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jueves, 17 de abril de 2014

El choque de milicias en República Centroafricana

Las Naciones Unidas decidieron actuar en el conflicto que existe en este país desde hace un año. Aunque la mayoría de los especialistas afirma que es una intervención tardía, la misma podría ayudar para evitar una catástrofe mayor. Las disputas entre las milicias musulmanas y cristianas han llevado al segundo país más pobre del mundo a una situación de caos. El continente africano aún lucha contra este tipo de conflictos y la República Centroafricana es un ejemplo de ello.
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Esta semana el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) aprobó el despliegue de una misión de paz de 11.800 militares. La propuesta de Francia, antigua metrópoli, tiene como objetivo restaurar el orden y frenar el resurgimiento de la violencia sectaria. Actualmente existe en la República Centroafricana una misión de la Unión Africana y en breve la Unión Europea apoyará con un contingente para intentar aliviar a las fuerzas francesas presentes allí. Las fuerzas de paz de la ONU no llegarían hasta setiembre debido a las dificultades logísticas, la carencia de infraestructura y las necesidades de construir bases así como instalaciones sanitarias. Cabe recordar que la República Centroafricana no tiene salida al mar y es una nación con extensas fronteras sin control.

Hay cierto convencimiento que la ayuda humanitaria está llegando tarde ya que las masacres y el caos comenzaron meses atrás. Los enfrentamientos entre milicianos de Seleka y los Anti balaka se producen desde diciembre pero se han incrementado en los últimos días. El conflicto reciente se remonta a marzo de 2013 cuando se produjo una rebelión de 15.000 milicianos del grupo Seleka, apoyados por miles de soldados extranjeros. Se presume que la nación vecina Chad brindó apoyo para el golpe de Estado debido a la mala relación que había tenido con el entonces presidente Francois Bozize. El mandatario cayó a los pocos días que estalló el conflicto y tuvo que exiliarse en Camerún.

La rebelión de Seleka, grupo en su mayoría compuesto por musulmanes del norte, fue liderada por Michel Djotodia, quien había intentado años atrás llegar al poder a través de las urnas. Cuando asumió el mando suspendió la Constitución, disolvió el Parlamento y gobernó con decretos. La capital Bangui fue sinónimo de caos con ejecuciones, torturas y violaciones. Algunas facciones de Seleka atacaron a cristianos con impunidad y destruyeron la poca infraestructura que había en el país. En esta ola de violencia e inestabilidad es que surgieron en las aéreas rurales una milicia cristiana para proteger a los ciudadanos, denominada Anti balaka.

Violencia sectaria como moneda corriente

En enero de 2014 debido a la presión de Francia y otros países occidentales, Michel Djotodia abandonó el poder. El grupo Seleka se replegó en las provincias del norte y este del país tras la clave intervención del ejército francés. Catherine Samba-Panza, ex alcaldesa de Bangui, asumió con el objetivo de formar un gobierno de coalición y pedir la ayuda necesaria en las Naciones Unidas. Sin embargo el odio entre las milicias ya alcanzó un punto muy alto y peligroso. El grupo Anti balaka, nacido en los noventa, busca revancha por lo ocurrido durante la estadía de Seleka en el poder y siembran terror en las poblaciones musulmanas.


Amnistía Internacional habla de una tragedia de proporciones históricas, mientras que la ONU se refiere a una campaña de limpieza étnico religiosa. La milicia Anti balaka es ahora la mayor amenaza por las masacres que se están perpetuando en los enclaves musulmanes de esta nación ubicada en la frontera entre la África musulmana del norte y la cristiana del sur. La situación actual en este país de 4.5 millones de habitantes recuerda lo que ocurrió décadas atrás en Ruanda. Mientras algunas de las naciones africanas dejaron atrás los conflictos interétnicos, otras como la República Centroafricana aún tiene que lidiar con los millones de desplazados y con un conflicto importante entre milicias. 

sábado, 22 de marzo de 2014

El poderío de Rusia y la necesaria reforma en la ONU

La crisis en Ucrania desnudó un problema que tiene actualmente el sistema internacional: la ineficacia de las Naciones Unidas (ONU) para resolver los problemas. El crecimiento a todo nivel de Rusia y la insistencia en mantener bajo su órbita a las ex repúblicas soviéticas plantea un nuevo problema en Eurasia. Desde el Kremlin se toman decisiones que difícilmente puedan ser contrarrestadas por Estados Unidos y Europa. Quizás por ello estos últimos deberían aceptar cambios en la toma de decisiones del Consejo de Seguridad de la ONU.
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Los problemas en Ucrania, país de 45 millones de habitantes, no comenzaron en 2013. Desde hace varios años que el gobierno de esta nación se encontraba en la disyuntiva de tener que elegir entre la Unión Europea y Rusia. Victor Yanukovich, ex presidente de Ucrania, estaba dispuesto a firmar un acuerdo con el bloque europeo pero fue paralizado por las presiones de Moscú. En noviembre suspendió las preparaciones del tratado con Europa y generó diversas protestas en las calles. El gobierno reprimió y profundizó las tensiones, provocando muertes de ambos bandos.

