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jueves, 4 de abril de 2013

Primer Ministro de Portugal supera moción de censura

Pedro Passos Coelho enfrenta duras críticas debido al manejo económico del país
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El intento del Partido Socialista (PS) de derribar al ejecutivo luso chocó con la cómoda mayoría absoluta que tiene la coalición gubernamental en el Parlamento. De esta manera, el líder conservador Passos Coelho salvó una nueva moción de censura contra su gobierno, la cuarta en dos años que lleva en el poder. Los 130 votos en contra dejaron el intento de la oposición sin consecuencias prácticas. Portugal vive una semana clave debido a la futura decisión del Tribunal Constitucional con respecto al presupuesto del 2013.
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El tema primordial en el Parlamento fue la crisis, sus efectos y la manera de solucionarla. La oposición logró 90 adhesiones a favor de la moción, recogiendo los votos del Partido Socialista, Bloque de Izquierda, Los Verdes y el Partido Comunista. El secretario general del PS, Antonio José Seguro, criticó las previsiones erradas del gobierno y las políticas de austeridad. Además, el Partido Comunista acusó al gobierno de estar destruyendo al país en base a recortes y subida de impuestos. Passos Coelho, que aprobó el año pasado una reforma laboral que facilita el despido, se mostró firme en aplicar las medidas reclamadas por los organismos internacionales para lograr que Portugal vuelva a financiarse en el mercado. Aseguró que hay que asumir compromisos adquiridos y que sin ingresos no hay autonomía. El mandatario contó con el apoyo de su coalición que acusó a los socialistas de no presentar alternativas al gobierno y poner sus propios intereses partidistas por delante.

Este miércoles en el Parlamento se pudo observar el quiebre del consenso entre los dos partidos con respecto al rescate financiero. El cruce de acusaciones entre gobierno y oposición contó con referencias al pasado, principalmente la alocución de Passos Coelho en relación a la herencia maligna del ex primer ministro socialista José Socrates. Estas discusiones tiran abajo la fortaleza que suponía un acuerdo entre las fuerzas parlamentarias con respecto a la crisis. Las divergencias también se encuentran en la decisión que esta por determinar el Tribunal Constitucional sobre el presupuesto del 2013, el más restrictivo de la historia reciente. El poder jurídico tiene el dictamen pendiente desde el año pasado y ha sido presionado indirectamente por el Ejecutivo. El presupuesto, aprobado solo con los votos del gobierno, fue puesto en tela de juicio por el presidente Aníbal Cavaco Silva, el cual es del mismo partido que Passos Coelho.

Problemas políticos, económicos, legales y sociales para Passos Coelho

Luego de la dictadura de Salazar (1932 - 1968), liquidada por la Revolución de los Claveles, se instauró en Portugal la Tercera República en 1974. A partir de allí se suscitaron tres décadas de democracia en la cual se turnaron en el poder el Partido Social Demócrata de centro derecha y el Partido Socialista.  Durante ese período, el país ibérico ingresó a la Comunidad Europea y posteriormente a la zona euro. El gobierno de José Socrates pidió un rescate financiero en mayo del 2011 al Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea tras no poder asumir la deuda. El préstamo de 78.000 millones de Euros fue a cambio de un severo programa de ajustes y reformas que incluyen la privatización de grandes empresas estatales, entre las que se destacan la compañía aérea TAP, la empresa eléctrica EDP y los astilleros de Viana do Castelo. En 2012 Passos Coeho, sucesor de Socrates, presentó un presupuesto, rechazado por el Tribunal Constitucional.

Este año se vuelve a repetir la historia con respecto a las trabas legales que tiene el gobierno para aprobar el presupuesto de la nación. Las medidas aprobadas por el gobierno se traducen en una disminución de la renta de los ciudadanos a través del aumento de impuestos y la reducción de prestaciones sociales. Portugal, azotada por un desempleo de 17%, debe concluir este año con un déficit público de 4.5% para cumplir las exigencias de entidades prestatarias de rescate. Si el Tribunal Constitucional obliga a Passos Coelho a suspender las medidas, el mandatario deberá responder a la troika como se ajustará a los objetivos planteados. En ese caso el gobierno tiene poco margen de maniobra, ya que al no aprobarse los impuestos dejaría de recibir millones de euros. Passos Coelho superó la moción de censura pero tiene que afrontar varios problemas: la legalidad de su presupuesto, los controles de la Unión Europea y las protestas callejeras en contra de sus medidas de gobierno. 

jueves, 16 de junio de 2011

El primer ministro griego ofreció su renuncia

El mandatario de Grecia, Giorgios Papandreu, enfrentó duras protestas y aceptó formar un gobierno de unidad para salir de la crisis económica.

