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miércoles, 24 de julio de 2013

A dos años de la tragedia, la respuesta es más democracia

Noruega es uno de los países más prósperos del planeta, sin embargo no está ajeno a los problemas que vive el continente europeo. En este caso no son económicos sino sociales. El ascenso de la extrema derecha y los terroristas solitarios implicó un golpe duro al país nórdico hace dos años atrás. La democracia y el liberalismo fueron las armas usadas para combatir el dolor que causó la matanza de Utoya.              
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El 22 de julio de 2011, Noruega sufrió la tragedia más grave desde la Segunda Guerra Mundial. 77 personas fueron víctimas de dos ataques de Anders Bhering Breivik, un fundamentalista que hoy cumple una condena de 21 años de cárcel prorrogables indefinidamente. El extremista hizo estallar una bomba cerca de las oficinas del gobierno en Oslo que matando a 8 personas. Además fue el autor de una masacre en un campamento del Partido Laborista en la Isla de Utoya, a unos 40 minutos de la capital. Allí, vestido de policía, terminó con la vida de 69 jóvenes, la próxima generación de políticos de la agrupación.

Breivik, un joven de 34 años, acusaba al gobierno de ser blando ante la amenaza extremista en Noruega y Europa. Consideraba a los laboristas culpables de la diversidad racial, cultural y étnica del país nórdico. Breivik sentía que sus valores estaban siendo amenazados y es por ello que culpaba a los gobernantes de entregar la nación a los inmigrantes musulmanes. Perteneciente durante años al Partido del Progreso, de donde fue expulsado, encabezaba una cruzada contra los inmigrantes, a quienes atribuía el querer aprovecharse del sistema sin dar nada a cambio. Forjó su visión del mundo a través de páginas web de extrema derecha y escribió un manifiesto titulado “Una declaración europea de independencia – 2083”.

La Policía no conocía la existencia de este ultraderechista al momento del atentado. El debate sobre si el gobierno hace lo necesario para combatir este tipo de asesinos está instalado en la sociedad. La pregunta que surge es si las administraciones pueden evitar estos solitarios, individuos impredecibles y aislados. Durante los homenajes a las víctimas, que incluyó una misa recordatoria, el primer ministro Jens Stoltenberg recordó que su lucha contra este tipo de terrorismo es a través de más apertura, más democracia pero sin ser ingenuos. Cabe destacar que hace una semana, la Policía francesa arrestó a un neonazi noruego, relacionado con Breivik y acusado de estar preparando un atentado para continuar con su lucha. El problema sigue estando allí y hay que combatirlo.

Noruega como ejemplo de un problema continental

El crecimiento de nuevos movimientos con tendencias xenófobas se puede observar en varios países miembros. Antes de la Segunda Guerra Mundial fue el antisemitismo pero hoy los ultraderechistas poseen un sentimiento islamofobico. En Noruega son alrededor de 200.000 los musulmanes, la mayoría de ellos moderados. Sin embargo los extremistas ven a las personas de Medio Oriente como un grupo homogéneo. Internet es utilizado para debatir y juntar simpatizantes, así es que partidos de derecha se apoderan de su discurso y lo toman para captar votos. El Frente Nacional en Francia y el Amanecer Dorado en Grecia son algunos de los ejemplos. En Holanda, representantes de partidos de extrema derecha han tenido que dar explicaciones a la justicia por incitar al odio.

Noruega, país de 5 millones de habitantes, posee una de las sociedades más abiertas y democráticas del mundo. Es una nación rica en petróleo, madera y pescado, que ha rechazado ingresar a la Unión Europea en dos ocasiones (1972 y 1994). El populista Partido del Progreso, señalado como poseedor de tintes de ultra derecha, es la segunda fuerza del país, por detrás de los laboristas pero por encima del Partido Conservador. Alcanzaron un 23% en las legislativas de 2009 con un leve crecimiento con respecto a los comicios anteriores. Sin embargo la matanza de Utoya fue un duro golpe para esta agrupación contraria a la inmigración. En las elecciones regionales de setiembre de 2011 logró apenas un 11%.

Desde hace décadas, Noruega posee una tradición de política joven y campamentos de verano. A pesar de la tragedia, las nuevas generaciones de laboristas continúan participando en la política, predicando la sociedad cultural y la lucha contra el racismo. Varios sobrevivientes de Utoya serán candidatos en las próximas elecciones generales. En setiembre se realizarán los primeros comicios legislativos posteriores a la matanza. Si bien la reacción del gobierno laborista fue reforzar los dispositivos de seguridad pero sin restringir las libertades de los ciudadanos, afronta diversos cuestionamientos sobre la posibilidad de haber evitado la tragedia.


Las encuestas dicen que Jens Stoltenberg tendrá que dejar el cargo tras dos mandatos, debido al desgaste de los laboristas en el poder. La favorita es Erna Solberg del Partido Conservador, aprovechando el declive del Partido del Progreso, castigado por los medios luego de la tragedia. Sean los laboristas o los conservadores los próximos gobernantes de Noruega, la sociedad en su conjunto se debe un profundo debate sobre extremismo y cómo controlarlo. No es sólo la crisis económica la que hace resurgir a este tipo de xenofobia sino razones más profundas. Encontrar las raíces de este problema será uno de los desafíos de la próxima generación de gobernantes nórdicos. 

lunes, 22 de julio de 2013

Informe semanal: Estados Unidos no quiere dar ventajas

África, durante décadas conocido como el continente olvidado, hoy se encuentra en el punto de mira de la comunidad internacional. China avanzó primero, prometiendo no comportarse como las antiguas potencias coloniales. Estados Unidos, tarde y sin tanta necesidad comercial, no quiere quedarse atrás.

Apelando a la democracia y las instituciones, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, salió al cruce. El miércoles 26 de junio inició una gira por tres países africanos: Senegal, Sudáfrica y Tanzania. El objetivo principal del gobierno norteamericano fue fomentar el comercio y la inversión, ya que África es un mercado cada vez más atractivo. El mandatario fue acompañado de empresarios, inversionistas y altos cargos; entre ellos estuvo Michael Froman, representante de Comercio Exterior. La Casa Blanca buscó darle un perfil económico al viaje, aunque los temas de geopolítica internacional también estuvieron sobre la mesa.

