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viernes, 1 de noviembre de 2013

La integración más allá de las ideologías

La Alianza del Pacífico es defendida por unos y atacada por otros. Se cuestiona si es el modelo de crecimiento e integración que debe aplicarse y los motivos que unen a los países. Sin embargo este fenómeno debe observarse dejando las ideologías de lado. En pocos meses el bloque parece demostrar que es una herramienta útil para la unión de las economías latinoamericanas, un aspecto no tan sencillo para otros procesos de integración, como el Mercosur.

Casi un año y medio transcurrió desde que en junio de 2012 los presidentes de cuatro países latinoamericanos (Colombia, Perú, Chile y México) acordaran la creación de un bloque regional en Atacama, Chile. Estas naciones, que representan un tercio del Producto Bruto Interno (PBI) de América Latina, se plantearon como objetivo el crecimiento comercial y el aumento de los contactos con la región de Asia Oriental. El bloque representa un mercado de 207 millones de consumidores y agrupa economías que tuvieron un gran crecimiento en los últimos años, con un modelo de apertura económica que se mantiene, más allá del partido que se sitúe en el poder. En este corto tiempo ya son siete las cumbres que se han celebrado, la última de ellas en Cali, Colombia. Unirse sin aislarse del mundo parece ser la meta y porque no el camino de los países latinoamericanos.

La última reunión en mayo apuntó a la integración regional en el área del comercio pero no excluyendo otros ámbitos como el turismo, aspectos diplomáticos e intercambio de información. Intentando dejar de lado la confrontación ideológica pero no la lucha contra la pobreza, se intentó abrir la puerta a nuevos socios, el primero será Costa Rica. Las metas crecen día a día con el principal objetivo de constituir un espacio libre de circulación de personas, servicios y bienes. Además los países ampliaron la red de oficinas comerciales conjuntas, dándole coordinación a las estrategias de exportación. Las becas para estudiantes, el visado único con validez para los cuatro países, la lucha contra la corrupción y la evasión de impuestos, también constituyen elementos fundamentales de la Alianza. Un claro ejemplo de los avances es que las negociaciones arancelarias llegaron a buen puerto, alcanzando el 100% de la desgravación (92% inmediata y 8% en plazos).

Los mandatarios de estos cuatro países buscan dar pasos sólidos para cumplir objetivos sensatos y no vivir situaciones como las de otras organizaciones latinoamericanas. El Mercosur, creado por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, es el bloque más grande de Latinoamérica y este año concretó el ingreso de Venezuela. Sin embargo las barreras de protección que se imponen entre los socios y las disputas internas frenan el dinamismo de la organización. Tal es así que algunos políticos oficialistas en Uruguay y Paraguay gustarían de subirse al barco rumbo al Pacífico. Si bien los integrantes de la Alianza del Pacífico afirman que no intentan ser una alternativa de otros procesos, los países buscan tomar distancia del ALBA y de la hegemonía continental de Brasil, representada en el Mercosur. De esta manera, Chile, Colombia, México y Perú conformaron un bloque sólido que actualmente representa el 3.5 % del PBI mundial y la octava economía.

En las últimas semanas el presidente de Bolivia, Evo Morales, alzó su voz contra el bloque pacífico. Según el mandatario la Alianza del Pacífico es una conspiración proveniente desde el norte para dividir a la UNASUR. Las críticas de Morales también apuntan al modelo económico y la creación de un mercado de “consumidores”. Se podrá discrepar o no con la forma de llevar adelante la economía y se debatirá sobre las instituciones, la pobreza y la desigualdad del continente pero a nadie le quedan dudas de la necesidad de unir las economías de los países y brindarle un rumbo hacia el pacífico, congeniando con otras economías subdesarrolladas. En ese sentido la alianza demuestra mayores avances, sólidos y pragmáticos. Seguramente encontrar el camino del medio entre el infantilismo de izquierda que todo lo relaciona con Estados Unidos y el modelo neoliberal que tanta desigualdad trajo a tierras latinoamericanas, debería ser el objetivo de todo proyecto de unión latinoamericana.