La tercera huelga general de este año convocada por grupos sindicales paralizó nuevamente a Grecia. Unos 25.000 manifestantes se reunieron frente al parlamento para protestar contra las medidas de ahorro. El gobierno necesita aprobar disposiciones que le permitan evitar la quiebra y recibir ayuda de la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional. Esta situación obligó a Giorgios Papandreu a ofrecer su renuncia para alcanzar la unidad nacional y un apoyo firme a los planes económicos.

El actual primer ministro de Grecia asumió en octubre de 2009 luego que su partido, el Movimiento Socialista Panhelénico, logrará un 43% en las elecciones legislativas. Con mayoría absoluta en el parlamento, tuvo que enfrentar una crisis económica que se desató semanas después de su asunción. Aceptando un déficit de 12%, prometió no volver a aumentar los impuestos y elaboró un programa de privatizaciones. La falta de respuestas para las dificultades financieras, el líder de la Nueva Democracia, Antonio Samaras, pidió en reiteradas ocasiones la dimisión de Papandreu. En las últimas semanas, con motivo de las protestas y las manifestaciones en la plaza Sintagma de Atenas, la oposición se mostró dispuesta a negociar acuerdos y a cooperar en el corto plazo si el primer ministro ofrecía su renuncia. La presión que ejerció la ciudadanía ayer al intentar romper el cordón policial frente al parlamento, agudizó la crisis política de Grecia.

El Consejo de los Helenos se reunió ayer para tramitar un nuevo acuerdo económico, siendo el principal brindar las condiciones para recibir la próxima partida de ayuda que ronda los 12.000 millones de euros. Para aprobar el paquete de ahorro que le permita rebajar el déficit de 7.5% del Producto Bruto Interno, el partido de gobierno debe contar con todos los votos de su bancada. Las medidas incluyen privatizaciones, recortes salariales, cierre de empresas públicas y aumentos de impuestos. Una reunión fundamental para el futuro económico del país mediterráneo fue la que se desarrolló en Bruselas entre los ministros de finanzas de los 27 países de la UE. En la misma Alemania se negó a que el préstamo, que alcanza los 110.000 millones de euros, sea pagado en su totalidad con dineros públicos, mientras que el Banco Central Europeo rechazó la participación privada.

Giorgios Papandreu se propuso reformular su gabinete y someterse al voto de confianza del parlamento para continuar en el poder. Ante la gran presión que ejerce la ciudadanía y la oposición, el primer ministro deberá aceptar un gobierno de unidad nacional que permita consensos para adoptar medidas de ajuste. Si bien los griegos cuentan con el apoyo económico de la asociación, ya se ha hecho escuchar la voz de Alemania para que los países endeudados apliquen severos programas con cortes presupuestarios a cambio de la ayuda de los hermanos europeos. En definitiva, Grecia deberá enfrentarse con el descontento de su población y con las exigencias de la UE, que no esta dispuesta a seguir desembolsando dinero sin esfuerzos de la contraparte. 

jueves, 16 de abril de 2009

Respuesta progresista a la crisis actual

Durante los días 27 y 28 de marzo se reunieron, en la ciudad chilena de Viña del Mar, gobernantes y  representantes de organismos internacionales de diversas partes del mundo. El principal objetivo fue proponer una salida conjunta de la crisis económica y financiera en la que estamos inmersos. La proximidad de la reunión del G-20 en Londres marcó a fuego la denominada “Cumbre de Líderes Progresistas” cuya idea surgió hace exactamente una década.

Muchas son las conclusiones que se pueden extraer de la declaración final de los mandatarios presentes, pero también debemos responder ciertas preguntas. ¿Cómo surge dicha cumbre? ¿Cuáles fueron las propuestas de los gobernantes para combatir la crisis? ¿Qué objetivos persiguieron los presidentes de la  región?


La Cumbre y el Seminario Internacional de la Red Progresista fueron organizados por dos instituciones: Policy Network y el Instituto Igualdad. La primera es una fundación internacional, creada en el año 2000, que se dedica a la renovación de la social democracia y a promover las políticas progresistas. Actualmente esta avocada a facilitar el intercambio de ideas y prácticas entre políticos y expertos que se denominan de centro-izquierda. El otro ente organizador, el Instituto Igualdad, es una organización privada, creada por el Partido Socialista chileno en el año 2005 con el objetivo de desarrollar y proyectar los valores e ideas democráticas, socialistas y progresistas al interior de la sociedad chilena. 