Tres destinos, tres objetivos

Senegal: el terrorismo islámico en la región

La gira de Obama por África comenzó en Dakar, Senegal. Este país es un socio fundamental para Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo de corte islámico en el Magreb y a ello se debe esta visita. El incremento de los grupos radicales es uno de los problemas geopolíticos que vive el continente africano. Washington busca que esta situación no se reproduzca en los distintos países de África.

Obama visitó en primer lugar una de las democracias más sólidas del continente y una de las naciones más estables de la región. Bajo inmensos operativos de seguridad, el presidente se reunió con su homólogo Macky Sall, participó de un foro de agricultores y visitó la Casa de los Esclavos, para rendir tributo a los prisioneros que se embarcaron desde allí rumbo a Estados Unidos.

Senegal se encuentra rodeado de países como Mali, que sufre una crisis importante por la incursión de los yihadistas provenientes de Libia. Para frenar este avance de los terroristas, Níger, otra nación de la zona aquejada por este problema, acaba de aprobar un consentimiento para que los drones norteamericanos puedan ser estacionados en su territorio. Un caso representativo de la división política y guerra que pueden causar estos grupos es Nigeria. La potente agrupación Boko Haram, que busca instaurar la ley sharia en todo el país, tiene en jaque al gobierno de Goodluck Jonathan.  

Sudáfrica: un actor clave en África

En Sudáfrica, la segunda parada, Obama encontró un país sacudido por el crítico estado de salud del histórico presidente, Nelson Mandela. La Casa Blanca tuvo en cuenta la situación y el mandatario mantuvo una reunión con la familia del Premio Nobel de la Paz. El presidente norteamericano visitó Sudáfrica por ser un peso pesado en el continente, un país clave en términos geopolíticos.

Estados Unidos necesita mantener buenas relaciones con el gobierno de Jacob Zuma para estar al tanto de los diversos conflictos de África. Sudáfrica es importante para contrarrestar un segundo problema geopolítico que enfrenta el continente: los reclamos históricos y territoriales que derivan en conflictos como el sucedido en Sudán. Actualmente el gobierno de Zuma busca lidiar entre Sudán y Sudán del Sur, mientras movimientos rebeldes intentan derrocar al dictador de Sudán, Omar al Bashir.

Además de pertenecer al grupo de los BRICS (junto a Brasil, Rusia, India y China), Sudáfrica es una arteria principal en la promoción de la democracia y es considerado un mediador fundamental en los asuntos africanos. La histórica colaboración en las operaciones de pacificación en la región confirma lo dicho y el último ejemplo es el intento por mantener al gobierno de la República Centroafricana, tras la revuelta del grupo Seleka.

Tanzania: su  economía y sus vecinos.

En el tercer destino los objetivos fueron principalmente económicos, debido al crecimiento galopante de Tanzania. Sin embargo también es un lugar geoestratégico para detener el avance islámico radical en la región, principalmente del grupo Al Shabab, cercano a Al Qaeda.

Tanzania está situada en una zona importante del continente, el conflictivo cuerno de África. En dicha región se ubica Somalia, lugar del que las potencias occidentales –incluso Estados Unidos, en los 90’- han tenido que “huir” por no poder controlar la situación de un territorio complejo. Tanzania limita con Kenia, donde nació el padre de Obama, sin embargo la Casa Blanca evitó una visita a dicho país ya que la nación realizó elecciones meses atrás. En dichos comicios salió victorioso Uhuru Kenyatta, personaje que posee un proceso abierto en el Tribunal Penal Internacional. Cabe destacar que tanto Kenia como Tanzania sufrieron ataques contra la Embajada de Estados Unidos por parte de yihadistas islámicos en 1998.

En Tanzania, Obama se reunió con líderes empresariales en Dar es Salaam, la mayor ciudad y capital económica de la nación. Este país se destaca por el aprovechamiento de sus recursos naturales creando fondos especiales que permitan administrar la riqueza e invertirla en desarrollo social para despegarse del hambre, problema endémico de África.

Contrarrestar el avance chino

Con esta visita de Obama, el gobierno norteamericano busca equiparar los avances económicos y geoestratégicos de Beijing en África. Estados Unidos examina una estrategia distinta para mostrarse como alternativa. La importancia de la energía y el plan presentado por Obama durante su viaje puede ser una arista importante del plan de Washington.

En un comienzo, desde África se observaba a China como un contrapeso a la histórica influencia occidental, incluso por haber apoyado en su momento a los movimientos independentistas y por ser parte del “mundo subdesarrollado”. Sin embargo con el correr de los años también se teme que la potencia asiática comience una nueva etapa de colonialismo.

Desde el liderazgo de Hu Jintao, China ofrece créditos y financia obras de infraestructura en el continente africano. Comprando materias primas, fundamentales para sostener su crecimiento económico, y vendiendo productos manufacturados, se convirtió en el primer socio comercial de África. Si bien desde Beijing se intenta evitar la injerencia en asuntos internos, la relación con gobiernos corruptos y autoritarios terminó siendo inevitable. Incluso se prestó ayuda militar a regímenes como el de Omar Al Bashir en Sudán, a quien además se le brindó ayuda diplomática en el seno de las Naciones Unidas. También se apoyó a Zimbabwe en la capacitación de las fuerzas de seguridad del régimen dictatorial de Robert Mugabe.

A pesar de que China no tiene problemas en tratar con este tipo de gobiernos tan cuestionados en occidente y si bien históricamente Estados Unidos apoyó dictadores en el continente, la Casa Blanca está apuntando a la buena relación con las democracias.

El presidente de China, Xi Jinping, viajó rumbo a África días después de su asunción. Una de sus paradas fue en la República Democrática del Congo, nación con grandes yacimientos petroleros y principal proveedor de madera para China. También visitó Sudáfrica, país socio en el BRICS, y Tanzania, en donde firmó alrededor de 16 acuerdos comerciales, culturales y de desarrollo. China confirmó proyectos de infraestructura para un país que tras los últimos yacimientos elevó las reservas de gas y se coloca como un actor clave del este africano.

El atraso en materia de infraestructura conlleva a que la potencia asiática deba apoyar también en la creación de ferrocarriles, puertos y oleoductos, para proveerse de las materias primas. En materia de comercio con África, China le lleva años luz a Estados Unidos. Los principales socios norteamericanos no están en el continente y si bien se busca un progreso en materia comercial, no es la clave para Washington.

