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martes, 11 de junio de 2013

Corea: conversaciones anuladas o aplazadas

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La reunión gubernamental entre Corea del Sur y Corea del Norte, prevista para esta semana, fue cancelada a menos de 24 horas de su inicio. Si bien no se desvelaron las causas, los países no lograban un acuerdo sobre quienes serían los representantes de ambas naciones.
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El encuentro iba a ser el primero de este estilo desde 2007, buscando poner fin a una etapa de malas relaciones. La reunión en Seúl tenía como objetivo resolver asuntos urgentes como el cierre del complejo Kaeson, un mega proyecto industrial con capital surcoreano y mano de obra norcoreana. Reanudar los viajes al recinto de Kumgang, suspendido en 2008 tras el asesinato de una turista, era otro de los temas a tratar. Al parecer, Pyongyan rechazaba la reunión de carácter ministerial y apuntaba a enviar otro tipo de funcionarios.

Desde el mes de marzo, Corea del Norte realizó amenazas de ataques contra el Sur y Estados Unidos. Rompió pactos de no agresión y anunció el cese de las líneas directas de conversación. En la escalada de acciones, cortó el denominado teléfono rojo. Esto se dio luego de un duro paquete de sanciones que le impuso el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, tras una prueba nuclear que realizó el régimen de Kim Jong Un. El 12 de febrero, Corea del Norte realizó un potente ensayo atómico que significó una nueva provocación a la comunidad internacional.


Corea del Norte se encuentra inmerso en un círculo vicioso de acciones, reacciones, sanciones y ensayos nucleares. Tal como se preveía, el aumento del discurso bélico de Kim era parte de esfuerzos gubernamentales para reforzar su imagen, tras su asunción luego de la muerte de su padre en diciembre de 2011. El conflicto armado, que suponía un suicidio del régimen, no estaba dentro de los planes. Ahora Corea del Norte abandonó su retórica bélica y se propuso retomar el diálogo, lo cual fue bienvenido por Japón, China y Estados Unidos. La presidenta de Corea del Sur, Park Geun Hye, la cual asumió en febrero de este año, mostró dureza pero también se ofreció dispuesta a las conversaciones. El diálogo, suspendido o aplazado, podría ser un paso importante para la paz permanente y la construcción de confianza entre ambas naciones.                   

martes, 9 de abril de 2013

La ONU analiza el golpe de Estado en la República Centroafricana

A fines de marzo el gobierno de Francois Bozizé fue reemplazado por los rebeldes del grupo Seleka.
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El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas comenzó una ronda de consultas privadas sobre la situación de la República Centroafricana. El órgano de 15 miembros pidió la restauración del orden constitucional, deploró las acciones de la coalición Seleka y condenó los saqueos que se produjeron en la capital, Bangui. En un comunicado de prensa, la ONU criticó la escalada de violencia contra la población civil que se produjo tras la toma del poder semanas atrás. El llamado también exige el despliegue de la ayuda humanitaria debido al aumento de los refugiados.
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Los rebeldes de Seleka, grupo integrado por cuatro facciones armadas distintas, tomaron el control del país el 24 de marzo. Derrocaron al presidente Francois Bozizé, del partido Kwa Na Kwa, quien escapó a Camerún tras estar escondido en la Embajada de Sudáfrica. Los insurgentes encontraron cierta resistencia del ejército, lo que produjo enfrentamientos en los que en un principio no participaron las tropas sudafricanas establecidas en el país por el acuerdo de defensa entre ambas naciones. Con el correr de los días murieron 13 soldados sudafricanos lo que causó un gran dolor de cabeza a su presidente Jacob Zuma, que terminó anunciando la salida de sus tropas. El líder de Seleka, Michel Djotodia, suspendió la vigencia de la Constitución, disolvió el Parlamento y comenzó a gobernar al país con decretos, prometiendo convocar a elecciones libres y democráticas en 2016. Se autoproclamó presidente manteniendo a Nicolas Tiangaye, un opositor del antiguo gobierno, como Primer Ministro.

