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sábado, 8 de agosto de 2015

A la guerra pero juntos

Nueva Zelanda es rugby. Rugby son los All Blacks. Y los All Blacks son el Haka. Pero detrás de esa pasión y esos alaridos hay algo mucho más fuerte: la muestra viva de una fusión cultural extraordinaria

Los bares repletos y la multitud alborotada frente a las pantallas gigantes, siempre con una cerveza en la mano, son una señal de que los guerreros de camiseta negra están en la cancha. El transporte público gratuito para llegar al escenario donde juegan los All Blacks asegura que los turistas lo tengan como una actividad obligatoria. Las ciudades anfitrionas se revolucionan y los espectadores revientan los estadios.
El momento más emocionante de la noche se vive antes de comenzar el partido, cuando se ejecuta la obra que todos los espectadores quieren presenciar. El público forma parte de una especie de ritual cuando los guerreros neozelandeses se acercan a la mitad de la cancha. Un silencio aturde en el coloso y el capitán dirige a sus soldados, que se encorvan y golpean los muslos y el pecho, al ritmo de esta danza de guerra tribal que cantan a gritos. Los flashes de las cámaras se multiplican en las tribunas mientras los jugadores entran en trance al entonar el “¡Ka mate! ¡Ka mate! ¡Ka Ora! ¡Ka Ora!”.
La danza maorí Haka es reconocida a lo largo y ancho del mundo por ser un ícono de los All Blacks, equipo nacional de rugby de Nueva Zelanda. Creada en 1810 por el jefe de la tribu Ngati Toa, el Ka Mate es una demostración de orgullo, fuerza y unidad. Utilizada por los guerreros maoríes cuando se enfrentaban al enemigo, con el fin de intimidarlos, hoy recorre el planeta a través de la selección número uno del International Rugby Board. Este deporte es como una religión en Nueva Zelanda, por todo lo que implica esta selección y también por ser la principal herramienta de marketing del país.
Una pista de la identidad nacional

El conquistador elimina a los nativos, cambia los nombres de sus ciudades, redistribuye sus tierras, establece una nueva imagen nacional, pone fecha de “descubrimiento” y borra el pasado. Esa es la regla de las conquistas del mundo. Y Nueva Zelanda es la excepción que la confirma.
El himno de Nueva Zelanda se canta en dos idiomas. El Haka atraviesa los estratos sociales y los colores de piel. La sociedad es una sola cuando la ovalada se pone a picar. Pero no se trata de un paréntesis en la realidad del país, sino otra prueba de su gran inclusión social.
Google Maps parece hackeado. Hacer zoom en Nueva Zelanda resulta confuso. El país de bandera azul con estrellas rojas, como la de Gran Bretaña y de Australia, tiene ciudades con nombres que no pueden ser en inglés. Whangarei, Tauranga y Whakatane no deberían convivir con Christchurch, Wellington o Queenstown, pero parece que sí. El mapa del país más aislado del mundo transmite su historia y su cultura ni bien se bosqueja un viaje por sus tierras; es la prueba visible de una armonía social casi perfecta.
Esta doble influencia también se aprecia al aterrizar: las azafatas de la aerolínea entregan los formularios migratorios y, además de en inglés, están escritos en idioma maorí. A continuación, por todos lados se escucha Haere Mai, que significa bienvenido en la (otra) lengua oficial de Nueva Zelanda.
Sus islas son resultado de la fusión de una cultura predominantemente británica y el legado de las tradiciones indígenas ancestrales de la región. Olvidados durante un siglo, los maoríes recuperaron ciertos derechos en las últimas cinco décadas y en la actualidad se encuentran incorporados a la sociedad de forma plena.
Un hombre alto, robusto de piel color café con leche, pelo oscuro y labios carnosos, atiende la biblioteca pública del centro de Auckland, la ciudad más grande del país. Si el hecho de tener tatuajes fuera un obstáculo para acceder a un puesto laboral en Nueva Zelanda, el número de desocupados sería récord mundial. Pero en el país no importa la cantidad ni la ubicación; el bibliotecario tiene muchos y sobresalen los del mentón y las mejillas.
Aotearoa, que significa “tierra de las grandes nubes blancas” en maorí y es la denominación indígena de Nueva Zelanda, tiene pobladores nativos de 56 tribus distintas entre sus 4,5 millones de habitantes. Si bien el censo de 2013 determinó que los maoríes representan el 15% del total de neozelandeses, la influencia de estos aborígenes es mucho mayor. La minoría más grande del lugar tuvo un papel protagónico en la historia, juega un rol clave en el presente y constituye un pilar de la identidad del país.
Un hueso duro de roer

