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miércoles, 12 de marzo de 2014

La actualidad de la izquierda latinoamericana

La difícil situación que se vive en Venezuela, la contínua aceptación a la dictadura cubana, las protestas callejeras que se produjeron en Brasil así como el futuro de los gobiernos de Correa en Ecuador, Kirchner en Argentina y Morales en Bolivia plantean cierta incertidumbre con respecto a la ola izquierdista que se dio en Sudamérica a comienzos del siglo XXI.   
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Cuando murió Hugo Chávez en marzo de 2013 ciertos sectores de la academia realizaron pronósticos sobre el final de la Alianza Bolivariana (ALBA) y la futura decadencia de los gobiernos amigos de Venezuela. La mayoría afirmaban que los presidentes cercanos al ex mandatario sufrirían en cierta medida el deceso del comandante, ya sea por el apoyo económico que les brindaba, los beneficios que otorgaba o simplemente porque era el líder del Socialismo del siglo XXI. Resulta procedente entonces analizar cuál es la situación actual del bloque izquierdista. Su futuro no parece ser del todo provisorio, no por la muerte de Chávez (aunque pueda tener alguna influencia) sino por errores propios.

La situación que vive Venezuela no es novedad para nadie. Nicolás Maduro asumió la presidencia tras ganar unas elecciones reñidas y con una crisis de legitimidad importante. Fue electo para el período 2013-2019 con un 50.61% de los votos, un punto porcentual más que su contrincante Henrique Capriles. Venezuela es actualmente un país dividido, con problemas que se arrastran desde la época chavista como la inseguridad y con otros que se agregaron seguramente por la ausencia del líder de la “revolución”. En este 2014 con las protestas callejeras, todo se le ha ido de las manos a Maduro. El mandatario intenta de todas las formas posibles (represión y conferencia nacional para la paz) frenar las protestas sociales que se desarrollan desde hace casi un mes en Venezuela.

Raúl Castro, amigo fiel de la revolución bolivariana, salió en defensa de Maduro acusando (como siempre) a gobiernos extranjeros de los problemas internos. El argumento de que el “imperialismo” pone a la gente en las calles no es válido, basta con destacar que el pueblo egipcio sacó del poder a Mubarak, socio estratégico de Estados Unidos en aquella región. Cuba debería enfocarse en su transformación, en ir a fondo con algunas reformas que ha iniciado y buscar de una vez por todas los caminos hacia la democracia. Igualmente como quedó demostrado en la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la dictadura cubana sigue teniendo el aval de la izquierda latinoamericana. Acusar al imperialismo de los errores propios ya no es una opción válida en la era de la información.

Los desafíos del resto de los gobiernos izquierdistas

Evo Morales es otro de los mandatarios que no demora en acusar a las fuerzas extranjeras y a la oligarquía venezolana de financiar a los jóvenes que protestan en las calles. Sin embargo su situación es distinta, Bolivia fue alabada por el Fondo Monetario Internacional debido a un sólido crecimiento de la economía, principalmente gracias a la exportación de hidrocarburos. Morales es gran candidato a lograr una nueva victoria en las elecciones de octubre de este año. De no ocurrir ningún imprevisto obtendrá una tercera gestión de 2015-2020, completando 14 años en el poder. Si bien hay quienes creen que el proceso llevado adelante por Morales se basa más en la fuerza de su partido Movimiento al Socialismo (MAS) que en su persona, el mandatario tiene una posición preponderante y será difícil de reemplazar cuando no tenga posibilidades de ser reelecto.

El domingo 23 de febrero se realizaron elecciones municipales en Ecuador, con un gran revés para Rafael Correa. La oposición ganó las principales alcaldías y gobernará en las ciudades más grandes del país. Estos duros resultados para el oficialismo llevaron a Correa a emprender una reestructuración de su partido,  fruto de su primera gran caída en los comicios. La trascendencia que el propio presidente le dio a estas elecciones prenden las luces de alerta con respecto al futuro de Correa, no tanto por su figura sino por la confirmación de que el suyo se trata de un proyecto estrictamente personalista. La necesidad de la continúa reelección para seguir adelante con la revolución ciudadana puede convertir al gobierno de Correa en uno de tintes autoritarios, más de los que ya sus opositores le adjudican.