En febrero ya se podía ver un país dividido entre los proeuropeos y prorusos. En las ciudades en donde se produjeron las protestas predomina la lengua ucraniana y se caracterizan por apoyos a candidaturas proeuropeas, algo que no ocurre en las regiones del este. En este contexto a mediados de febrero el corrupto presidente Yanukovich tuvo que refugiarse en Rusia, asumiendo en Ucrania un gobierno interino que estableció lazos económicos y militares tanto con Europa como con Estados Unidos. El primer ministro, Arseniy Yatsenyuk, será el encargado de llevar adelante las riendas del país hasta las elecciones de mayo.

El creciente nacionalismo y el rol que ocupó la extrema derecha en las protestas es un llamado de atención para las nuevas autoridades ucranianas. La revolución proeuropea también provocó cierto temor en la comunidad rusa ucraniana. Con la ida de Yanukovich Europa logró su cometido, enmarcado en la política de vecindad, de atraer hacia su lado a países de la ex Unión Soviética. Bruselas y el Kremlin claramente tienen intereses contrapuestos en la zona y las decisiones de ambos no han sido negociadas. Europa se quedó con Ucrania pero Rusia no dudo en responder y bajo el objetivo de la recuperación nacional, contraataco.

Rusia y la demostración de fuerza

Con la excusa de proteger a los rusos, el presidente ruso Vladimir Putin reaccionó tomando la República Autónoma de Crimea, que es parte de Ucrania. Esta península estratégica tiene un puerto con salida al Mar Negro y es clave para el control en el suministro de gas a Medio Oriente. Allí existe una mayoría rusa de alrededor del 60% pero también conviven ucranianos y tártaros. Aunque Rusia ya tenía influencia en la zona (una enorme base militar), Putin desplegó a sus fuerzas armadas en una demostración de fuerza al mundo. Además desde Moscú se alimentan en estos días las movilizaciones separatistas en Donetsk y Jarkiv.

El principal objetivo de Rusia era anexionar a Crimea a la Federación, lo cual se llevó adelante a través de un referéndum. En ocho días el Kremlin se encargó de organizar el plebiscito sin garantías en lo que refiere a observadores, logística y campaña electoral. El resultado de la consulta no fue novedad para nadie aunque obviamente no fue aceptado ni por la Unión Europea ni por Estados Unidos. Según la comisión electoral local, más del 95% votó a favor de la reunificación y al día siguiente Putin firmó el acuerdo de incorporación, pese a la negativa de Occidente.

La multipolaridad que no es tal

La disolución en 1991 de la Unión Soviética marcó la historia: terminó con la bipolaridad de la Guerra Fría para pasar a la hegemonía norteamericana. Hoy en día el nacionalismo ruso es creciente y desde el Kremlin se busca restituir la grandeza de Rusia. Los inmensos recursos energéticos convierten a este país nuevamente en protagonista a nivel mundial. El potencial científico así como el crecimiento económico y militar renuevan las ambiciones tras la reconstrucción del país. A pesar de las sanciones políticas que Europa y Estados Unidos puedan imponerle, Putin se muestra fuerte, con una popularidad en su país que se dispara.

Surge la duda de si estamos en presencia de un orden multipolar con estas nuevas potencias crecientes o si aún se parece a la bipolaridad del siglo XX. Actualmente nos encontramos con China mirando hacia otro lado (sin entrometerse en asuntos intentos como marca su política), Europa carente de una política exterior firme e independiente y otras potencias regionales (Brasil, India, Sudáfrica, Turquía) que no encuentran el ámbito para expresarse o no tienen objetivos de liderazgo. Estados Unidos además de llevar la bandera de las libertades debería pensar en más democracia en el ámbito de las Naciones Unidas, aunque un Consejo de Seguridad más democrático no le permitiría ciertos atropellos.

Tal como sucedió en el conflicto de Siria, Rusia vuelve a mostrar fuerza en el orden internacional. La capacidad de veto en un Consejo de Seguridad que une a Europa con Estados Unidos, que tiene a China absteniéndose y Rusia por otro lado, convierte a este mundo en bipolar, tal como fue concebido en 1945. La reforma en la ONU se hace inevitable para evitar este tipo de decisiones unilaterales que toma Rusia, anexionando territorios como si nada. Un Consejo de Seguridad más amplio, democrático y sin veto seguramente ayude a concebir esa multipolaridad de los cuales muchos académicos hablan pero que no logra concretarse. 

miércoles, 9 de octubre de 2013

Morir en la orilla

El sueño de un futuro mejor impulsa a ciudadanos de muchos países subdesarrollados a arriesgar su vida por ello. Algunos lo logran y viven para contarlo, otros quedan por el camino. Las corrientes migratorias y los estrictos controles de los países del primer mundo generan grandes barreras de protección a lo largo y ancho del mundo.   
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Podemos identificar tres grandes fronteras que terminan con la vida de muchos ciudadanos tercermundistas. El desierto y los coyotes que dividen Centro América con Estados Unidos, el bravo Mediterráneo que separa a los africanos del sueño europeo y por último, las pequeñas islas que se encuentran a mitad de camino entre el pujante sudeste asiático y Australia. Más allá de las nombradas también se imponen barreras a la entrada del este de Europa, hacia Sudáfrica, entre otras tantas.

