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jueves, 11 de septiembre de 2014

¿Hacia dónde va Turquía?

La potencia regional tiene desde hace pocos días un nuevo presidente: Recep Tayyip Erdogan. El ex primer ministro, cargo que ocupó durante 11 años, intenta cambiar el sistema parlamentario a uno semi presidencialista para de esa forma llegar al centenario de la nación (2023) como máxima figura política. Sus desbordes autoritarios y la búsqueda de permanecer en el poder opacan la primera etapa de Erdogan, elogiada por propios y extraños.

El 10 de agosto, en una especie de plebiscito hacia su persona, Erdogan ganó con el 51.8% las primeras elecciones presidenciales por voto directo. Los principales partidos de oposición (CHP y MHP) acudieron a los comicios liderados por Ekmeleddin Ihsanoglu, un académico de 70 años que logró atraer el voto de los islamistas más moderados, alcanzando un 38.4%. El tercer contendiente fue Selahattin Demirtas del Partido Democrático de los Pueblos y representante de los kurdos, que obtuvo el 9.7%.

La primera etapa de Erdogan fue alabada debido a que sometió al Ejército (clave en la historia política turca), triplicó el PBI del país, amplió las oportunidades de consumo, desarrolló infraestructura y mejoró las condiciones para la ciudadanía de ingresos bajos y medios. El ex alcalde de Estambul y líder del Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP) fue apoyado por sectores liberales debido a que dejó de lado el nacionalismo e inició las conversaciones de adhesión con la Unión Europea. Surgía un modelo de Turquía modernizadora y occidental.

Pese a ello la figura de Erdogan comenzó a dividir las aguas luego de las victorias de 2007 y 2011. Acusado de autoritario y de poseer una visión conservadora, el mandatario tuvo que soportar manifestaciones masivas en junio de 2013 y críticas internacionales por la violenta respuesta. El bloqueo de redes sociales y las presiones a la prensa fueron claves para un cambio en la concepción de su figura. El amplio espacio que le dio en el último tiempo al Islam también es objeto de crítica por parte de los sectores laicos.

Sin embargo en marzo el partido de Erdogan fue el vencedor de los comicios locales, a pesar del escándalo de corrupción que derivó en la dimisión de cuatro ministros. El mandatario acusó al movimiento de Fetula Gulen, autoexiliado en Estados Unidos, de hacer una campaña en su contra, desatando una purga contra policías, jueces y fiscales. En este sentido el politólogo español Eduard Soler identifica ciertas características de esta segunda etapa de Erdogan en el poder: un lenguaje insultante, la apelación a las conspiraciones, un enfriamiento de la política exterior y un freno al acercamiento con Europa.

En este contexto Erdogan volvió a ganar una nueva elección y asume una jefatura de estado que hasta el momento tuvo carácter simbólico. El mandatario aspira a cambiar la Constitución tras las elecciones generales de 2015 (que renovará el Parlamento) con el objetivo de transformar el régimen parlamentario, adjudicándole al presidente funciones como la de disolver el Parlamento o nombrar ministros. Para realizar las reformas, el AKP deberá contar con una mayoría parlamentaria. Por ello son claves los diputados kurdos y también el proceso de paz iniciado en este último tiempo. Los reclamos de derechos sociales y políticos de los kurdos seguramente entren en una cadena de dar y recibir con respecto a las aspiraciones de Erdogan.

Al asumir como presidente, el cargo de primer ministro de Turquía fue ocupado por Ahmet Davutoglu, hasta hace pocos días ministro de Exteriores. Erdogan necesita un jefe de gobierno que responda a él, al menos hasta que no reforme la Constitución. Aunque Erdogan en su último discurso prometió fortalecer la democracia es difícil pensar que el mandatario se alejará del curso que tuvo su gobierno en los últimos años. Si bien marcó como prioridades la integración con la Unión Europea, la aplicación de reformas democráticas y la consolidación del proceso de paz con los kurdos, cuando se emprende un camino hacia el autoritarismo, difícilmente se vuelva atrás. Los cambios de reglas constantes para beneficio propio no condicen con las principales teorías democráticas.

El panorama político turco es complejo. El enfrentamiento con los opositores, acusándolos de traidores e imponiendo el concepto de la lucha entre el pueblo (que él representa) y el enemigo, denotan una deriva populista. Erdogan representa una mezcla de convervadurismo, neoliberalismo en lo económico y antiliberalismo en lo político o quizás un populismo con un componente religioso. En este sentido cabe destacar algunos conceptos con respecto al populismo. Según el analista e investigador Anthony Painter, el ascenso del populismo de derecha es uno de los hechos más significantes del último tiempo en Europa. Un populismo que no busca remplazar la democracia sino cambiarla, oponiéndose a los pesos y contrapesos de la democracia liberal. 

En lo que refiere a Europa, el politólogo Germán Clulow citando a Matzoleni marca ciertas características centrales del neopopulismo europeo: la valorización excesiva del pueblo y el hombre de la calle como pieza central, demanda de participación política directa, desconfianza a las elites, la exaltación del líder como eje aglutinador y por último, un equilibrio precario entre la crítica y aceptación al sistema. En los últimos años se pueden observar algunas de estas características mencionadas en Erdogan. Principalmente esa apelación a la “nueva Turquía”, contrastándola con el pasado al que él no pertenece.


Populista o no, Erdogan se está alejando de aquel modelo de democracia musulmana que el mundo observó en una primera instancia. Resta esperar si los cambios realizados son simplemente para mantenerse en el poder o para avanzar fuertemente hacia un autoritarismo, aunque la primera sea ineludiblemente parte de la segunda. Debemos estar atentos al futuro de Turquía, clave por su rol estratégico en una zona conflictiva que incluye asuntos como Gaza, Siria, Irak y el Estado Islámico.

viernes, 6 de junio de 2014

Colombia define en segunda vuelta

El domingo 25 de mayo se realizaron las elecciones presidenciales en Colombia. Ninguno de los cinco candidatos logró la mayoría requerida, por lo que se disputará una segunda vuelta el 15 de junio entre los dos más votados: Oscar Zuluaga y el actual presidente, Juan Manuel Santos. Sin dudas la gran ganadora de los comicios fue la abstención, que llegó al 60% de los habilitados. El descreimiento y el cansancio hacia la clase política no ayudan a la democracia colombiana ni al progreso de un país que, si bien se encuentra inmerso en un crecimiento económico, no logra dejar atrás décadas de conflicto y desigualdad. 