La situación del resto de las izquierdas en Sudamérica es diferente. En ChileMichelle Bachelet se apresta a un nuevo gobierno. El Frente Amplio en Uruguay es firme candidato para un tercer gobierno, de la mano del ex presidente Tabaré Vázquez. En Brasil, Dilma Rousseff es candidata a un segundo mandato luego de los comicios de octubre. Estos tres candidatos tienen algo en común. Parecería ser la última oportunidad de esta izquierda socialdemócrata para conformar a sus votantes y cumplir las expectativas de cambio profundo, principalmente la reducción de la desigualdad en Chile, la mejora en la educación en Uruguay y la transparencia en Brasil. Distinta es la situación del kirchnerismo en ArgentinaCristina Fernández dejará el cargo dentro de dos años y habrá que ver como se posiciona la izquierda en el futuro.

En definitiva la situación del bloque chavista no es auspiciosa a futuro pero no es algo que se deba a la muerte de Chávez sino a procesos internos. Obviamente que la desaparición física del ex mandatario influye en la política de su país y el momento actual. Quizás el mal momento que vive Venezuela complique a Cuba por las ayudas recibidas pero no se puede establecer una conexión entre el deceso de Chávez y la caída de las izquierdas sudamericanas. La Bolivia de Morales está en un buen momento y en Ecuador, Correa busca reforzar a su partido tras su primera derrota electoral desde que llegó al poder. 

El problema de la izquierda latinoamericana parece ser otro y refiere a la búsqueda del rumbo. Seguir defendiendo a ultranza la dictadura de Cuba y aceptar la represión a los estudiantes en Venezuela son visiones de política exterior dignas de la Guerra Fría y no de un mundo globalizado del siglo XXI. Incluso para defender algunas posiciones se llegan a contradicciones insólitas como la de una izquierda apoyando a un gobierno que reprime a la clase media, supuestamente manipulada por los Estados Unidos. Con respecto a esto cabe destacar que tanto a la oligarquía de los distintos países como a los intereses norteamericanos les debe caer simpático y seguramente no duden en colaborar para desestabilizar algunos gobiernos (lo han hecho en innumerables ocasiones) pero la izquierda parece abusar de ese pretexto para justificar problemas internos y errores propios.    

jueves, 4 de julio de 2013

Bachelet escala hacia la presidencia

Chile elegirá su futuro presidente en noviembre. De no ocurrir nada extraño, Michelle Bachelet se convertirá nuevamente en la mandataria de la nación. El domingo superó con creces el primer escollo, las elecciones primarias. Su desafío principal en los próximos meses será fortalecer su Nueva Mayoría para retornar a La Moneda. No sólo será importante el pacto para ganar las elecciones sino el programa y la conducción que llevará una vez en el poder.
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Michelle Bachelet se convirtió en la candidata del pacto Nueva Mayoría tras alcanzar el 73% de los votos. La ex presidenta superó por destrozo a los otros tres candidatos: el ex ministro de Hacienda, Velazco (13%), el postulante democristiano Orrego (8%), y el radical Gómez (5%). En la derecha venció Pablo Longueira de la Unión Democrática Independiente (UDI). Este Ingeniero Civil de 54 años y ex ministro de Economía, se impuso por diferencia mínima al ex titular de defensa Andrés Allamand del partido Renovación Nacional de Sebastián Piñera.

Las del domingo fueron las primeras elecciones primarias en la historia de Chile. La participación tras un sistema de voto voluntario fue considerada un éxito, superando todas las proyecciones. Un 22% de los habilitados concurrieron a votar. La mayor cantidad de votos fueron por los candidatos de la oposición, siendo un fiel reflejo de lo que ocurrirá en los comicios del 17 de noviembre si no ocurre nada extraño.

Bachelet busca un nuevo ciclo político, ampliando la coalición que incluirá en este caso a los comunistas. El Partido Comunista dio un paso histórico al acordar con la ex presidenta una alianza para gobernar. Cabe recordar que los comunistas no participan de una administración desde el gobierno de Salvador Allende en los setenta. El Partido Comunista, que controla la Central Unitaria de Trabajadores, apunta al giro a la izquierda.

Las protestas estudiantiles de 2011 fue una señal de una población que se rebeló contra la desigualdad, los abusos del libre mercado y el debilitamiento de los servicios públicos. Los chilenos, más prósperos que nunca, exigen avances a sus políticos. Bachelet, considerando esta situación, planteó medidas distintas con respecto a lo que venía realizando la Concertación. Una reforma tributaria profunda, educación gratuita universal y una nueva Constitución son las promesas de Michelle.