La integración con Asia genera expectativa por ser un continente con problemas y desafíos similares pero  que además brinda oportunidades. Más allá de ideologías el continente asiático puede unir a los países latinoamericanos, por ello la importancia de la Alianza del Pacífico. Hay quienes ya denominan a Chile, Colombia, Perú y México como los tigres de Latinoamérica, haciendo un paralelismo con los países que lograron un gran crecimiento en Asia Oriental. Sin embargo es clave que las naciones que entren cumplan con los requisitos y objetivos para que no se desnaturalice la agrupación mientras crece. No caben dudas que este es el momento de América Latina para cerrar las brechas de la desigualdad en cada uno de los países. Para superar este problema endémico, la unión de las economías es clave y al parecer, la estrategia de la Alianza del Pacífico sería más adecuada que la de Mercosur.

viernes, 26 de julio de 2013

La nueva tendencia en Sudamérica

Lima, capital de Perú, se suma a la lista de ciudades que han experimentado protestas en el último tiempo. Al igual que en San Pablo y Santiago, la población, convocada a través de las redes sociales, salió a la calle para reclamar por sus derechos. El progreso económico de la última década no es suficiente para unos habitantes que reclaman el fin de la desigualdad social y una nueva forma de hacer política. La tendencia es apuntar a más y es un buen síntoma para el liberalismo y la demoracia.
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En estos últimos días se produjeron pacíficas protestas ciudadanas luego de las elecciones de los magistrados del Tribunal Constitucional, del Defensor del Pueblo y cargos importantes en el Banco Central. Los reclamos provocaron una sesión parlamentaria extraordinaria que dejó sin efecto estas designaciones surgidas tras un pacto político entre cuatro partidos, que fue considerado una repartija. El viernes 19 de julio un sector de la población salió a las calles en busca de la despolitización de los puestos. Los dos personajes más cuestionados eran un abogado fujimorista y un militante de Perú Posible, la agrupación del discutido ex presidente Alejandro Toledo.

El presidente Ollanta Humala fue el primero en considerar como legítimas las protestas. Luego de ello, algunos de los designados decidieron por sí solos no aceptar el cargo. Los más cuestionados fueron los últimos en retirar su candidatura. Estos puestos son sensibles por la dificultar para fiscalizarlos, por lo que se los considera claves en la política peruana. La nueva mesa directiva deberá elegir nuevos candidatos, creando un clima de confianza para frenar los cuestionamientos de la población.

Para el sábado se prevé una nueva movilización en el centro de Lima, a la que fueron convocadas pequeñas agrupaciones políticas, colectivos ciudadanos y en la que participarán las dos mayores centrales obreras. Grupos de Derechos Humanos, integrantes del recientemente creado Frente Amplio de Izquierdas y la ex fundadora del partido de Humala, Veronika Mendela, serán otros partícipes de la nueva convocatoria. El objetivo principal es presionar al Parlamento para dotar de mayor ética a la política. Demandan que los elegidos para estos cargos sean personalidades independientes y calificadas. Las protestas contra la corrupción es un freno a los políticos impuesto desde la clase media y un signo de la buena democracia. Al igual que otras protestas en Sudamérica, las mismas no poseen un líder sino que se realizan a través de las redes sociales. El trasfondo es el reclamo por la inclusión social y la lucha contra la corrupción.

En los próximos días el presidente cumplirá dos años en el poder. La movida del gobierno de formar un pacto para la designación de cargos terminó de mala forma, ya que el propio mandatario fue el primero en legitimar las protestas. Los acuerdos entre Gana Perú, su partido, la Fuerza Popular del fujimorismo, Perú Posible del ex mandatario Toledo y el Partido Popular Cristiano de centro derecha, fue una decisión estratégica que no fue aceptada por la población. Varios son los temas cuestionados, uno de ellos es el recurso presentado al Tribunal Constitucional con respecto al hermano de Humala, el cual se encuentra preso. Otros integrantes de la clase política, Alan García y Alejandro Toledo, se encuentran bajo investigaciones preliminares por acusaciones de diverso tipo. Otro tema recurrente es la figura de Nadine Heredia, esposa del presidente, que ha ganado visibilidad e influencia y se cuestiona una posible candidatura en 2016. La legislación electoral no se lo permite y ella se ha negado, pero la desconfianza es permanente.