La abstención como ganadora 

Oscar Zuluaga, candidato del Centro Democrático, fue el más votado con un 29.25% de las preferencias. Desconocido hasta hace pocos meses, el ex ministro de Hacienda de Álvaro Uribe logró un gran repunte teniendo en cuenta las encuestas de comienzos de campaña. Zuluaga, de 55 años y educación cristiana, se presentó como un hombre de familia y fue acusado de falta de carisma. Sin embargo, el candidato uribista demostró que el ex mandatario Uribe posee el apoyo incondicional de muchos colombianos. 

El actual presidente y candidato, Juan Manuel Santos, captó el 25,69%, posicionándose en segundo lugar. Los politólogos colombianos coinciden que Santos ha sido un buen presidente pero un mal candidato. Especialmente, porque, en la campaña, el bogotano se centró principalmente en el proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), descuidando otros aspectos que figuran como prioridad para los colombianos: seguridad ciudadana, empleo, salud y educación. También se mostró dubitativo por no saber a quién apuntar, ya que en un principio no estaba tan claro a quién enfrentaría en segunda vuelta.

Dos mujeres, una conservadora y otra izquierdista, obtuvieron 15% de las preferencias cada una. Marta Lucía Ramírez del Partido Conservador fue quien finalizó tercera en la contienda. Los conservadores, si bien tienen mayor afinidad con el uribismo, también formaron parte del gobierno de unidad nacional de Santos. Pocos votos por detrás de Ramírez se ubicó Clara López, del Polo Democrático Alternativo en coalición con la Unión Patriótica. La candidata, que tuvo una alta votación en Bogotá, posiciona nuevamente a la izquierda democrática. En el quinto lugar, logrando un 8%, se ubicó Enrique Peñalosa de Alianza Verde.

La abstención fue sin dudas la gran ganadora en los comicios. Solo fue a votar un 40% de los habilitados, siendo el porcentaje más bajo de los últimos 20 años, concurriendo a las urnas 13 de 32 millones de personas. Incluso la abstención fue aún mayor en la costa atlántica (70%), fortaleza del presidente Santos. La segunda ronda será en pleno mundial de fútbol, un día después que juegue la selección de Colombia. En este contexto habrá que ver si en el balotaje los ciudadanos concurren a elegir el futuro de su país. 

La contienda entre Uribe y  Santos 

Las elecciones demostraron que la población está cansada de la férrea disputa personal entre el ex presidente Uribe y el actual mandatario Santos. Sin embargo, la segunda vuelta será una contienda de popularidad entre ambos. Claramente sus diferencias son con respecto al proceso de paz con las FARC, ya que sostienen el mismo modelo económico (con matices). Es por ello que la campaña de cara al 15 de junio se centrará en las negociaciones de La Habana. Serán solo tres semanas para captar votos sobre un tema determinante.

Oscar Zuluaga había anunciado que apenas asumiera el gobierno suspendería provisionalmente las conversaciones en Cuba hasta que la guerrilla no declarara el cese permanente de fuego. Es claramente la idea del uribisimo, sin embargo ya pensando en el balotaje Zuluaga comienza a hablar de paz negociada, con planteos de reducción de penas para los jefes guerrilleros. Su postura firme de no concesiones captó muchos ciudadanos que no están de acuerdo con que los guerrilleros salgan impunes. Pero para el balotaje Zuluaga intenta moverse al centro, denominándose en los últimos días como un “amigo de la paz”. 

Juan Manuel Santos propone legitimar una paz duradera, aunque sabe que los resultados de la elección son un llamado de atención a las negociaciones en La Habana. El presidente candidato habla de “la guerra sin fin o el fin de la guerra” para diferenciarse de su contendiente. El gran debe de Santos fue la mala comunicación de los acuerdos con la FARC. Ahora deberá convencer a los votantes de que no existirá tal impunidad y que se han logrado fuertes avances para obtener la paz y frenar la violencia. Cabe destacar que si bien se incluyeron temas importantes en las negociaciones, los puntos restantes (víctimas y terminación del conflicto) son muy polémicos.  

La idea de que los miembros de las FARC sean parte del Congreso y no vayan a prisión conlleva rechazo en gran parte de la ciudadanía. En las ciudades, la imagen de aquella guerrilla fundada hace 50 años y de origen marxista campesino está destrozada fruto de los constantes ataques a civiles y también por la pérdida de compromiso ideológico, por su vinculación con el narcotráfico. El uribismo explotó fácilmente esta situación durante la campaña, intentando vincular a Santos con la izquierda chavista y cubana. 

Álvaro Uribe siempre sostuvo que la fuerza y la violencia eran el único recurso para acabar con los guerrilleros. De 2002 a 2010 fue un líder duro que arrinconó a las FARC pero que también sufrió acusaciones de violación de los Derechos Humanos por parte de los militares y grupos paramilitares. El ex presidente, que durante su administración concentró el poder, intentó mantenerse en el Palacio de Nariño un tercer mandato, solicitud que fue rechazada por el Tribunal Constitucional.

Cabe recordar que Santos y Uribe tienen una raíz común. Hasta 2010 el santismo cabía dentro del uribismo. El actual presidente fue ministro de Defensa de 2006 a 2009 bajo las órdenes de Uribe. Sin embargo, luego de asumir el gobierno Santos se alejó y se mantuvo nucleado en su partido de la U, el Partido Liberal y Cambio Radical. Uribe, acusándolo de traidor, se colocó en la oposición y ha sido, durante los últimos años, el político que más se opuso a las conversaciones con las FARC. 

Alianzas de cara a la segunda vuelta

La reelección de Santos parecía asegurada meses atrás, sin embargo los dos contendientes deberán buscar coaliciones de cara al balotaje. Dadas las características del electorado quizás las alianzas no sean tan importantes, ya que la fuerza de las maquinarias partidarias decayeron. Hacia dónde pueden crecer los candidatos es una buena forma de analizar qué ocurrirá en el futuro. Sin embargo, la clave para ellos será captar el 60% del electorado que no fue a votar en la primera vuelta. Los mayores rivales del presidente, que arranca por debajo, son los votos en blanco y la abstención. Aún así, Santos tiene mayor margen para crecer que Zuluaga. 

