y pedir disculpas. A su vez tendrá que hacer concesiones para calmar los ánimos y volver a controlar la situación. Otro de los hechos destacados de los últimos días son los coches bomba instalados en mercados y estaciones de bus en las ciudades de Basora y Bagdad, que tuvieron objetivos chiítas. Por otra parte, el viernes en la localidad de Baquba, al norte del país, se produjeron atentados en las afueras de una mezquita sunita, el primer estallido se produjo cuando los fieles salían tras las oraciones y el segundo mientras la gente se aglomeraba. Otro hecho destacado fue la muerte de 22 policías en enfrentamientos registrados la noche del domingo en la provincia de El Anbar de mayoría suní; doce de ellos habían sido secuestrados horas atrás.

Irak se encuentra envuelto en profundas tensiones regionales y no es la primera vez que vive algo así. Si bien superó éste tipo de situaciones, el país nunca se pudo estabilizar. Los problemas radican en las líneas sectarias y étnicas de las principales comunidades: chiítas, sunníes y kurdos. El gobierno de Al Maliki, que suponía ser de unidad nacional, es acusado de ahondar los temas sin consultar a los otros grupos políticos y por ende no compartir el poder. Las quejas de los sunníes radican en que la administración ha hecho oídos sordos a sus pedidos de liberación de presos, leyes antiterroristas y empleo, entre otros asuntos. La fuerte división es riesgosa porque surge la posibilidad de una revuelta organizada por la unión corrientes tribales. El conflicto civil local dependerá de lo que suceda en el país vecino Siria, principalmente por la revuelta sunnita contra el gobierno de Bachar Al Asad. También influirá la posición del gobierno de Irán, el cual respaldó el acuerdo de 2010 para la integración y estabilización del país.

Siria e Irán y su influencia en el conflicto interno

Irak vive la peor crisis desde la caída de Sadam Hussein o incluso desde la constitución del Estado en 1921, como aseguran algunos analistas. Los chiítas del Partido Islámico Dawa gobiernan desde 2003, con la oposición de kurdos, molestos porque no se contemplan sus peticiones y sunníes, algunos de los cuales apostaron por la violencia. El texto constitucional votado en 2005 no solucionó los problemas sectarios e Irak quedó al borde de una guerra civil en los años siguientes. Las elecciones legislativas de marzo de 2010 arrojaron unos resultados reñidos entre la formación de Al Maliki y la alianza opositora Al Iraqiya de Asad Alawi. Tal fue la complicación que el gobierno asumió nueve meses después, una demora de tiempo récord. Tras la retirada de las tropas norteamericanas en diciembre de 2011, los conflictos aumentaron ante la falta de seguridad. 

El mes de abril fue el más sangriento desde 2008. Según las Naciones Unidas, la escalada de violencia se cobró 700 personas. En la última semana, los enfrentamientos y atentados entre las comunidades sunníes y chiítas causaron más de 200 víctimas. La oposición al primer ministro Al Maliki  exige su caída y un cambio de rumbo. Los kurdos, tranquilos en una Irak federal y consolidados en el norte, retiraron en marzo sus ministros y parlamentarios. Sin embargo su forma de expresar el rechazo al gobierno es distinta a los sunníes. Los extremistas de esta comunidad están descontentos por su marginación y enfurecidos por las políticas de exclusión social, instauraron el terror en la nación. El país se encuentra al borde de la guerra civil, lo que podría derivar en la división de Irak. Seguramente las elecciones generales de 2014 serán fundamentales, pero también interesa lo que ocurre con Bashar Al Asad en Siria, aliado de Bagdad y el apoyo que brinde el gobierno de Irán. Restan varios meses para que se diluciden estas situaciones, de mientras la violencia seguirá en Irak.   