La lenta caída de Humala

Llegó al gobierno en 2011 y contra todos los pronósticos los cambios en el país no fueron muchos. Las versiones apocalípticas que se escuchaban durante la campaña electoral sobre los riesgos del capitalismo y la democracia no fueron ciertas. Humala desarrolló un pragmatismo moderado, manteniendo el modelo que determinó un crecimiento de Perú a tasas asiáticas en base a la exportación de materias primas. Su impronta personal radicó en algunos pequeños cambios para mejorar la distribución del ingreso.

Este ex militar con poca experiencia en política goza en este momento del peor índice de popularidad. La caída hace un mes no era tan grave, si se comparaba con los presidentes anteriores, pero actualmente ya se encuentra en un 32% de aprobación, con una población que reclama más seguridad en el país. Si el índice sigue bajando podrá tener problemas en el fin de su mandato. Para paliar esto realizó cambios en el gabinete, nombrando tres ministras y alcanzando la paridad en el Ejecutivo. Acusado también de dar un giro a la derecha, se ha quedado con pocos aliados, ya que la élite política no lo considera como uno de los suyos, está peleado con el fujimorismo y la izquierda se colocó en la oposición.

El tipo de protestas callejeras que se suscitaron en Perú son poco comunes en este país. La gran masa de clase media, con un auge en los últimos años, expresa su disconformidad con el gobierno y lo hace extensivo a toda la clase política. La promesa de Humala de una nueva forma de hacer política quedó sepultada en esta nueva negociación de los partidos a espalda de los intereses del país. El sistema de partidos de Perú parece no funcionar, con divisiones constantes y la dificultad de formar alianzas.


A pesar de los errores propios, Humala paga caro los acuerdos con aliados como Toledo, que es visto como un estigma de la corrupción. En un país que posee desnutrición en zonas rurales y donde el Estado nunca ha dado grandes servicios públicos, la población no da margen a errores. Cansada de la corrupción y de la élite política, no le alcanza con el crecimiento económico. Al igual que en Brasil y en Chile, la población peruana busca un salto de calidad. Plasmar los números macroeconómicos en beneficios para la sociedad y una reducción de la desigualdad debe ser el objetivo. Terminar con la corrupción puede ser el punto de partida para la sobrevivencia de Humala. 

domingo, 26 de mayo de 2013

Informe Semanal: Alianza del Pacífico

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El objetivo de esta nueva entrega semanal es investigar la sociedad comercial creada por Chile, Colombia, Perú y México. Esta semana se realizó la VII Cumbre Alianza del Pacífico en la ciudad de Cali, lo cual abre un espacio de análisis con respecto a la integración latinoamericana. En el informe nos proponemos estudiar la creación de esta alianza, la situación comercial de cada uno de los países, la adhesión de Costa Rica y el futuro de esta asociación como alternativas a otros bloques comerciales.
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Los cuatro países fundadores de la Alianza del Pacífico se reunieron en Colombia en busca de acordar los detalles para bajar las trabas arancelarias, que incluirán en una primera fase el 90% del comercio. Los mandatarios Juan Manuel Santos de Colombia, Ollanta Humala de Perú, Sebastián Piñera de Chile y Enrique Peña Nieto de México fijaron el 30 de junio como próxima fecha para definir el acuerdo y especificar la lista de productos que serán excluidos. La Cumbre fue un impulso para esta alianza que apunta a la integración regional en el área del comercio pero no excluye otros ámbitos como el turismo, aspectos diplomáticos e intercambio de información. La puerta se encuentra abierta a nuevos socios y el primero en acceder será Costa Rica, por impulso de su mandataria Laura Chinchilla. Los países observadores ya son 16, lo que convierte a esta alianza en un verdadero éxito tras un año de creación. 