La mayoría de los votantes de la izquierda y verdes ubican a Uribe en la extrema derecha y como un saboteador permanente de la paz, proceso que los progresistas han respaldado. Santos, que derivó en su jefe de debate César Gaviria los contactos con el resto de los partidos, puede apuntar hacia acuerdos en otros temas, incluyendo en su propuesta el combate a la pobreza, el medio ambiente y la lucha contra la corrupción. Éstos son temas en los que Santos puede captar adeptos ya que tiene mayor margen de maniobra que un dogmático Zuluaga. 

Zuluaga se adelantó con los conservadores, a quienes invitó a votarlo en el balotaje. Claramente hay coincidencias ideológicas e incluso muchos seguidores del Partido Conservador ya votaron por Uribe. La candidata conservadora Ramírez oficializó en los últimos días su respaldo a Zuluaga, acordando darle continuidad al proceso de paz pero “sin impunidad”. Sin embargo un grupo de congresistas del partido se unieron a la campaña reeleccionista de Santos.

Clara López, del izquierdista Polo Democrático, se opone al modelo económico de ambos candidatos por considerarlo injusto. Pero en lo que refiere al proceso de paz siempre mostró su apoyo a la propuesta de Santos. López descartó cualquier apoyo a Zuluaga y destacó que un posible respaldo a Santos se centraría en el proceso de paz más que en el proyecto político de país. 

Enrique Peñalosa de la Alianza Verde inmediatamente confirmó que se mantendrá al margen. El ex candidato, que respaldó las conversaciones de paz pero que tuvo el apoyo de Uribe en las pasadas municipales de Bogotá, remarcó que no comparte ninguna de las propuestas y no expresará apoyo público a ninguno. Sin embargo destacó que no continuar con las conversaciones en La Habana sería un error histórico. 

Final reñido

Colombia tuvo un sólido crecimiento económico en los últimos tiempos. Durante el gobierno de Santos se adhirió, además, una cierta inclusión social y un progreso en la reducción de la pobreza. Se diversificaron las relaciones internacionales y el país se consolida gracias a una potente inversión extranjera y el aumento de las exportaciones. El contexto actual es una excelente oportunidad para seguir avanzando y dejar atrás el conflicto eterno con las FARC. Una oportunidad única, difícil de desaprovechar. Lamentablemente las conversaciones de paz han sido más un tema de campaña que una necesaria política de Estado.

Los duros ataques entre los candidatos continuarán hasta el 15 de junio. Santos acusado de recibir dinero del narcotráfico para su campaña y Zuluaga inmerso en un escándalo de espionaje, han sido los últimos coletazos de una campaña sucia y dura, una campaña de miedos, una campaña por la negativa. En el balotaje colombiano se enfrentará el miedo a la impunidad con el miedo a los uribistas. La frustración, el desencanto y el rechazo de la población a una campaña de este estilo seguramente motivaron a los votantes a no concurrir a las urnas. ¿Seguirá siendo así?

Es clave para la democracia colombiana que los ciudadanos acudan a las urnas para elegir el país que quieren. Tanto Zuluaga como Santos obtuvieron porcentajes reales extremadamente bajos. Del 100% del electorado, un 11% votó a Zuluaga y un 10% a Santos. Son números despreciables, que si no cambian en segunda vuelta darían un duro golpe a la democracia de este país de 47 millones de personas. Para marcar diferencias, Santos en la primera vuelta de las presidenciales de 2010 recogió el apoyo del 22% del electorado total.

Zuluaga, junto a Uribe, han llevado a Santos a su arena preferida, el de la confrontación centrada en el proceso de paz. El presidente, que se embarcó en un proceso histórico, deberá comunicar mejor las negociaciones con la guerrilla e intentar convencer a la ciudadanía los avances consumados. Además, cuenta con la ventaja de una mayor cintura para abordar otros temas que preocupan a la población. Es por ello que si bien los uribistas van con ventaja al balotaje y será un final reñido, de acrecentarse el número de votantes el actual presidente  tiene todas las oportunidades para ser reelecto.

jueves, 15 de mayo de 2014

Ganador por quinta vez consecutiva

El miércoles 7 de mayo el Congreso Nacional Africano (ANC), partido gobernante, ganó nuevamente las elecciones en Sudáfrica. La agrupación fundada por el fallecido Nelson Mandela obtuvo una victoria que le permite mantenerse en el poder. A pesar de los cuestionamientos al líder actual, Jacob Zuma, la fuerza de quienes terminaron con el régimen Apartheid es y continuará siendo preponderante.
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El ANC obtuvo el 62% de los votos en las elecciones generales, lo que le permite colocar 249 diputados en la Asamblea Nacional, compuesta por 400 representantes. Si bien los liderados por el actual presidente Jacob Zuma tuvieron una caída del apoyo de tres puntos porcentuales con respecto a 2009, el mandatario tomará nuevamente posesión el 24 de mayo por cinco años más. El ANC se encuentra en el poder desde que finalizó el régimen de segregación racial en 1994, ganando las cinco elecciones que se disputaron desde aquel entonces. El aumento generado en los comicios de la década del 2000 (69% y 65%) cae al mismo número que obtuvo Mandela cuando se convirtió en presidente.

El principal partido de oposición, Alianza Democrática, creció seis puntos con respecto a la elección anterior, obteniendo ahora un apoyo del 22%. La agrupación de Helen Zille es concebida como el de la minoría blanca, aunque ha tenido un aumento de votantes negros. La novedad fue el ingreso de un nuevo partido al Parlamento. Los Luchadores por la Libertad Económica, que pregonan la nacionalización de los sectores estratégicos y la redistribución de la tierra, consiguieron un 6% de las preferencias. Este partido populista de izquierda radical es liderado por Julius Malema, ex miembro de las juventudes del ACN.

La jornada electoral transito de forma pacífica con escasas protestas en algunas zonas del país. La participación alcanzó un 73% de los habilitados para votar lo cual marca un récord aunque vale destacar que muchos potenciales votantes no fueron a registrase, no figurando en el padrón. Además de los comicios generales se realizaron elecciones locales. El oficialismo mantuvo la región de Gauteng, motor económico del país y conservó 8 de las 9 provincias. En cambio la Alianza Democrática continúa gobernando en su feudo del cabo occidental (Ciudad del Cabo) con Zille como primera ministra.