lunes, 20 de mayo de 2013

Salafistas jaqueados

El gobierno de Túnez continúa enfrentando a los extremistas
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El domingo se produjeron violentos enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad tunecinas y miles de salafistas de la agrupación Ansar Al Sharia. El saldo del evento fue el de un manifestante muerto, decenas de heridos y más de 200 detenidos. Los insurgentes protestaban en la capital porque el gobierno evitó la realización del tercer congreso del partido. El evento se iba a celebrar en la ciudad de Qairauan pero la Policía bloqueó las vías de acceso, por lo que se aplazó el evento para el día 26 de mayo.
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La dirección del grupo yihadista Ansar Al Sharia solicitó a sus militantes que no acudan a la histórica ciudad de Qairauan, ubicada a 160 kilómetros de la capital, ya que la misma iba a estar blindada por las fuerzas de seguridad. El Ministro del Interior explicó que la prohibición de la congregación fue para mantener el orden e impedir los excesos de propagación de consignas racistas. El evento se pospuso para cursar los trámites correspondientes pero se convocó a los seguidores al barrio Etadamen de la capital. Allí los manifestantes atacaron una comisaría con la intención de incendiarla, lanzando piedras y cócteles molotov. Armados con palos y agitando sus banderas negras, agredieron a vecinos, periodistas y fotógrafos, concentrados en las inmediaciones de la mezquita Okda Ben Nafaa. Para controlarlos y dispersar a los manifestantes, la Policía lanzó gases lacrimógenos y solicitó refuerzos, que incluyó un helicóptero que sobrevoló la zona. 

El congreso anual de este grupo partidario de Al Qaeda preveía la reunión de 400.000 simpatizantes, lo cual alarmó al gobierno. El partido en el poder, el islamista moderado Ennahda, advirtió a los líderes de Ansar Al Sharia que no entren en conflicto con las instituciones. La respuesta por parte del líder de los salafistas, Saif Ala Benahsine, fue la acusación al gobierno de tiránico por prohibir manifestaciones. Tras la insinuación del primer ministro, Ali Larayedh, de que los salafistas introducían armas de forma ilegal, el líder de la organización amenazó con derrocar al mandatario. El gobierno detuvo en las últimas semanas a varios sospechosos de trabajar para Al Qaeda en las proximidades de la frontera con Argelia. Benahsine, encarcelado de 2003 hasta 2011, combatió en Afganistán junto a los liderados por Osama Bin Laden. Además es sospechoso de incitar un ataque a la embajada de Estados Unidos, en el contexto de una manifestación contra un video islamofobo en setiembre del año pasado.  

Ennahda busca un punto intermedio

Desde la caída de la dictadura de Ben Alí en diciembre de 2010, islamistas y laicos luchan por el poder. Aquel recordado momento en que un joven se prendió fuego para expresar su descontento con la situación social, dio inicio a la Primavera Árabe. Las elecciones legislativas de octubre de 2012 las ganó el partido islámico moderado Ennahda, acordando un gobierno tripartito. En febrero de este año, el asesinato de un líder opositor, Chukri Belaid, derivó en una crisis política y en la acusación a los salafistas de las Ligas para la Protección de la Revolución por el hecho. El primer ministro de aquel momento, Hamadi Yebali, tuvo que renunciar al no lograr tranquilizar la situación, ni poder formar un gobierno tecnócrata. Asumió Ali Larayedh hasta los comicios de fin de este año, con el apoyo de dos partidos laicos. La situación derivó en una política de aceptación del alcohol, la no imposición del velo y la no consideración de la Sharia como base de la legislación. Cabe recordar que durante décadas, Túnez fue el país más secular del mundo árabe.   