Maorí quiere decir “originario del lugar” y su significado no es en vano; la fuerza con la que estos indígenas defendieron su tierra contra los pakeha (aquel que viene de fuera del lugar) es llamativa. Tanta tradición y fuerza física llevaron a que los maoríes intentaran resistir la llegada de la Marina Real Británica con toda su potencia. Y el lado invasor lo sintió. Además de pelear y afectar al adversario con bajas considerables, intentaban negociar acuerdos para finalizar la batalla. La colonización europea no fue sencilla y esa es la principal razón por la que hoy conviven ambas civilizaciones, a diferencia de las demás tribus indígenas de la región, como las del territorio australiano, que son minorías completamente marginales y sus condiciones están lejos de cambiar.
La llave de la actual convivencia entre el pueblo indígena maorí y la población de origen europea fue el Tratado de Waitangi, firmado en 1840, en el que representantes de la reina Victoria y 500 jefes nativos acordaron la paz. El documento fundacional establecía que los británicos tendrían cierta autoridad sobre el territorio y si bien se hablaba de convivencia, los intereses europeos y los del pueblo local provocaron choques constantes. Se estima que entre la represión y las guerras de las primeras cinco décadas, los maoríes perdieron a la mitad de sus integrantes.
Las condiciones en las que se alcanzó el tratado fueron muy polémicas. Durante décadas, a raíz de que los indígenas firmaron algo que no sabían leer y que no significaba lo que les tradujeron, el pueblo maorí se ubicó en una posición poco privilegiada: perdió sus tierras y se empobreció de forma notoria. Sin embargo, a mediados del siglo XX la situación empezó a cambiar.
La creación del Ministerio de Asuntos Maoríes en 1947 tuvo como objetivo la corrección de las injusticias históricas que sufrieron los maoríes y buscó integrar esta población al sistema de salud y de educación, para poder acortar la brecha socioeconómica. En los años de 1960, además, el cambio en materia de integración y reconocimiento de la cultura maorí pasó de las declaraciones a los hechos y hubo modificaciones sustantivas en el desarrollo político, económico y social de esta minoría neozelandesa.
El tribunal de Waitangi, creado en 1975, escuchó las protestas de las tribus maoríes con respecto a sus tierras ancestrales, lo que dio comienzo a un proceso revitalizador de la cultura e idioma maoríes que tuvo como punto de inflexión la Ley de la Lengua Maorí (1987), que la establece como idioma oficial junto al inglés. En la actualidad, existen planes de inserción y apoyo a iniciativas productivas, principalmente en el turismo y la actividad forestal. El gobierno entendió que lo bueno para los maoríes era bueno para Nueva Zelanda.
Tradiciones vivas