El movimiento de gobernadores progresistas que se reunió en Chile surge a fines de los años ’90 por iniciativa del entonces presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton. El primer seminario se realizó en Washington y contó con la presencia de mandatarios europeos, entre ellos, Tony Blair. Su objetivo principal fue fomentar la cooperación entre políticos y académicos, ofreciendo un entorno para intercambiar experiencias políticas. Berlín, Estocolmo, Londres, Budapest, Johannesburgo y ahora Viña de Mar fueron las sedes que reunieron desde el año 99 hasta el momento al movimiento progresista. Es la primera vez que se realiza la reunión en nuestro continente y esto no es una casualidad; se debe a la proliferación existente, en los últimos años, de gobiernos de centro izquierda en todo Latinoamérica.

Los mandatarios sudamericanos fueron mayoría en el balneario chileno. Además de la anfitriona Michelle Bachelet, la cumbre contó con la presencia del presidente brasilero Luiz Inácio “Lula” da Silva, la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner y el gobernante uruguayo Tabaré Vázquez. Los mandatarios europeos presentes fueron el español Rodríguez Zapatero, el noruego JensStolten Berg y el primer ministro británico Gordon Brown. El hombre del momento, Barack Obama, seguramente ocupado en la preparación de su viaje a Europa, no quiso que su país quede al margen y envío a su vice Joseph Biden para marcar presencia en la reunión. Además, participaron alrededor de 200 asesores, políticos, académicos, investigadores y representantes de organismos internacionales de muchos países europeos, americanos, africanos e incluso de Oceanía. Todos ellos se encargaron de discutir, analizar y dar respuestas a la crisis global actual; políticas progresistas, globalización responsable, cambio climático, protección laboral y el rol del estado en la economía fueron los principales temas tratados.

La declaración final conjunta, leída por la presidenta chilena, marca los puntos claves que los líderes discutieron a lo largo de las distintas sesiones. Se analizaron los principales desafíos que enfrenta el mundo hoy en día, y a su vez discutieron cuál debería ser la respuesta coordinada del movimiento progresista, lo cuál resumiremos en tres puntos claves.

El primero fue priorizar las políticas de crecimiento, protección social y la creación de empleo para no transformar la recesión económica en una recesión social. Para ello, se enfatizó el dar un nuevo empuje a los objetivos de desarrollo del milenio de la Organización de las Naciones Unidas. Con respecto a esto, Bachelet expresó al término del seminario: “hay que adoptar medidas populares pero no populistas”, haciendo clara alusión al respeto por el modelo liberal pero inculcando una participación importante por parte del Estado.

En segundo lugar, se apuntó a cambiar el rumbo del “neoliberalismo” existente, construyendo las bases de una nueva economía que permita compartir la prosperidad. Para aplicarlo, los líderes progresistas plantean: reformar la regulación de las instituciones financieras (principalmente del FMI), evitar políticas proteccionistas y concluir exitosamente la Ronda Doha. Además, se le reclama a las instituciones financieras, tanto internacionales como regionales, la tenencia de un rol importante en la prevención de las graves consecuencias para los países en desarrollo. El primer ministro británico expuso su visión al respecto: “tenemos que rehacer nuestras instituciones, necesitamos nuevas reglas para este orden global, porque un mundo sin reglas no funciona”.
  
El tercer aspecto clave que se puede extraer de la declaración refiere al tema medioambiental. Se propuso emprender de forma acelerada una respuesta coordinada al cambio climático, asimismo se incitó a invertir en energías limpias. En este contexto, se buscará lograr un acuerdo exitoso en la futura Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, que se realizará a fines de este año en Copenhague.  Si bien no fue el aspecto más comentado en la cumbre, quizás por la lejanía en el tiempo de la reunión multilateral, la “recuperación verde” no se dejó de lado al momento de enumerar los principales temas tratados. 

Estos tres principales ejes se sostienen en los llamados valores progresistas, como lo son las libertades (política y económica), los derechos humanos, la democracia y la justicia social.  Con respecto a los ideales compartidos por esta red de gobiernos, José Luís Rodríguez Zapatero enumeró tres pilares que caracterizan al progresismo: la apuesta por la reforma y el cambio, la democratización de las instituciones y la solidaridad. Hoy en día son varios los gobiernos sudamericanos que dicen sentirse identificados con estos ideales; sin embargo fueron tan sólo cuatro los representantes que concurrieron a la cumbre.
Como dijimos, el segundo aspecto importante a analizar de la reunión es el objetivo que cada uno de los países tuvo en dicha cumbre. Si bien son cuantiosos los gobiernos de izquierda y centro izquierda que han ganado elecciones en estos últimos años aquí en Sudamérica, cada país tiene un perfil distinto y eso lo podemos ver claramente en la participación (o no) en reuniones multilaterales de este tipo. 

