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viernes, 26 de septiembre de 2014

China en una disyuntiva democrática

En las últimas semanas se produjeron en Hong Kong protestas por reformas democráticas. ¿Será el inicio de algo mayor o simplemente quedará como un movimiento aislado? En 2017 se realizarán elecciones con voto directo en la Región Administrativa Especial pero ¿en qué circunstancias? ¿Hasta dónde se animará China a avanzar hacia la democracia? Y en ese caso ¿qué pasará después?  

Las calles céntricas de Hong Kong se vieron distintas en los últimos meses. La usual marcha anual del 1° de julio, día que se conmemora la devolución de la región a China por parte de los británicos, fue el comienzo de una serie de movilizaciones que reclaman mayor democracia. El movimiento Occupy Central lanzó una campaña de desobediencia civil en contra de la reforma electoral planteada por China.

La consecuencia directa de una manifestación sin autorización policial fue la detención de 500 personas, lo cual provocó concentraciones frente a la sede del gobierno local. Los manifestantes se mostraron reforzados por la realización de un referéndum no oficial (considerado como ilegal por China) que reunió a 700.000 personas a favor del sufragio universal. Una expresión contraria al pensamiento de Beijing de que el modelo de democracia occidental no es el adecuado para China.

Con el gobierno de Xi Jinping la vigilancia pública en China continental aumentó y las condenas contra los críticos al régimen han sido más fuertes. A ello se les suman los controles a las redes sociales y las presiones o encarcelamientos a los activistas que reclaman mayor transparencia. En este contexto y debido a la promesa china de implantar un sufragio universal en los comicios de Hong Kong de 2017 es que se plantea esta situación de reclamo.

En junio el gobierno del Partido Comunista publicó un libro blanco sobre Hong Kong, recordándole a su población que el territorio tiene autonomía sobre los asuntos locales en la medida que el poder central lo permita. Beijing estaría de acuerdo con el voto directo pero limitado a candidatos que “amen a la patria y a Hong Kong”, es decir que cuenten con el beneplácito de China y simpaticen con el Partido Comunista.

Actualmente Hong Kong tiene un gobernador que es electo por una comisión de 1200 miembros (empresarios y notables) cercanos a Beijing y una cámara legislativa compuesta un 50% por candidatos electos por voto popular y 50% por representación funcional (personas adeptas a mantener el statuo quo). Esto es lo que establece la Ley Básica, una especie de Constitución de Hong Kong, pero a su vez estipula el sufragio universal como meta, compromiso que asumió China en 2007 para un plazo de diez años.

En 1997 Thatcher y Zhao firmaron la devolución de Hong Kong a China y esto como resultado la implantación de una zona especial autónoma con su propio sistema político, jurídico y de libertades económicas y de expresión (no del todo abierto). Implicó el slogan utilizado por China de “un país, dos sistemas”, que hoy parece verse amenazado tanto por los sectores conservadores como por los estudiantes universitarios que ven sus libertades amenazadas.

El gobierno local de Hong Kong se pliega a Beijing al recomendar la reforma electoral propuesta por China (que sea un comité y no el público el que designe los candidatos). En este sentido el actual jefe del gobierno autónomo CY Leung expresó que esa es la opinión extendida de los ciudadanos. Sin embargo el movimiento Occupy Central está decidido a eliminar ese filtro y que los ciudadanos tengan derecho de elegir y ser electos. Inspirados en los indignados occidentales reclaman por sus libertades.

En Macao, la antigua colonia portuguesa, también surgieron reclamos e iniciativas similares en los últimos años. Es un tema complejo para Beijing debido a que el margen de acción no es tan grande como parece. Los atropellos que comete China en otras regiones aisladas (como por ejemplo con los uigures en Xinjiang) no los puede realizar en Hong Kong a la vista de todo occidente. La masacre de Tiananmen en 1989 no se puede reproducir en la isla de Hong Kong en 2014 frente a la prensa internacional sin embargo también es difícil que algún país alce la voz contra la dictadura china.

Ante estas movilizaciones ¿la alternativa de China es abrir un poco el grifo de la democracia? Sería una decisión costosa para el Partido Comunista. ¿Cuánto podría demorar una ciudad occidentalizada como Shanghái en empezar a reclamar por apertura democrática? Y qué ocurre si realmente los chinos están preparados para la democracia, como lo niega Beijing. El efecto dominó podría ser letal.

En definitiva, hasta el momento la consigna “un país, dos sistemas” se mantiene pero surgen otros escenarios en un mediano plazo. “Dos países, dos sistemas” si China larga la cuerda, “un país con un sistema quebrado” si se reproducen estas movilizaciones o incluso “un país, un sistema” ya sea por el mantenimiento de un control férreo de China en Hong Kong o una mayor apertura democrática del gigante de oriente.

jueves, 11 de septiembre de 2014

¿Hacia dónde va Turquía?

La potencia regional tiene desde hace pocos días un nuevo presidente: Recep Tayyip Erdogan. El ex primer ministro, cargo que ocupó durante 11 años, intenta cambiar el sistema parlamentario a uno semi presidencialista para de esa forma llegar al centenario de la nación (2023) como máxima figura política. Sus desbordes autoritarios y la búsqueda de permanecer en el poder opacan la primera etapa de Erdogan, elogiada por propios y extraños.

El 10 de agosto, en una especie de plebiscito hacia su persona, Erdogan ganó con el 51.8% las primeras elecciones presidenciales por voto directo. Los principales partidos de oposición (CHP y MHP) acudieron a los comicios liderados por Ekmeleddin Ihsanoglu, un académico de 70 años que logró atraer el voto de los islamistas más moderados, alcanzando un 38.4%. El tercer contendiente fue Selahattin Demirtas del Partido Democrático de los Pueblos y representante de los kurdos, que obtuvo el 9.7%.

La primera etapa de Erdogan fue alabada debido a que sometió al Ejército (clave en la historia política turca), triplicó el PBI del país, amplió las oportunidades de consumo, desarrolló infraestructura y mejoró las condiciones para la ciudadanía de ingresos bajos y medios. El ex alcalde de Estambul y líder del Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP) fue apoyado por sectores liberales debido a que dejó de lado el nacionalismo e inició las conversaciones de adhesión con la Unión Europea. Surgía un modelo de Turquía modernizadora y occidental.

Pese a ello la figura de Erdogan comenzó a dividir las aguas luego de las victorias de 2007 y 2011. Acusado de autoritario y de poseer una visión conservadora, el mandatario tuvo que soportar manifestaciones masivas en junio de 2013 y críticas internacionales por la violenta respuesta. El bloqueo de redes sociales y las presiones a la prensa fueron claves para un cambio en la concepción de su figura. El amplio espacio que le dio en el último tiempo al Islam también es objeto de crítica por parte de los sectores laicos.

Sin embargo en marzo el partido de Erdogan fue el vencedor de los comicios locales, a pesar del escándalo de corrupción que derivó en la dimisión de cuatro ministros. El mandatario acusó al movimiento de Fetula Gulen, autoexiliado en Estados Unidos, de hacer una campaña en su contra, desatando una purga contra policías, jueces y fiscales. En este sentido el politólogo español Eduard Soler identifica ciertas características de esta segunda etapa de Erdogan en el poder: un lenguaje insultante, la apelación a las conspiraciones, un enfriamiento de la política exterior y un freno al acercamiento con Europa.

En este contexto Erdogan volvió a ganar una nueva elección y asume una jefatura de estado que hasta el momento tuvo carácter simbólico. El mandatario aspira a cambiar la Constitución tras las elecciones generales de 2015 (que renovará el Parlamento) con el objetivo de transformar el régimen parlamentario, adjudicándole al presidente funciones como la de disolver el Parlamento o nombrar ministros. Para realizar las reformas, el AKP deberá contar con una mayoría parlamentaria. Por ello son claves los diputados kurdos y también el proceso de paz iniciado en este último tiempo. Los reclamos de derechos sociales y políticos de los kurdos seguramente entren en una cadena de dar y recibir con respecto a las aspiraciones de Erdogan.