Una ciudad de la isla norte de Nueva Zelanda llamada Rotorua es la sede principal de la cultura maorí en estado vivo. Este poblado de 60 mil habitantes (mayoritariamente maoríes) emana una vibra especial y contagia una mística ancestral. No es extraño caminar por sus calles y ver erupciones de agua y vapor como si salieran de la boca de un volcán. Un aroma particular a azufre (bastante feo) inunda la zona y abundan las piscinas de lodo, baños de aguas termales y los centros de reunión típicos de la tribu: todos decorados con muñecos de ojos bien abiertos y lengua afuera (gesto de guerra utilizado para intimidar al enemigo).
Rotorua es considerada el centro de la cultura turística maorí y un tour por el pueblo indígena muestra la diversidad de sus tradiciones. Al llegar, los guías saludan a los extranjeros con el hongi, el equivalente a estrechar las manos en el mundo occidental pero con una mayor cercanía corporal. Las personas se ponen cara a cara, nariz con nariz, para mostrar afecto, amor y proximidad; la tradición dice que así, respirando juntos, se consigue el ha (aliento de vida), y se establece un nexo de unión. El tradicional saludo maorí es una costumbre conocida en el mundo y las fotografías del rey de España junto a un indígena kiwi (otra forma de denominar a los nativos de Nueva Zelanda, porque así se llama su ave nacional) estuvieron presentes en las portadas de los principales diarios europeos.
El paseo continúa y es hora de ver el hangi, comida cocinada en un horno de tierra. Se trata de un método antiguo de cocción maorí, que implica cocinar alimentos en pozos calientes, resultado de los vapores que ascienden desde el suelo. Así se suelen preparar los platos de cerdo, pollo y papas que los maoríes comen con tanta frecuencia. La principal virtud de este método es que la comida nunca se pasa de cocción: si un alimento necesita tres horas y lo dejan dos días, al sacarlo sigue en el punto exacto para servir.
El recorrido también incluye la visita a los marae, una especie de templo y sala de reunión para los maoríes. En estos predios, pertenecientes a una determinada tribu, se establece una comunidad que, si bien no vive permanentemente allí, suele quedarse a dormir en ocasiones especiales. La sala más sagrada es el wharenui, la cual arquitectónicamente representa un cuerpo humano y está llena de tallados que referencian al pasado de la tribu. El arte maorí además es un tesoro que evidencia sus habilidades técnicas.
Durante el día, también hay muestras de baile y momentos para comprar suvenires pero resulta inevitable que surja el tema de los tatuajes, muestra pictórica móvil de la herencia y cultura de estos aborígenes. En el pasado significaban la historia de cada persona pero en la actualidad están extendidos y los diseños maoríes, en su mayoría de forma espiral, también se utilizan por motivos estéticos. El moko era el tatuaje facial con el cual el maorí se distinguía y referenciaba a su clan; los hombres maoríes se realizaban tatuajes en la cara, los muslos y las nalgas, mientras que las mujeres los llevaban en los labios y debajo de la boca hasta el mentón.
Nueva Zelanda se cuestiona el pasado y busca consolidar una identidad propia, que se palpa en cada rincón del país. El legado maorí y sus costumbres son parte de esta nación y cada día son más reconocidos.

En la actualidad los maoríes mantienen sus reuniones a nivel de tribu para discutir sus principales preocupaciones. Además tienen presencia en el Parlamento de Nueva Zelanda. La voz política fue clave para regenerar su riqueza económica y bienestar social. Hoy en día, el Partido Maorí forma parte de la coalición de gobierno encabezada por el Partido Nacional, lo cual permite que las comunidades influyan en las políticas del país.
Un pabellón en cuestión

La cultura neozelandesa sobrepasa el legado británico. La mezcla de tradiciones tiene como resultado una identidad propia e incluso un deseo de mostrar las diferencias con el pasado colonial. Tal es así, que el primer ministro kiwi, John Key, realizará una consulta popular para cambiar la bandera del país.
El actual pabellón es azul y tiene en su esquina superior izquierda la Unión Jack (combinación de los símbolos de los santos patrones y actual bandera del Reino Unido) y a la derecha la Cruz del Sur (estrellas rojas con bordes blancos). Si bien la bandera de Australia (el hermano mayor) difiere por la cantidad y tipo de estrellas, la confusión es frecuente y representa una de las principales críticas que llevaron a esta votación.
El primer referéndum tendrá lugar a fines de 2015 y decidirá entre tres o cuatro diseños de bandera, que serán elegidos por un panel de expertos integrado por legisladores de todos los partidos. El primer ministro ya se manifestó a favor de la enseña negra con una hoja de helecho de color plata, presente en varios símbolos nacionales pero mundialmente conocida por ser el emblema de los All Blacks.
La extraña promesa electoral de Key, quien argumenta que Nueva Zelanda ya no está dominada por el Reino Unido, se completaría con una segunda consulta en abril de 2016, cuando se decida a nivel popular por la propuesta nueva o la actual. Más allá de lo que pueda ocurrir (las encuestas se muestran muy volátiles), el hecho es significativo por sí mismo.