La diferencia: el progreso de África y la democracia

Obama apeló a su experiencia personal para incitar a África a ponerse de pie y luchar por su futuro. Afirmando aquellos logros independentistas, el mandatario norteamericano imploró la creación de instituciones eficaces, confiables y transparentes para poder lograr sociedades democráticas y justas. Estados Unidos se quiere mostrar como una contribución hacia el desarrollo africano. En este sentido, el gobierno dio a conocer durante este viaje una nueva iniciativa para duplicar el acceso a la energía eléctrica, denominado “Power Africa”.

Estados Unidos busca enseñar el camino y diferenciarse de China, principal inversor en el continente. En sus giras por África, ambos mandatarios visitaron Sudáfrica y Tanzania. Sin embargo, Estados Unidos apuntó también a Senegal, país que celebró elecciones con resultados pacíficos y democráticos en 2012. Mientras, el gobierno chino se embarcó hacia la República Democrática del Congo, un socio conflictivo.

Si bien comercialmente se encuentra lejos de los logros alcanzados por Beijing, el gobierno de Washington no puede descuidar una región clave. Décadas atrás, el futuro era el sudeste asiático; hoy también lo es África en todo sentido; por el crecimiento económico y geopolítico de algunas naciones. La progresiva retirada en Afganistán le permite a la Casa Blanca reposicionarse en África, en donde claramente perdió terreno a manos de China. Sin embargo con este viaje, predicando la democracia en la región, Estados Unidos salió al cruce de la potencia asiática.

viernes, 19 de julio de 2013

Un gigante en movimiento, peligro en el norte de África

En Argelia se acerca un cambio de autoridades. Toda modificación supone oportunidades y más en un país con gran fortaleza e influencia en el norte de África. Los islamistas se relamen ante la posibilidad de que el presidente Bouteflika deje el poder en el corto plazo. Por un lado, los políticos buscarán recuperar la fuerza que su alianza mayoritaria, Argelia Verde, perdió en las legislativas de 2012. Por otro, los yihadistas, especialistas en tomar lugar en Estados débiles, esperarán el caos político para sacar provecho.
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En las últimas horas, el presidente de Argelia, Abdelaziz Bouteflika, retornó a su país desde Francia, en donde estuvo seis meses internado. El mandatario de 76 años sufrió un accidente cerebral a fines de abril y fue trasladado a un hospital en Paris. Tras concluir un período de descanso y rehabilitación y siendo un secreto su verdadero estado de salud, el presidente volvió a casa, aunque todavía no está claro cuando retornará a las actividades. Su última aparición en público fue a mediados del mes pasado, cuando se lo vio muy debilitado junto al primer ministro y el jefe de las Fuerzas Armadas.

Luego de una década en la que se redujo la violencia interna y se mejoró la situación económica, Argelia vuelve a enfrentar desafíos y reivindicaciones de su población. El estado de recesión de sus clientes y los problemas estructurales que le impiden poder realizar reformas para fomentar la inversión, complican la economía de este gigante. Además, el gobernante Frente de Liberación Nacional, el cual revalidó el poder en los comicios legislativos de 2012, es acusado de querer imponer silencio para sortear posibles protestas sociales.

Bouteflika llegó al poder en 1999 tras la dimisión del general Liamine Zerval. Con el apoyo del ejército y tras la retirada de los seis candidatos, que lo acusaban fraude electoral, comenzó su primera administración. El mandatario, que inició su carrera política como ministro de Exteriores en 1963, pertenece a una generación de dirigentes que están al frente del país desde la independencia. Bouteflika fue reelecto en 2004 y luego en 2009, tras eliminar de la Constitución el límite de dos mandatos.

El veterano presidente se preparaba para luchar por un nuevo mandato en los comicios previstos para abril de 2014, sin embargo los problemas de salud se lo impiden. La oposición, expectante, pidió medidas extremas tras los rumores alarmistas sobre el mandatario. El islamista Movimiento para la Sociedad y la Paz solicitó elecciones anticipadas, previstas en el artículo 88 de la Carta Magna.

El yihadismo y la amenaza constante

Argelia, el país más poblado y con más peso económico del norte de África, sufrió en enero el secuestro de extranjeros en las instalaciones de la planta de gas de In Amenas, que dejó un saldo de 40 personas muertas, de las cuales la mayoría eran rehenes extranjeros. El grupo Firmantes del Batallón de Sangre, liderado por Mojtar Belmojtar, se adjudicó la violenta toma de rehenes como respuesta a las operaciones de occidente en Mali. Belmojtar, combatiente marginado de Al Qaeda,  es apodado “Mister Malboro” por sus implicaciones en el tráfico transfronterizo.

Belmojtar fue el fundador del Grupo Islámico Armado, agrupación que combatió al ejército argelino tras la anulación de las elecciones que los islamistas ganaron en los noventa. Vinculado a los ataques en el metro de Paris en los noventa, su objetivo actual es desestabilizar el país. La toma de rehenes en las plantas de gas hace perder atracción al territorio por el riesgo terrorista. En este sentido, la British Petroleum comunicó la postergación de sus proyectos por razones de seguridad.

Los islamistas sufrieron en 1992 un golpe de Estado por parte de los militares para impedir que el Frente Islámico de Salvación llegue al poder. Hasta ese año, el Frente de Liberación Nacional  había dominado la escena política al estilo del sistema soviético de partido único. La lucha contra Francia (1954-1962) en la época de la descolonización fortaleció al movimiento nacionalistas que junto a la cúpula militar gobernó durante décadas.

Tras el golpe de Estado de 1992 se desató una guerra civil hasta 1998 en la cual murieron aproximadamente 150.000 habitantes. Los islamistas intentaron conquistar con las armas lo que le fue arrebatado en las urnas. Durante el conflicto, el ejército realizó una lucha antiterrorista, lo cual fue bendecido por occidente a través de la colaboración de Washington. Luego de un gobierno de transición, Bouteflika asumió como presidente e inició una política de reconciliación nacional, concediendo amnistías e intentando la pacificación del país. Actualmente nos acercamos al fin de la era Bouteflika, una figura civil que el ejército colocó en el gobierno en un momento difícil para el país. Sin mayores sobresaltos, el mandatario logró gobernar Argelia e incluso sortear la Primavera Árabe en 2011. Sin embargo, ante la imposibilidad de continuar gobernando, el servicio secreto militar, columna vertebral del sistema y clave en la designación de altos cargos, deberá apuntar a una nueva figura.