Al asumir como presidente, el cargo de primer ministro de Turquía fue ocupado por Ahmet Davutoglu, hasta hace pocos días ministro de Exteriores. Erdogan necesita un jefe de gobierno que responda a él, al menos hasta que no reforme la Constitución. Aunque Erdogan en su último discurso prometió fortalecer la democracia es difícil pensar que el mandatario se alejará del curso que tuvo su gobierno en los últimos años. Si bien marcó como prioridades la integración con la Unión Europea, la aplicación de reformas democráticas y la consolidación del proceso de paz con los kurdos, cuando se emprende un camino hacia el autoritarismo, difícilmente se vuelva atrás. Los cambios de reglas constantes para beneficio propio no condicen con las principales teorías democráticas.

El panorama político turco es complejo. El enfrentamiento con los opositores, acusándolos de traidores e imponiendo el concepto de la lucha entre el pueblo (que él representa) y el enemigo, denotan una deriva populista. Erdogan representa una mezcla de convervadurismo, neoliberalismo en lo económico y antiliberalismo en lo político o quizás un populismo con un componente religioso. En este sentido cabe destacar algunos conceptos con respecto al populismo. Según el analista e investigador Anthony Painter, el ascenso del populismo de derecha es uno de los hechos más significantes del último tiempo en Europa. Un populismo que no busca remplazar la democracia sino cambiarla, oponiéndose a los pesos y contrapesos de la democracia liberal. 

En lo que refiere a Europa, el politólogo Germán Clulow citando a Matzoleni marca ciertas características centrales del neopopulismo europeo: la valorización excesiva del pueblo y el hombre de la calle como pieza central, demanda de participación política directa, desconfianza a las elites, la exaltación del líder como eje aglutinador y por último, un equilibrio precario entre la crítica y aceptación al sistema. En los últimos años se pueden observar algunas de estas características mencionadas en Erdogan. Principalmente esa apelación a la “nueva Turquía”, contrastándola con el pasado al que él no pertenece.


Populista o no, Erdogan se está alejando de aquel modelo de democracia musulmana que el mundo observó en una primera instancia. Resta esperar si los cambios realizados son simplemente para mantenerse en el poder o para avanzar fuertemente hacia un autoritarismo, aunque la primera sea ineludiblemente parte de la segunda. Debemos estar atentos al futuro de Turquía, clave por su rol estratégico en una zona conflictiva que incluye asuntos como Gaza, Siria, Irak y el Estado Islámico.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Cambio de gobierno en la India

La democracia más grande del mundo, que agrupa 800 millones de electores, eligió nuevos representantes meses atrás. Los resultados fueron sorprendentes porque marcaron una transformación importante con respecto a la tendencia histórica en la India, representada por la dinastía Ghandi. Los cambios generacionales derivaron en la victoria del nuevo primer ministro, Narendra Modi. El barco de esta potencia regional cambia de capitán.
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Las elecciones parlamentarias en India comenzaron el 7 de abril de este año y tras nueve fases finalizó el 12 de mayo. Cuatro días después se dio a conocer que Narendra Modi, el jefe de Bharatiya Janata Party (Partido Nacionalista Hindú), sería el nuevo líder del segundo país más poblado del mundo. La potente campaña mediática de Modi fue una de las causas por las cuales el porcentaje de participación (66%) fue ocho puntos porcentuales superior a los últimos comicios realizados en 2009

El líder de esta formación derechista se mostró como una figura carismática, un comunicador de masas que aprovechó en todo momento las tecnologías para llevar sus discursos a todos los rincones de la India. Con un programa ambicioso y llevando como bandera la gran gestión económica desarrollada en el estado noroccidental de Gujarat, logró la victoria. Obtuvo 283 de los 543 escaños del Lok Sabha (cámara baja del Parlamento) y junto a sus aliados alcanzaría el  apoyo de 336 representantes.

Su pasado como jefe de gobierno en Gujarat también está cargado de polémica. Allí fue donde se produjo la matanza de musulmanes en 2002 por parte de fanáticos hindúes. En ese contexto, Modi evitó avanzar en la agenda hinduista durante la campaña debido a que su partido derechista fue acusado de no ser muy tolerante en materia religiosa. Por ello es que uno de los temas a seguir en esta administración será el trato a las minorías, principalmente por la posición radical del grupo Rastriya Swayamsevak Sangh (RSS), del cual Modi formó parte en los años setenta.

La caída de la dinastía y los desafíos del futuro

El gran triunfo de Modi trajo aparejado también la gran derrota del partido Congreso Nacional Indio (CNI), agrupación que tuvo un dominio histórico desde la independencia, con intervalos, con la figura de Nehru como ícono. Su candidato Rahul Ghandi de 43 años es hijo de Sonia Ghandi (la presidenta del partido) y nieto de Indhira. En la última década, Manmohan Singh del CNI fue el primer ministro y tras un buen primer mandato (2004-2009) se lo acusó de falta de carisma. Además la población echo culpas al gobierno por no presentar soluciones para las nuevas aspiraciones de la ciudadanía. El estancamiento económico, la falta de empleo y la corrupción fueron algunos de los reclamos.

Esta nueva generación creció con la liberalización de la economía, una clase media de consumo que se benefició de los cambios estructurales de la última década. Esa población desideologizada se posiciona por encima de las lealtades de casta y región, que dividieron al Parlamento a lo largo de la historia. Luego de 30 años (1984), un partido logra la mayoría absoluta. Esta clase media observó en Modi una posibilidad de cambio y un líder fuerte para afrontar los desafíos. Es que Modi llega con la promesa de mejorar el suministro de electricidad, la infraestructura y continuar abriendo el país a las inversiones extranjeras.

La sombra de China está siempre presente para esta potencia regional, por la relación peculiar que tienen. El llamado precio de la democracia es la explicación que utiliza India a la hora de analizar el crecimiento económico por debajo de los vecinos. La desconfianza sobre el expansionismo chino es constante pero Modi en sus primeras semanas apuntó al deshielo en la relación, a través de una mayor cooperación e intercambio comercial. El otro punto clave en política exterior es Pakistán con quien se comenzó de buena manera. El primer ministro pakistaní Nawaz Sharif estuvo presente en la asunción de Modi, algo que nunca había ocurrido en la historia entre ambos países.


En definitiva en este mundo marcado por la ausencia de un liderazgo reconocible, India cambia de comandante. Tildado de autoritario, por la firmeza, pero no de corrupto, este hombre de 63 años con un perfil austero liderará un jugador clave en el contexto mundial. Un cambio radical en dos sentidos: la alternancia en el gobierno luego de dos administraciones del histórico partido del Congreso y el liderazgo que podrá ejercer esta agrupación nacionalista al poseer gran apoyo en el Parlamento, aspecto que siempre ha sido difícil por las divisiones existentes en la India. 

lunes, 14 de julio de 2014

El peor final para Brasil

El árbitro mexicano pitó el final del partido en Belo Horizonte y terminó con el sueño de millones de brasileros. La selección alemana humilló a Brasil venciéndolo 7 a 1 en las semifinales de la Copa del Mundo. Los europeos golpearon bien fuerte a un pueblo que no estaba convencido de ser anfitrión pero que se había ilusionado con conquistar el trofeo. Un golpe demasiado duro para una población que recibió el Mundial con hospitalidad y alegría.   

“Quizás es mejor que perdamos la Copa, porque si ganamos va a continuar todo igual y el país necesita cambios profundos”, dijo un ciudadano no muy preocupado por el Mundial. El domingo pasado terminó un mes de circo donde el centro de atención fue el fútbol, un deporte que Sudamérica vive como ninguna otra región. Ahora vuelven los problemas del día a día y los enojos con los gastos que acarreó la organización del Mundial. El foco vuelve a ser la desigualdad y la pobreza existente en Brasil.