La religión y su influencia en el gobierno es un tema muy polémico desde 2011. El partido Ennahda fue acusado de ser permisivo con los grupos salafistas. A finales de abril endureció su posición debido a que fueron colocadas minas en zonas fronterizas que hirieron a militares. Los extremistas opuestos al gobierno intentan imponer su visión suní del Islam. Además cuentan con el apoyo del movimiento Al Qaeda en el Magreb Islámico, que hizo un llamamiento a los militantes a no ceder ante las provocaciones de las autoridades. Luego de la revolución Ennahda surgió como un partido cercano al islamismo pero las  acciones de las alas radicales lo empujaron hacia las agrupaciones seculares.  El gobierno trata de alejarse de los extremistas, principalmente por el asesinato de Belaid y el descontento de los salafistas, para mantener la calma en un país azotado por conflictos sociales, pobreza y una crisis política de la que nunca salió. 

jueves, 9 de mayo de 2013

Asuntos pendientes en Afganistán

La retirada de las tropas occidentales es uno de los tantos desafíos para Karzai
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El presidente de Afganistán, Hamid Karzai, aseguró que Estados Unidos busca mantener nueve bases militares en su nación a partir de 2014. El mandatario se mostró favorable pero reconoció la necesidad de serias y delicadas negociaciones previas. El gobierno afgano necesita restaurar la paz y la economía, al encontrarse inmerso en un conflicto constante con los talibanes, a la que se le suma la tensión creciente con Pakistán por un litigo fronterizo.
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El gobierno de Estados Unidos intentará mantener cierto contingente en suelo afgano tras el fin de la misión de la OTAN en 2014, con la condición que los soldados obtengan inmunidad jurídica, un tema controversial para Afganistán. Karzai, quien aseguró que su oficina presidencial ha recibido pagos millonarios por parte de la CIA, reconoció que se le concederá a Washington nueve bases en su territorio (Kabul, Bagram, Mazar-i-sharif, Jalalabad, Gardez, Kandahar, Helmand y Herat). El objetivo principal sería terminar de adiestrar a las Fuerzas Armadas y lanzar ataques contra los terroristas. Los talibanes se oponen al mantenimiento de fuerzas extranjeras y exigen, como condición para alcanzar la paz, la retirada total. Actualmente para la lucha antiterrorista hay 100.000 soldados, integrantes de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad, creada por la Alianza Atlántica. Estos contingentes de diversos países conservan la idea de permanecer en el campo de batalla, pero para eso Karzai exige acuerdos bilaterales en que se establezcan las modalidades y condiciones.  

Las tropas de la OTAN junto a las Fuerzas Armadas afganas combaten hace 10 años la insurrección talibán. Resisten a los atentados como los perpetrados en los últimos días en el sur del país, en donde fallecieron cinco soldados por la explosión de una bomba. Sin embargo, el conflicto que adquirió protagonismo en estos meses es la disputa fronteriza con Pakistán, del que las fuerzas occidentales han tratado de mantener distancia.  El litigio, que proviene del establecimiento de una línea demarcatoria en 1893 para separar Afganistán del Imperio de las Indias Británicas, desembocó en escaramuzas entre ambos ejércitos. La construcción de un puesto de control pakistaní en una zona que Kabul considera suya, derivó en un enfrentamiento. Los gobiernos se acusan de lanzarse proyectiles en esta zona montañosa que sirve como refugio para insurgentes. En una de las últimas manifestaciones populares contra Pakistán en la provincia de Kandahar, los talibanes se infiltraron generando un choque con la Policía que causó 12 muertos. Las autoridades afganas cuestionan a Pakistán por ofrecerle refugio al facciones talibanes.

Tres actores con distintos objetivos

Tras la retirada de las tropas soviéticas y la caída del régimen pro comunista en 1992, comenzó en Afganistán una guerra civil. La misma finalizó con la instauración del gobierno talibán en 1996, que contó con el apoyo logístico y el reconocimiento de Pakistán, pero no el de las Naciones Unidas. El régimen islámico basado en la Sharia permitió el asilo de grupos terroristas como Al Qaeda. Luego de los atentados del 11 de setiembre de 2001 en Nueva York, Estados Unidos presionó al gobierno talibán para entregar a Osama Bin Laden. Ante la negativa, en octubre comenzaron los bombardeos y un mes más tarde se ocupó la capital, Kabul. Los enfrentamientos tuvieron como principal campo de batalla la frontera con Pakistán, en donde se fueron estableciendo las milicias islámicas. En 2002 Hamid Karzai, personaje con lazos históricos con la CIA, fue nombrado presidente para la transición y validó su mandato en las elecciones dos años después, liderando un gobierno de coalición. Tras el vencimiento de su primera administración, obtuvo la reelección en 2009.  