Los cinturones de seguridad, la criminalización de la inmigración, el desamparo y el camino al exilio son todos aspectos que se relacionan con este proceso histórico de los refugiados. Con países desarrollados menos dispuestos a recibir extranjeros, los controles de las fronteras se están convirtiendo en frentes de batalla militarizados. El terrorismo y el aumento de la xenofobia son otros dos aspectos que entran en el debate sobre las barreras de protección. Más allá de los traficantes, quienes se aprovechan de la situación, las empresas que contratan mano de obra ilegal también deben hacer su mea culpa de los cientos de muertos que el agua o el desierto causan. Un proceso que el Papa Francisco acertadamente señala como la globalización de la indiferencia.

Estados Unidos y México

La reforma migratoria es un tema candente en Washington. Asiáticos y latinos protestan de manera pacífica en la denominada marcha por la dignidad y el respeto a los inmigrantes, exigiendo una vía para la legalización de lo que se estiman son 11 millones de indocumentados. Esta es la pata política de un problema que aqueja desde hace décadas a Estados Unidos: la llegada de inmigrantes ilegales que aunque no tengan papeles brindan servicios constantemente a la población norteamericana. Sin embargo la frontera Estados Unidos – México es testigo de miles de vidas que mueren en el camino.

El 2012 fue el año que se reportaron mayor cantidad de muertos (casi 500 según cifras oficiales) en la frontera terrestre más larga del mundo. Si bien los controles migratorios redujeron el número de personas que intenta cruzar, los medios ilegales se tornan más peligrosos y terminan con más vidas. Las causas son diversas, ahogamiento, deshidratación, insolación, persecución y lucha con las patrullas fronterizas. Esto no supone la muerte solo de mexicanos sino de centroamericanos que además deben cruzar todo México, con los peligros que ello supone. El contrabando de personas a manos de los carteles de drogas convierte el cruce en un pasaje con destino a la muerte.

Europa y el Mediterráneo

En los primeros días de octubre casi 100 inmigrantes indocumentados murieron tras el naufragio al sur de Sicilia, Italia, de una especie de barco en el que viajaban alrededor de 500 personas, entre ellas decenas de niños y mujeres embarazadas. Proveniente de Libia, la mayoría de ellos son de países como Eritrea y Somalia. Este tipo de barcazas plagadas de indocumentados llegan constantemente a la isla de Lampedusa (a un poco más de 100 km de la costa africana), desbordando los centros de acogida. Además de las nacionalidades que siempre se repiten, los últimos conflictos en Siria y Egipto han impulsado a muchos migrantes hacia el Mediterráneo.

Se estima que en el Canal de Sicilia, alrededor de 8.000 personas perdieron la vida en los últimos veinte años. Las nacionalidades van cambiando. A los desesperados por la pobreza extrema en el África Subsahariana, se le sumaron en los primeros meses de 2011 inmigrantes provenientes Túnez y Libia, países que perdieron estabilidad tras la Primavera Árabe. El agotamiento, los naufragios, la asfixia o la hipotermia son muchos más peligrosos que la vigilancia marítima europea o los malos tratos recibidos por los traficantes de personas.

Oceanía y la tercerización de los refugiados

Los disturbios internos en Filipinas, Myanmar o en partes de Indonesia expulsan miles de migrantes todos los años rumbo a Australia. Ante la constante llegada de inmigración ilegal el primer ministro australiano, Kevin Rudd, aseguró en julio que su país no cederá frente a las redes de traficantes que intentan vender sueños de legalidad. Esta nación de Oceanía posee mecanismos legales para recibir personas del exterior a través de visas de trabajo temporal o de estudio pero quiere frenar la inmigración ilegal. Junto a su homólogo de Papua Nueva Guinea, el mandatario aseguró que los refugiados con demanda de asilo serán enviados a centros de detención en este país situado al norte de Australia. Esto le causó críticas por parte de ONGs como Amnistía Internacional y denuncias por parte de ACNUR con respecto a las malas condiciones ofrecidas en los centros de refugiados.

Se estima que por año alrededor de 15.000 clandestinos desembarcan en las costas del gigante australiano, provenientes principalmente de Irán e Indonesia pero años atrás desde Irak o Afganistán. Cabe resaltar la cercanía que existe entre Indonesia y Christmas Island, el punto del territorio australiano más cercano al sudeste asiático. La mayor tragedia en costas australianas se dio en 2001 cuando 350 personas perdieron la vida al hundirse un barco. Se estiman que en las últimas dos décadas más de mil personas murieron ahogadas luego de pagar miles de dólares a mafias clandestinas para llegar a un país que crece a buen ritmo, ofrece buena calidad de vida y altos salarios.