Doce meses desde el comienzo

En junio de 2012 los presidentes de cuatro países latinoamericanos acordaron la creación de un bloque regional en la ciudad de Atacama, Chile. Estas naciones, que representan un tercio del Producto Bruto Interno (PBI) de América Latina, son los principales Estados hispanos con costas al Océano Pacífico. El objetivo principal de esta iniciativa es el aumento comercial y los contactos con la región de Asia Oriental. La alianza supone un mercado de 207 millones de consumidores y agrupa economías que han tenido un gran crecimiento en los últimos años, con una tasa mayor a los países del Mercosur. Chile, Colombia y México son de los países con economías más abiertas al exterior y caracterizados por haber firmado un Acuerdo de Libre Comercio con Estados Unidos. La coalición no apunta a la confrontación ideológica y si bien apunta directamente al comercio, no deja afuera la lucha contra la pobreza. Hasta el momento se han celebrado siete cumbres, lo que denota el éxito de la iniciativa.

El ex presidente de Perú, Alan García, fue el promotor e ideólogo de la alianza en abril de 2011. El actual mandatario incaico, Ollanta Humala, heredó el proyecto de su antecesor y le dio impulso. La misma situación ocurre en México, ya que al momento de crearse la confederación el presidente era Felipe Calderón del Partido Acción Nacional. El presidente colombiano Santos invitó en aquel entonces a nuevos socios, ya que la agrupación se presentaba como compatible con otros procesos de integración latinoamericanos. Los primeros dos países observadores fueron Costa Rica y Panamá pero la lista se amplió e incluso varias naciones quieren lograr esa calidad, entre ellos Francia, Portugal, Honduras, Paraguay, Ecuador, El Salvador y República Dominicana.

La apertura como principal objetivo

Las metas de esta alianza pragmática crecen día a día con el principal objetivo de constituir un espacio libre de circulación de personas y bienes. Los países se propusieron ampliar la red de oficinas comerciales, compartiendo las de Casablanca y Estambul, y dándole coordinación a las estrategias de exportación agrupadas en las organizaciones PromPerú, ProChile, ProExport y ProMéxico. También se elaboraron campañas de promoción de turismo de forma conjunta. Los lanzamientos de becas para estudiantes, así como el visado único con validez para los cuatro países, brindándole oportunidad de incluir temas culturales, clave para todo proceso de integración. Promover mecanismos para intercambiar información fiscal, la lucha contra la corrupción y la evasión de impuestos, también constituyen elementos fundamentales. Un paso importante fue la formación de una unión de los mercados bursátiles de Chile, Colombia y Perú. Los valores que le dan contexto a esto radican en la vigencia del Estado de derecho, la separación de poderes, el libre comercio, el respeto a la propiedad privada y el fomento de la competencia. También aparece como clave el fomento de la inversión extranjera y la seguridad jurídica. Los principios apuntan a generar bienestar, a través del empleo y la calidad de vida.

La reunión que supuso el traspaso de la presidencia temporal de Piñera a Santos contó con la presencia de los mandatarios de España, Mariano Rajoy y el de Canadá, Stephen Harper. Además no faltaron a la cita delegaciones de Australia, Nueva Zelanda, Uruguay y Japón. La cumbre también sirvió como marco para la reunión de 400 empresarios. La presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, acordó abrir conversaciones formales de adhesión. El país centroamericano firmará este año un Acuerdo de Libre Comercio con Colombia, ya que una condición para ingresar es tener convenios de estilo con todas las naciones que conforman la unión. La mandataria dejó en claro que los países deben dejar atrás las ideologías y las consignas para asumir temas pendientes en torno al desarrollo. Otto Pérez, mandatario de Guatemala, expresó su interés en ingresar formalmente. Para finales de este año también se prevé el ingreso de Panamá, a impulso del presidente Ricardo Martinelli. Ecuador mostró un acercamiento a pesar de formar parte del eje bolivariano creado por el fallecido presidente venezolano, Hugo Chávez.