El nuevo presidente deberá ser compatible con los políticos islamistas moderados, los nacionalistas y el Frente de Liberación Nacional. El sueño de lograr un partido fuerte de vocación religiosa, con el ejemplo turco, podría brindarle oportunidad a los islamistas moderados para llegar al poder. La exclusión de éstos en la política podría fomentar la radicalización, algo que están esperando con ansias los yihadistas.

Argelia se enfrenta a nuevos cambios en un ambiente de terrorismo difuso y cambiante. Las redes yihadistas en África (MUYO en Malí, Al Shabab en Somalia y Boko Haram en Nigeria como ejemplos) buscan extenderse en el continente y para ello esperan la oportunidad en países que no ofrezcan estabilidad. Argelia, por su importancia territorial y estratégica, no debería convertirse en uno.

domingo, 21 de abril de 2013

Informe Semanal: República de Chechenia

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El objetivo de esta nueva entrega semanal es analizar la historia y la actualidad de Chechenia, república constituyente de Rusia. Al ser los sospechosos del atentado en Boston de origen checheno, ponemos la mirada en retrospectiva sobre este territorio.  En el informe nos proponemos analizar el contexto histórico de Chechenia antes y después de la implosión de la Unión Soviética, las dos guerras con Rusia, los grupos islamistas chechenos y la importancia del conflicto a nivel mundial.
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El conflicto armado en Chechenia comenzó en 1994 como una guerra separatista. Con los años se convirtió en una insurgencia islámica en busca de la creación de un Estado islámico independiente en el Cáucaso. El primer enfrentamiento entre chechenos y rusos finalizó en 1996, cuando los soldados de Boris Yeltsin debieron retirarse de un territorio que se convertía a la fuerza en independiente. Tres años después, tras las explosiones y atentados atribuidos a los extremistas radicados en Chechenia, el ejército ruso regresó. En los últimos diez años, los terroristas tomaron rehenes en un teatro y en escuelas, causando cientos de muertos en ambas oportunidades. La República se ha estabilizado bajo el control del presidente Ramzan Kadyrov, un ex rebelde acusado de violación de Derechos Humanos. El extremismo islámico se ha extendido hacia la provincia vecina de Daguestán, en donde se producen ataques diarios entre militantes y las autoridades.                    

La eterna búsqueda de la autodeterminación

Chechenia es un territorio ubicado al norte de la cordillera del Cáucaso, situado entre el Mar Negro y el Caspio. Este Estado ubicado en condiciones estratégicas, en la frontera de Rusia con Georgia, lucha por la autonomía desde la invasión de la Rusia zarista en el siglo XVIII; la cual generó un fuerte espíritu de resistencia. La formación de la República Autónoma Socialista Soviética Checheno – Ingushetia en 1936 significó la capacidad de autogobierno dentro de la Unión Soviética, posicionándose un escalón por debajo de las quince repúblicas soviéticas. Su población, mayoritariamente musulmana, se estimaba en 1.4 millones. Acusados de colaboracionistas con el ejército alemán nazi en la Segunda Guerra Mundial, muchos chechenos fueron reprimidos y deportados por Joseph Stalin, generando un odio hacia los rusos. Tras la muerte de este líder soviético, Nikita Kruschev inició un proceso de desestalinización en donde re establecía la República en 1957. En materia económica, la evolución de Chechenia no fue demasiado diferente a la del resto de la Unión Soviética.

Los eventos que derivaron en el colapso de la Unión Soviética incidieron directamente en Chechenia; la Perestroika y glasnost facilitaron un movimiento nacionalista fuerte. En 1991 el gobierno renunció por la presión del partido pro independencia, Congreso Nacional del Pueblo Checheno, cuyo líder era Dzohar Dudayev, ex general de la fuerza aérea soviética. Los militantes chechenos se levantaron en contra del gobierno soviético y tomaron el control del congreso, declarando de forma unilateral su independencia. Los chechenos convocaron a elecciones, las cuales dieron mayoría a Dudayev. Ante esta situación, Boris Yeltsin ordenó acciones para terminar con la secesión pero sin dar mayores pasos para efectivizar el cumplimiento de lo decretado. En 1992 Chechenia se dividió en dos, ya que Ingushetia se integró a la Federación Rusa. Durante los años que transcurrieron entre los episodios de 1991 y el comienzo de la primera guerra, 300 mil personas huyeron debido a los actos de violencia contra la población no chechena. Las autoridades chechenas, encabezadas por Dudayev, desafiaron permanentemente a Moscú y llevaron adelante una militarización de la sociedad, adoptando posiciones nacionalistas extremas.  

La Primera Guerra

El problema en Chechenia imposibilitaba al gobierno ruso implementar su ideal nacionalista y neo imperial en una etapa en que necesitaba consolidarse como un nuevo Estado. Desde Moscú se intentaba impedir que el afán independentista se trasladase a los territorios cercanos. Chechenia comenzaba a convertirse en un refugio de grupos islámicos extranjeros, con el riesgo de terminar siendo una base para la yihad. Hay quienes sostienen que Moscú intento buscar un enemigo externo para desviar la atención de los problemas profundos del país, de cara a los comicios parlamentarios de 1995. Otra causa que fue derivando en la invasión rusa era el robo de petróleo del oleoducto que conectaba Azerbaiyán con Novorossik por parte de la mafia chechena. Yeltsin comenzó imponiendo un bloqueo económico, quedando el gobierno autoritario de Dudayev como víctima de un Estado opresor. La implementación de un gobierno de oposición títere para quitar a los rebeldes del poder fue un fracaso y las opciones para Moscú se reducían con el paso de los meses.

Las posiciones de ambos se fueron endureciendo, las operaciones de los guerrilleros aumentaron; una de las últimas fue el secuestro de ciudadanos rusos en la ciudad balnearia de Stavropol. Esta situación terminó derivando en la invasión rusa en diciembre de 1994, dando inicio a la Primera Guerra de Chechenia.  Rusia se encontró con una mayor resistencia a la pensada, lo que derivó en un desastre para el gobierno de Yeltsin. Las tropas rusas ocuparon la capital Grozny en marzo de 1995, expulsando a los guerrilleros a las zonas montañosas. Los insurgentes superaron en varias ocasiones el cerco militar impuesto por Yeltsin y atacaron la región de Daguestán, principalmente a través de masivos secuestros. En 1996 el líder checheno Dudayev fue alcanzado por un misil ruso y murió. Su sucesor, Zelimjan Yandarbiev, acordó con Moscú el retiro de tropas y la celebración de un referéndum con respecto al estatus de Chechenia. El armisticio se da ya que los rusos no podían terminar de vencer la resistencia y dominar el territorio. Cabe destacar que los enfrentamientos durante la guerra determinaron la muerte de alrededor de 80 mil personas y que tanto la opinión pública como la mayoría de los partidos políticos se manifestaron en contra del conflicto.