El presidente Vázquez consideró clave esta reunión, ya que fue una manera de poder inmiscuir al pequeño Uruguay entre grandes del mundo. El MERCOSUR estuvo presente con sus dos grandes socios: Brasil y Argentina; Uruguay no se quiso perder la gran oportunidad de poder compartir experiencias y aprender de países que proponen las mismas ideas que el gobierno de turno. Además, Vázquez aprovechó la ocasión para terminar de alinearse al grupo de gobiernos de “izquierda moderada” que parece liderar Lula. Entre otras cosas, Tabaré marcó cierta distancia con la mandataria argentina, se encargó de remarcar que Uruguay “no es un paraíso fiscal” e instó a no echarle la culpa al imperio de turno por no poder llevar adelante un proyecto latinoamericano para mejorar la condición de nuestros pueblos.

Por otro lado, el mandatario brasilero Lula aprovechó la oportunidad para seguir afirmando su liderazgo en Sudamérica e intentar insertar al continente en el contexto mundial.  El líder del PT brasilero se ha encargado en las últimas semanas de seguir posicionando a su país en el gran juego mundial. Las reuniones con Obama y Brown dan muestra de eso y, si bien el asesor del presidente, Marco Aurelio García pide respetar las diferencias con otros progresismos (léase la izquierda más radical), Brasil se quiere mostrar como un país comprometido con la causa liberal-democrática. Lula aprovechó la ocasión para recordarle nuevamente a sus pares extra-región que ellos poseen mayor culpa de este momento de la economía mundial. Con un tono amigable expresó: “mi querido Gordon Brown, mi querido Biden, mi querido Zapatero, desafortunadamente ustedes tienen más responsabilidad en esta crisis”.

Además de Brasil, el otro país de la región que asistirá a la reunión del G-20 en Londres, será Argentina. Cristina Fernández también acudió a la Cumbre y quizás sean dos los aspectos claves que se pueden extraer de su presencia. En primer lugar, la gobernadora argentina no estuvo dispuesta a perderle la pisada a este grupo de mandatarios progresistas, de los cuales se había alejado debido a las visitas y contactos permanentes con Chávez. Por lo tanto, esta cumbre era una buena excusa para volverse a unir al grupo liderado por Brasil y poder encontrarle a la Argentina un lugar importante (no conflictivo) en el contexto internacional. En segundo lugar, la presidenta aprovechó la situación para insistir nuevamente por el reclamo de soberanía sobre las islas Malvinas, a lo que fuentes británicas hicieron saber que estaba descartada cualquier tipo de negociación al respecto.

Por último debemos hacer referencia a Chile, el anfitrión. El modelo chileno que rige desde la restauración de la dictadura es fiel reflejo de todas las ideas que se trataron en la pasada cumbre. No es casualidad que la primera reunión en América Latina de esta red progresista se haya realizado en el país trasandino. Además, no es este un momento cualquiera para el gobierno de la Concertación, ya que las encuestas de opinión no se les muestran favorables para las elecciones de este año. Quizás el impulso y la importancia que Bachelet le dio a esta cumbre este relacionado con el objetivo de la mandataria de reafirmar el modelo, llevado acabo por su gobierno y los anteriores, exponiendo logros e intentando marcar diferencias con el neoliberalismo.

En conclusión, la Cumbre de Líderes Progresistas buscó dar una respuesta firme a la crisis financiera internacional. El objetivo de los gobernantes que asistieron a la Cumbre fue la elaboración de ciertas pautas para que los “representantes progresistas” trasladasen a la reunión del G-20 en Londres. Las mismas se pueden resumir en los siguientes puntos: priorizar el aspecto social de la crisis, reformar el sistema financiero poniendo fin a la hegemonía neoliberal y por último, el siempre presente desarrollo sostenible. Estos temas centraron la atención de los mandatarios presentes, los cuales se sienten identificados con la idea de la red progresista que surgió con Clinton y Blair, cuando ambos quisieron liderar una especie de centro izquierda o “tercera vía” entre el capitalismo liberal y el socialismo.


Además, al parecer, esta red de gobiernos quiere ocupar un vació ideológico que esta dejando el modelo económico existente, que puede ser fácilmente ocupado por gobiernos populistas, autoritarios y no proclives al liberalismo y la democracia. La reunión de Viña del Mar concluye con la idea de asignarle un nuevo rol al estado (más regulador)  y poner las políticas sociales como prioridad. Quizás estos dos aspectos sean las únicas variables que todavía quedan vigentes en la ya perimida distinción entre gobiernos de derecha y de izquierda.