Una respuesta global

Se estiman que 230 millones de personas viven y trabajan fuera de sus países de origen. Las historias de migrantes empujados por la violencia, la pobreza o la búsqueda de un futuro mejor para su familia tienen varios capítulos, algunos de ellos positivos y otros negativos. El trabajo esclavo o las atroces condiciones laborales contrastan con aquellos que tras estabilizarse en el exterior, logran sacar a su familia de una guerra y enviar remesas a su país de origen. Allí están las historias que se pueden contar sin embargo muchas otras quedaron en la orilla, al borde del sueño y que jamás podrán ser contadas.

Las soluciones a estos problemas deben ser globales y no remitir a un gobierno de turno de los distintos países. Mecanismos de acceso a visados legales es una solución que le brinda mayor transparencia a un fenómeno que tiene lados oscuros. El combate a las redes de tráfico humano pero también las sanciones a aquellas empresas que se benefician de los ilegales, son aspectos que los gobiernos tienen que tomar en cuenta y no mirar para otro lado. La selección de los migrantes, el miedo al extranjero y los campos agrícolas que emplean a trabajadores indocumentados son aspectos que necesitan ser debatidos.


Para ello el Comité de la ONU de los Derechos de los Trabajadores Migratorios convocan a la ratificación del tratado por parte de todos los países, una convención vigente desde hace 10 años y solamente aceptada por 47 naciones, entre las cuales no se encuentran las naciones que más reciben trabajadores extranjeros (Estados Unidos, Europa y Australia). Quizás luego de los hechos como el que ocurrió en Italia en las últimas semanas, muchos no deberían olvidar que la inmigración también contribuyó y contribuye al desarrollo económico de su país.     

sábado, 7 de septiembre de 2013

La transformación del sistema internacional

La guerra civil en Siria y la posible intervención de Estados Unidos genera nuevamente la pregunta de si estamos frente a un mundo multipolar. ¿En las decisiones que se toman con respecto a los conflictos geopolíticos, podemos observar esa supuesta decadencia del poder norteamericano y el ascenso de potencias emergentes? Sin avances en la reforma de las Naciones Unidas, el pasaje de la bipolaridad del siglo XX a la multi polaridad del siglo XXI no es completo.
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Hace diez años atrás el gobierno de George Bush se embarcaba en la Guerra de Irak. Con el apoyo del primer ministro británico Tony Blair pero sin el aval de Naciones Unidas, Estados Unidos fue en búsqueda de las armas de destrucción masiva que nunca tuvo Saddam Hussein. Eran otros tiempos, sin crisis económicas y con un sistema unipolar consolidado, dominado por Washington y apoyado por Londres. La historia es conocida, hoy tenemos una Irak sumida en la violencia, sin rumbo cierto.

Diez años después, el régimen de Bashar Al Assad en Siria utilizó gas sarín (aún no está comprobado sino fue utilizado por los rebeldes de Al Qaeda), traspasando la línea roja que el Premio Nobel de la Paz, Barack Obama, había establecido. En estos días la comunidad internacional discute cuáles son las acciones que tomarán. Descartando iniciativas bélicas como la de Irak o Afganistán, el mandatario norteamericano busca apoyos para una acción limitada. Aquí radica la primera diferencia con respecto al sistema unipolar de las últimas décadas, Estados Unidos no se embarcará en una aventura de estas sin apoyo internacional.

En la reunión del G-20, foro de cooperación sobre temas relacionados con el sistema internacional financiero, el asunto de Siria fue inevitable. Allí, Obama obtuvo el apoyo de sus aliados que en materia de política exterior tienden a apegarse al rumbo norteamericano. Washington contó con el respaldo de los países de la Unión Europea: Francia, España, Italia, Alemania y el Reino Unido, organismo que no muestra avances en lo que refiere a una política exterior común independiente. La canciller de Alemania, Angela Merkel, fue la única que demoró su apoyo, pero finalmente se sumó a la declaración presentada en San Petesburgo. Además, Estados Unidos recibió el aval de históricos aliados como Japón, Corea del Sur y Australia. Turquía y Arabia Saudita, países deseosos de desbancar a los aliados de los chiítas iraníes en la región, fueron las otras naciones que se unieron a Estados Unidos. 

¿Y el resto dónde están?

Rusia es un aliado histórico del régimen sirio. Actualmente le provee armas y lidera la lucha diplomática en contra de un posible ataque de Estados Unidos. En estos días Putin se mostró contrario a un ataque y no brindará su apoyo en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Por su asiento permanente y el poder de veto, Rusia tiene un poder de decisión importante en el sistema internacional actual. Es por ello que como segunda consideración decimos que la bipolaridad del siglo pasado EEUU-URSS, hoy se convierte en Washington y sus aliados europeos - Moscú.