Inmediatamente del golpe la Unión Europea calificó de inaceptable la situación que vive la República Centroafricana. En tanto, la Unión Africana suspendió a la nación en el organismo. Los líderes de los países de la Comunidad Económica de Estados de África Central se negaron a reconocer al jefe de los rebeldes como mandatario. Djotodia, que había intentado en dos ocasiones acceder a las urnas sin éxito, lidera una coalición que tiene como principal componente a la Unión de Fuerzas Democráticas por la Unión. Esta alianza recibió apoyo de otras facciones rebeldes e incluso se estima la participación de grupos armados provenientes de la vecina Chad. Los países contiguos han tenido varias diferencias con Bozizé, por lo que las condenas al golpe de Estado han sido tibias. Sin embargo con el auspicio de varios estados africanos, los rebeldes y el gobierno habían alcanzado la firma de acuerdos de paz en enero de este año. La alianza estipulaba la creación de un gobierno de unidad nacional en la que se exigía la liberación de presos, la salida de tropas extranjeras y la integración de combatientes rebeldes en el ejército.

Un futuro incierto para la nación africana

Tras los acuerdos firmados en Libreville, Gabón, el gobierno de Bozizé tenía un plazo para respetarlos que venció a finales de marzo. Este pacto se rubricó luego de que en diciembre del año pasado, la organización Seleka lanzara una ofensiva desde el norte, que puso contra las cuerdas al gobierno al llegar a 75 kilómetros de la capital. Este grupo armado liderado por Djotodia ya había atacado en 2006 pero sin suerte. Los choques entre ambos bandos se dan después de la llegada al poder de Bozizé en 2003, tras un golpe de Estado a Ange-Felix Patasse, quien gobernó durante diez años. Al mandatario se lo acusaba de falta de compromiso y de haber ganado con fraude las elecciones de 2005 y 2011. La República Centroafricana sufre desde su independencia en 1960 situaciones repetidas: motines sangrientos, gobiernos dictatoriales y la intromisión militar extranjera. Esta antigua colonia francesa tuvo gobiernos como el del excéntrico Jean Bedel Bocassa, que se declaró Emperador. Apoyado y patrocinado por Francia durante años en la década del setenta, llevó adelante a un país calificado de Estado fantasma.

La República Centroafricana es un lugar remoto y olvidado con extensas fronteras sin control. Ha sido durante décadas una nación aislada y golpeada por la pobreza, a pesar de los importantes yacimientos de oro. La salida del poder de Bozize complica los esfuerzos de África de construir sólidas bases para un gobierno constitucional en este país de 4.5 millones de habitantes. El mandatario pidió ayuda a Francia y Estados Unidos para frenar a los rebeldes, sin embargo desde París no se consideró la situación tan importante como en Mali. La comunidad internacional se limitó a reclamarle a Djotodia el respeto por los acuerdos sobre el reparto del poder. La situación en la República Centroafricana enreda a Sudáfrica, país que ha tenido una histórica participación en las operaciones de pacificación en la región. La búsqueda del gobierno de Pretoria de liderar al continente no es ni le será fácil. Desde el mes pasado cambió el tablero político en el centro de África. La heterogénea mezcla de partidos y milicias denominada Seleka se encontraba unida por el rechazo a Bozizé pero su futuro es incierto. Su principal dirigente, Michel Djotodia, deberá gobernar al país y trazar la hoja de ruta hacia la democracia.