Chile en plena transformación

Bachelet renunció en marzo a la dirección ejecutiva de la Organización de Naciones Unidas para la Mujer. Durante su estancia en Nueva York, la ex presidenta mantuvo un profundo silencio sobre la coyuntura local. Mientras tanto, a medida que se confirmaba su postulación, sufrió ataques por el desempeño de su gobierno tras el terremoto de 2010. La política de investigación llevada acabo por Piñera buscó desprestigiar a la ex mandataria.

La derecha, que retornó al poder tras 20 años de gobiernos centroizquierdistas, se encuentra en una situación compleja de cara a los comicios de noviembre. Si bien a esta altura ya no tiene un sueño presidencialista, deberá votar bien en las parlamentarias para tener fuerza en las negociaciones. No quedan dudas que la candidatura de Longueira aleja a la derecha del centro político. Quienes también intentarán lograr quitarle votos a Bachelet son seis candidatos menores: el ecologista Sfeir, el humanista Claude, Miranda del Partido Igualdad, el economista Parisi, el independiente Jocelyn-Holt y Marcos Enrique Ominami, quien capturó un 20% en las elecciones de 2009.

En los comicios internos, la izquierda moderada no mostró fuerza como para influir en la campaña de Bachelet. El precandidato Velazco anunció que votará a la ex mandataria pero no convocará a sus votantes a hacerlo por ella. Bachelet deberá congeniar con la democracia cristiana y los comunistas para poder gobernar en paz. Este será su principal desafío en los próximos meses.

La sociedad chilena vive en estos últimos años un incremento de las expectativas, deseos y cambios culturales que apuntan hacia la igualdad de oportunidades. De esta manera, a través de protestas populares, situaron temas en la agenda pública. La población no organizó una revuelta anti capitalista sino que se moviliza para reclamar más crecimiento y bienestar. Bachelet deberá conquistar un electorado cada vez más exigente, no sólo durante la campaña sino también cuando gobierne.


martes, 19 de marzo de 2013

Bachelet se encamina hacia un segundo mandato

La ex mandataria manifestó que regresará al país y tiene grandes posibilidades de vencer en los comicios presidenciales de noviembre
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Michelle Bachelet renunció a la dirección ejecutiva de la Organización de las Naciones Unidas para la Mujer y retornará a su país en las próximas semanas. Si bien no se pronunció directamente si será candidata, sus partidarios de la Concertación de Partidos por la Democracia anunciarán su candidatura el 13 de abril. Bachelet es la única opción fuerte de la centroizquierda para retornar al Palacio de La Moneda. Desde que se radicó en Nueva York, la ex presidenta mantuvo silencio sobre la coyuntura local de Chile. En su regreso prevé realizar diversas giras por el país para escuchar las demandas de la población. 
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En el discurso de cierre de la Comisión Jurídica y Social de la Mujer en las Naciones Unidas, Bachelet expresó su renuncia al cargo que asumió en setiembre de 2010. Ban Ki Moon, secretario general del organismo, le agradeció a la médica sus contribuciones en estos años. La dimisión de la chilena tuvo inmediatas repercusiones en su país. En diciembre, cuando visitó Chile por última vez, Bachelet había declarado que su decisión sobre la candidatura a la presidencia se estiraría hasta marzo. Desde que dejó el gobierno hace tres años, la ex jefa de Estado mantuvo un elevado apoyo ciudadano. Las últimas encuestas, publicadas por el Centro de Estudios Públicos, le dan un apoyo del 54% de cara a los comicios presidenciales. Si se confirman estos porcentajes, Bachelet estaría logrando su regreso al poder en la primera vuelta. Sin embargo previamente deberá vencer en las elecciones internas, en donde supera con amplio margen a los otros precandidatos de la Concertación.

En la lucha electoral primaria, Bachelet se enfrentará al candidato democristiano, Claudio Orrego, al presidente del Partido Radical, José Antonio Gómez, y a su ex ministro de hacienda, Andrés Velasco. Luego de superado ese escollo el 30 de junio, presentará sus propuestas al resto del país. Durante su ausencia Chile sufrió varios cambios, principalmente tras las protestas estudiantiles de 2011. La población se rebeló contra la desigualdad, los abusos del libre mercado y el debilitamiento de los servicios públicos. La lucha en busca de la equidad de género y el interés por una reforma tributaria a fondo son dos temas que estarán en la agenda de Bachelet. El desafío principal en la campaña electoral será con respecto a la Concertación, alianza desprestigiada que deberá apuntar a nuevos rostros e incluir nuevos movimientos sociales. Seguramente buscará ampliar sus fuerzas con el apoyo de los comunistas. Bachelet enfrentará a la derecha que también optará por un candidato. Laurence Golborne, conocido por haber sido el líder del rescate a los mineros, será el postulante de la Unión Demócrata Independiente. Mientras que Andrés Allamand, ex jefe de Defensa, es el representante del partido Renovación Nacional del actual presidente Sebastián Piñera.  