Lineamientos consensuados

México busca expandir su agenda internacional más allá de los temas relacionados al narcotráfico. Peña Nieto recibirá al presidente de China, Xi Jinping, para acelerar las relaciones e intentar reducir el déficit comercial. Desde las últimas presidencias del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en la década del noventa, continuadas por las administraciones de Vicente Fox y Felipe Calderón, México ha firmado decenas de acuerdos comerciales. La nación apunta por la iniciativa privada y el intercambio comercial para la generación de empleo. Chile, desde la dictadura de Augusto Pinochet, posee una apertura hacia el exterior, que fue continuada por los gobiernos izquierdistas de la Concertación para la Democracia. El partido derechista de Piñera seguramente pierda las próximas elecciones previstas para noviembre de este año. La posible victoria de Michelle Bachelet no cambiaría en nada la participación de Chile en la Alianza del Pacífico, porque la política comercial trasciende agrupaciones políticas. 

Ollanta Humala asumió la presidencia en julio de 2011 tras ganar los comicios en segunda vuelta. Al mandatario se lo veía como próximo a la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA), sin embargo se lo ve cómodo en la alianza, con su objetivo de mantener relaciones amistosas con todos los países. Las políticas neoliberales de Perú vienen desde la época de Alberto Fujimori, Alejandro Toledo y Alan García. Humala, si bien ha intentado darle una impronta social a su gobierno, ha continuado contra todos los pronósticos con las políticas de apertura en materia comercial. Colombia, inmerso en las negociaciones de paz con las FARC, no descuida la lucha contra la pobreza y la desigualdad. Santos continúa la estrategia utilizada por los últimos gobiernos con respecto a la firma de Acuerdos de Libre Comercio y apertura económica. En una mezcla de recuperar dignidad y relevancia en los escenarios mundiales, Colombia, tercer país más poblado de Sudamérica, se ve muy beneficiado por esta alianza.


La mejor opción a futuro

La alianza busca dar pasos prácticos para cumplir objetivos sensatos y no vivir situaciones como las de otras organizaciones latinoamericanas. El Pacto Andino, creado en 1969 entre Ecuador, Bolivia, Perú y Colombia, se encuentra fracturado por la negociación del acuerdo comercial con la Unión Europea. El Mercosur creado por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, temporalmente suspendido, es el bloque más grande de Latinoamérica y este año concretó el ingreso de Venezuela. Sin embargo, las barreras de protección que se imponen entre los socios y las disputas internas frenan el dinamismo de la organización. Si bien Venezuela y Argentina son mercados atractivos para la Alianza del Pacífico, su modus operandi no coincide con las propuestas de libertad económica pautadas. Los integrantes de la nueva coalición afirman que no intentan ser una alternativa de otros procesos, pero la realidad es que buscan tomar distancia del ALBA y de la hegemonía continental de Brasil, representada en el Mercosur. 


La integración de América Latina y Asia genera expectativa. Esta alianza innovadora constituye una nueva unidad que permite un nexo entre Asia y el resto de las economías. China es el primer cliente del subcontinente y un gran consumidor de materias primas, hacia allí deben apuntar las naciones latinoamericanas. Es clave que los países que entren cumplan con los requisitos y objetivos para que no se desnaturalice la alianza ha medida que crece. Hay quienes ya denominan a Chile, Colombia, Perú y México como los tigres de Latinoamérica, haciendo un paralelismo con las naciones que lograron un gran crecimiento en Asia Oriental. Los cuatro países conforman un bloque que representa el 3.5 % del PBI mundial y la octava economía. El objetivo principal del éxito radica en neutralizar los sectores que se puedan ver desfavorecidos en cada uno de los Estados. No caben dudas que este es el momento de América Latina para cerrar las brechas de la desigualdad en cada uno de los países. Para superar este problema endémico, las estrategias de Alianza del Pacífico parecen ser las adecuadas.         

lunes, 6 de junio de 2011

Ollanta Humala ganó las elecciones en Perú

El candidato nacionalista venció en segunda ronda a su contrincante Keiko Fujimori y América Latina tendrá otro izquierdista en el poder.