La insurrección de los talibanes cobró fuerza en los últimos años, por lo que no se descarta que occidente promueva una negociación por la paz; principalmente teniendo en cuenta que la OTAN apunta a retirarse del país el año que viene. Estados Unidos busca que Pakistán lidie entre talibanes y afganos, pero el aumento de tensión por el litigio dificulta la cooperación de los gobiernos. La frontera entre ambas naciones es un territorio complicado, un nido para los talibanes. Afganistán, a través de su presidente Karzai, expresó que nunca aceptará la línea demarcatoria actual e incluso instó a los talibanes a luchar contra Pakistán y no atacar a sus propios compatriotas. En 2014 habrá elecciones para presidente en Afganistán a las que Karzai no podrá presentarse, ya que la Constitución no permite un tercer mandato. Son muchos los asuntos para resolver en sus últimos doce meses: la retirada de las fuerzas occidentales, el litigio con Pakistán y las negociaciones de paz con los talibanes. 

viernes, 12 de abril de 2013

Violencia en Pakistán a un mes de las elecciones

Los talibanes enrarecen los próximos comicios legislativos cruciales para consolidar la democracia
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Este jueves en la localidad sureña de Hyderabad fue asesinado a tiros Fakhrul Islam, candidato a las elecciones generales del país previstas para el 11 de mayo. El grupo Tehrik-e-Talibán Pakistán (TTP), que había amenazado con atacar a los aspirantes seculares, se reivindicó la autoría del crimen. Los extremistas buscan sabotear los comicios incrementando la violencia política y sectaria. Los candidatos que encabezan las encuestas son Nawaf Sharif de la Liga Musulmana N y el actual presidente Asif Ali Zardari del Partido Popular de Pakistán.
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El asesinado postulante del partido Movimiento Unido Nacional se presentaba a uno de los 272 escaños que se elegirán por sufragio directo. Su grupo político es una formación no islámica, integrante de la coalición de gobierno, que representa a los inmigrantes hindúes de las provincias Punyab y Sindh. El líder y fundador del movimiento Altaf Hussain, exiliado en Gran Bretaña, reclamó protección a los candidatos. El actual presidente Asif Ali Zardari, viudo de la ex primera ministra Benazir Bhutto, busca continuar al frente del país. Su figura esta desgastada por su mala gestión económica y la incapacidad para mejorar los servicios públicos. La principal figura de oposición es Nawaz Sharif, a quien desplazaron del poder con un golpe de estado en 1999. El populista Inram Khan, antiguo jugador de cricket, busca capitalizar el descontento de la población con los partidos tradicionales. En las últimas semanas llegó al país el ex líder militar Pervez Musharaf que representa a la Liga Musulmana Q y es una cuarta figura importante en estas elecciones. Tras el autoexilio en Emiratos Árabes Unidos, su arribo perjudica a Sharif ya que divide el voto musulmán.

A Musharaf lo juzgan por su decisión en 2007 de dictar un estado de emergencia y suspender el orden constitucional. Además el ex presidente posee causas abiertas por presunta responsabilidad en el asesinato de Benazir Bhutto, presidenta del Partido Popular Pakistaní y objetivo de los talibanes. Musharaf fue el primer mandatario en autorizar los bombardeos norteamericanos a partir de 2004. La lucha de Pakistán contra los islamistas se acrecentó en los últimos meses, principalmente en el valle de Tirah, en el noroeste del país. Allí combaten militares con miembros de grupos insurgentes, el ya mencionado TTP y Lashkar e Islam. Se enfrentan, provocando la ida de miles de civiles, para controlar el conclave estratégico que sirve de acceso a Afganistán, en donde se están retirando las fuerzas de la OTAN; dando ventaja a los grupos yihadistas que operan en la región limítrofe. Los islamistas además han atacado a la comunidad chií y a las campañas de vacunación de polio, alegando que el programa que combate la enfermedad endémica, encubre espías de Estados Unidos.

