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jueves, 11 de septiembre de 2014

¿Hacia dónde va Turquía?

La potencia regional tiene desde hace pocos días un nuevo presidente: Recep Tayyip Erdogan. El ex primer ministro, cargo que ocupó durante 11 años, intenta cambiar el sistema parlamentario a uno semi presidencialista para de esa forma llegar al centenario de la nación (2023) como máxima figura política. Sus desbordes autoritarios y la búsqueda de permanecer en el poder opacan la primera etapa de Erdogan, elogiada por propios y extraños.

El 10 de agosto, en una especie de plebiscito hacia su persona, Erdogan ganó con el 51.8% las primeras elecciones presidenciales por voto directo. Los principales partidos de oposición (CHP y MHP) acudieron a los comicios liderados por Ekmeleddin Ihsanoglu, un académico de 70 años que logró atraer el voto de los islamistas más moderados, alcanzando un 38.4%. El tercer contendiente fue Selahattin Demirtas del Partido Democrático de los Pueblos y representante de los kurdos, que obtuvo el 9.7%.

La primera etapa de Erdogan fue alabada debido a que sometió al Ejército (clave en la historia política turca), triplicó el PBI del país, amplió las oportunidades de consumo, desarrolló infraestructura y mejoró las condiciones para la ciudadanía de ingresos bajos y medios. El ex alcalde de Estambul y líder del Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP) fue apoyado por sectores liberales debido a que dejó de lado el nacionalismo e inició las conversaciones de adhesión con la Unión Europea. Surgía un modelo de Turquía modernizadora y occidental.

Pese a ello la figura de Erdogan comenzó a dividir las aguas luego de las victorias de 2007 y 2011. Acusado de autoritario y de poseer una visión conservadora, el mandatario tuvo que soportar manifestaciones masivas en junio de 2013 y críticas internacionales por la violenta respuesta. El bloqueo de redes sociales y las presiones a la prensa fueron claves para un cambio en la concepción de su figura. El amplio espacio que le dio en el último tiempo al Islam también es objeto de crítica por parte de los sectores laicos.

Sin embargo en marzo el partido de Erdogan fue el vencedor de los comicios locales, a pesar del escándalo de corrupción que derivó en la dimisión de cuatro ministros. El mandatario acusó al movimiento de Fetula Gulen, autoexiliado en Estados Unidos, de hacer una campaña en su contra, desatando una purga contra policías, jueces y fiscales. En este sentido el politólogo español Eduard Soler identifica ciertas características de esta segunda etapa de Erdogan en el poder: un lenguaje insultante, la apelación a las conspiraciones, un enfriamiento de la política exterior y un freno al acercamiento con Europa.

En este contexto Erdogan volvió a ganar una nueva elección y asume una jefatura de estado que hasta el momento tuvo carácter simbólico. El mandatario aspira a cambiar la Constitución tras las elecciones generales de 2015 (que renovará el Parlamento) con el objetivo de transformar el régimen parlamentario, adjudicándole al presidente funciones como la de disolver el Parlamento o nombrar ministros. Para realizar las reformas, el AKP deberá contar con una mayoría parlamentaria. Por ello son claves los diputados kurdos y también el proceso de paz iniciado en este último tiempo. Los reclamos de derechos sociales y políticos de los kurdos seguramente entren en una cadena de dar y recibir con respecto a las aspiraciones de Erdogan.

Al asumir como presidente, el cargo de primer ministro de Turquía fue ocupado por Ahmet Davutoglu, hasta hace pocos días ministro de Exteriores. Erdogan necesita un jefe de gobierno que responda a él, al menos hasta que no reforme la Constitución. Aunque Erdogan en su último discurso prometió fortalecer la democracia es difícil pensar que el mandatario se alejará del curso que tuvo su gobierno en los últimos años. Si bien marcó como prioridades la integración con la Unión Europea, la aplicación de reformas democráticas y la consolidación del proceso de paz con los kurdos, cuando se emprende un camino hacia el autoritarismo, difícilmente se vuelva atrás. Los cambios de reglas constantes para beneficio propio no condicen con las principales teorías democráticas.