Contabilizados el 84% de los votos, la Oficina Nacional de Procesos Electorales le otorgaba un 51.18% a Humala y un 48.81% a Fujimori.  El candidato por “Gana Perú” logró la victoria en el balotaje que convocó alrededor de 20 millones de peruanos. El vencedor se hizo fuerte en el centro y sur del país, mientras que la candidata por “Fuerza 2011” alcanzó mayorías en la capital Lima y sus provincias aledañas. Las elecciones estuvieron marcadas por el ataque, un día antes, del grupo Sendero Luminoso en el departamento de Cuzco que tuvo como saldo cinco militares asesinados. 


El nuevo presidente del Perú se comenzó a elegir el 10 de abril en la primera vuelta, donde ninguno de los aspirantes alcanzó la mayoría absoluta. En dicha instancia se conformó el Congreso unicameral de 130 legisladores que reunirá seis agrupaciones políticas. Los candidatos que accedieron a segunda ronda lograron una mayor representación, sin embargo tanto el ex presidente Alejandro Toledo como Pedro Kuczynski lograron un porcentaje de voto considerable. El apoyo del primero para Humala es una de las causas importantes para entender su posterior victoria en las elecciones más reñidas de la historia del país andino. La dura campaña electoral de casi dos meses se caracterizó por ataques personales. Ambos debieron defenderse y cubrir sus puntos débiles, Humala alejándose de las posturas radicales y el relacionamiento con el mandatario venezolano Chávez y Fujimori distanciándose de la gestión de su padre Alberto, condenado a 25 años de prisión por violación a los Derechos Humanos.


Ollanta Humala es un antiguo comandante del ejército peruano que combatió al grupo guerrillero Sendero Luminoso a comienzos de la década del noventa. En el año 2000 se sublevó ante Fujimori por el cual fue apresado, logrando luego una amnistía para su pena. Se presentó en las elecciones presidenciales de 2006 como un perfil confrontacional, nacionalista y muy arraigado al culto inca (su nombre proviene de un general del imperio incaico). Si bien logró ser el candidato más votado en primera vuelta, en la segunda ronda perdió con el actual presidente Alain García. Para esta nueva campaña electoral, expuso una postura más moderada, captando votos centristas y convenciendo al electorado que mantendría el modelo económico actual. Mostró su admiración por el ex gobernante brasilero “Lula” y quitó toda conexión con mandatarios polémicos de la región.


Si bien Perú es uno de los países de mayor crecimiento de Producto Bruto Interno en América Latina, muestra grandes niveles de desigualdad. Hacia ello apuntaron los candidatos durante la campaña electoral y ese será uno de los desafíos más grandes para el nuevo presidente. Humala que se mostró distinto al candidato de perfil populista que surgió años atrás tendrá que demostrar que su cambió no fue una estrategia electoral sino que está convencido de un rumbo moderado. Si cumple con sus promesas, Ollanta Humala estará más cerca de la izquierda de Lula que del populismo de Chávez.

jueves, 13 de agosto de 2009

Señal de alerta para América Latina

La realidad latinoamericana aparece, en este mes de agosto, con conflictos que recuerdan las épocas negras del continente. La difícil salida a un golpe de Estado en Honduras que lleva alrededor de cincuenta días, la conformación de un bloque “bolivariano” cada vez más radical liderado por el presidente venezolano Hugo Chávez y el establecimiento de bases norteamericanas en territorio colombiano para la lucha contra el narcotráfico son situaciones que deben ser seguidas con atención. A esta realidad continental se le suma un nuevo brote “guerrillero” en territorio peruano. 