Segunda Guerra

Los Acuerdos de Paz de Jasaviurt en agosto de 1996 pusieron fin al primer conflicto, estableciendo una transición de cinco años para definir el estatus institucional, la retirada rusa y el desarme de la guerrilla. En los nuevos comicios celebrados en enero de 1997 se impuso Aslan Masjadov, un independentista moderado. Tras el asesinato de Dudayev, Chechenia sufrió la debilidad del Estado y las instituciones, lo que derivó en el crecimiento del islamismo radical, principalmente de la versión wahabista. Muchos ex combatientes se convirtieron en delincuentes asociados al tráfico de drogas, contrabando de petróleo y secuestros. En 1999 los fundamentalistas salafistas, encabezados por Shamil Basayev y Amir Jattab, invadieron la provincia vecina de Daguestán, en donde pretendían establecer un Estado islámico. Estas incursiones no fueron apoyadas por el gobierno central de Chechenia. Masjadov se enfrentó varias veces contra el Parlamento y aquellos que reclamaban posiciones extremistas. Una serie de bombas en viviendas de Rusia, de las que fueron acusadas la guerrilla chechena – un episodio no muy claro –, constituyó la excusa perfecta para volver a atacar.  

Vladimir Putín, que asumió en agosto de 1999, se encargó de demonizar a los insurgentes chechenos, acusándolos de todos los episodios de violencia en territorio ruso. Moscú aprovechó la situación para buscar recuperar el poder y desarrolló un ataque a distancia, intentando poner fin a la independencia que poseía Chechenia desde 1991. En este caso y a diferencia del conflicto anterior, la mayoría de los rusos apoyaba la invasión por la serie de atentados recibidos en su territorio. En busca de cancelar la autodeterminación y restaurar la integridad territorial, comenzó la Segunda Guerra, caracterizada por el silencio informativo. Putin inició una operación cuidadosa con más de 300.000 hombres y avanzó hacia la capital, la cual fue ocupada en febrero del 2000, expulsando a la guerrilla a las zonas montañosas del sur. La incapacidad para luchar contra un enemigo “invisible” se volvió a repetir. En junio de 2000 Moscú pone a Chechenia bajo su administración, surgiendo dos gobiernos paralelos, el ruso y el checheno. La muerte de civiles conlleva a la generación de un odio y resistencia hacia Rusia por parte de los habitantes del Estado conquistado.     

Una guerrilla que no ha caído

Luego de ocupado el territorio, Putin impulsó la construcción de instituciones que permitiesen la estabilización y respondiesen a Moscú. Para cumplir con dichos objetivos surge la figura de Akman Kadirov, antiguo aliado de Dudayev. Tras la Segunda Guerra la resistencia chechena continúo con sus atentados en territorio ruso. Sin lugar a dudas el más espectacular se produjo en octubre del 2002 con la ocupación durante más de dos días del teatro Dubrovka, en la cual terminaron muriendo todos los secuestradores y los más de 120 rehenes. En 2003 se aprobó en Chechenia una nueva constitución enteramente sometida a Moscú y sus autoridades; se suprimía la ciudadanía chechena y se imponía el ruso como única lengua. Ese mismo año Kadirov revalidó su poder en las urnas pero fue asesinado meses más tarde, quedando el poder en manos de su hijo Ramzan Kadirov. La guerrilla ya se encontraba debilitada ante la muerte del líder checheno Masjadov, situación que dejó a los insurgentes sin un interlocutor definido. Si bien en 2009 finalizó oficialmente la operación antiterrorista y el gobierno central ejerció su poder en territorio checheno, las acciones de la guerrilla continuaron.

El estallido de una bomba en Nevski Express en noviembre de 2009 con un saldo de más de treinta muertos y el doble atentado suicida en dos estaciones de metro en marzo del 2010 dejan a las claras que la guerrilla aún no había sido derrotada. Si bien se avanzó en la pacificación, persisten radicalistas islámicos que mantienen en vilo a la región. La mayoría de la población chechena parece haber puesto por delante las condiciones de estabilidad por encima de los intereses independentistas. El territorio de Chechenia, que tiene una extensión de alrededor de 15.000 km2, está atravesado por gasoductos y oleoductos que alimentan buena parte de Rusia, es por ello la importancia de mantener seguridad en la zona. La industria petrolera es el eje de la economía aunque su importancia ha caído mucho en este último tiempo, la postura rusa contraria a la independencia no se entiende en términos del crudo sino en el riesgo del efecto dominó.

Se prevé que los insurgentes chechenos tengan relaciones con las otras grandes organizaciones extremistas islámicas. Para Estados Unidos, que apoya todo intento separatista en contra de Moscú en la búsqueda de que Rusia no se consolide como potencia global, la situación de Chechenia se muestra ambigua, ya que luego de los atentados del setiembre de 2011 una fuerte presencia rusa supone el control de los islamistas. Kadirov, en el poder oficialmente desde 2007, ha sido un gran aliado de Putin asegurando la estabilidad dentro del territorio. Los intentos de asesinato hacia él han sido varios durante su mandato, pero la violencia se ha trasladado a la provincia vecina de Daguestán. Los conflictos y el pasar de los años determinaron ciertos cambios: en los noventa un movimiento laico luchaba por la independencia de Chechenia mientras que hoy en día el grupo yihadista “Emirato del Cáucaso” busca implementar un estado regido por la Sharia. A diferencia de Al Qaeda, este movimiento identifica a Rusia como su rival y no a occidente. Consideramos que mientras este pendiente el conflicto ruso-checheno, la amenaza terrorista seguirá latente.       