El panorama político turco es complejo. El enfrentamiento con los opositores, acusándolos de traidores e imponiendo el concepto de la lucha entre el pueblo (que él representa) y el enemigo, denotan una deriva populista. Erdogan representa una mezcla de convervadurismo, neoliberalismo en lo económico y antiliberalismo en lo político o quizás un populismo con un componente religioso. En este sentido cabe destacar algunos conceptos con respecto al populismo. Según el analista e investigador Anthony Painter, el ascenso del populismo de derecha es uno de los hechos más significantes del último tiempo en Europa. Un populismo que no busca remplazar la democracia sino cambiarla, oponiéndose a los pesos y contrapesos de la democracia liberal. 

En lo que refiere a Europa, el politólogo Germán Clulow citando a Matzoleni marca ciertas características centrales del neopopulismo europeo: la valorización excesiva del pueblo y el hombre de la calle como pieza central, demanda de participación política directa, desconfianza a las elites, la exaltación del líder como eje aglutinador y por último, un equilibrio precario entre la crítica y aceptación al sistema. En los últimos años se pueden observar algunas de estas características mencionadas en Erdogan. Principalmente esa apelación a la “nueva Turquía”, contrastándola con el pasado al que él no pertenece.


Populista o no, Erdogan se está alejando de aquel modelo de democracia musulmana que el mundo observó en una primera instancia. Resta esperar si los cambios realizados son simplemente para mantenerse en el poder o para avanzar fuertemente hacia un autoritarismo, aunque la primera sea ineludiblemente parte de la segunda. Debemos estar atentos al futuro de Turquía, clave por su rol estratégico en una zona conflictiva que incluye asuntos como Gaza, Siria, Irak y el Estado Islámico.

miércoles, 2 de abril de 2014

Luz verde para la conducción autoritaria

Las elecciones municipales en Turquía dan un nuevo empujón a Recep Tayyip Erdogan, personaje muy disminuido en los últimos tiempos. La represión a las protestas sociales en julio del año pasado, los casos de corrupción y el control sobre internet, son claras muestras de la deriva autoritaria del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP). El triunfo en las urnas de la agrupación del primer ministro le da el aire que necesitaba para continuar en el poder. 
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Erdogan es el primer ministro de Turquía desde 2003, liderando un partido conservador nacionalista de centro derecha. Ex alcalde de Estambul, puesto en el que se consolidó como político, alcanzó una alta popularidad en los primeros años de gobierno gracias a la bonanza económica. Durante su administración triplicó la renta per cápita con un crecimiento que por momentos llegó al 9%. El acercamiento a Europa, negociando un tratado de adhesión desde 2005, es otro de los puntos a favor. Esta situación le permitió ganar tres elecciones legislativas consecutivas con mayorías absolutas, las últimas en 2011 con 50% de los votos.

Las complicaciones para Erdogan comenzaron en junio de 2013 cuando en una situación inesperada se produjeron protestas callejeras por la demolición del parque de Gezi en el centro de Estambul. La polarización creció en un país en donde las huelgas no están permitidas. Los detractores del primer ministro reclamaron y expresaron su descontento por la supuesta agenda oculta islamista así como la necesidad de cambios democráticos. La polarización trajo como consecuencia divisiones en el gobierno, principalmente el apartamiento del Movimiento Islámico Hizmet, la cofradía del imán Fethula Gulen, exiliado en Estados Unidos.

Los últimos sucesos que complicaron a Erdogan pasan por casos de corrupción. En el último tiempo 80 personas fueron detenidas, entre ellas familiares directos de ministros, lo cual generó cambios necesarios en el gobierno. Empresas opositoras castigadas y periodistas detenidos son algunas de las muestras de esta deriva autoritaria de Erdogan, que aumentó en febrero con el control sobre Internet por parte del Ejecutivo. Las autoridades bloquearon Twitter y Youtube por las filtraciones de una importante reunión de seguridad que supuestamente amenazaba la seguridad nacional.

Impulso de cara a las presidenciales

En esta ola de críticas, por el creciente autoritarismo, se realizaron las elecciones municipales. Por cómo se vivió en los medios y las declaraciones de Erdogan en la campaña, los comicios eran una especie de referéndum para el primer ministro. El mandatario había asegurado que si no obtenía un buen resultado se alejaría de la política. Los resultados nuevamente fueron bastante aceptables para Erdogan, ya que se había marcado el listón de los comicios locales anteriores, el cual superó ampliamente. Por lo tanto los comicios se los puede considerar como un voto de confianza para el primer ministro.