viernes, 8 de marzo de 2013

Corea del Norte promete anular acuerdos de no agresión

Pyongyang reaccionó ante las sanciones impuestas por las Naciones Unidas
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El gobierno de Corea del Norte respondió inmediatamente a los duros castigos que aprobó este jueves el Consejo de Seguridad de la ONU.   La mayor amenaza lanzada en su declaración es un posible ataque preventivo contra Estados Unidos, a la que se le suma la ruptura de los pactos de no agresión con Corea del Sur y la anulación de las líneas directas de conversación. El duro paquete de sanciones, que contó con el visto bueno de China, surge como respuesta a la prueba nuclear que realizó el régimen de Kim Jong Un el mes pasado.
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El ensayo atómico del 12 de febrero, el tercero en la historia de Corea del Norte, desató una nueva crisis con la comunidad internacional. La más potente prueba nuclear subterránea, detectada por el Servicio Geológico de Estados Unidos, produjo la condena de Barack Obama, Japón y Rusia; este último lo consideró como una violación de las resoluciones del Consejo de Seguridad. Los mandatarios occidentales lo calificaron como una nueva provocación, mientras que Corea del Norte asegura que la prueba fue para hacer frente a la hostilidad del gobierno norteamericano.  Las miradas se centraron en China, aliado del régimen, que había solicitado a Pyongyang que no realizará estos ensayos. La opinión favorable de Beijing con respecto a las medidas fue esencial para lograr una respuesta unida. El paquete de sanciones incrementa el asilamiento de Corea del Norte, reflejando el punto de vista y la determinación de la comunidad internacional.

Las medidas dispuestas apuntan a dificultar las actividades comerciales, obstaculizar los movimientos financieros, imponer límites a los diplomáticos de Pyongyang en el mundo y aumentar los poderes para poder inspeccionar los cargamentos de los buques de bandera norcoreana. Estas nuevas sanciones generaron nerviosismo en Corea del Norte que anunciaron el cierre del punto de Panmunjon en la zona desmilitarizada, cortando la línea de comunicación directa creada en 1971 para momentos de alta tensión. Además, el Comité para la Reunificación Pacífica de Corea anunció el quiebre de los acuerdos de no agresión pactados entre el Norte y el Sur en 1991, pacto que fijó una resolución pacífica de las disputas y la prevención de enfrentamientos militares.  Las reacciones llegaron al punto que Pyongyang amenazó con anular el armisticio que puso fin a la Guerra de Corea (1950-53). Kim Jong Un asegura que las relaciones sobrepasaron la línea de peligro y que su ejército tiene prontos los misiles nucleares capaces de alcanzar Estados Unidos.

El nuevo posicionamiento de China en el conflicto

Corea del Sur amaneció con indignación tras la amenaza del fin del armisticio por parte de sus vecinos del norte. La mandataria Park Geun Hye tendrá la difícil tarea de buscar un diseño inteligente para resolver esta situación. Seúl cuenta con el apoyo de la comunidad internacional y de su aliado histórico, Estados Unidos, que tiene desplegados 28.000 efectivos en tierras surcoreanas. Las esperanzas que surgieron en diciembre de 2011 cuando Kim Jong Un llegó al poder se han enterrado en los últimos días. El joven líder asumió tras la muerte de su padre Kim Jong Il, quien como último deseo pidió reforzar el poder nuclear, el programa de misiles y las armas bioquímicas. El liderazgo de los comunistas en Corea del Norte comenzó en 1948 con el presidente Kim Il Sung quien murió en 1994. Este país de 23 millones de habitantes azotado por las hambrunas amenaza desde hace tiempo la estabilidad de Asia. Quizás el único momento de ilusión fue el encuentro entre los presidentes de las dos Coreas en el 2000.

Los últimos sucesos en lo referente a Corea del Norte permiten visualizar ciertas aristas del conflicto. La relación de Pyongyang con la comunidad internacional entró desde hace tiempo en un círculo vicioso de acciones, reacciones, sanciones y ensayos nucleares. Por un lado se sostiene que el incremento de la tensión es un esfuerzo gubernamental de los norcoreanos para reforzar la imagen del Kim Jong Un en el país. Por otra parte, en julio se cumple el 60° aniversario del armisticio que terminó con la Guerra de Corea y estas acciones podrían ser una estrategia de Corea del Norte para buscar una paz definitiva. La posibilidad de que Pyongyang se embarque en un conflicto armado sería difícil de entender, ya que el mismo consistiría en un suicidio para el régimen. La mayor novedad en estos últimos sucesos es la nueva relación de China con los comunistas norcoreanos. Es la primera vez que el gobierno de Beijing abandona a su aliado y apunta fuerte a la desnuclearización de la península coreana bajo negociaciones. Este tema será uno de los puntos que deberá encarar la nueva dirección política de Xi Jingping, nuevo presidente de la República Popular de China.