Nueva Zelanda se cuestiona el pasado y busca consolidar una identidad propia, que se palpa en cada rincón del país. El legado maorí y sus costumbres son parte de esta nación y cada día son más reconocidos. Ambas tradiciones, la británica y la aborigen, conservan sus raíces pero se han mezclado de tal manera que hoy conforman una nueva raza. Las tribus indígenas han visto su papel limitado a ser quienes habitan las tierras por primera vez y las explotan hasta que llega una fuerza superior que los extermina o diezma al punto de dejarlos imposibilitados de luchar. Los relegan a su condición de minoría que se queja. Las reacciones ante estas protestas varían en cada caso pero casi siempre se limitan a subsidios económicos con los que el gobierno “lava” sus culpas colonizadoras. No son muchos los casos en los que las tribus indígenas tienen una importancia cultural relevante. Pero los hay y les hacen bien a los países que pasan ese límite. Nueva Zelanda es una prueba de ello.

jueves, 1 de septiembre de 2011

China como principal objetivo


Semanas atrás asegurábamos que a través de las reformas realizadas en los años noventa y la firma de Tratados de Libre Comercio (TLC) con diversos países, Nueva Zelanda redujo las distancias con sus principales socios comerciales. Las conclusiones del estudio de su inserción internacional nos motivan a ir mas allá, analizando un caso en concreto: la relación económica y el TLC con China.

En el contexto de la recesión mundial de fines de la década anterior, la apuesta neozelandesa fue hacia el continente asiático. Los tratados comerciales con China y con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) han sido fundamentales para su estrategia de inserción internacional. Estudiar la relación entre Nueva Zelanda y China nos permitirá entender la importancia de este último para la ex colonia británica.

El 7 de abril del 2008 se firmó en Beijing el Tratado de Libre Comercio por parte de los mandatarios Wen Jiabao y Helen Clark. Luego de 15 rondas de negociación que comenzaron en 2004, Nueva Zelanda se convirtió en la primera economía desarrollada en firmar un TLC con la potencia más poblada del mundo. Cabe destacar que también fue el primer país en reconocer a China como una economía de mercado.

El principal objetivo de Nueva Zelanda fue brindarle a sus exportadores un mayor acceso a la segunda economía del mundo. A su vez se consideró importante como una estrategia de participación del proceso de integración asiático. Con el TLC los empresarios “kiwis” adquirieron una ventaja comparativa con respecto a sus competidores, al obtener una rebaja de tarifas que prevé la eliminación del 97% de las mismas para fines de esta década. Inclusive, como nación exportadora de alimentos, se buscó aprovechar el gran crecimiento de la clase media oriental.

Es interesante entender porque un país como China con 1.300 millones de habitantes negoció con Nueva Zelanda, país pequeño, la firmar de un TLC. Si bien no es el primer acuerdo de dicha envergadura que rúbrica (con Chile y Perú entre otros), los analistas aseguran que China toma a Nueva Zelanda como test para establecer otros acuerdos con países desarrollados. Un factor importante en la negociación fue la posibilidad que Nueva Zelanda le brindó al permitir, como anexo al TLC, el ingreso de trabajadores temporales al país. Las clases privilegiadas de China buscan que sus jóvenes aprendan el idioma inglés emigrando hacia territorios anglófonos. En ese sentido, por cuestiones de política de migración, las leyes neozelandesas ofrecen mayores posibilidades  para estudiantes asiáticos que países como Australia, Inglaterra y Estados Unidos.