En ello deberán centrarse los políticos, ya que el brasilero de hoy es más exigente que el de ayer. La población reclama algo más que fútbol, samba y carnaval. El desafío que tendrán por delante, ciudadanos y gobernantes, es crear una sociedad más justa sin perder la identidad de un país proclive a la felicidad. Como dijo Neymar, la estrella de esta selección brasilera, se necesita “un Brasil más justo, seguro y honesto”.

Pocas protestas durante la Copa

El jueves 12 de junio no solo comenzó el Mundial sino un gran desafío para todo el Brasil. Aquel día en San Pablo no solo fue la inauguración del mayor evento futbolístico, también fue el momento en que los brasileros debían demostrar al mundo los avances de una potencia regional que aún debe superar problemas endémicos (pobreza y desigualdad) para pegar el salto al desarrollo.

Aquel 12 de junio además de jugar Brasil-Croacia en el Arena Corinthians frenaron las protestas que pretendían entorpecer el evento deportivo. Cuando el balón comenzó a rodar los bares se llenaron y los comerciantes pararon para ver a sus ídolos en la televisión. Los manifestantes prefirieron quedarse en casa para ver a la canarinha antes que salir a protestar con una minoría radical, que impuso una violencia no deseada por la clase media.

De hecho las protestas disminuyeron un 39% durante los primeros 12 días del Mundial, en relación a la misma cantidad de días previo al evento, según Folha. Aunque los grafitis en las ciudades invitaban a la FIFA a marcharse a casa, las manifestaciones frenaron. Sociólogos y politólogos locales afirmaron que en Brasil el fútbol golea a cualquier protesta social.

Sin embargo la cara negativa del Mundial fue muy visible y no me refiero al catastrófico final deportivo. La sensación de que se gastó demasiado invadió a la población. Las exigencias por parte de la FIFA fueron enormes. “Los helicópteros y la guardia policial que ves ahora es solo por el Mundial, luego desaparecen”, comentó un taxista. Es que el ambiente primermundista (organización y seguridad) que se vivió en territorio brasilero tenía una fecha de vencimiento: el último partido de la Copa en Maracaná.

Las elecciones y el futuro de Brasil

Aunque en los bares la pelota era el centro de discusión ningún brasilero olvida que en los próximos meses tienen otra cita importante. El 5 de octubre se realizarán las elecciones nacionales y la presidenta Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores, irá por la reelección. Fue durante la Copa que la mandataria confirmó su postulación, defendió los programas sociales del gobierno y prometió cambios en salud y educación.

Aprovechando la euforia de los primeros días de la Copa, Dilma afirmó que se estaba dando “una paliza monumental a los pesimistas”. No mintió pero el final no fue el soñado. No porque Brasil no haya ganado el certamen, ya que era una posibilidad, sino por la inesperada despedida que tuvo el seleccionado de Felipao. Las conversaciones en las esquinas ya no son sobre la mordida de Suárez sino de la desilusión propia. El orgullo y el nacionalismo brasilero perdieron por goleada.

Sin dudas los comicios de octubre serán los más difíciles del PT, fruto del desgaste y del final de una luna de miel que duró más de lo esperado, seguramente por los logros económicos alcanzados en la presidencia de Lula. Ahora el ciudadano no se conforma con lo que ya se obtuvo y aspira a cambios profundos que incluyan mejoras notorias en los servicios públicos.

La ciudadanía brasilera quiere seguir adelante con la transformación del país que se inició durante el gobierno de Lula pero exige el fin de la corrupción. Por ello es fundamental la generación de un ambiente político democrático, armónico y de transparencia. La crítica al PT y las protestas sociales son válidas y entendibles pero creer que los debes actuales de Brasil son consecuencia de Lula y Rousseff es exagerado.

La carrera electoral estará centrada en la desaceleración económica, el aumento en el costo de vida y la seguridad ciudadana. Rousseff es la principal candidata, aunque será difícil que gane en primera vuelta. La intención de voto de la presidenta creció durante la Copa, llegando al 38%. Pero también crecieron sus contendientes, el senador Aecio Neves del Partido de la Social Democracia Brasileña (20%) y Eduardo Campos, del Partido Socialista Brasileño (9%). 

Trazar una conexión entre el resultado deportivo y las futuras elecciones es apresurado y erróneo. Obviamente que el humor de los brasileros no será el mejor en las próximas semanas y eso se puede trasladar a otros ámbitos, como por ejemplo la vuelta de las protestas sociales. Sin embargo las elecciones van por otro carril y si bien el PT esperaba el trofeo para insistir con que las cosas van bien, el fracaso deportivo no será clave en el futuro de Brasil.   

viernes, 6 de junio de 2014

Colombia define en segunda vuelta

El domingo 25 de mayo se realizaron las elecciones presidenciales en Colombia. Ninguno de los cinco candidatos logró la mayoría requerida, por lo que se disputará una segunda vuelta el 15 de junio entre los dos más votados: Oscar Zuluaga y el actual presidente, Juan Manuel Santos. Sin dudas la gran ganadora de los comicios fue la abstención, que llegó al 60% de los habilitados. El descreimiento y el cansancio hacia la clase política no ayudan a la democracia colombiana ni al progreso de un país que, si bien se encuentra inmerso en un crecimiento económico, no logra dejar atrás décadas de conflicto y desigualdad. 

La abstención como ganadora 

Oscar Zuluaga, candidato del Centro Democrático, fue el más votado con un 29.25% de las preferencias. Desconocido hasta hace pocos meses, el ex ministro de Hacienda de Álvaro Uribe logró un gran repunte teniendo en cuenta las encuestas de comienzos de campaña. Zuluaga, de 55 años y educación cristiana, se presentó como un hombre de familia y fue acusado de falta de carisma. Sin embargo, el candidato uribista demostró que el ex mandatario Uribe posee el apoyo incondicional de muchos colombianos. 

El actual presidente y candidato, Juan Manuel Santos, captó el 25,69%, posicionándose en segundo lugar. Los politólogos colombianos coinciden que Santos ha sido un buen presidente pero un mal candidato. Especialmente, porque, en la campaña, el bogotano se centró principalmente en el proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), descuidando otros aspectos que figuran como prioridad para los colombianos: seguridad ciudadana, empleo, salud y educación. También se mostró dubitativo por no saber a quién apuntar, ya que en un principio no estaba tan claro a quién enfrentaría en segunda vuelta.

Dos mujeres, una conservadora y otra izquierdista, obtuvieron 15% de las preferencias cada una. Marta Lucía Ramírez del Partido Conservador fue quien finalizó tercera en la contienda. Los conservadores, si bien tienen mayor afinidad con el uribismo, también formaron parte del gobierno de unidad nacional de Santos. Pocos votos por detrás de Ramírez se ubicó Clara López, del Polo Democrático Alternativo en coalición con la Unión Patriótica. La candidata, que tuvo una alta votación en Bogotá, posiciona nuevamente a la izquierda democrática. En el quinto lugar, logrando un 8%, se ubicó Enrique Peñalosa de Alianza Verde.

La abstención fue sin dudas la gran ganadora en los comicios. Solo fue a votar un 40% de los habilitados, siendo el porcentaje más bajo de los últimos 20 años, concurriendo a las urnas 13 de 32 millones de personas. Incluso la abstención fue aún mayor en la costa atlántica (70%), fortaleza del presidente Santos. La segunda ronda será en pleno mundial de fútbol, un día después que juegue la selección de Colombia. En este contexto habrá que ver si en el balotaje los ciudadanos concurren a elegir el futuro de su país. 

La contienda entre Uribe y  Santos 

Las elecciones demostraron que la población está cansada de la férrea disputa personal entre el ex presidente Uribe y el actual mandatario Santos. Sin embargo, la segunda vuelta será una contienda de popularidad entre ambos. Claramente sus diferencias son con respecto al proceso de paz con las FARC, ya que sostienen el mismo modelo económico (con matices). Es por ello que la campaña de cara al 15 de junio se centrará en las negociaciones de La Habana. Serán solo tres semanas para captar votos sobre un tema determinante.