China, potencia por excelencia en el siglo XXI, siempre mantiene una política de no interferencia en los asuntos internos de otras naciones. Por supuesto por un tema de conveniencia, para ellos es mejor que nadie opine sobre lo que hace la dictadura liderada por Xi Jinping. Pekín teje sus alianzas económicas con diversos mandatarios de todos lados del mundo pero evitando entrometerse en conflictos como el de Siria. La silenciosa conquista China es a través de inversiones y comercio. La tercer consideración que surge de este análisis es si Pekín (uno de los cinco permanentes en el Consejo de Seguridad de ONU) se aleja y evita entrometerse, estamos nuevamente ante una bipolaridad.

¿Cuál es la posición del resto de las naciones de este mundo multipolar? ¿Qué han dicho sobre la guerra civil de Siria la Unasur, BRICS, MIST, Unión Africana y Liga Árabe?

Brasil, potencia regional sudamericana, intenta liderar una región pero no la tiene fácil. Los países del pacífico miran hacia otro lado, pensando más en lo económico que en lo político. Igualmente la Unasur emitió una declaración apelado a la solución pacífica de controversias. Por su parte tanto el gobierno de Brasilia como el Argentina no apoyaron en el G-20 la postura norteamericana. India, otro miembro de los BRICS, e Indonesia, país con más musulmanes en el mundo, expresaron también su rechazo. Sin embargo ¿cuál es el peso de sus declaraciones?

En África hay demasiados problemas como para pensar en un sistema internacional más justo. Bastante injusta ha sido la historia con el continente negro. La multiplicidad de países dificulta la emergencia de un país líder como lo pudo ser en su momento Egipto, hoy destrozado, o en la actualidad Sudáfrica. Cabe destacar que el gobierno del país de Nelson Mandela pregona el diálogo en Siria. En el mundo musulmán, la lucha entre sunníes y chiíes se mantiente y toman posición con respecto a los distintos conflictos que surgen. Irán, Irak y grupos como Hezbola o Hamas enfrentados contra Turquía, Arabia Saudita y Catar.

Como conclusión, si bien podemos observar la emergencia de potencias regionales u organismos con mayor poder político, mientras que no exista una reforma del Consejo de Seguridad de la ONU que refleje el sistema internacional actual y no la realidad del siglo pasado, lejos estamos de un mundo multipolar en lo práctico. A la hora de la toma de decisiones en este tipo de situaciones, poco importan los términos de Goldman Sachs y los estudios académicos. Hoy en día lo fundamental sigue siendo la importancia militar estratégica y geopolítica de los países. Las Naciones Unidas estancada en la historia pocas soluciones puede ofrecer.

   

lunes, 8 de julio de 2013

Un tirano en tiempos modernos

En este mes, la comunidad internacional vuelca su atención hacia Zimbabue. Un importante grupo de países de África austral, liderados por Sudáfrica, solicitaron al presidente Robert Mugabe el aplazamiento de las elecciones para preparar unos comicios más justos y libres. El dictador se opuso e incluso amenazó con retirarse de la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC). No tiene alternativa. Si deja el poder que ejerce desde hace 33 años podría ser juzgado por los crímenes cometidos. Con 89 años continuará como presidente y seguramente morirá dirigiendo al país.
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Mugabe busca renovar su mandato en lo comicios que organizó para el 31 de julio. Con el aparato gubernamental a su favor seguramente logrará continuar en el poder, el cual ejerce desde hace 33 años. Su rival histórico, Morgan Tsvangirai, cuestiona la fecha de las elecciones ya que no fue consultado, violando el acuerdo de 2008. Tsvangirai se retiró de los comicios de aquel año por la violencia contra sus partidarios pero tras un acuerdo nacional, fue nombrado Primer Ministro.

En una cumbre extraordinaria celebrada en Maputo, Mozambique, la Comunidad de Desarrollo de África Austral solicitó el aplazamiento de las elecciones. Esta organización, integrada por 15 países y donde se destaca la influencia de Sudáfrica, aboga por cambios y reformas en Zimbabue. El apoyo de la Comunidad supone un gran triunfo diplomático de Tsvangirai, quien lidera el Movimiento por el Cambio Democrático. Mugabe por su parte rechazó una posible interferencia del gobierno sudafricano de Jacob Zuma.

Mugabe gobierna al país de forma autoritaria desde 1987 a través de su partido Unión Nacional Africana de Zimbabue – Frente Patriótica. Caracterizado por el lujo y el despilfarro, el gobierno vivió una decadencia económica en los noventa, que provocó una fuga masiva de habitantes hacia la vecina Sudáfrica. Recién en 2009 compartió de cierta manera el poder tras ceder a la oposición el cargo de primer ministro, lo que provocó un estado de tensión desde hace cuatro años.

El problema típico y la solución más violenta

La antigua Rodesia logró la independencia del Reino Unido en los ochenta. Tras once años de prisión, primero tomando las armas y luego apelando a la negociación, Mugabe liberó a su país del poder colonial. Sin embargo los problemas de fondo nunca fueron solucionados. El 1% de la población de raza blanca era dueño del 70% de la tierra cultivable. En vez de apelar a una reforma agraria, Mugabe realizó una política agresiva de desalojo de los granjeros blancos, a través de expropiaciones, para brindarle tierras a sus seguidores cercanos.