jueves, 18 de abril de 2013

Nigeria intenta derrotar a los islamistas radicales

El país se encuentra inmerso en una lucha constante contra el grupo Boko Haram
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El presidente Goodluck Jonathan estudia brindar una amnistía a los milicianos islamistas como gesto para que renuncien a la lucha armada. Para ello, el gobierno planea la creación de un grupo de 26 miembros, encabezado por el ministro Kabiru Turaki, para dar un paso clave hacia el desarme en un plazo de 60 días. Jonathan reconoció que no dialogará con los islamistas hasta que dejen las armas. El mandatario busca finalizar con la insurgencia que ha causado miles de muertos desde 2009 hasta la fecha.
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La comisión que intentará relacionarse de forma constructiva con los miembros de Boko Haram tendrá dificultades ante la falta de un liderazgo claro en la milicia. La ola de violencia no se ha podido frenar por la vía militar, es por ello que se busca definir un marco distinto para resolver el problema de inseguridad en Nigeria. El gobierno repetirá la estrategia utilizada en 2009, cuando se les otorgó una especie de perdón a los insurgentes del Delta del Níger, a los que se les ofrecieron dinero y entrenamiento en caso de deponer las armas. La diferencia radica en que los líderes de aquel grupo eran conocidos y mostraron disposición a la paz. Distinta parece ser la situación con Boko Haram, grupo creado en 2002 con fines sociales como la creación de escuelas y mezquitas. Con el paso de los años los insurgentes se fue radicalizando y cambiando sus reivindicaciones, apuntando ahora a imponer la ley sharia en toda Nigeria. Jonathan, un cristiano originario del sur, busca un acuerdo negociado tras la presión de los musulmanes del norte. Sin embargo Abubakar Shekau, líder de Boko Haram, se muestra reticente a un pacto.  

Los levantamientos de los insurgentes comenzaron en 2009, año en que la policía acabó con Mohammed Yusuf, cabecilla y fundador de Boko Haram. El grupo comenzó operando a través de individuos que se desplazaban en moto y disparaban a la población pero desde 2011 los ataques se intensificaron. Estos islamistas radicales atacaron en más de 100 oportunidades a escuelas, universidades, mercados y símbolos del Estado, utilizando vehículos cargados de explosivos. Se sospecha que el movimiento esta muy bien armado y al ser un enemigo invisible, complica la lucha de la policía. En marzo el ejército realizó una operación en Maiduguri, base espiritual de los rebeldes en el norte del país, en donde mataron 25 insurgentes. El ciclo de venganza continuó hace una semana cuando militantes de Boko Haram atacaron una comisaría en la ciudad de Babban Gida, causando nueve muertos. En el cinturón central de Nigeria, principalmente en el Estado de Kaduna, han ocurrido enfrentamientos entre cristianos y musulmanes a comienzos de este mes, también con una veintena de fallecidos. Las diferencias no sólo son políticas y religiosas sino que implican el choque de aldeas por los derechos de pastoreo.  

Desestabilizar al país para hacerse del poder

Nigeria esta compuesto al norte mayoritariamente por musulmanes y al sur por una población cristiana, rica por los recursos petrolíferos. Es un país integrado por más de 200 grupos tribales, lo que dificulta la convivencia pacífica. No podemos marcar que la lucha en esta nación sea entre cristianos y musulmanes, ya que la mayoría de los 80 millones de musulmanes son moderados y no comparten los ataques de Boko Haram. Este grupo, que en español significa “la educación no islámica es pecado”, reclama mayor atención al norte y acusa a los gobernantes del sur de corruptos. Buscan la caída del gobierno y la imposición de un Estado de anarquía para hacerse de un poder que no lograrán a través de las urnas. Nigeria vive una de sus peores crisis desde la Guerra de Biafra en los sesenta (1967-1970), enfrentamiento que causó alrededor de dos millones de muertos. La sucesión de gobiernos golpistas es característica desde que el país se independizó del Reino Unido en 1960. A fines de los años noventa y tras un gobierno provisional, los gobernantes accedieron a la presidencia por elecciones libres. Los tres mandatarios que gobernaron al país - Olusegun Obasanjo (en dos oportunidades), Umar Yar’Adua y Goodluck Jonathan -  pertenecen al Partido Democrático Popular de Nigeria.  

Jonathan accedió al poder con un 58% de los votos en las elecciones del 2011, venciendo a Muhamadu Buhari (musulmán del norte). Su gobierno se ha visto sobrepasado por las acciones de Boko Haram, que incluso tiene simpatizantes dentro del parlamento. Seguramente las fuerzas de seguridad necesitarán especialistas extranjeros ya que parecen incapaces de solucionar este problema. Los países occidentales han mostrado su preocupación por las conexiones que podrían tener los islamistas nigerianos con otros grupos de la región, incluido las células de Al Qaeda en el Magreb. El mes pasado el grupo islámico Ansaru, disidente de Boko Haram, ejecutó a siete rehenes extranjeros. Nigeria, país más populoso de África y mayor productor de petróleo del mundo, sufre tensiones políticas, religiosas y territoriales. Su estabilidad se encuentra amenazada y el gobierno de Jonathan debe contener los radicalismos. Es necesaria la implementación de una administración seria, con políticas inclusivas y una lucha contra la corrupción. Para a través de ello asegurar la celebración de unas elecciones democráticas y en paz en 2014.  

martes, 16 de abril de 2013

Incertidumbre en Estados Unidos tras los atentados en Boston

Aún se desconoce el o los autores de las detonaciones que dejaron como saldo tres muertos
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Un ataque con bombas, coordinado y planificado, causó caos ayer en la maratón de Boston. El acto, que tenía como propósito sembrar la muerte, determinó el fallecimiento de tres personas, entre ellas un niño de ocho años. También causó un centenar de heridos de los cuales alrededor de 20 se encuentran en estado crítico. Horas después, el presidente norteamericano Barack Obama se dirigió al país prometiendo que llegarán hasta el fondo del asunto. Con palabras sencillas y solemnes, reconoció que aún no se conocen los responsables ni el porqué del atentado.
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La primera bomba estalló entre las filas del público que seguía la carrera. Instantes después hizo explosión un segundo artefacto en los alrededores del Hotel Farmont Copley Plaza, en donde estaba la base de la organización de la maratón. Hacía media hora que los atletas profesionales habían llegado a la meta, sin embargo seguían arribando muchos de los corredores que se anotaron en la carrera. Varios medios de comunicación informaron que una tercera bomba fue localizada por especialistas antes de que explote, siendo controlada. Un tercer artefacto detonó en la biblioteca John F. Kennedy, otro lugar emblemático de la ciudad, provocando un incendio que no causó muertos ni heridos. Según las primeras investigaciones, las bombas que estallaron estaban compuestas de pólvora y rellenas de rodamientos, clavos y metralla. Al estallar el improvisado aparato, las esquirlas salen disparadas golpeando a la altura de las extremidades, es por ello que muchas víctimas sufrieron amputaciones.