Oscar Zuluaga había anunciado que apenas asumiera el gobierno suspendería provisionalmente las conversaciones en Cuba hasta que la guerrilla no declarara el cese permanente de fuego. Es claramente la idea del uribisimo, sin embargo ya pensando en el balotaje Zuluaga comienza a hablar de paz negociada, con planteos de reducción de penas para los jefes guerrilleros. Su postura firme de no concesiones captó muchos ciudadanos que no están de acuerdo con que los guerrilleros salgan impunes. Pero para el balotaje Zuluaga intenta moverse al centro, denominándose en los últimos días como un “amigo de la paz”. 

Juan Manuel Santos propone legitimar una paz duradera, aunque sabe que los resultados de la elección son un llamado de atención a las negociaciones en La Habana. El presidente candidato habla de “la guerra sin fin o el fin de la guerra” para diferenciarse de su contendiente. El gran debe de Santos fue la mala comunicación de los acuerdos con la FARC. Ahora deberá convencer a los votantes de que no existirá tal impunidad y que se han logrado fuertes avances para obtener la paz y frenar la violencia. Cabe destacar que si bien se incluyeron temas importantes en las negociaciones, los puntos restantes (víctimas y terminación del conflicto) son muy polémicos.  

La idea de que los miembros de las FARC sean parte del Congreso y no vayan a prisión conlleva rechazo en gran parte de la ciudadanía. En las ciudades, la imagen de aquella guerrilla fundada hace 50 años y de origen marxista campesino está destrozada fruto de los constantes ataques a civiles y también por la pérdida de compromiso ideológico, por su vinculación con el narcotráfico. El uribismo explotó fácilmente esta situación durante la campaña, intentando vincular a Santos con la izquierda chavista y cubana. 

Álvaro Uribe siempre sostuvo que la fuerza y la violencia eran el único recurso para acabar con los guerrilleros. De 2002 a 2010 fue un líder duro que arrinconó a las FARC pero que también sufrió acusaciones de violación de los Derechos Humanos por parte de los militares y grupos paramilitares. El ex presidente, que durante su administración concentró el poder, intentó mantenerse en el Palacio de Nariño un tercer mandato, solicitud que fue rechazada por el Tribunal Constitucional.

Cabe recordar que Santos y Uribe tienen una raíz común. Hasta 2010 el santismo cabía dentro del uribismo. El actual presidente fue ministro de Defensa de 2006 a 2009 bajo las órdenes de Uribe. Sin embargo, luego de asumir el gobierno Santos se alejó y se mantuvo nucleado en su partido de la U, el Partido Liberal y Cambio Radical. Uribe, acusándolo de traidor, se colocó en la oposición y ha sido, durante los últimos años, el político que más se opuso a las conversaciones con las FARC. 

Alianzas de cara a la segunda vuelta

La reelección de Santos parecía asegurada meses atrás, sin embargo los dos contendientes deberán buscar coaliciones de cara al balotaje. Dadas las características del electorado quizás las alianzas no sean tan importantes, ya que la fuerza de las maquinarias partidarias decayeron. Hacia dónde pueden crecer los candidatos es una buena forma de analizar qué ocurrirá en el futuro. Sin embargo, la clave para ellos será captar el 60% del electorado que no fue a votar en la primera vuelta. Los mayores rivales del presidente, que arranca por debajo, son los votos en blanco y la abstención. Aún así, Santos tiene mayor margen para crecer que Zuluaga. 

La mayoría de los votantes de la izquierda y verdes ubican a Uribe en la extrema derecha y como un saboteador permanente de la paz, proceso que los progresistas han respaldado. Santos, que derivó en su jefe de debate César Gaviria los contactos con el resto de los partidos, puede apuntar hacia acuerdos en otros temas, incluyendo en su propuesta el combate a la pobreza, el medio ambiente y la lucha contra la corrupción. Éstos son temas en los que Santos puede captar adeptos ya que tiene mayor margen de maniobra que un dogmático Zuluaga. 

Zuluaga se adelantó con los conservadores, a quienes invitó a votarlo en el balotaje. Claramente hay coincidencias ideológicas e incluso muchos seguidores del Partido Conservador ya votaron por Uribe. La candidata conservadora Ramírez oficializó en los últimos días su respaldo a Zuluaga, acordando darle continuidad al proceso de paz pero “sin impunidad”. Sin embargo un grupo de congresistas del partido se unieron a la campaña reeleccionista de Santos.

Clara López, del izquierdista Polo Democrático, se opone al modelo económico de ambos candidatos por considerarlo injusto. Pero en lo que refiere al proceso de paz siempre mostró su apoyo a la propuesta de Santos. López descartó cualquier apoyo a Zuluaga y destacó que un posible respaldo a Santos se centraría en el proceso de paz más que en el proyecto político de país. 

Enrique Peñalosa de la Alianza Verde inmediatamente confirmó que se mantendrá al margen. El ex candidato, que respaldó las conversaciones de paz pero que tuvo el apoyo de Uribe en las pasadas municipales de Bogotá, remarcó que no comparte ninguna de las propuestas y no expresará apoyo público a ninguno. Sin embargo destacó que no continuar con las conversaciones en La Habana sería un error histórico. 

Final reñido

Colombia tuvo un sólido crecimiento económico en los últimos tiempos. Durante el gobierno de Santos se adhirió, además, una cierta inclusión social y un progreso en la reducción de la pobreza. Se diversificaron las relaciones internacionales y el país se consolida gracias a una potente inversión extranjera y el aumento de las exportaciones. El contexto actual es una excelente oportunidad para seguir avanzando y dejar atrás el conflicto eterno con las FARC. Una oportunidad única, difícil de desaprovechar. Lamentablemente las conversaciones de paz han sido más un tema de campaña que una necesaria política de Estado.

Los duros ataques entre los candidatos continuarán hasta el 15 de junio. Santos acusado de recibir dinero del narcotráfico para su campaña y Zuluaga inmerso en un escándalo de espionaje, han sido los últimos coletazos de una campaña sucia y dura, una campaña de miedos, una campaña por la negativa. En el balotaje colombiano se enfrentará el miedo a la impunidad con el miedo a los uribistas. La frustración, el desencanto y el rechazo de la población a una campaña de este estilo seguramente motivaron a los votantes a no concurrir a las urnas. ¿Seguirá siendo así?

Es clave para la democracia colombiana que los ciudadanos acudan a las urnas para elegir el país que quieren. Tanto Zuluaga como Santos obtuvieron porcentajes reales extremadamente bajos. Del 100% del electorado, un 11% votó a Zuluaga y un 10% a Santos. Son números despreciables, que si no cambian en segunda vuelta darían un duro golpe a la democracia de este país de 47 millones de personas. Para marcar diferencias, Santos en la primera vuelta de las presidenciales de 2010 recogió el apoyo del 22% del electorado total.

Zuluaga, junto a Uribe, han llevado a Santos a su arena preferida, el de la confrontación centrada en el proceso de paz. El presidente, que se embarcó en un proceso histórico, deberá comunicar mejor las negociaciones con la guerrilla e intentar convencer a la ciudadanía los avances consumados. Además, cuenta con la ventaja de una mayor cintura para abordar otros temas que preocupan a la población. Es por ello que si bien los uribistas van con ventaja al balotaje y será un final reñido, de acrecentarse el número de votantes el actual presidente  tiene todas las oportunidades para ser reelecto.

jueves, 15 de mayo de 2014

Ganador por quinta vez consecutiva

El miércoles 7 de mayo el Congreso Nacional Africano (ANC), partido gobernante, ganó nuevamente las elecciones en Sudáfrica. La agrupación fundada por el fallecido Nelson Mandela obtuvo una victoria que le permite mantenerse en el poder. A pesar de los cuestionamientos al líder actual, Jacob Zuma, la fuerza de quienes terminaron con el régimen Apartheid es y continuará siendo preponderante.
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El ANC obtuvo el 62% de los votos en las elecciones generales, lo que le permite colocar 249 diputados en la Asamblea Nacional, compuesta por 400 representantes. Si bien los liderados por el actual presidente Jacob Zuma tuvieron una caída del apoyo de tres puntos porcentuales con respecto a 2009, el mandatario tomará nuevamente posesión el 24 de mayo por cinco años más. El ANC se encuentra en el poder desde que finalizó el régimen de segregación racial en 1994, ganando las cinco elecciones que se disputaron desde aquel entonces. El aumento generado en los comicios de la década del 2000 (69% y 65%) cae al mismo número que obtuvo Mandela cuando se convirtió en presidente.