El gobierno de Piñera y las pocas posibilidades de la derecha

Los últimos ataques contra la figura de Bachelet han sido por el desempeño de su gobierno luego del terremoto de febrero de 2010. La política de investigación llevada acabo por Piñera es considerada, por parte de partidarios opositores, como un ataque a la ex mandataria en busca de perjudicar su imagen. El actual presidente de Chile superó años complicados luego de su asunción en 2010. Tras estar entre la espada y la pared, la valoración de su administración creció debido al dinamismo de la economía y el optimismo imperante. La derecha regresó al poder en Chile tras 20 años de gobiernos de la Concertación desde la caída de la cruda dictadura de Augusto Pinochet (1973-1989). Los democristianos Aylwin y Frei y posteriormente los socialistas Lagos y Bachelet llevaron adelante el Chile democrático. Bachelet, que se definió como una mujer socialista, separada y agnóstica, fue la primera presidenta mujer de la nación. Si bien comenzó un buen gobierno, sufrió un desgaste con la famosa crisis del Transantiago.

El retorno de Bachelet a Chile despeja la principal incógnita de los últimos tres años en la política de esa nación. La frase “vuelvo a mi país” y la posterior confirmación de su candidatura por parte del Partido Socialista y Partidos por la Democracia, movieron fuerte el tablero político chileno. Ante el prestigio que goza Bachelet y la esperanza de mucha gente en su figura, la derecha demostró nerviosismo de perder el gobierno. Al no mostrar ningún candidato fuerte y no contar con el respaldo de un gran gobierno de Piñera, las chances de la alianza derechista se reducen, a pesar del rol que pueda jugar el actual presidente por el repunte de la economía. La ex mandataria podría lograr lo que no pudieron otros gobernantes de la Concertación: alcanzar el poder por segunda vez. El electorado chileno siempre se mostró difícil, caracterizado por una clase media orgullosa, conciente de sus derechos y sin lealtad hacia ningún partido. A pesar de esta salvedad, Bachelet cuenta con grandes posibilidades de volver a ser la presidenta de Chile. 

jueves, 16 de abril de 2009

Respuesta progresista a la crisis actual

Durante los días 27 y 28 de marzo se reunieron, en la ciudad chilena de Viña del Mar, gobernantes y  representantes de organismos internacionales de diversas partes del mundo. El principal objetivo fue proponer una salida conjunta de la crisis económica y financiera en la que estamos inmersos. La proximidad de la reunión del G-20 en Londres marcó a fuego la denominada “Cumbre de Líderes Progresistas” cuya idea surgió hace exactamente una década.

Muchas son las conclusiones que se pueden extraer de la declaración final de los mandatarios presentes, pero también debemos responder ciertas preguntas. ¿Cómo surge dicha cumbre? ¿Cuáles fueron las propuestas de los gobernantes para combatir la crisis? ¿Qué objetivos persiguieron los presidentes de la  región?


La Cumbre y el Seminario Internacional de la Red Progresista fueron organizados por dos instituciones: Policy Network y el Instituto Igualdad. La primera es una fundación internacional, creada en el año 2000, que se dedica a la renovación de la social democracia y a promover las políticas progresistas. Actualmente esta avocada a facilitar el intercambio de ideas y prácticas entre políticos y expertos que se denominan de centro-izquierda. El otro ente organizador, el Instituto Igualdad, es una organización privada, creada por el Partido Socialista chileno en el año 2005 con el objetivo de desarrollar y proyectar los valores e ideas democráticas, socialistas y progresistas al interior de la sociedad chilena. 

El movimiento de gobernadores progresistas que se reunió en Chile surge a fines de los años ’90 por iniciativa del entonces presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton. El primer seminario se realizó en Washington y contó con la presencia de mandatarios europeos, entre ellos, Tony Blair. Su objetivo principal fue fomentar la cooperación entre políticos y académicos, ofreciendo un entorno para intercambiar experiencias políticas. Berlín, Estocolmo, Londres, Budapest, Johannesburgo y ahora Viña de Mar fueron las sedes que reunieron desde el año 99 hasta el momento al movimiento progresista. Es la primera vez que se realiza la reunión en nuestro continente y esto no es una casualidad; se debe a la proliferación existente, en los últimos años, de gobiernos de centro izquierda en todo Latinoamérica.