Zimbabue es una nación marcada por la violencia política desde hace años. Mugabe se encargó de acallar a las tribus rivales y la oposición política, la cual le exige reformas y garantías tanto para los medios de comunicación como para las fuerzas de seguridad. La tortura, el asesinato y la limpieza étnica son característicos del régimen de Mugabe. Incluso su ejército participó en la guerra del Congo (1998-2008), por solicitud de la nación vecina. En el campo de batalla sus soldados se encargaron de expropiar diamantes para su beneficio.

Zimbabue rechazó en abril la financiación de las Naciones Unidas para las elecciones. De esta manera evitó las condiciones que hubiesen sido impuestas, las cuales incluía una misión que reunía grupos de la sociedad civil. En su pasaje por Sudáfrica el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, criticó el acoso a los ciudadanos de Zimbabue y apeló a la celebración de unos comicios libres y justas. Las Naciones Unidas han reducido en el último tiempo las sanciones impuestas a este país que sufrió en 2008 una hiperinflación.


Mugabe es un tirano corrupto de los tantos que existieron y existen en el continente africano. Traicionó los ideales por los cuales accedió al poder, cuando liberó al país del antiguo poder colonial. Al igual que otros personajes de la historia intentará continuar en el poder hasta su muerte, debido a que perder la presidencia le implicaría ser juzgado por los crímenes cometidos. Ciertos trascendidos aseguraban que el mandatario se encontraba enfermo de cáncer y que su salud comenzaba a deteriorarse. Por más que su aparato gubernamental tenga todo armado para su reelección el 31 de julio, Zimbabue no demorará en desprenderse de Mugabe e iniciar una nueva etapa, en la que deberá atacar muchos problemas. 

viernes, 8 de marzo de 2013

Corea del Norte promete anular acuerdos de no agresión

Pyongyang reaccionó ante las sanciones impuestas por las Naciones Unidas
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El gobierno de Corea del Norte respondió inmediatamente a los duros castigos que aprobó este jueves el Consejo de Seguridad de la ONU.   La mayor amenaza lanzada en su declaración es un posible ataque preventivo contra Estados Unidos, a la que se le suma la ruptura de los pactos de no agresión con Corea del Sur y la anulación de las líneas directas de conversación. El duro paquete de sanciones, que contó con el visto bueno de China, surge como respuesta a la prueba nuclear que realizó el régimen de Kim Jong Un el mes pasado.
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El ensayo atómico del 12 de febrero, el tercero en la historia de Corea del Norte, desató una nueva crisis con la comunidad internacional. La más potente prueba nuclear subterránea, detectada por el Servicio Geológico de Estados Unidos, produjo la condena de Barack Obama, Japón y Rusia; este último lo consideró como una violación de las resoluciones del Consejo de Seguridad. Los mandatarios occidentales lo calificaron como una nueva provocación, mientras que Corea del Norte asegura que la prueba fue para hacer frente a la hostilidad del gobierno norteamericano.  Las miradas se centraron en China, aliado del régimen, que había solicitado a Pyongyang que no realizará estos ensayos. La opinión favorable de Beijing con respecto a las medidas fue esencial para lograr una respuesta unida. El paquete de sanciones incrementa el asilamiento de Corea del Norte, reflejando el punto de vista y la determinación de la comunidad internacional.

Las medidas dispuestas apuntan a dificultar las actividades comerciales, obstaculizar los movimientos financieros, imponer límites a los diplomáticos de Pyongyang en el mundo y aumentar los poderes para poder inspeccionar los cargamentos de los buques de bandera norcoreana. Estas nuevas sanciones generaron nerviosismo en Corea del Norte que anunciaron el cierre del punto de Panmunjon en la zona desmilitarizada, cortando la línea de comunicación directa creada en 1971 para momentos de alta tensión. Además, el Comité para la Reunificación Pacífica de Corea anunció el quiebre de los acuerdos de no agresión pactados entre el Norte y el Sur en 1991, pacto que fijó una resolución pacífica de las disputas y la prevención de enfrentamientos militares.  Las reacciones llegaron al punto que Pyongyang amenazó con anular el armisticio que puso fin a la Guerra de Corea (1950-53). Kim Jong Un asegura que las relaciones sobrepasaron la línea de peligro y que su ejército tiene prontos los misiles nucleares capaces de alcanzar Estados Unidos.

El nuevo posicionamiento de China en el conflicto

Corea del Sur amaneció con indignación tras la amenaza del fin del armisticio por parte de sus vecinos del norte. La mandataria Park Geun Hye tendrá la difícil tarea de buscar un diseño inteligente para resolver esta situación. Seúl cuenta con el apoyo de la comunidad internacional y de su aliado histórico, Estados Unidos, que tiene desplegados 28.000 efectivos en tierras surcoreanas. Las esperanzas que surgieron en diciembre de 2011 cuando Kim Jong Un llegó al poder se han enterrado en los últimos días. El joven líder asumió tras la muerte de su padre Kim Jong Il, quien como último deseo pidió reforzar el poder nuclear, el programa de misiles y las armas bioquímicas. El liderazgo de los comunistas en Corea del Norte comenzó en 1948 con el presidente Kim Il Sung quien murió en 1994. Este país de 23 millones de habitantes azotado por las hambrunas amenaza desde hace tiempo la estabilidad de Asia. Quizás el único momento de ilusión fue el encuentro entre los presidentes de las dos Coreas en el 2000.