El principal partido de oposición, Alianza Democrática, creció seis puntos con respecto a la elección anterior, obteniendo ahora un apoyo del 22%. La agrupación de Helen Zille es concebida como el de la minoría blanca, aunque ha tenido un aumento de votantes negros. La novedad fue el ingreso de un nuevo partido al Parlamento. Los Luchadores por la Libertad Económica, que pregonan la nacionalización de los sectores estratégicos y la redistribución de la tierra, consiguieron un 6% de las preferencias. Este partido populista de izquierda radical es liderado por Julius Malema, ex miembro de las juventudes del ACN.

La jornada electoral transito de forma pacífica con escasas protestas en algunas zonas del país. La participación alcanzó un 73% de los habilitados para votar lo cual marca un récord aunque vale destacar que muchos potenciales votantes no fueron a registrase, no figurando en el padrón. Además de los comicios generales se realizaron elecciones locales. El oficialismo mantuvo la región de Gauteng, motor económico del país y conservó 8 de las 9 provincias. En cambio la Alianza Democrática continúa gobernando en su feudo del cabo occidental (Ciudad del Cabo) con Zille como primera ministra.

El legado como fortaleza

Algunos medios preveían elecciones reñidas y tenían algunos fundamentos para pensarlo. La mayor causa obviamente son los escándalos de corrupción que azotan al gobierno. Uno de los últimos casos de abuso de poder fue la polémica reforma en una de las residencias de Zuma, que rondó los 16 millones de euros. El bajo crecimiento económico de los últimos años marcó un elevado desempleo y un descontento social, principalmente en los antiguos guetos, barrios en donde la población vive sin luz ni agua, cansados de promesas incumplidas. La pésima situación en la educación también influye de manera negativa.

La desigualdad social y la imposibilidad de reducir la brecha entre ricos y pobres se suma al conflicto laboral que mantiene paralizadas las minas de platino. La matanza de Marikana en 2012 cuando fallecieron 34 mineros por disparos policiales es otro de los debes del gobierno de Zuma. El mandatario intenta defenderse con los logros democráticos del partido y los momentos de crecimiento económico que colocó a Sudáfrica en el privilegiado grupo de los BRICS, aunque el lugar de primera potencia económica africana está siendo ahora peleado por Nigeria. La muerte de Mandela terminó afectando positivamente para el oficialismo en la campaña, sin dudas los liderados por Zuma tienen mejores cosas para mostrar del pasado que del presente.


Se suele afirmar que los gobiernos tienen una luna de miel con el electorado en los primeros años de administración. Cuando un régimen anterior duro cae, como pasó con el Apartheid, el espacio político se vuelca ampliamente y la luna de miel se amplía. Los 20 años en el poder del ANC causan obviamente una estabilidad negativa en el partido y se hace obvia la necesidad de una reforma para combatir la corrupción. La oposición, si bien puede ser renovadora, la marca del pasado no le permitirá gobernar en el corto plazo. Que los sudafricanos afirmen que votan por los colores verde y amarillo del ANC y no por Zuma, me hace pensar que el oficialismo se mantendrá en el poder un tiempo más. 

miércoles, 7 de mayo de 2014

Por el cambio

El domingo pasado Panamá eligió a Juan Carlos Varela como nuevo presidente. El candidato de centro derecha y férreo opositor del actual mandatario Ricardo Martinelli, obtuvo el 39% de los votos. Contra todos los pronósticos, Varela fue electo para el período 2014 – 2019 con la promesa de llevar adelante un gobierno humano con sello social.
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El próximo 1° de julio tomará las riendas de Panamá el actual vicepresidente Juan Carlos Varela. Este hombre de 51 años, padre de tres hijos y educado en un colegio jesuita, se presentó como candidato de la alianza de los Partidos Panameñista y Popular. Ingeniero industrial, graduado en Estados Unidos, fue compañero de fórmula presidencial del actual presidente Martinelli, ganador de los comicios de 2009. Luego de haber sido Ministro de Relaciones Exteriores durante dos años, Varela rompió con su aliado, destruyendo la alianza entre el Partido Panameñista y el Centro Democrático. El futuro presidente se separó del gobierno, aunque permaneció como vicepresidente, cuando Martinelli comenzó a buscar su reelección.

El derrotado en la jornada electoral fue José Domingo Arias. El delfín de Martinelli y candidato del gobernante partido Centro Democrático obtuvo un 32% de las preferencias. Justamente la compañera de fórmula de Arias era Marta Linares, esposa del actual mandatario Martinelli, lo cual causó varias críticas al presidente. Sus opositores denominaron este movimiento como una reelección disfrazada. En tercer lugar finalizó Juan Carlos Navarro (27%) del socialdemócrata Partido Revolucionario Democrático. Los restantes cuatro candidatos no llegaron al 1%. Más allá de algunas denuncias por sospechas de compra de votos, la jornada electoral transcurrió de forma pacífica. Cabe destacar que el padrón de 2.5 millones de habitantes elegía 724 cargos (diputados, concejales, representantes y alcaldes).

Crecimiento económico de Panamá

A pesar de una buena aprobación del gobierno de Martinelli, su administración fue tachada de autoritaria por sus oponentes. El millonario, dueño de una cadena de supermercados, estrechó su poder en el legislativo y en el ámbito judicial. Su partido comenzó la legislatura con 17 diputados y hoy tiene el apoyo de 46, en lo que sus adversarios denominan compra de conciencias. Su capacidad de mando y ejecución le propició también varios enfrentamientos con distintos sectores. Fue duro el conflicto entre las fuerzas policiales y etnias por el proyecto hidroeléctrico - minero así como la huelga de 70.000 obreros de la construcción que paralizaron diversas obras reclamando por incremento de salario y quejándose por el aumento del costo de vida.

El panorama financiero fue el fuerte de Martinelli. Panamá es actualmente un país emergente con nuevas oportunidades, un centro financiero y de transporte con un boom inmobiliario que lo posiciona como la Singapur de Centroamérica. La economía ha tenido un gran crecimiento con un promedio de 8% de 2006 a 2013, uno de los más altos en la región. Modernas carreteras, rascacielos y megaproyectos marcan la actualidad panameña. Sin embargo no debemos olvidar que alrededor de uno de cada tres ciudadanos viven bajo la línea de pobreza con diversos problemas en lo que refiere a acceso a salud y educación de buen nivel.