Los mandatarios sudamericanos fueron mayoría en el balneario chileno. Además de la anfitriona Michelle Bachelet, la cumbre contó con la presencia del presidente brasilero Luiz Inácio “Lula” da Silva, la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner y el gobernante uruguayo Tabaré Vázquez. Los mandatarios europeos presentes fueron el español Rodríguez Zapatero, el noruego JensStolten Berg y el primer ministro británico Gordon Brown. El hombre del momento, Barack Obama, seguramente ocupado en la preparación de su viaje a Europa, no quiso que su país quede al margen y envío a su vice Joseph Biden para marcar presencia en la reunión. Además, participaron alrededor de 200 asesores, políticos, académicos, investigadores y representantes de organismos internacionales de muchos países europeos, americanos, africanos e incluso de Oceanía. Todos ellos se encargaron de discutir, analizar y dar respuestas a la crisis global actual; políticas progresistas, globalización responsable, cambio climático, protección laboral y el rol del estado en la economía fueron los principales temas tratados.

La declaración final conjunta, leída por la presidenta chilena, marca los puntos claves que los líderes discutieron a lo largo de las distintas sesiones. Se analizaron los principales desafíos que enfrenta el mundo hoy en día, y a su vez discutieron cuál debería ser la respuesta coordinada del movimiento progresista, lo cuál resumiremos en tres puntos claves.

El primero fue priorizar las políticas de crecimiento, protección social y la creación de empleo para no transformar la recesión económica en una recesión social. Para ello, se enfatizó el dar un nuevo empuje a los objetivos de desarrollo del milenio de la Organización de las Naciones Unidas. Con respecto a esto, Bachelet expresó al término del seminario: “hay que adoptar medidas populares pero no populistas”, haciendo clara alusión al respeto por el modelo liberal pero inculcando una participación importante por parte del Estado.

En segundo lugar, se apuntó a cambiar el rumbo del “neoliberalismo” existente, construyendo las bases de una nueva economía que permita compartir la prosperidad. Para aplicarlo, los líderes progresistas plantean: reformar la regulación de las instituciones financieras (principalmente del FMI), evitar políticas proteccionistas y concluir exitosamente la Ronda Doha. Además, se le reclama a las instituciones financieras, tanto internacionales como regionales, la tenencia de un rol importante en la prevención de las graves consecuencias para los países en desarrollo. El primer ministro británico expuso su visión al respecto: “tenemos que rehacer nuestras instituciones, necesitamos nuevas reglas para este orden global, porque un mundo sin reglas no funciona”.
  
El tercer aspecto clave que se puede extraer de la declaración refiere al tema medioambiental. Se propuso emprender de forma acelerada una respuesta coordinada al cambio climático, asimismo se incitó a invertir en energías limpias. En este contexto, se buscará lograr un acuerdo exitoso en la futura Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, que se realizará a fines de este año en Copenhague.  Si bien no fue el aspecto más comentado en la cumbre, quizás por la lejanía en el tiempo de la reunión multilateral, la “recuperación verde” no se dejó de lado al momento de enumerar los principales temas tratados. 

Estos tres principales ejes se sostienen en los llamados valores progresistas, como lo son las libertades (política y económica), los derechos humanos, la democracia y la justicia social.  Con respecto a los ideales compartidos por esta red de gobiernos, José Luís Rodríguez Zapatero enumeró tres pilares que caracterizan al progresismo: la apuesta por la reforma y el cambio, la democratización de las instituciones y la solidaridad. Hoy en día son varios los gobiernos sudamericanos que dicen sentirse identificados con estos ideales; sin embargo fueron tan sólo cuatro los representantes que concurrieron a la cumbre.
Como dijimos, el segundo aspecto importante a analizar de la reunión es el objetivo que cada uno de los países tuvo en dicha cumbre. Si bien son cuantiosos los gobiernos de izquierda y centro izquierda que han ganado elecciones en estos últimos años aquí en Sudamérica, cada país tiene un perfil distinto y eso lo podemos ver claramente en la participación (o no) en reuniones multilaterales de este tipo. 