Elecciones históricas en busca de la democracia parlamentaria

Musharaf abandonó el poder en 2008 cuando sus aliados perdieron las elecciones. Los talibanes, que lo amenazaron de muerte, no le perdonan su apoyo al gobierno de George Bush en su guerra contra el terrorismo luego de los atentados de setiembre de 2011. Grupos cercanos a Al Qaeda intentaron asesinarlo tres veces desde su asunción en 1999. En la década que ejerció el gobierno logró un éxito económico y causó el rechazo de los partidos hacia su persona. Desde su independencia en 1947, Pakistán se caracterizó por generales golpistas y políticos corruptos. El Partido Popular de Pakistán, con los liderazgos de Ali Bhutto y su hija Benazir, y la alianza musulmana que apoyó a los talibanes en los noventa, marcan el tablero político de la nación. Los conflictos con India y las tres guerras que libraron, principalmente por la región de Cachemira, son otras de las características políticas de Pakistán. Actualmente el ejército pakistaní prueba misiles de medio alcance con capacidad nuclear como muestra de poder para contrarrestar el gran crecimiento de su vecina India.

Pakistán posee un sistema político plagado de corrupción. Sin embargo, esta será la primera vez en la historia que un gobierno civil y elegido democráticamente, concluye su mandato de cinco años y convoca a comicios sin la interferencia militar. A pesar de en cierta forma ser un Estado fallido, la actual administración busca no perder el control y trabajar en la democracia parlamentaria. Los ataques de los grupos talibanes enrarecen los comicios intentando derribar el Estado e imponer su interpretación del Islam. Se benefician de las regiones en las que el gobierno no es fuerte y del sentimiento antiamericano que creció en la población debido a la Guerra contra Afganistán, los bombardeos efectuados por los drones norteamericanos y la violación de soberanía que supuso la operación que acabó con Osama Bin Laden. El actual mandatario Ali Zardari es aliado de Estados Unidos y se ha comprometido con la lucha contra el terrorismo. Es uno de los candidatos con posibilidades, al igual que Sharif, que muestra cierto rechazo a la presencia norteamericana en la zona. Resta un mes para unas elecciones que pueden marcar un quiebre en la historia de Pakistán, un país azotado por la violencia y con una economía empantanada.

jueves, 11 de abril de 2013

Inestabilidad en el Líbano

El nuevo gobierno busca consensos en un país dividido entre prosirios y antisirios
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El presidente del Líbano, Michel Suleiman, espera la respuesta del primer ministro Tamman Salam sobre sus contactos en el Parlamento para formar gobierno. Tras días de consultas con los grupos políticos, el mandatario intenta solucionar las divergencias entre la coalición mayoritaria Fuerzas 8 de Marzo, que encabezada por Hezbolá busca un ejecutivo de unidad nacional, y la Alianza 14 de Marzo, que exige una administración de tecnócratas. Salam deberá organizar las elecciones legislativas previstas para el próximo 16 de junio pero que seguramente serán retrasadas.
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Tamman Salam fue electo primer ministro hace una semana en una votación parlamentaria con el apoyo de 124 de los 128 diputados de la Asamblea. Actualmente amenaza como presentar su dimisión en el caso que se extienda el mandato del Parlamento que finaliza en los próximos días. Salam, hijo del ex primer ministro Saed Salam, asume tras la dimisión el 22 de marzo del gobierno de Nayib Mikati, un hombre millonario que estuvo dos años en el cargo. El ejecutivo de Mikati renunció tras no poder lograr consensos con Hezbolá, respecto a la renovación del actual jefe de seguridad, caracterizado por su hostilidad hacia Siria. Salam, ex ministro de cultura, reconoce que su asunción se da en una etapa difícil del país que necesita de los esfuerzos de todas las partes involucradas. Formado en Gran Bretaña, este sunní moderado logró el apoyo de los parlamentarios afines al grupo chií Hezbolá. Salam es parte de una de las familias políticas históricas del Líbano, no tiene milicias a sus órdenes y se ha mantenido alejado de las controversias.