La alternancia en el poder ha sido característica en Panamá. En la historia contemporánea ningún partido triunfó dos veces consecutivas. El voto castigo, por supuesto enriquecimiento ilícito, dejó a Martinelli sin la continuidad anhelada. Varela aparece en escena como abanderado de cierto continuismo económico pero con algunos cambios. La nueva puesta en marcha de la ampliación del Canal de Panamá permitirá al gobierno adelantar proyectos sociales prometidos en campaña. El nuevo mandatario apela a la congelación de precios de la canasta básica, el plan de conexión de agua potable y la extensión del sistema ferroviario entre otras cosas. En este proceso electoral, el ganador parece ser la libre opción y el cambio. América Latina ya tiene varios gobernantes que intentan perpetuarse en el poder, no necesita uno más. 

miércoles, 23 de abril de 2014

Lentos movimientos en Argelia

El anciano de 77 años, Adelaziz Buteflika, volvió a ganar las elecciones e iniciará su cuarto mandato consecutivo. Aunque hace un año todo indicaba que la salud del actual presidente le iba a impedir renovar su estadía en el poder, Buteflika nuevamente vence y alarga la tan ansiada transición en Argelia. Los dirigentes del Frente de Liberación Nacional, partido dominante en este país, no quisieron arriesgar con una nueva figura y apostaron por una transformación segura.
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Lo más importante en las elecciones presidenciales de Argelia no fue el 81% de votos que obtuvo Buteflika (3.5% menos que hace cinco años) sino el alto porcentaje de abstención, que llegó a 51% o quizás más si se incluyen aquellos ciudadanos que no poseen carné electoral. Tal número era previsto principalmente por el desgano de la gente joven que hoy representa casi la mitad del país ya que el 45% de los argelinos tiene menos de 25 años. Cansados de la burocracia, la clase política y la carencia de libertades públicas, cierto sector de la población exige otra concepción de país. Sin embargo el movimiento crítico Barakat (Bastante en español), que se expandió en las calles en los últimos tiempos, no logró mucha convocatoria en la jornada electoral.

Las elecciones del jueves pasado se desarrollaron con total tranquilidad y mucha presencia de las fuerzas de seguridad. Buteflika concurrió a votar con normalidad a pesar de que hace más de dos años no se lo veía en público, después de aquel derrame cerebral que lo mantuvo internado 80 días en París. La campaña electoral de esta figura histórica la realizaron seis de sus principales colaboradores, aprovechando los medios oficiales. Esa fue una de las quejas del líder de la oposición, Ali Benflis, quien obtuvo un 12% y denunció fraude. Este abogado independiente fue ex jefe de gobierno de Buteflika durante su primer mandato. Benflis propuso en estos días una conferencia nacional para debatir el avance a la democracia. También cabe destacar que el resto de los candidatos no lograron más de un 3% en los comicios.

Argelia clave para Europa

Este enorme país del norte de África mantiene cierta estabilidad pese a la Primavera Árabe que en 2011 sacudió la región. Buteflika lidera Argelia desde 1999 cuando inició el proceso de reconciliación nacional que dio fin a una larga guerra civil, entre el ejército y los militantes islamistas, que dejó como saldo alrededor de 200.000 muertos. Aquel conflicto se desató debido a que los partidarios del Frente Islámico intentaron tomar por la fuerza lo que los militares le habían arrebatado en las urnas en 1992. Tras ese período de guerra, la figura de Buteflika representa pacificación y estabilidad en el segundo país con mayor producción de hidrocarburos en África. Es un político respetado también por su participación en el Movimiento de Liberación que luchó contra el dominio colonial francés.

La certidumbre en Argelia es tranquilidad para sus socios comerciales, principalmente europeos, ante los problemas que surgen en Rusia y Ucrania por el actual diferendo de Crimea. Los movimientos bruscos en un gigante como este país de 38 millones de habitantes, supondrían un peligro para los intereses occidentales. Es por ello que no se oyen muchas voces de disconformidad con respecto al oficialismo argelino, igual de anti democrático que muchos otros. Europa y Estados Unidos prefieren aceptar esta aparente democracia antes que dejar el gobierno al libre albedrio y que las urnas le den la victoria a islamistas de políticas indescifrables.

Buteflika, que se inició en la política hace 52 años como Ministro de Juventud y Deporte, hoy vuelve a ganar las elecciones, siendo la clave de una posible lenta transición a la democracia. Con una economía en crecimiento pero con grandes problemas estructurales, Argelia se mantiene estancado en lo que refiere a reformas democráticas. Dado el estado de salud del presidente, no se puede precisar cuánto tiempo más estará en el poder. Por lo tanto, las promesas sobre una revisión de la Constitución y una apertura deberán realizarse cuanto antes; debido a que el poder autoritario ya no se mantiene tan fácil ante esta juventud cada vez más numerosa en el norte de África.


sábado, 12 de abril de 2014

Un llamado a la moderación en Hungría

A pesar de haber logrado un porcentaje de votos menor que en las últimas elecciones, el primer ministro húngaro Víktor Orbán triunfó en los comicios, mantuvo una mayoría de 2/3 e iniciará su segundo mandato consecutivo. El estilo autoritario, las diversas reformas para su conveniencia y el creciente nacionalismo, son algunas características del líder de este pequeño país de Europa
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El pasado domingo los húngaros eligieron un nuevo Congreso de 199 representantes. El partido oficialista Fidesz (Unión Cívica Húngara) obtuvo el 44% de las preferencias, ocho puntos menos que en 2010. Sin embargo el nuevo armado de las circunscripciones electorales, que formuló Orbán para debilitar a la oposición, le permitió lograr 133 asambleístas y mantener una mayoría calificada en la Cámara. Este populista de derecha iniciará un nuevo mandato en busca de profundizar la revolución conservadora. Presentándose como garante de la independencia del país frente a la Troika europea, Orbán apunta a los valores nacionalistas, del cristianismo y la familia.

El segundo lugar en las elecciones fue para la coalición de izquierdas “Unión”, grupo de cinco partidos del que forma parte el Partido Socialista. Esta fuerza política, debilitada por escándalos de corrupción en el pasado, consiguió el 25% de los votos. Los liderados por Atilla Mesterhazy han pagado caro su sumisión a las políticas neoconservadoras en los primeros años del nuevo siglo. El tercer lugar en las elecciones fue para la agrupación antisistema y neofascista, Jobbick. El grupo nacionalista encabezado por Gabor Vona tuvo un espectacular aumento, cuatro puntos más que en los comicios pasados. El partido ultraderechista Jobbick tiene como principal premisa el renacer de la nación. Los Verdes finalizaron en cuarto lugar con 5.1% mientras que el resto acumulado alcanzaron un 3% de las preferencias.

Fidesz mantiene su fuerza en el Congreso

Viktor Orbán fue primer ministro de Hungría desde 1998 a 2002. Si bien en aquel entonces ya mostraba sus tintes nacionalistas, llevó adelante un gobierno liberal y moderado. En su juventud se caracterizó por su lucha contra el comunismo, exigiendo elecciones libres así como la retirada de las tropas soviéticas. Orbán retornó al poder en 2010 prometiendo sacar al país de la crisis económica. Una de sus principales medidas fue la reducción de un 20% de las facturas de agua y electricidad. Con los años estabilizó la economía, actualmente estancada. Sin embargo la principal reforma de este “hombre de pueblo”, como le denominan sus seguidores, fue la nueva Constitución que ya sufrió cinco enmiendas.  La aprobación de 850 leyes marcan claramente la tendencia de Orbán.

Los principales cambios que implementó el primer ministro, aprovechando su mayoría de 2/3, apuntaron a la justicia, los medios y el sistema electoral. Orbán recortó los poderes del Tribunal Constitucional, quitando jueces que no eran de su agrado y poniendo gente de confianza del Fidesz. La ley de prensa, apodada ley mordaza por la oposición, limita las libertades y obliga a una cobertura equilibrada de los hechos. Por último, la nueva legislación electoral permitió el voto a húngaros nacionalizados que viven en países vecinos y modificó la estructura de las circunscripciones. Además de las mencionadas, se realizaron cambios que comprometen la independencia del Banco Nacional, penalizan a las personas que viven en la calle y establece como base el matrimonio heterosexual.