El presidente Vázquez consideró clave esta reunión, ya que fue una manera de poder inmiscuir al pequeño Uruguay entre grandes del mundo. El MERCOSUR estuvo presente con sus dos grandes socios: Brasil y Argentina; Uruguay no se quiso perder la gran oportunidad de poder compartir experiencias y aprender de países que proponen las mismas ideas que el gobierno de turno. Además, Vázquez aprovechó la ocasión para terminar de alinearse al grupo de gobiernos de “izquierda moderada” que parece liderar Lula. Entre otras cosas, Tabaré marcó cierta distancia con la mandataria argentina, se encargó de remarcar que Uruguay “no es un paraíso fiscal” e instó a no echarle la culpa al imperio de turno por no poder llevar adelante un proyecto latinoamericano para mejorar la condición de nuestros pueblos.

Por otro lado, el mandatario brasilero Lula aprovechó la oportunidad para seguir afirmando su liderazgo en Sudamérica e intentar insertar al continente en el contexto mundial.  El líder del PT brasilero se ha encargado en las últimas semanas de seguir posicionando a su país en el gran juego mundial. Las reuniones con Obama y Brown dan muestra de eso y, si bien el asesor del presidente, Marco Aurelio García pide respetar las diferencias con otros progresismos (léase la izquierda más radical), Brasil se quiere mostrar como un país comprometido con la causa liberal-democrática. Lula aprovechó la ocasión para recordarle nuevamente a sus pares extra-región que ellos poseen mayor culpa de este momento de la economía mundial. Con un tono amigable expresó: “mi querido Gordon Brown, mi querido Biden, mi querido Zapatero, desafortunadamente ustedes tienen más responsabilidad en esta crisis”.

Además de Brasil, el otro país de la región que asistirá a la reunión del G-20 en Londres, será Argentina. Cristina Fernández también acudió a la Cumbre y quizás sean dos los aspectos claves que se pueden extraer de su presencia. En primer lugar, la gobernadora argentina no estuvo dispuesta a perderle la pisada a este grupo de mandatarios progresistas, de los cuales se había alejado debido a las visitas y contactos permanentes con Chávez. Por lo tanto, esta cumbre era una buena excusa para volverse a unir al grupo liderado por Brasil y poder encontrarle a la Argentina un lugar importante (no conflictivo) en el contexto internacional. En segundo lugar, la presidenta aprovechó la situación para insistir nuevamente por el reclamo de soberanía sobre las islas Malvinas, a lo que fuentes británicas hicieron saber que estaba descartada cualquier tipo de negociación al respecto.

Por último debemos hacer referencia a Chile, el anfitrión. El modelo chileno que rige desde la restauración de la dictadura es fiel reflejo de todas las ideas que se trataron en la pasada cumbre. No es casualidad que la primera reunión en América Latina de esta red progresista se haya realizado en el país trasandino. Además, no es este un momento cualquiera para el gobierno de la Concertación, ya que las encuestas de opinión no se les muestran favorables para las elecciones de este año. Quizás el impulso y la importancia que Bachelet le dio a esta cumbre este relacionado con el objetivo de la mandataria de reafirmar el modelo, llevado acabo por su gobierno y los anteriores, exponiendo logros e intentando marcar diferencias con el neoliberalismo.

En conclusión, la Cumbre de Líderes Progresistas buscó dar una respuesta firme a la crisis financiera internacional. El objetivo de los gobernantes que asistieron a la Cumbre fue la elaboración de ciertas pautas para que los “representantes progresistas” trasladasen a la reunión del G-20 en Londres. Las mismas se pueden resumir en los siguientes puntos: priorizar el aspecto social de la crisis, reformar el sistema financiero poniendo fin a la hegemonía neoliberal y por último, el siempre presente desarrollo sostenible. Estos temas centraron la atención de los mandatarios presentes, los cuales se sienten identificados con la idea de la red progresista que surgió con Clinton y Blair, cuando ambos quisieron liderar una especie de centro izquierda o “tercera vía” entre el capitalismo liberal y el socialismo.


Además, al parecer, esta red de gobiernos quiere ocupar un vació ideológico que esta dejando el modelo económico existente, que puede ser fácilmente ocupado por gobiernos populistas, autoritarios y no proclives al liberalismo y la democracia. La reunión de Viña del Mar concluye con la idea de asignarle un nuevo rol al estado (más regulador)  y poner las políticas sociales como prioridad. Quizás estos dos aspectos sean las únicas variables que todavía quedan vigentes en la ya perimida distinción entre gobiernos de derecha y de izquierda.