Los últimos sucesos en lo referente a Corea del Norte permiten visualizar ciertas aristas del conflicto. La relación de Pyongyang con la comunidad internacional entró desde hace tiempo en un círculo vicioso de acciones, reacciones, sanciones y ensayos nucleares. Por un lado se sostiene que el incremento de la tensión es un esfuerzo gubernamental de los norcoreanos para reforzar la imagen del Kim Jong Un en el país. Por otra parte, en julio se cumple el 60° aniversario del armisticio que terminó con la Guerra de Corea y estas acciones podrían ser una estrategia de Corea del Norte para buscar una paz definitiva. La posibilidad de que Pyongyang se embarque en un conflicto armado sería difícil de entender, ya que el mismo consistiría en un suicidio para el régimen. La mayor novedad en estos últimos sucesos es la nueva relación de China con los comunistas norcoreanos. Es la primera vez que el gobierno de Beijing abandona a su aliado y apunta fuerte a la desnuclearización de la península coreana bajo negociaciones. Este tema será uno de los puntos que deberá encarar la nueva dirección política de Xi Jingping, nuevo presidente de la República Popular de China. 

jueves, 7 de marzo de 2013

La ONU levantó el embargo de armas a Somalia


El país ubicado en el cuerno de África esta inmerso en una guerra civil desde hace 20 años
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El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas votó por unanimidad (15 miembros) retirar temporalmente la sanción impuesta desde 1992. El organismo decidió levantar la prohibición de armas ligeras durante un año para permitirle al gobierno luchar contra las milicias islámicas. La decisión incluye la extensión del mandato de la Misión de la Unión Africana para Somalia (AMISOM). Según distintos parámetros internacionales, este país africano es uno de los más peligrosos y corruptos del mundo.
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El nuevo gobierno somalí del presidente Hassan Sheikh Mohamed, que dio fin a la transición política iniciada en 2004, presionó para que se le quiten los cargos y poder combatir a los insurgentes. El retiro del embargo por parte de las Naciones Unidas se realizará con mecanismos de supervisión para permitir un seguimiento continuo del flujo de armas y su uso. El gobierno deberá informar la situación cada cinco días para garantizar un desarrollo responsable de la seguridad y el control total de su territorio. El fin al bloqueo de armamento mostró la reticencia de Francia y el Reino Unido quienes finalmente aceptaron la resolución que permite la venta de armas livianas, rifles de asalto y lanza granadas pero no armamento pesado.  La misión AMISOM que cuenta con 18.000 efectivos se extendió debido a que la situación en Somalia constituye una amenaza para la paz y seguridad en la región.

La presencia de los terroristas de Al Shabab es dominante desde 2006. El grupo busca la instalación de un estado islámico de corte wahabi en Somalia. Los milicianos fueron expulsados de la capital Mogadiscio en agosto de 2011 tras luchas con el gobierno central. El año pasado anunciaron su unión formal con Al Qaeda y mantienen como objetivo desestabilizar los avances políticos del presidente Mohamed, que logró el reconocimiento y la colaboración de Estados Unidos. Las luchas en el país son constantes, en setiembre de 2012 el ejército local que cuenta con el apoyo de las Naciones Unidas y las Fuerzas Armadas de Etiopía (país vecino) consiguió controlar el bastión terrorista de Kismayo, ciudad costera de Somalia.  Sin embargo en enero Al Shabab dio un duro golpe a Francia cuando dio muerte a dos soldados capturados en el intento fallido de rescate del rehén francés Dennis Allex, cautivo desde 2009.  

Un gobierno estable para garantizar la lucha contra los islamistas radicales

La guerra civil comenzó en 1992 tras la caída del régimen de Mohamed Siad Barré, quien gobernó al país durante 20 años. Desde su independencia en 1960, cuando se unificaron las colonias italianas y británicas de la región, Somalia no ha logrado estabilidad política. Ante la ausencia de Barré la nación quedó sin gobierno efectivo, plagado de milicias radicales islámicas, bandas de delincuentes y los denominados señores de la guerra. Una operación americana del presidente Bill Clinton intentó en 1993 poner orden pero fue un fracaso, obligando inmediatamente el retiro de tropas. En 2008 Etiopía también se lanzó a brindar apoyo al gobierno en su lucha de unificar el país. La sucesión de administraciones interinas finalizó con la elección del presidente Mohamed por parte del parlamento somalí. La elección no fue democrática y popular debido a la situación de seguridad, sin embargo fue aprobada y supervisada por las Naciones Unidas.