La Unión Europea está alerta por esta deriva autoritaria de Hungría. Aunque tiene poco poder para intervenir en cuestiones que no sean económicas, una institución que tanto luchó por la democracia en el continente debería prender las alarmas ante el crecimiento de este tipo de gobierno. El resurgir del antisemitismo, las marchas anti gitanas y la erosión de independencia de la justicia preocupan a Bruselas. Mientras tanto Orbán se aprovecha de la poca separación del poder político y el del Estado. Igualmente si bien mantuvo las mayorías, por el nuevo sistema electoral, la caída de ocho puntos puede ser leída como un llamado a la moderación por parte de sus compatriotas.   



martes, 8 de abril de 2014

Multimillonario gana la presidencia en Eslovaquia

El novato sin afiliación política Andres Kiska obtuvo un 58% de los votos en segunda vuelta de las presidenciales. A pesar de ser una función principalmente honorífica, su victoria evita la concentración de poder en manos de los socialdemócratas. La llegada de un outsider a la jefatura de Estado da muestra de un fenómeno que se repite en el continente europeo.
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Andres Kiska, ingeniero eléctrico de 51 años, fue directivo de grandes empresas financieras hasta el 2005 que entró en la política. Un año después fundó una organización sin fines de lucro para apoyar a familias sin recursos, apuntando al sistema social y la asistencia sanitaria. Como político, su campaña se basó en un discurso agresivo contra la corrupción y el sistema judicial, apuntando a una nueva forma de hacer política. Su slogan fue “humanizar Eslovaqua”. Kiska, que será el primer presidente de esta nación de cinco millones de habitantes sin pasado comunista, logró atraer a gran parte del electorado de centro derecha.

En la primera ronda Kiska se ubicó en el segundo lugar tras lograr el 23% de las preferencias, cuatro puntos por detrás del socialdemócrata Robert Fico. Los otros dos candidatos que más votos obtuvieron fueron el conservador Radoslav Prochazka (21%), legislador independiente y Milan Knazko (12%), figura de la Revolución Terciopelo que terminó con el comunismo en 1989. Estos dos últimos candidatos que quedaron eliminados brindaron su apoyo a Kiska para el balotaje. El objetivo de estos era evitar que el partido Smer de Robert Fico lograra el control total del parlamento (que ya lo tiene) y la presidencia.

Contrapeso para los socialdemócratas

El derrotado en segunda vuelta fue Robert Fico, quien obtuvo un 40% de los votos. Primer Ministro desde 2012, fue quien llevó al país a la zona euro en su anterior mandato (2006-2010). Este pro europeo de 49 años sufre el desgaste y descontento lógico de una política  con disciplina presupuestaria. Fico es el político más popular e influyente de los últimos años en Eslovaquia. Su partido (Smer) es la agrupación más votada en las tres elecciones legislativas anteriores. Actualmente controla el Congreso con mayoría (84/150 escaños). Históricamente Fico se posicionó como una alternativa de los gobiernos de corte liberal que gobernaron desde 1998 a 2006, administraciones de centro derecha con líderes actualmente desacreditados por casos de corrupción.


Kiska asumirá el 15 de junio cuando finalice el segundo mandato del izquierdista Ivan Gasparovic. Su principal función será el nombramiento de cargos en la fiscalía y el sector judicial, así como ser un contrapeso al Parlamento en manos de los socialdemócratas. También su victoria supone un alto en la política tradicional de este país soberano desde 1992. Eslovaquia tuvo un fuerte desarrollo industrial en el último tiempo fruto de la fuerte presencia de empresas extranjeras que se instalaron luego de la desregulación del mercado de trabajo. Sin embargo el combate a la corrupción aparece como el desafío más grande para este pequeño país. 

miércoles, 2 de abril de 2014

Luz verde para la conducción autoritaria

Las elecciones municipales en Turquía dan un nuevo empujón a Recep Tayyip Erdogan, personaje muy disminuido en los últimos tiempos. La represión a las protestas sociales en julio del año pasado, los casos de corrupción y el control sobre internet, son claras muestras de la deriva autoritaria del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP). El triunfo en las urnas de la agrupación del primer ministro le da el aire que necesitaba para continuar en el poder. 
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Erdogan es el primer ministro de Turquía desde 2003, liderando un partido conservador nacionalista de centro derecha. Ex alcalde de Estambul, puesto en el que se consolidó como político, alcanzó una alta popularidad en los primeros años de gobierno gracias a la bonanza económica. Durante su administración triplicó la renta per cápita con un crecimiento que por momentos llegó al 9%. El acercamiento a Europa, negociando un tratado de adhesión desde 2005, es otro de los puntos a favor. Esta situación le permitió ganar tres elecciones legislativas consecutivas con mayorías absolutas, las últimas en 2011 con 50% de los votos.

Las complicaciones para Erdogan comenzaron en junio de 2013 cuando en una situación inesperada se produjeron protestas callejeras por la demolición del parque de Gezi en el centro de Estambul. La polarización creció en un país en donde las huelgas no están permitidas. Los detractores del primer ministro reclamaron y expresaron su descontento por la supuesta agenda oculta islamista así como la necesidad de cambios democráticos. La polarización trajo como consecuencia divisiones en el gobierno, principalmente el apartamiento del Movimiento Islámico Hizmet, la cofradía del imán Fethula Gulen, exiliado en Estados Unidos.

Los últimos sucesos que complicaron a Erdogan pasan por casos de corrupción. En el último tiempo 80 personas fueron detenidas, entre ellas familiares directos de ministros, lo cual generó cambios necesarios en el gobierno. Empresas opositoras castigadas y periodistas detenidos son algunas de las muestras de esta deriva autoritaria de Erdogan, que aumentó en febrero con el control sobre Internet por parte del Ejecutivo. Las autoridades bloquearon Twitter y Youtube por las filtraciones de una importante reunión de seguridad que supuestamente amenazaba la seguridad nacional.

Impulso de cara a las presidenciales

En esta ola de críticas, por el creciente autoritarismo, se realizaron las elecciones municipales. Por cómo se vivió en los medios y las declaraciones de Erdogan en la campaña, los comicios eran una especie de referéndum para el primer ministro. El mandatario había asegurado que si no obtenía un buen resultado se alejaría de la política. Los resultados nuevamente fueron bastante aceptables para Erdogan, ya que se había marcado el listón de los comicios locales anteriores, el cual superó ampliamente. Por lo tanto los comicios se los puede considerar como un voto de confianza para el primer ministro.

Un 46% de los votos, seis puntos más que en 2009, para el AKP así como la adjudicación de las alcaldías de Ankara y Estambul, ciudades que gobiernan hace dos décadas, le dan una victoria al oficialismo por encima de la oposición. En segundo lugar terminó el Partido Republicano del Pueblo (CHP), socialdemócrata, que acusa a Erdogan de llevar al país hacia una dictadura. Esta formación laica obtuvo un 28%, se apoderó del ayuntamiento de Esmirna y declaró que impugnará los resultados por fraude. El Movimiento para la Acción Nacionalista alcanzó un 15% de los sufragios mientras que el nacionalista kurdo (Partido de la paz y democracia) tuvo un 4% de las preferencias.

La victoria de Erdogan seguramente le permitirá cumplir con su objetivo de gobernar hasta 2023, cuando se cumpla el centenario del Estado turco. Su mandato como primer ministro concluye en julio de 2015 y según los estatutos de su partido no podrá presentarse por 4ª vez. Sin embargo quizás sea candidato el próximo 10 de agosto cuando se elija el sucesor del actual presidente Abdula Gul, primera elección que será por sufragio universal y directo. Si bien la figura del primer ministro continúa siendo la más importante, cambios en la Constitución le permitirían a Erdogan hacerse fuerte desde la jefatura de estado. Claramente ganó pese a últimos sucesos negativos para su gobierno pero si continúa administrando con este estilo autoritario no demorarán en aparecer nuevamente las protestas callejeras.



jueves, 27 de marzo de 2014

El “triunfo” de Le Pen en las elecciones municipales

El abstencionismo, la caída de los socialistas y el crecimiento del Frente Nacional de Marine Le Pen son las principales conclusiones de la primera ronda de los comicios municipales en Francia. Mirando hacia el futuro es la consolidación de este grupo populista como la tercera fuerza política en un momento difícil para los dos bloques tradicionales. Por último se destaca el posicionamiento de Le Pen de cara a los comicios europeos que tienen a los euroescépticos como favoritos en el país galo.
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El domingo pasado se realizaron las elecciones municipales en Francia con resultados que sorprenden. La centro derecha, representada por la Unión por un Movimiento Popular (UMP), logró un 46% de los votos y alrededor de 250 alcaldes. La coalición conservadora se benefició del declive de los socialistas. La baja votación del Partido Socialista (37%) se lee como un voto castigo al gobierno de Francois Hollande. El golpe duro para las fuerzas de izquierda conlleva la necesidad de analizar las políticas que se vienen realizando por parte del presidente más impopular de los últimos tiempos (actualmente tiene un 18% de popularidad). El giro neoliberal con recortes del gasto público y un pacto por el empleo con la patronal son algunas de las políticas más criticadas de Hollande.