El lugar donde ocurrieron las dos explosiones principales disponía de cámaras, lo que puede ayudar a la búsqueda de pistas. El FBI y la Policía de Boston aseguraron que no había ningún aviso de bomba en los días anteriores a la celebración de la maratón. La carrera reunía alrededor de 23.000 corredores de todo el mundo, siendo una de las más antiguas. Prevenir una acción de estas características es muy difícil, al ser un objetivo magnífico para quienes pretender lograr relevancia. Los encargados de la seguridad aseguran que hasta el momento se trata de una investigación criminal que podría convertirse en una terrorista. La administración de Barack Obama ha tenido precaución a la hora de calificar al ataque. El presidente instó a la gente a no llegar a conclusiones precipitadas y eludió el término terrorismo. Las autoridades tomaron rápidamente medidas extraordinarias de seguridad en Boston y otras ciudades de Estados Unidos. En Nueva York, Washington y Los Ángeles se adoptaron disposiciones adicionales de protección a los edificios más representativos. En Boston se cerró el aeropuerto y se instó a la población a permanecer en sus casas.

¿Un golpe del exterior o un enemigo interno?

Desde el 11 de setiembre de 2001 que no se producía un ataque de esta naturaleza. En aquella jornada, las torres gemelas de Nueva York fueron reducidas a escombros y el Pentágono fue seriamente dañado. El atentado contra los edificios más característicos del poderío económico y militar norteamericano fue el peor ataque sufrido por Estados Unidos en sus 200 años de historia. En aquel hecho, horas después se conocían los posibles culpables, el grupo Al Qaeda de Osama Bin Laden. Casi doce años después, Estados Unidos vuelve a sentir el terror en territorio propio, aunque la mayor parte de los norteamericanos crean que la violencia es algo ajeno. La maratón de Boston, tanto como la de Nueva York o Chicago, son grandes concentraciones que representan un dolor de cabeza para los responsables de la seguridad. Estos eventos son imprescindibles por el ambiente de libertad que exige una sociedad democrática. Cabe destacar que el golpe se da justo en la fecha en que Boston celebraba el día de los patriotas, en honor a las primeras batallas de la Guerra de la Independencia.

La ausencia de una amenaza previa o de pistas sobre los posibles culpables hace este ataque particularmente preocupante para el gobierno de Estados Unidos. La carrera popular que supone una maratón es un símbolo de la conquista del espacio urbano por parte de los ciudadanos. Además es una aglomeración, lo cual permite golpear de forma masiva. Hasta el momento se ignora si la autoría se puede atribuir a un individuo, un grupo estadounidense o si se puede responsabilizar al terrorismo internacional. Los medios aseguran que los investigadores buscan a una persona en concreto, aunque son muchos los autores potenciales de un ataque de esta envergadura. La frustración principal en Estados Unidos, además de la tristeza por las víctimas, es por todo lo que se desconoce con respecto al hecho. Ningún grupo terrorista internacional se adjudicó el acto y el paso de las horas hace creer que no sería una agrupación extranjera, aunque nada es seguro a esta altura.  La incertidumbre invade a los Estados Unidos.  

miércoles, 10 de abril de 2013

Mensaje contundente de la población en Colombia

La marcha a favor del diálogo entre el gobierno y las FARC contó con un amplio respaldo popular
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Una marea blanca inundó este martes la principal avenida de Bogotá. Alrededor de 900.000 personas se manifestaron exigiendo la paz y apoyando las conversaciones que comenzaron en noviembre entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El espaldarazo de la opinión pública a la salida negociada del conflicto armado también se produjo en otras ciudades. Colombia busca ponerle fin a 50 años de conflicto que causaron millones de desplazados y decenas de miles de muertos.
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La marcha se da días después de la culminación del séptimo ciclo de negociaciones en La Habana, en la que tanto el representante del gobierno, Humberto De La Calle, y el de las FARC, Iván Marques, reconocieron los avances alcanzados. En la manifestación, convocada en primera instancia por el movimiento izquierdista Fuerza Patriótica, marcharon figuras emblemáticas como el presidente Santos y el ex guerrillero Gustavo Petro, hoy Alcalde de la capital. El Partido Liberal, el Partido Verde y la Organización de Estados Americanos, a través de su Secretario General Insulza, manifestaron el respaldo a la marcha. No salieron a las calles los partidarios del ex presidente Álvaro Uribe, quien critica la legitimidad política que se le está dando a un grupo narcoterrorista. Los sectores conservadores expresan que su oposición no es a la paz sino a la impunidad. Tampoco participó de la convocatoria el único partido de izquierda en el Congreso, el Polo Democrático. Este grupo si bien apoya las negociaciones, no participó de la marcha al considerarla amarrada a las pretensiones reeleccionistas de Santos. 

El gobierno recibió la jornada de ayer como un mandato para profundizar y acelerar los acuerdos de paz. Juan Manuel Santos sabe que el éxito de las negociaciones garantizaría un nuevo mandato suyo. Es por ello que también ha manifestado que más temprano que tarde buscará un diálogo con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional. El proceso de paz que comenzó el año pasado y en el que el ex presidente venezolano Hugo Chávez jugó un rol fundamental, cuenta con el apoyo de países de confianza de ambas partes: Cuba y Venezuela de las FARC, Chile y Noruega del gobierno. Tras los dos meses de tregua que finalizaron en enero, se vivieron momentos de tensión debido a la captura de policías por parte de las FARC. En febrero se recrudecieron los combates y comenzaron las dudas, aumentaron las protestas sociales, se cuestionó la política de Santos y se deterioró la percepción pública de seguridad. Sin embargo el momento del diálogo parece ser este. El cambio de generación de mandos en las FARC, en los cuales predominan más los urbanos que los campesinos y la jefatura profesional renovada en las Fuerzas Armadas, con generales no formados en la Guerra Fría, posibilitan los acuerdos.