El legado como fortaleza

Algunos medios preveían elecciones reñidas y tenían algunos fundamentos para pensarlo. La mayor causa obviamente son los escándalos de corrupción que azotan al gobierno. Uno de los últimos casos de abuso de poder fue la polémica reforma en una de las residencias de Zuma, que rondó los 16 millones de euros. El bajo crecimiento económico de los últimos años marcó un elevado desempleo y un descontento social, principalmente en los antiguos guetos, barrios en donde la población vive sin luz ni agua, cansados de promesas incumplidas. La pésima situación en la educación también influye de manera negativa.

La desigualdad social y la imposibilidad de reducir la brecha entre ricos y pobres se suma al conflicto laboral que mantiene paralizadas las minas de platino. La matanza de Marikana en 2012 cuando fallecieron 34 mineros por disparos policiales es otro de los debes del gobierno de Zuma. El mandatario intenta defenderse con los logros democráticos del partido y los momentos de crecimiento económico que colocó a Sudáfrica en el privilegiado grupo de los BRICS, aunque el lugar de primera potencia económica africana está siendo ahora peleado por Nigeria. La muerte de Mandela terminó afectando positivamente para el oficialismo en la campaña, sin dudas los liderados por Zuma tienen mejores cosas para mostrar del pasado que del presente.


Se suele afirmar que los gobiernos tienen una luna de miel con el electorado en los primeros años de administración. Cuando un régimen anterior duro cae, como pasó con el Apartheid, el espacio político se vuelca ampliamente y la luna de miel se amplía. Los 20 años en el poder del ANC causan obviamente una estabilidad negativa en el partido y se hace obvia la necesidad de una reforma para combatir la corrupción. La oposición, si bien puede ser renovadora, la marca del pasado no le permitirá gobernar en el corto plazo. Que los sudafricanos afirmen que votan por los colores verde y amarillo del ANC y no por Zuma, me hace pensar que el oficialismo se mantendrá en el poder un tiempo más. 

miércoles, 23 de abril de 2014

Lentos movimientos en Argelia

El anciano de 77 años, Adelaziz Buteflika, volvió a ganar las elecciones e iniciará su cuarto mandato consecutivo. Aunque hace un año todo indicaba que la salud del actual presidente le iba a impedir renovar su estadía en el poder, Buteflika nuevamente vence y alarga la tan ansiada transición en Argelia. Los dirigentes del Frente de Liberación Nacional, partido dominante en este país, no quisieron arriesgar con una nueva figura y apostaron por una transformación segura.
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Lo más importante en las elecciones presidenciales de Argelia no fue el 81% de votos que obtuvo Buteflika (3.5% menos que hace cinco años) sino el alto porcentaje de abstención, que llegó a 51% o quizás más si se incluyen aquellos ciudadanos que no poseen carné electoral. Tal número era previsto principalmente por el desgano de la gente joven que hoy representa casi la mitad del país ya que el 45% de los argelinos tiene menos de 25 años. Cansados de la burocracia, la clase política y la carencia de libertades públicas, cierto sector de la población exige otra concepción de país. Sin embargo el movimiento crítico Barakat (Bastante en español), que se expandió en las calles en los últimos tiempos, no logró mucha convocatoria en la jornada electoral.

Las elecciones del jueves pasado se desarrollaron con total tranquilidad y mucha presencia de las fuerzas de seguridad. Buteflika concurrió a votar con normalidad a pesar de que hace más de dos años no se lo veía en público, después de aquel derrame cerebral que lo mantuvo internado 80 días en París. La campaña electoral de esta figura histórica la realizaron seis de sus principales colaboradores, aprovechando los medios oficiales. Esa fue una de las quejas del líder de la oposición, Ali Benflis, quien obtuvo un 12% y denunció fraude. Este abogado independiente fue ex jefe de gobierno de Buteflika durante su primer mandato. Benflis propuso en estos días una conferencia nacional para debatir el avance a la democracia. También cabe destacar que el resto de los candidatos no lograron más de un 3% en los comicios.

Argelia clave para Europa

Este enorme país del norte de África mantiene cierta estabilidad pese a la Primavera Árabe que en 2011 sacudió la región. Buteflika lidera Argelia desde 1999 cuando inició el proceso de reconciliación nacional que dio fin a una larga guerra civil, entre el ejército y los militantes islamistas, que dejó como saldo alrededor de 200.000 muertos. Aquel conflicto se desató debido a que los partidarios del Frente Islámico intentaron tomar por la fuerza lo que los militares le habían arrebatado en las urnas en 1992. Tras ese período de guerra, la figura de Buteflika representa pacificación y estabilidad en el segundo país con mayor producción de hidrocarburos en África. Es un político respetado también por su participación en el Movimiento de Liberación que luchó contra el dominio colonial francés.

La certidumbre en Argelia es tranquilidad para sus socios comerciales, principalmente europeos, ante los problemas que surgen en Rusia y Ucrania por el actual diferendo de Crimea. Los movimientos bruscos en un gigante como este país de 38 millones de habitantes, supondrían un peligro para los intereses occidentales. Es por ello que no se oyen muchas voces de disconformidad con respecto al oficialismo argelino, igual de anti democrático que muchos otros. Europa y Estados Unidos prefieren aceptar esta aparente democracia antes que dejar el gobierno al libre albedrio y que las urnas le den la victoria a islamistas de políticas indescifrables.