El Frente Nacional de extrema derecha fue la sensación de los comicios, aunque alcanzó tan solo un 4,5%. Su candidata Marine Le Pen explotó su mensaje populista, antisistema y nacionalista en un momento difícil para los bloques tradicionales (UMP y PS). La abstención fue la otra ganadora en los comicios. Un 38% de la población no salió a votar, cuatro puntos porcentuales más que en las elecciones de 2008. Esto es el fiel reflejo de la desconfianza en la clase política, principalmente en zonas urbanas. Una de las últimas encuestas asegura que el 88% de los franceses afirman que los políticos no se preocupan por sus problemas.

El 30 de marzo se desarrollará la segunda ronda de los comicios municipales, decisiva para las grandes ciudades: París, Lyon y Marsella. En la capital, Kosciusko Morizet, Ministra de Medio Ambiente en el mandato del ex presidente Nicolas Sarkozy, fue quien más votos logró (35%). Sin embargo un punto por debajo se ubicó la candidata socialista Anne Hidalgo. La franco española obtuvo un 34% y pactó para la segunda vuelta con Los Verdes que obtuvieron un 8%. El Frente Nacional conquistó un 6% en París y sus votos también serán clave en segunda ronda. Mientras que en Marsella, la gran catástrofe fue para los socialistas que obtuvieron un 20%, por detrás del Frente Nacional (22%) y el UMP (40%).

El ascenso del nacionalismo y populismo francés

El Frente Nacional superó las expectativas de todos. Marine Le Pen, como figura emergente, se convirtió en la tercera alternativa política de Francia. En 2012 esta agrupación nacionalista recibió el 18% de los votos, siete puntos porcentuales más que lo que logró su padre, Jean Marie, en 2007. Esto se debe a un cambio de perfil del partido. La figura del líder histórico se fue desgastando con sus continuos ataques a inmigrantes y judíos. En 2011 Marine asumió buscando cambiar esa imagen xenófoba del partido, intentando profesionalizarlo a través de la prohibición de comentarios racistas en público y una renovada agenda económica.


Para estos comicios Marine Le Pen salió en búsqueda de los votos del electorado joven. En las últimas elecciones municipales (2008) el Frente Nacional no había logrado ninguna alcaldía pero este año obtuvo dos en primera vuelta. En el feudo de Le Pen, Henin-Beaumont, ganaron la alcaldía en el primer turno al superar el 50% de los votos. El buen resultado en estos comicios refuerza a la eurodiputada de 45 años como favorita para las elecciones europeas que se desarrollarán en mayo. Quizás las municipales sean una foto de lo que pueda ocurrir en los próximos meses. 

domingo, 16 de marzo de 2014

El Salvador: la eterna polarización

La campaña para el ballotage, que se realizó el 9 de marzo, exhibió fisuras de la historia reciente salvadoreña. Los resultados ajustados entre los dos candidatos más votados en febrero y la insistencia de la derecha de un supuesto fraude electoral, polarizan a un país que parecía haber encontrado la confianza en su democracia. ARENA, partido perdedor en la contienda, tendrá que sincerarse y actuar de una forma políticamente responsable para no convertir a El Salvador en otra Venezuela.  
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Tres días después que se celebró la segunda vuelta, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) comunicó que el oficialista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) obtuvo más votos en los comicios aunque esperará resolver los recursos pendientes, presentados por la oposición, para proclamarlo ganador. El candidato del FMLN, Salvador Sánchez, venció por 0,22%, unos seis mil votos en alrededor de tres millones. Sin embargo el partido de oposición, ARENA (Alianza Republicana Nacionalista), declaró que existió fraude por la presencia de votos dobles y presentó recursos, entre ellos una petición de nulidad.

El sistema electoral del país centroamericano obliga a la realización de un ballotage si ningún candidato obtiene el 50% en primera vuelta. Eso fue lo que sucedió en febrero cuando el candidato de izquierda Sánchez obtuvo 48%, diez puntos porcentuales por encima de Norman Quijano, ex alcalde capitalino durante dos períodos. La tercera fuerza política fue Unidad del ex presidente (2004-2009) de derecha Elías Antonio Saca, expulsado del partido ARENA, que alcanzó un 11%. Por primera vez apareció un gris entre tanta polarización entre los dos polos tradicionales: izquierda y derecha.

En estas últimas semanas el objetivo de ambos candidatos fue captar los votos de Saca, meta que parece haber logrado Quijano, a pesar que Sánchez declaró que había recibido el apoyo del ex mandatario. La polarización aumentó en los días previos a la elección y la campaña se fue tornando hacia los miedos del pasado. ARENA apeló a viejos recuerdos, reagrupando el voto de la derecha y relacionando al FMLN con la Venezuela chavista, que pasa por su peor momento. A Sánchez se lo tildó como un candidato bolivariano, acusación que el presidente Mauricio Funes se preocupó por desmentir. Seguramente las confrontaciones ideológicas llevaron a que la participación en esta segunda vuelta (61%) haya sido mayor que en febrero (53%), característica que no es común en El Salvador.

Superar las diferencias históricas: la necesidad de convivir

El FMLN, que nació como un grupo guerrillero, se convirtió en partido político tras la firma de los acuerdos de paz en 1992. Fue oposición durante 17 años hasta que Mauricio Funes ganó las elecciones con un 51% de los votos en 2009. Este periodista dejará la presidencia siendo el mandatario más popular desde que finalizó la guerra civil. A diferencia de Funes, que se presentaba como un candidato sobrio sin relación con la guerrilla, el vicepresidente y ahora candidato Sánchez, fue uno de los cinco máximos jefes del grupo guerrillero. A pesar de ello se puede afirmar que el FMLN alcanzó su madurez política, llevando adelante un gobierno pragmático, moderado y lejos de las políticas de la izquierda radical latinoamericana.   

La campaña de Sánchez embanderando la izquierda moderada y con un giro hacia el centro no convenció a un electorado que parece no olvidar que fue uno de los comandantes de la guerrilla. La derecha, sin un proyecto alternativo serio, dividida, con asesores investigados y necesitando urgentemente la renovación, apeló a los miedos y fantasmas (dignos de la Guerra Fría) para retornar al poder. Una vez derrotada, la derecha tradicional debería aceptar la oferta de diálogo de Sánchez para dejar atrás la historia de violencia y poder fortalecer una democracia que siempre ha sido débil. Sin embargo la opción de Quijano parece ser otra, ya que incluso mencionó a las Fuerzas Armadas como garantes de la jornada electoral.


Sánchez debe esperar a que lo declaren oficialmente como ganador para comenzar a trabajar en la transición. Fortalecer el crecimiento económico (superar el 1.9% del PBI), continuar la lucha (o tregua) contra las maras para garantizar la seguridad ciudadana, superar la pobreza y mejorar la educación son algunos de los objetivos que tendrá para los próximos años. Además deberá lograr consensos en una nación dividida y con un sistema electoral que colabora con esta polarización entre la “oligarquía” y los “socialistas”. Estará en la madurez política de la derecha (principalmente) y en el pragmatismo de la izquierda continuar construyendo democracia en este pequeño país centroamericano, para no terminar como Venezuela.