La fuerza de Hezbolá en la política libanesa es muy fuerte. Al igual que paso con Mikati, la anterior administración encabezada por Saad Hariri tuvo que renunciar cuando este partido-milicia le sacó su apoyo en 2011. Este grupo prosirio es acusado por el Ejército Libre Sirio (opositor al régimen de Bachar Al Asad) de desplegar miles de combatientes en Damasco. En las zonas fronterizas, Hezbolá ya se ha enfrentado con el Frente Al Nusra, enemigo de Al Asad y satélite de la organización terrorista Al Qaeda. Sin embargo Hezbolá, liderada por Hasan Nasrala, se ha manifestado a favor de una resolución política del conflicto y la introducción de reformas democráticas. La oposición a Hezbolá son las Fuerzas 14 de Marzo, un bloque pro occidental antisirio. Liderada por el ex mandatario Saad Hariri, cuenta con el respaldo de Estados Unidos, Europa, Catar, Turquía y Arabia Saudita, un peso pesado de la región. Además de estos dos bloques, el primer ministro Salam cuenta con los apoyos del líder druso centrista Walid Jumblat, quien encabeza un grupo clave para formar mayorías, y Yamaa Islamiya, rama libanesa de los hermanos musulmanes.

Asuntos externos que complican la estabilidad en casa

En octubre de 2012 el ejército libanés salió a la calle para reducir el riesgo de un nuevo conflicto civil tras el asesinato del jefe de inteligencia antisirio. Siria, país clave desde la independencia del Líbano en 1941, ocupó a su vecino durante tres décadas hasta el 2005. En ese año, luego del asesinato del primer ministro Radik Hariri, la Alianza 14 de Marzo ejerció presión para echar a las tropas sirias de su territorio. La importancia de Siria hoy se ve reflejada ante la llegada de 400.000 refugiados provenientes de dicho país. Israel también ocupó tierras libanesas durante más de veinte años, retirándose en el 2000. La historia contemporánea del Líbano no ha sido fácil. Desde los cincuenta a los setenta, Saed Salam gobernó en cuatro ocasiones marcando la política con la frase ni vencidos ni vencedores. Pero a partir de 1975 la nación sufrió 15 años de guerra civil que finalizaron con los Acuerdos de Taif. Los pactos determinaron el reparto del poder entre los distintos grupos: la presidencia sería cristiana, el jefe de parlamento chií y la jefatura de gobierno sunní.

Tamman Salam tiene dos objetivos fundamentales como primer ministro. El primero es acordar un sistema electoral para llevar a cabo una votación representativa de ciudadanos y facciones. Con una ley clara se deben celebrar elecciones legislativas en un futuro cercano, seguramente en junio de este año. La segunda meta es mantener al país al margen de la crisis siria. El mandatario expresó que continuará con la política de distanciamiento del régimen de Bachar Al Asad así como de sus opositores. Salam significa el regreso al poder de la clase política tradicional sunní, la vuelta de la moderación y el compromiso que había perdido el Líbano desde la caída del poderoso Saad Hariri. Hezbolá es factor clave para las intensiones del nuevo gobierno. Este grupo terrorista, cercano a Irán, tumbó al anterior gobierno de Mikati que promovía la neutralidad en el país vecino. La milicia, que se mantiene armada adjudicándose el papel de la resistencia antiisraelí, dio el apoyo al nuevo gobierno en su elección parlamentaria. Queda por descubrir si le brindará confianza a Salam, alejándose del conflicto sirio, o si el Líbano se mantendrá inestable en el corto plazo.