Buteflika, que se inició en la política hace 52 años como Ministro de Juventud y Deporte, hoy vuelve a ganar las elecciones, siendo la clave de una posible lenta transición a la democracia. Con una economía en crecimiento pero con grandes problemas estructurales, Argelia se mantiene estancado en lo que refiere a reformas democráticas. Dado el estado de salud del presidente, no se puede precisar cuánto tiempo más estará en el poder. Por lo tanto, las promesas sobre una revisión de la Constitución y una apertura deberán realizarse cuanto antes; debido a que el poder autoritario ya no se mantiene tan fácil ante esta juventud cada vez más numerosa en el norte de África.


sábado, 12 de abril de 2014

Un llamado a la moderación en Hungría

A pesar de haber logrado un porcentaje de votos menor que en las últimas elecciones, el primer ministro húngaro Víktor Orbán triunfó en los comicios, mantuvo una mayoría de 2/3 e iniciará su segundo mandato consecutivo. El estilo autoritario, las diversas reformas para su conveniencia y el creciente nacionalismo, son algunas características del líder de este pequeño país de Europa
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El pasado domingo los húngaros eligieron un nuevo Congreso de 199 representantes. El partido oficialista Fidesz (Unión Cívica Húngara) obtuvo el 44% de las preferencias, ocho puntos menos que en 2010. Sin embargo el nuevo armado de las circunscripciones electorales, que formuló Orbán para debilitar a la oposición, le permitió lograr 133 asambleístas y mantener una mayoría calificada en la Cámara. Este populista de derecha iniciará un nuevo mandato en busca de profundizar la revolución conservadora. Presentándose como garante de la independencia del país frente a la Troika europea, Orbán apunta a los valores nacionalistas, del cristianismo y la familia.

El segundo lugar en las elecciones fue para la coalición de izquierdas “Unión”, grupo de cinco partidos del que forma parte el Partido Socialista. Esta fuerza política, debilitada por escándalos de corrupción en el pasado, consiguió el 25% de los votos. Los liderados por Atilla Mesterhazy han pagado caro su sumisión a las políticas neoconservadoras en los primeros años del nuevo siglo. El tercer lugar en las elecciones fue para la agrupación antisistema y neofascista, Jobbick. El grupo nacionalista encabezado por Gabor Vona tuvo un espectacular aumento, cuatro puntos más que en los comicios pasados. El partido ultraderechista Jobbick tiene como principal premisa el renacer de la nación. Los Verdes finalizaron en cuarto lugar con 5.1% mientras que el resto acumulado alcanzaron un 3% de las preferencias.

Fidesz mantiene su fuerza en el Congreso

Viktor Orbán fue primer ministro de Hungría desde 1998 a 2002. Si bien en aquel entonces ya mostraba sus tintes nacionalistas, llevó adelante un gobierno liberal y moderado. En su juventud se caracterizó por su lucha contra el comunismo, exigiendo elecciones libres así como la retirada de las tropas soviéticas. Orbán retornó al poder en 2010 prometiendo sacar al país de la crisis económica. Una de sus principales medidas fue la reducción de un 20% de las facturas de agua y electricidad. Con los años estabilizó la economía, actualmente estancada. Sin embargo la principal reforma de este “hombre de pueblo”, como le denominan sus seguidores, fue la nueva Constitución que ya sufrió cinco enmiendas.  La aprobación de 850 leyes marcan claramente la tendencia de Orbán.

Los principales cambios que implementó el primer ministro, aprovechando su mayoría de 2/3, apuntaron a la justicia, los medios y el sistema electoral. Orbán recortó los poderes del Tribunal Constitucional, quitando jueces que no eran de su agrado y poniendo gente de confianza del Fidesz. La ley de prensa, apodada ley mordaza por la oposición, limita las libertades y obliga a una cobertura equilibrada de los hechos. Por último, la nueva legislación electoral permitió el voto a húngaros nacionalizados que viven en países vecinos y modificó la estructura de las circunscripciones. Además de las mencionadas, se realizaron cambios que comprometen la independencia del Banco Nacional, penalizan a las personas que viven en la calle y establece como base el matrimonio heterosexual.

La Unión Europea está alerta por esta deriva autoritaria de Hungría. Aunque tiene poco poder para intervenir en cuestiones que no sean económicas, una institución que tanto luchó por la democracia en el continente debería prender las alarmas ante el crecimiento de este tipo de gobierno. El resurgir del antisemitismo, las marchas anti gitanas y la erosión de independencia de la justicia preocupan a Bruselas. Mientras tanto Orbán se aprovecha de la poca separación del poder político y el del Estado. Igualmente si bien mantuvo las mayorías, por el nuevo sistema electoral, la caída de ocho puntos puede ser leída como un llamado a la moderación por parte de sus compatriotas.   



martes, 15 de octubre de 2013

Aliyev continúa en el poder en Azerbaiyán

Los resultados de los comicios en este país del Cáucaso no son novedad. La dinastía Aliyev dirige al país desde hace casi cincuenta años y así lo hará en los próximos cinco tras la elección del actual presidente para un tercer mandato. La clave en estas elecciones no era saber el ganador sino conocer los reportes de los observadores internacionales para saber si estamos frente a otro caso de fraude.
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El partido oficialista Nuevo Azerbaiyán obtuvo el 85% de los votos. Este resultado le permite al mandatario Ilham Aliyev continuar en el poder, el cual ejerce desde 2003 cuando sucedió a su padre Heidar, ex agente de la KGB que dirigía al país desde 1969. Cinco años después de asumir, el actual presidente fue reelecto y en 2009 modificó la Constitución para poder presentarse a un nuevo mandato. Este es uno de los tantos aspectos de los cuales se queja la oposición reunida en el Consejo Nacional de Fuerzas Democráticas. Su líder, Jamil Hasanli, obtuvo 4,6% y denunció irregularidades durante los comicios. Mientras que el resto de los candidatos no superaron el 2%.

Las acusaciones de las ONG apuntan a las prohibiciones de realizar manifestaciones y la inexistente prensa independiente. Además, Human Rights Watch culpó al oficialismo de ejercer presiones a los funcionarios públicos durante la campaña mientras que Amnistía internacional pidió que Azerbaiyán deje de reprimir a su población. En lo que refiere a organismos internacionales, la Unión Europea había denunciado intimidación durante la campaña a los políticos opositores. Sin embargo algunos observadores alemanes declararon que las elecciones fueron plenamente democráticas y respondían a los estándares vigentes en su país.

El autoritarismo de una familia en el poder

Azerbaiyán, país laico pero de mayoría musulmana, es una república que fue ignorada durante años pero que en la última década recuperó cierto protagonismo debido a los contactos entre las multinacionales y el gobierno del presidente Aliyev. Esta nación del Cáucaso, que integró el Imperio Ruso a principios del siglo XIX y formó parte de la Unión Soviética desde 1918, se convirtió en un centro logístico con proyección en la región gracias a los oleoductos y gasoductos que permitieron el crecimiento de la burguesía petrolera. Esta nación de 9 millones de habitantes que une Asia y Europa tiene en su capital Bakú el mayor puerto de la región. Desde su independencia en 1991 el país intenta dejar de ser una economía planificada al estilo soviético para convertirse en una de mercado.