Esta ha sido una de las causas de desacuerdo para la aprobación del TLC por parte de los partidos de la oposición. El partido gobernante, National Party, sufrió la crítica de los sindicatos que expresaron su preocupación por el ingreso de trabajadores temporales (que pueden ingresar por tres años sin la necesidad de practicar el idioma). Si bien se aseguró que se brindarían visas de trabajo para áreas donde Nueva Zelanda no tiene personal especializado (profesores de mandarín, chefs, etc.), la realidad muestra que el centro económico del país, Auckland, ha incorporado trabajadores asiáticos en múltiples sectores de la economía, principalmente en servicios.

La consideración que los bajos salarios chinos harían difícil competir a las firmas locales fue otra de las objeciones planteadas. Aunque ciertas industrias como las de productos alimenticios del mar o la multinacional Fonterra (la mayor exportadora de lácteos del mundo) dieron la bienvenida al TLC con China, ciertos sectores se opusieron al considerar que la importación reduciría la venta de productos primarios locales. Cabe destacar que algunas de las excepciones en la rebaja de tarifas que brindó Nueva Zelanda fueron los textiles y la vestimenta.

En lo referente a lo estrictamente comercial, Nueva Zelanda ha logrado un aumento en los volúmenes de exportación a China. Este último actualmente ocupa un rol preponderante para el comercio de la isla. A comienzos de la década, las exportaciones a la potencia asiática representaban el 2.93% y se ubicaba en el sexto lugar por detrás de Australia, Estados Unidos, Japón, Reino Unido y Corea del Sur. Cuando se lanzó la primera ronda de negociaciones en Chile en 2004, China superaba a Corea y Reino Unido y representaba 5.42% de las exportaciones totales.

En 2008, previo a la firma del TLC, los productos que Nueva Zelanda vendía a China representaban 2.000 millones de dólares neozelandeses. Los años posteriores al acuerdo mostraron de inmediato los resultados del mismo. En 2009 las exportaciones representaron el 7.81% y para el 2010 superaron a Estados Unidos y Japón, ubicándose sólo por detrás de Australia. Actualmente un 10.10% de las exportaciones van hacia el gigante de oriente con valor por 4.100 NZ$. Un tercio de esas exportaciones son lácteos y lana.

Con respecto a las importaciones, China ya significaba a comienzos de la década un vendedor considerable para Nueva Zelanda, siendo el cuarto proveedor. En 2006 los productos chinos que llegaban a la ex colonia británica ya eran superiores a japoneses y norteamericanos. Según datos de diciembre de 2010 China abarca el 16% de las importaciones totales. Los rubros más importantes son maquinaria y productos electrónicos.

Los gobernantes no dudan en reconocer que la relación entre ambos países se puede calificar como modelo. A pesar de las características del sistema político de China, Nueva Zelanda ha entendido la importancia de este gran jugador a nivel global. En un contexto de crisis económica en cierta parte del continente europeo y la incertidumbre que vive Estados Unidos, China es un escape de tamaño considerable. Nueva Zelanda hace tiempo que comprendió el nuevo contexto mundial y a través de la firma de Tratados de Libre Comercio, principalmente con la potencia asiática, aumenta sus perspectivas a futuro.

jueves, 28 de julio de 2011

La necesidad de acercarse al mundo


En términos geográficos Nueva Zelanda es uno de los países más aislados del mundo, seguramente esta sea una de las causas de una política de inserción internacional ejemplar. Ubicada a unos 2.000 kilómetros de su vecino más cercano, la ex colonia británica comprendió los cambios que trajo la globalización y realizó una apertura económica que le permitió adaptarse a los flujos comerciales.

Una caminata por Auckland,  ciudad más poblada y capital económica del país, muestra a las claras que la estrategia de inserción internacional se complementa con la visión de un país globalizado. Nueva Zelanda es uno de los países de la OCDE con mayor población nacida en el extranjero. Los inmigrantes, provenientes principalmente desde Asia, han ido aumentando con el correr de los años, convirtiendo a Auckland en una ciudad cosmopolita a pesar de tener tan sólo 1.2 millones de habitantes.