Las últimas noticias de Somalia han sido los ataques suicidas en estaciones de policía o en restaurantes del centro de Mogadiscio. Este país afectado por una violencia constante se divide en diversas regiones. Al norte se encuentran los estados abandonados y semi autónomos de Somaliland y Puntland. El sur y el centro lo controlan los islamistas radicales. El gobierno central mantiene su fortaleza en Mogadiscio y ciudades fronterizas con Etiopía. La misión de las Naciones Unidas no cuenta con la fuerza suficiente para estabilizar al país. Las operaciones que intentaron Estados Unidos y Francia fueron un fracaso. La invasión extranjera no parece probable en un corto plazo. Sin embargo el interés de occidente en controlar a los terroristas de Al Shahab, por su cercanía con Al Qaeda, ha crecido en el último tiempo. El objetivo de las potencias occidentales en África en el siglo XXI es lograr gobiernos estables para combatir a los islamistas radicales. Mali es un ejemplo claro, Somalia también podría serlo. 

miércoles, 27 de febrero de 2013

Histórico acuerdo para la paz en el Congo

El 24 de febrero se acordó, por parte de 11 países africanos, estabilizar la zona este del país.
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Auspiciado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), los líderes africanos firmaron en Adis Abeba, Etiopía,  una posible solución para el eterno conflicto en la República Democrática del Congo. Los nueve países vecinos – Angola, Burundi, República Centroamericana, Congo Brazzaville, Sudán del Sur, Tanzania, Ruanda, Uganda, Zamba -, Mozambique y Sudáfrica se comprometieron a no colaborar con ningún grupo rebelde de la región. El acuerdo, también apoyado por la Unión Africana (UA), no contó con la presencia de los beligerantes.
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La participación de los países vecinos en el conflicto local complicó durante años la resolución del mismo y generó un incremento de la inestabilidad. Es por ello que el Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, calificó de histórico al acuerdo alcanzado en estos días. Los países firmantes decidieron no intervenir en los problemas de sus vecinos. La principal preocupación de la comunidad internacional provenía de la frontera del este, en los límites de Ruanda, Uganda y Burundi, por donde cruzan hombres y armas. Ruanda es acusado de financiar a grupos armados, el más conocido es el denominado M23.  El pacto alcanzado abre la puerta a la intervención de la brigada de las Naciones Unidas. MONUSCO, la misión creada hace 14 años, no tuvo medios ni mandatos para intervenir directamente en los conflictos, limitándose a la protección de civiles y al apoyo para la estabilidad de Kinshasa.

La República Democrática del Congo cuenta con 80 millones de habitantes y posee riquezas naturales: diamantes, oro y minerales. El gobierno democráticamente electo en 2006 no logró estabilizar la situación política. El país del presidente Joseph Kabila se encuentra inmerso en una violación constante de los Derechos Humanos por parte del ejército y grupos armados. Las naciones vecinas poseen intereses para beneficiarse de la explotación de sus recursos. En ese sentido han apoyado a grupos fuertes de la zona que no fueron invitados a la mesa de negociación. El M23, una fuerza organizada con estrategias y formación, tomó Goma en noviembre de 2012. Esta importante ciudad del este del Congo es fundamental para el tránsito de materias primas hacia el exterior.  

Una guerra eterna que busca un final

La ex colonia belga se independizó en 1960 de la mano del dirigente del Movimiento Nacional Congoleño, Patrice Lumumba. En 1971 el país pasó a denominarse Zaire liderado por Mobutu, quien nacionalizó las propiedades agrarias y estableció relaciones con la Unión Soviética y China. En 1996 comenzó la primera guerra en la región de los Grandes Lagos. La ofensiva de los tutsis desde Ruanda, liderados por Laurent Kabila, mandó al exilio a Mobutu. El nuevo líder cambió nuevamente el nombre del país a República Democrática del Congo, ordenando la retirada de las tropas ruandesas que colaboraron con su ataque. Eso generó un nuevo enfrentamiento que dejó el saldo de más de 4 millones de muertos. En el 2002 luego de la muerte del líder Kabila y la firma del tratado de paz con Ruanda y Uganda, asumió Joseph Kabila, democráticamente electo en 2006. 

El conflicto en el Congo ha sido el más mortífero luego de la Segunda Guerra Mundial. El acuerdo alcanzado en estos días parece ser un principio para un firme compromiso de alcanzar la paz en la región. Hay esperanza que se ingrese en un nuevo capítulo en la historia del centro de África. Dos son las claves de la situación en el Congo, una lucha étnica y un tema económico. El problema en la frontera de Ruanda es la acusación por parte de los rebeldes tutsis del M23, de que el gobierno del Congo esconde a los genocidas hutus. Mientras que el conflicto económico se centra en la explotación de los minerales y el precio de las materias primas, donde entran los intereses de los países vecinos como Ruanda. El acuerdo entre los países es un comienzo ya que apunta a dejar sin apoyo logístico a los grupos rebeldes. El próximo paso deberá ser incluir a estos en la mesa de negociación.