Aliyev es una figura que a Europa le garantiza la viabilidad de los proyectos de suministro de gas sin la necesidad de acudir a Rusia. El mandatario, promoviendo una política de buena vecindad, encontró el equilibrio necesario entre Europa, Rusia e Irán. El gas y el petróleo suponen el 50% de un PBI que se ha triplicado en los últimos tiempos. La ansiada diversificación, ineludible si Azerbaiyán quiere evitar convertirse en una nación petrolera, necesita de la Unión Europea. Los avances en estos últimos años provienen de las reformas de regulación de los negocios y la inversión que llega desde Estados Unidos, Reino Unido y Turquía.


Si bien a favor del presidente están los números macroeconómicos y el crecimiento del nivel de vida, las principales críticas a la cúpula dirigencial corresponden al reparto de las ganancias petroleras entre la clase dirigente. Esto genera graves contrastes sociales entre sectores sumergidos y las multimillonarias familias del régimen. Azerbaiyán comenzó la liberalización a través de la economía, el camino rápido y eficiente. Se presenta como un mercado de oportunidades que en su momento mostró cifras impresionantes como un crecimiento de 35% en 2006. Sin embargo la falta de libertades políticas y la existencia de un autoritarismo corrupto generan el cuestionamiento del despegue de esta pequeña nación caucásica.   

viernes, 19 de julio de 2013

Un gigante en movimiento, peligro en el norte de África

En Argelia se acerca un cambio de autoridades. Toda modificación supone oportunidades y más en un país con gran fortaleza e influencia en el norte de África. Los islamistas se relamen ante la posibilidad de que el presidente Bouteflika deje el poder en el corto plazo. Por un lado, los políticos buscarán recuperar la fuerza que su alianza mayoritaria, Argelia Verde, perdió en las legislativas de 2012. Por otro, los yihadistas, especialistas en tomar lugar en Estados débiles, esperarán el caos político para sacar provecho.
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En las últimas horas, el presidente de Argelia, Abdelaziz Bouteflika, retornó a su país desde Francia, en donde estuvo seis meses internado. El mandatario de 76 años sufrió un accidente cerebral a fines de abril y fue trasladado a un hospital en Paris. Tras concluir un período de descanso y rehabilitación y siendo un secreto su verdadero estado de salud, el presidente volvió a casa, aunque todavía no está claro cuando retornará a las actividades. Su última aparición en público fue a mediados del mes pasado, cuando se lo vio muy debilitado junto al primer ministro y el jefe de las Fuerzas Armadas.

Luego de una década en la que se redujo la violencia interna y se mejoró la situación económica, Argelia vuelve a enfrentar desafíos y reivindicaciones de su población. El estado de recesión de sus clientes y los problemas estructurales que le impiden poder realizar reformas para fomentar la inversión, complican la economía de este gigante. Además, el gobernante Frente de Liberación Nacional, el cual revalidó el poder en los comicios legislativos de 2012, es acusado de querer imponer silencio para sortear posibles protestas sociales.

Bouteflika llegó al poder en 1999 tras la dimisión del general Liamine Zerval. Con el apoyo del ejército y tras la retirada de los seis candidatos, que lo acusaban fraude electoral, comenzó su primera administración. El mandatario, que inició su carrera política como ministro de Exteriores en 1963, pertenece a una generación de dirigentes que están al frente del país desde la independencia. Bouteflika fue reelecto en 2004 y luego en 2009, tras eliminar de la Constitución el límite de dos mandatos.

El veterano presidente se preparaba para luchar por un nuevo mandato en los comicios previstos para abril de 2014, sin embargo los problemas de salud se lo impiden. La oposición, expectante, pidió medidas extremas tras los rumores alarmistas sobre el mandatario. El islamista Movimiento para la Sociedad y la Paz solicitó elecciones anticipadas, previstas en el artículo 88 de la Carta Magna.

El yihadismo y la amenaza constante

Argelia, el país más poblado y con más peso económico del norte de África, sufrió en enero el secuestro de extranjeros en las instalaciones de la planta de gas de In Amenas, que dejó un saldo de 40 personas muertas, de las cuales la mayoría eran rehenes extranjeros. El grupo Firmantes del Batallón de Sangre, liderado por Mojtar Belmojtar, se adjudicó la violenta toma de rehenes como respuesta a las operaciones de occidente en Mali. Belmojtar, combatiente marginado de Al Qaeda,  es apodado “Mister Malboro” por sus implicaciones en el tráfico transfronterizo.

Belmojtar fue el fundador del Grupo Islámico Armado, agrupación que combatió al ejército argelino tras la anulación de las elecciones que los islamistas ganaron en los noventa. Vinculado a los ataques en el metro de Paris en los noventa, su objetivo actual es desestabilizar el país. La toma de rehenes en las plantas de gas hace perder atracción al territorio por el riesgo terrorista. En este sentido, la British Petroleum comunicó la postergación de sus proyectos por razones de seguridad.

Los islamistas sufrieron en 1992 un golpe de Estado por parte de los militares para impedir que el Frente Islámico de Salvación llegue al poder. Hasta ese año, el Frente de Liberación Nacional  había dominado la escena política al estilo del sistema soviético de partido único. La lucha contra Francia (1954-1962) en la época de la descolonización fortaleció al movimiento nacionalistas que junto a la cúpula militar gobernó durante décadas.

Tras el golpe de Estado de 1992 se desató una guerra civil hasta 1998 en la cual murieron aproximadamente 150.000 habitantes. Los islamistas intentaron conquistar con las armas lo que le fue arrebatado en las urnas. Durante el conflicto, el ejército realizó una lucha antiterrorista, lo cual fue bendecido por occidente a través de la colaboración de Washington. Luego de un gobierno de transición, Bouteflika asumió como presidente e inició una política de reconciliación nacional, concediendo amnistías e intentando la pacificación del país. Actualmente nos acercamos al fin de la era Bouteflika, una figura civil que el ejército colocó en el gobierno en un momento difícil para el país. Sin mayores sobresaltos, el mandatario logró gobernar Argelia e incluso sortear la Primavera Árabe en 2011. Sin embargo, ante la imposibilidad de continuar gobernando, el servicio secreto militar, columna vertebral del sistema y clave en la designación de altos cargos, deberá apuntar a una nueva figura.