La tierra como centro de un largo conflicto

El primer punto de la agenda pactada es el desarrollo integral agrario, las FARC reclaman zonas reservadas para campesinos, indígenas y comunidades afro. El acceso y el uso de la tierra son el núcleo de un conflicto interno que lleva más de cinco décadas. El asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán en 1948 inició una época denominada La Violencia, a la que le siguió la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla. El escenario político se complejiza en los sesenta con el surgimiento de las guerrillas, entre ellas las FARC en el 64. Las luchas y la mezcla con el narcotráfico en los ochenta contribuyeron aun más a la desestabilización del país. Los gobiernos de Uribe desde 2002 al 2010, con una política de seguridad dura, lograron disminuir a los guerrilleros. El líder histórico de las FARC, Pedro Antonio Marín (apodado Marulanda o Tirofijo) falleció en 2008  y su sucesor Alfonso Cano fue abatido por el ejército en noviembre de 2011. Un año después, la organización anunció un cese unilateral del fuego por dos meses para iniciar las conversaciones por la paz en La Habana.

La manifestación de ayer es una de las mayores marchas políticas de los últimos años en Colombia. El gobierno de Santos deberá aprovechar esta gran oportunidad para cambiar la historia, encaminando a su país hacia la reconciliación. El mandatario anunció que no negocia el cese al fuego bilateral mientras que no se llegue a un acuerdo, pero sabe que en las negociaciones habrá cierto grado de impunidad y de recursos materiales para el cambio social reclamado por la guerrilla. Las FARC tienen claro que en un escenario de guerra pueden perder, por ello en los acuerdos apuestan a lograr algunos de sus cometidos y cambiar su imagen ante la opinión pública. Las raíces del conflicto yacen en las trabas sociales que implica el latifundio de origen colonial. En las próximas semanas en La Habana tratarán nuevamente este punto para darle un cierre y recién allí avanzar hacia el segundo tema: la participación política y la transformación de la guerrilla en una fuerza política dentro de la democracia colombiana.  

jueves, 13 de agosto de 2009

Señal de alerta para América Latina

La realidad latinoamericana aparece, en este mes de agosto, con conflictos que recuerdan las épocas negras del continente. La difícil salida a un golpe de Estado en Honduras que lleva alrededor de cincuenta días, la conformación de un bloque “bolivariano” cada vez más radical liderado por el presidente venezolano Hugo Chávez y el establecimiento de bases norteamericanas en territorio colombiano para la lucha contra el narcotráfico son situaciones que deben ser seguidas con atención. A esta realidad continental se le suma un nuevo brote “guerrillero” en territorio peruano. 


El grupo de inspiración maoísta Sendero Luminoso, que se funda en la década del 60 como un brazo armado del Partido Comunista, dio su primer golpe en mayo de 1980. A través de ataques armados y coches bomba sacudieron al país durante quince años, dando muerte a alrededor de 70.000 personas según la Comisión de la Verdad y la Reconciliación peruana. El grupo que tuvo como objetivo lograr una república popular e instaurar un régimen comunista campesino sufrió la detención de su líder y jefe histórico, Abimael Guzmán, en septiembre de 1992. Sin lugar a dudas este grupo que optó por la lucha armada, en un momento de transición democrática, no contó con el apoyo de la población y su influencia comenzó a decaer hasta que su luz pareció apagarse. A fines de la década del noventa grupos minoritarios, que se establecieron en la zona del valle de los ríos Apurímac y Ene, continuaron con operaciones violentas pidiendo amnistía para líderes senderistas. A pesar de ello, se estima que el número de rebeldes que no entregaron las armas, luego de que Guzmán declarará el fin de la revolución, es de alrededor de cien combatientes. Su último gran golpe había sido en octubre del año pasado cuando atentaron contra un convoy militar. Desde ese momento fueron pocas las noticias que se difundieron de los “revolucionarios”.


Sin embargo, en los primeros días de agosto se produjo un ataque atribuido a Sendero Luminoso contra una base de la Dirección de Operaciones Especiales de la policía, en el departamento de Ayacucho, zona selvática al sureste de territorio peruano. Según informaron fuentes policiales un grupo de cincuenta insurgentes emprendió un ataque con explosivos y armas ligeras contra la base de las fuerzas especiales instalada en dicho lugar para combatir el narcotráfico. La ofensiva que, causó cinco muertes (tres policías y dos civiles), muestra a las claras que a pesar de que no haya tenido mucha prensa, el remanente de la guerrilla y su alianza con los grupos de narcotraficantes es un tema que debe ser seguido muy de cerca.

Muchas son las opiniones que se han oído desde tierras peruanas sobre este episodio; el ministro del Interior Octavio Salazar afirmó que la presencia de estos terroristas es una gran amenaza para el país, principalmente por su gran alianza con el narcotráfico, a la que denominan el narcoterrorismo. Mientras tanto, el presidente Alain García propuso un trabajo paciente para erradicar la violencia de estos grupos, bajando el perfil al remarcar que los mismos no constituyen una amenaza para la democracia peruana y que “no configuran ni la décima parte de lo que vivió el país en la década de los 80”. En oposición a ello, el  líder nacionalista Ollanta Humala advirtió la posibilidad de una guerra interna en caso de que el gobierno no reestructure las acciones para acabar con los remanentes de la guerrilla.


Todo parece indicar que este grupo derrotado por el gobierno del actualmente condenado Alberto Fujimori no posee la misma fuerza ni el contenido ideológico de quienes hoy golpean nuevamente los territorios peruanos. Sin embargo, las acciones conjuntas con los grupos narcotraficantes tratan de debilitar la acción y el poder policial en la zona selvática. El proyecto político de alcanzar el poder a través de una revolución armada es historia pero la alianza con los narcotraficantes parece recién comenzar. En épocas donde Colombia es duramente cuestionada por la llegada de tropas norteamericanas para combatir e investigar al narcotráfico, sería bueno que el gobierno peruano le pusiera rápidamente un freno a estos brotes de insurgencia antes de perder el control y tener que acudir a fuerzas extranjeras. La existencia de un golpe de Estado en Honduras, la propuesta de insertar tropas norteamericanas en Colombia, los brotes guerrilleros en Perú y una cantidad de gobiernos que distan de ser democráticos, debe prender una señal de alerta en los gobiernos “serios” que aún quedan en el continente, de manera evitar aquellas épocas negras.