Cuando se analiza la economía neozelandesa existen dos grandes aspectos a considerar: un mercado doméstico pequeño y la distancia que lo separa de los grandes centros económicos. El aumento de los costos de transporte por la lejanía tiende a reducir el comercio por la existencia de lo que se denomina un “impuesto de distancia”. Sin embargo, en los últimos tiempos la economía se ha visto beneficiada por el aumento de los intercambios con China y otros mercados emergentes asiáticos, principalmente por la demanda de alimentos y productos lácteos.

Para un país pequeño y aislado es fundamental la promoción de políticas de libre comercio. En el caso de Nueva Zelanda esto se ve reforzado ya que las exportaciones de bienes y servicios corresponden a un 30% de su PBI. Desde 1983 asumieron gobiernos que se comprometieron con la reestructuración económica. Proyectos que se denominaron Rogernomics y Ruthanasia  posibilitaron una economía abierta, flexible y dinámica. Las reformas de los ochenta y noventa permitieron también la eliminación de las barreras comerciales, abriendo la economía al capital extranjero y al comercio internacional, con la posterior firma de diversos Tratados de Libre Comercio (TLC).

El primer acuerdo de China con un país desarrollado se firmó con Nueva Zelanda en abril del 2008 luego de una negociación de tres años. A través del mismo, el 96% de las exportaciones neozelandesas se aseguraron la entrada a un mercado de 1.500 millones de personas. El TLC con China también se complementa con un acuerdo de asociación económica con Hong Kong. Las negociaciones con el gigante asiático fueron pensadas en términos estratégicos, con motivo de participar del proceso de integración de Asia oriental. En este sentido ya se había firmado en 2005 un acuerdo estratégico traspacífico con Chile, Brunei y Singapur.

Nueva Zelanda junto a Australia firmaron en febrero de 2009 el Tratado de Libre Comercio con la ASEAN, Asociación del Sudeste Asiático de Naciones que componen diez países (Indonesia, Malasia, Filipinas, Singapur, Tailandia, Brunei, Myanmar, Camboya, Laos y Vietnam). El tratado que incluye secciones sobre inversión y propiedad intelectual entró en vigor a comienzos de 2010. Este hecho supone un gran beneficio para las empresas exportadoras que accedieron a un mercado de 600 millones de personas. El 99% de los productos neozelandeses ingresan a Indonesia, Malasia, Filipinas y Vietnam libres de impuestos.

Con la visita del primer ministro neozelandés, John Key, a India, ambas naciones se acercan a un Tratado de Libre Comercio. Se han completado, hasta el momento, cinco rondas de negociaciones que permitirían para comienzos del 2012 la firma del acuerdo. No caben dudas que Nueva Zelanda sigue apostando al continente asiático, años atrás se iniciaron reuniones con Rusia y Corea del Sur para lograr la mayor cantidad de acuerdos bilaterales posibles.

La inserción internacional es un aspecto clave para las estrategias de desarrollo; mas allá que es fundamental para una economía pequeña, es un determinante para la tasa de crecimiento a largo plazo. Con sus políticas de apertura, este país de menos de 4 millones de habitantes se ubica en el cuarto lugar a nivel mundial en el Índice de libertad económica generado por The Wall Street Journal. A través de las reformas realizadas en los años noventa y la firma de Tratados de Libre Comercio con diversos países, Nueva Zelanda ha reducido las distancias con sus principales socios comerciales.

En el contexto de la crisis mundial, los dirigentes neozelandeses han entendido la importancia de un sector del mundo que progresa a niveles significativos. Los tratados con China y con la ASEAN han sido fundamentales para su estrategia de inserción internacional. Con una combinación de negociaciones bilaterales y asociaciones estratégicas Nueva Zelanda, a pesar de su tamaño y lejanía, se acerca a los mercados asiáticos, asegurándose un futuro considerable.