El grupo de inspiración maoísta Sendero Luminoso, que se funda en la década del 60 como un brazo armado del Partido Comunista, dio su primer golpe en mayo de 1980. A través de ataques armados y coches bomba sacudieron al país durante quince años, dando muerte a alrededor de 70.000 personas según la Comisión de la Verdad y la Reconciliación peruana. El grupo que tuvo como objetivo lograr una república popular e instaurar un régimen comunista campesino sufrió la detención de su líder y jefe histórico, Abimael Guzmán, en septiembre de 1992. Sin lugar a dudas este grupo que optó por la lucha armada, en un momento de transición democrática, no contó con el apoyo de la población y su influencia comenzó a decaer hasta que su luz pareció apagarse. A fines de la década del noventa grupos minoritarios, que se establecieron en la zona del valle de los ríos Apurímac y Ene, continuaron con operaciones violentas pidiendo amnistía para líderes senderistas. A pesar de ello, se estima que el número de rebeldes que no entregaron las armas, luego de que Guzmán declarará el fin de la revolución, es de alrededor de cien combatientes. Su último gran golpe había sido en octubre del año pasado cuando atentaron contra un convoy militar. Desde ese momento fueron pocas las noticias que se difundieron de los “revolucionarios”.


Sin embargo, en los primeros días de agosto se produjo un ataque atribuido a Sendero Luminoso contra una base de la Dirección de Operaciones Especiales de la policía, en el departamento de Ayacucho, zona selvática al sureste de territorio peruano. Según informaron fuentes policiales un grupo de cincuenta insurgentes emprendió un ataque con explosivos y armas ligeras contra la base de las fuerzas especiales instalada en dicho lugar para combatir el narcotráfico. La ofensiva que, causó cinco muertes (tres policías y dos civiles), muestra a las claras que a pesar de que no haya tenido mucha prensa, el remanente de la guerrilla y su alianza con los grupos de narcotraficantes es un tema que debe ser seguido muy de cerca.

Muchas son las opiniones que se han oído desde tierras peruanas sobre este episodio; el ministro del Interior Octavio Salazar afirmó que la presencia de estos terroristas es una gran amenaza para el país, principalmente por su gran alianza con el narcotráfico, a la que denominan el narcoterrorismo. Mientras tanto, el presidente Alain García propuso un trabajo paciente para erradicar la violencia de estos grupos, bajando el perfil al remarcar que los mismos no constituyen una amenaza para la democracia peruana y que “no configuran ni la décima parte de lo que vivió el país en la década de los 80”. En oposición a ello, el  líder nacionalista Ollanta Humala advirtió la posibilidad de una guerra interna en caso de que el gobierno no reestructure las acciones para acabar con los remanentes de la guerrilla.


Todo parece indicar que este grupo derrotado por el gobierno del actualmente condenado Alberto Fujimori no posee la misma fuerza ni el contenido ideológico de quienes hoy golpean nuevamente los territorios peruanos. Sin embargo, las acciones conjuntas con los grupos narcotraficantes tratan de debilitar la acción y el poder policial en la zona selvática. El proyecto político de alcanzar el poder a través de una revolución armada es historia pero la alianza con los narcotraficantes parece recién comenzar. En épocas donde Colombia es duramente cuestionada por la llegada de tropas norteamericanas para combatir e investigar al narcotráfico, sería bueno que el gobierno peruano le pusiera rápidamente un freno a estos brotes de insurgencia antes de perder el control y tener que acudir a fuerzas extranjeras. La existencia de un golpe de Estado en Honduras, la propuesta de insertar tropas norteamericanas en Colombia, los brotes guerrilleros en Perú y una cantidad de gobiernos que distan de ser democráticos, debe prender una señal de alerta en los gobiernos “serios” que aún quedan en el continente, de manera evitar aquellas épocas negras.