El nuevo presidente deberá ser compatible con los políticos islamistas moderados, los nacionalistas y el Frente de Liberación Nacional. El sueño de lograr un partido fuerte de vocación religiosa, con el ejemplo turco, podría brindarle oportunidad a los islamistas moderados para llegar al poder. La exclusión de éstos en la política podría fomentar la radicalización, algo que están esperando con ansias los yihadistas.

Argelia se enfrenta a nuevos cambios en un ambiente de terrorismo difuso y cambiante. Las redes yihadistas en África (MUYO en Malí, Al Shabab en Somalia y Boko Haram en Nigeria como ejemplos) buscan extenderse en el continente y para ello esperan la oportunidad en países que no ofrezcan estabilidad. Argelia, por su importancia territorial y estratégica, no debería convertirse en uno.

miércoles, 29 de mayo de 2013

El primero de seis

El domingo se produjo un acuerdo histórico en Colombia
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El gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) acordaron sobre el problema agrario. La cuestión rural es el primero de los puntos de la agenda de negociación para la paz entre las partes. El cumplimiento del compromiso está condicionado al consenso en el resto de los temas. El presidente Juan Manuel Santos afirmó que hasta que no se acuerde la agenda completa no habrá un cese al fuego. La falta de acuerdos había llevado al escepticismo con respecto a la negociación.
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Tras seis meses de negociaciones ambas partes emitieron un comunicado titulado “Hacia un nuevo campo colombiano: reforma rural integral”. La notificación, leída en el centro de convenciones de La Habana, explica los acuerdos sobre programas de desarrollo con enfoque territorial, infraestructura y adecuación de tierras. Las partes coincidieron en temas de desarrollo social (salud, vivienda, educación, pobreza), estímulo a la producción agropecuaria y una economía solidaria y cooperativa. También se incluyeron en el acuerdo aspectos sobre asistencia técnica, subsidios, créditos, generación de ingresos, formación laboral, políticas alimentarias y nutricionales. Para darle un marco a las decisiones se creará un fondo de tierras para la paz. De esta manera se supera el primer punto de la agenda pactada, el desarrollo integral agrario. Desde un principio se consideraba el tema más difícil ya que las FARC reclamaban zonas reservadas para campesinos indígenas y comunidades afro, siendo éste punto una de las principales reivindicaciones como guerrilla.

Los compromisos entre gobierno y revolucionarios suponen transformaciones radicales de la realidad rural con equidad y democracia, lo cual implica avances concretos. El acuerdo generó reacciones encontradas en la clase política y opinión pública, debido a que es un tema clave para la sociedad colombiana. Cabe destacar que el documento que se elaborará, una vez acordados todos los puntos, será sometido a la ratificación popular. El jefe de la delegación del gobierno, Humberto de la Calle, aseguró que los colombianos serán quienes tendrán la palabra final. El segundo tema a tratar es la participación política de las FARC, una vez desmovilizada. El mismo será un aspecto complicado, debido a que las encuestas muestran que un 67% no ve con buenos ojos que la guerrilla se incorporé a la vida parlamentaria. En estos días las negociaciones de paz recibieron el espaldarazo del vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, quién aseguró que brinda y respalda las acciones del gobierno, al igual que lo hizo en el campo de batalla.

La reelección va de la mano

Las conversaciones de paz entre el gobierno liderado por Santos y las FARC comenzaron en noviembre de 2012. El objetivo fundamental es ponerle fin a 50 años de conflicto que causaron millones de desplazados y decenas de miles de muertos. El núcleo del enfrenamiento, que fue variando con el correr de las décadas, es el acceso y uso de la tierra. El último gran intento de alcanzar la paz finalizó abruptamente en 2001 tras el asesinato de una ex ministra, en aquel momento el presidente Andrés Pastrana se replanteó la estrategia utilizada. En el siglo XXI, bajo el mandato de Álvaro Uribe, el gobierno implementó una política de seguridad denominada Plan Colombia, con una lucha férrea contra la guerrilla y el narcotráfico, pero ahora la estrategia cambió. En abril se completó el séptimo ciclo de negociaciones entre representantes de las partes y se produjo una marcha multitudinaria de la población, que fue recibido como un mandato para acelerar los acuerdos. Los diálogos se frenaron durante varias semanas pero el compromiso alcanzado el domingo le da vitalidad al proceso.  


El cambio de generación de mandos, tanto en la guerrilla como en las Fuerzas Armadas, favorece y crea un clima de acuerdos. La estrategia de choque uribista fue clave para aflojar y enfrentar a las FARC. El nuevo presidente Santos aprovechando la situación y tendió la mano, a pesar que algunos acusan al gobierno de impunidad. Ciertos sectores de la población y la política se encuentran molestos porque los guerrilleros no pagarían por sus crímenes. Por ello, tanto la derecha como otros precandidatos presidenciales, bombardean las conversaciones. Si bien es entendible el reclamo de la impunidad, si se considera que fue una guerra, los excesos se cometieron de ambos lados tanto de la guerrilla como del ejército. El éxito de las negociaciones garantizaría un gran performance de Santos en los comicios de junio de 2014. El presidente declaró hace días que esperaba que su política para la paz sea reelecta. Está claro que el triunfo en las negociaciones ira de la mano con la victoria electoral. 

jueves, 10 de septiembre de 2009

El presidencialismo latinoamericano


Sobre finales de este año y durante todo el 2010 muchos de los países sudamericanos estarán renovando sus principales gobernantes. En lo que resta del 2009, los partidos oficialistas de Uruguay, Bolivia y Chile deberán enfrentarse ante las urnas. El único de ellos en el que el presidente buscará una reelección, fruto de una reforma constitucional, es Evo Morales, líder del partido “MAS” (Movimiento al Socialismo). En Uruguay, la fórmula Mujica-Astori intentará lograr un segundo gobierno del Frente Amplio, mientras que la Concertación chilena, liderada por Eduardo Frei, deberá dar vuelta las encuestas que dan como probable su derrota frente al derechista Sebastián Piñera. Para el próximo año, dos grandes países del subcontinente tendrán elecciones presidenciales: Brasil y Colombia. Ambos países poseen características en común en relación a las futuras elecciones. Los dos mandatarios tienen altos niveles de popularidad, que se podrían catalogar de históricos, además coinciden en que ambos finalizan su segundo mandato consecutivo. La única diferencia, hasta el momento, radica en que el presidente colombiano Uribe se podrá volver a presentar y obtener un tercer mandato; Lula no.

Luiz Inácio Lula da Silva ganó las elecciones brasileras de octubre de 2002 con un 61% de los sufragios. Llegó al gobierno siendo reconocido como un dirigente sindical y un obrero de la metalúrgica sin diplomas universitarios. Pese a los malos augurios previos a su asunción y el temor que tuvieron los empresarios, principalmente en Sao Pablo, Lula llevó adelante un gran gobierno. Sin lugar a dudas, sus planes sociales y el hecho de sacar a millones de brasileros de la pobreza (a través del plan Bolsa Familia) será un icono por el cual será recordado. Finalizó su primer mandato luego de haber aplicado una estrategia económica creíble y una política exterior que depositó a Brasil entre los grandes del mundo. En 2006, una cifra superior a 55 millones de personas lo votó en  segunda vuelta y le permitió ser, nuevamente, el presidente de los brasileros. Con un cambio de votantes, adquiriendo sufragios de los estratos más bajos y perdiendo confianza en las clases altas, Lula logró conservar el poder pero sólo podrá ostentarlo hasta fines de 2010. El famoso partido del mandatario (Partido dos Trabalhadores) no las tiene fácil para ganar las próximas elecciones. La candidata de Lula, Dilma Rousseff, no posee hasta el momento, gran popularidad. Las encuestas de opinión pública sitúan a José Serra a la cabeza y no sería de extrañar que el PSDB, partido del ex presidente Fernando Enrique Cardoso, obtuviera una victoria. Sería increíble que un gobernante con niveles históricos de popularidad como Lula no pueda dejar a su partido en el gobierno, sin embargo éstas son las reglas de la democracia.

Álvaro Uribe, ex integrante del Partido Liberal de Colombia, accedió al poder en la primera vuelta de las elecciones de 2002 con el 53% de los votos. El mismo día de su asunción, un golpe de las FARC (a escasos metros de donde se celebraba el traspaso) marcaba la pauta de lo que serían los futuros cinco años de su gobierno: una lucha firme frente a la guerrilla con más poder en América del Sur. Sin lugar a dudas los números avalan las políticas de seguridad nacional y fortalecimiento democrático que llevó a cabo el mandatario colombiano. El apego a los Estados Unidos, de la mano del famoso Plan Colombia, fue otra de las características de su gobierno, que mantuvo una política económica liberal y sin grandes espacios para las políticas sociales. A diferencia de Brasil, Uribe debió promover una reforma constitucional para poder presentarse nuevamente como candidato, siendo una votación parlamentaria muy recordada debido a que existieron cambios a último momento en el apoyo de algunos representantes. La victoria con un 62% de los votos (la votación más alta en la historia de Colombia) marca un hito en las elecciones sudamericanas; sin embargo, también debemos destacar que participó un 45% de la población habilitada. El segundo gobierno de Uribe también ha tenido como centro a las FARC y el combate al narcotráfico. Ha sido un gobierno típicamente conservador y de derecha, si consideramos el ajuste de gastos, la defensa de los valores familiares, las privatizaciones y otras políticas implementadas. Sus choques con su vecino Hugo Chávez y la decisión de “prestarle” ciertas bases militares a tropas norteamericanas muestran a las claras su orientación en política exterior. En mayo de 2010 se celebrarán las elecciones presidenciales. Allí los principales partidos (Partido Liberal, Conservador y el Polo Democrático Alternativo) disputarán el futuro gobernante. La novedad es que en los últimos días se ha promulgado una ley que permite convocar a un referéndum para preguntarle a la población si autoriza un tercer mandato consecutivo. Debido a los grandes números de popularidad que posee, es el propio presidente Uribe quién decidirá si vuelve o no a ser presidente. 

La reelección no es nueva en Latinoamérica. Los gobiernos populistas de mediados de siglo XX, como los de Vargas en Brasil, Perón en Argentina y Cárdenas en México, son algunos ejemplos de mandatarios que se han perpetuado en el poder. Muchos académicos han señalado un cierto paralelismo entre aquellos gobiernos con los actuales de izquierda radical que sin lugar a dudas, rozan el autoritarismo. Más cercano en el tiempo tenemos el ejemplo de Menem y el tan cuestionado Alberto Fujimori en Perú. Por lo tanto,  el tema de la reelección y el fuerte personalismo de los mandatarios es una cuestión de debate permanente y que debe ser analizado de forma profunda. Hay ciertos hechos que debemos remarcar y que atañen a los últimos años de la política latinoamericana. Se puede apreciar que ciertos mandatarios han obtenido un gran apoyo a sus políticas pero no han encontrado que ese apego se traslade hacia su “delfín”. Por lo tanto, antes de dejar el gobierno en manos de sus contrincantes han preferido modificar las reglas y aspirar a la reelección. Esto muestra a las claras el afianzamiento del presidencialismo, patrimonio característico, desde hace más de un siglo, de América Latina. A su vez, también deja entrever el poco peso que los partidos políticos están teniendo y lo poco que se asocia los logros de un gobierno con la fuerza partidaria.


Uribe tendrá, en pocos días, que tomar una decisión que traerá grandes repercusiones y que podrá cambiar la historia de nuestro subcontinente. En el caso de no aceptar una nueva candidatura, teniendo la plena certeza de que si se presenta obtendrá una victoria (en la última encuesta obtiene un 55% de los votos), será un gran ejemplo para los Chávez, Morales, Correa y otros. En cambio, si aspira a un tercer mandato ingresaría en una lista grande de mandatarios que han ido modificando las reglas de juego para poder seguir en el sillón presidencial, lo que verdaderamente sería una lástima para los que creemos en la alternancia del poder como uno de los aspectos claves de la democracia.