Un 46% de los votos, seis puntos más que en 2009, para el AKP así como la adjudicación de las alcaldías de Ankara y Estambul, ciudades que gobiernan hace dos décadas, le dan una victoria al oficialismo por encima de la oposición. En segundo lugar terminó el Partido Republicano del Pueblo (CHP), socialdemócrata, que acusa a Erdogan de llevar al país hacia una dictadura. Esta formación laica obtuvo un 28%, se apoderó del ayuntamiento de Esmirna y declaró que impugnará los resultados por fraude. El Movimiento para la Acción Nacionalista alcanzó un 15% de los sufragios mientras que el nacionalista kurdo (Partido de la paz y democracia) tuvo un 4% de las preferencias.

La victoria de Erdogan seguramente le permitirá cumplir con su objetivo de gobernar hasta 2023, cuando se cumpla el centenario del Estado turco. Su mandato como primer ministro concluye en julio de 2015 y según los estatutos de su partido no podrá presentarse por 4ª vez. Sin embargo quizás sea candidato el próximo 10 de agosto cuando se elija el sucesor del actual presidente Abdula Gul, primera elección que será por sufragio universal y directo. Si bien la figura del primer ministro continúa siendo la más importante, cambios en la Constitución le permitirían a Erdogan hacerse fuerte desde la jefatura de estado. Claramente ganó pese a últimos sucesos negativos para su gobierno pero si continúa administrando con este estilo autoritario no demorarán en aparecer nuevamente las protestas callejeras.



lunes, 3 de junio de 2013

Situación inesperada

El gobierno turco de Erdogan sacudido por protestas callejeras
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Continúan, por cuarto día consecutivo, los enfrentamientos entre la Policía y los manifestantes en el barrio de Besiktas, Estambul, capital económica de Turquía. Las fuerzas de seguridad utilizaron gases lacrimógenos para frenar a la horda que marchaba hacia la oficina del primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, al cual acusan de un creciente autoritarismo. La protesta, que no tiene precedentes, es la mayor muestra de descontento desde que asumió el mandatario hace más de una década.
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Las manifestaciones comenzaron el lunes 27 de mayo como protesta contra los planes del gobierno de convertir el Parque Gezi de Estambul en un centro comercial. El otro proyecto al que se oponen es el plan urbanístico que incluye la construcción de una mezquita en la Plaza Taskim. La respuesta policial, con la utilización de cañones de agua para dispersar, provocó que la manifestación alcance una mayor envergadura. Amnistía Internacional denuncia dos muertos, se estiman 100 heridos y alrededor de 1700 personas fueron detenidas, aunque muchos fueron dejados en libertad. Los manifestantes hicieron barricadas con adoquines, señales de tráfico y materiales de construcción. Aseguran que la revuelta no tiene líderes y surge de forma espontánea, convocada por Twitter, aunque cuenta con la participación de pequeños grupos políticos de izquierda. Los manifestantes buscan las disculpas públicas de Erdogan y la detención del proyecto. También se produjeron enfrentamientos en otras ciudades; en Izmir, al oeste del país, se originó un ataque a la sede del gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP).

El primer ministro Erdogan criticó a los manifestantes, a los cuales calificó de antidemocráticos. El mandatario rechazó las acusaciones y señaló que la economía ha tenido grandes avances durante su gobierno. Aseguró que las protestas provienen de grupos extremistas marginales y que los servicios secretos investigan la implicación de potencias extranjeras, las cuales le solicitan moderación. También acusó a la principal agrupación de la oposición, el socialdemócrata Partido Republicano Popular. Por otra parte, el presidente Abdula Gul pidió sentido común a los manifestantes y afirmó que los mensajes bien intencionados fueron recibidos por el gobierno. Además expresó su preocupación por la presencia de organizaciones ilegales. El estallido de esta protesta ciudadana que surge por quejas medioambientales posee aspectos principalmente culturales. La reciente legislación que restringe la publicidad y venta de alcohol así como la eliminación de restricciones sobre la presencia de la religión en la esfera pública, son factores clave para los sucesos que se registraron esta semana.

Un gobierno de más de diez años

La formación política de Erdogan gobierna desde 2002. Sus números en las urnas se han venido incrementando en las últimas elecciones y referéndums. En 2011 alcanzó un 50% de los votos en los comicios legislativos, lo que le permitió obtener 327 de los 550 escaños en el Parlamento. El mandatario comenzó su carrera política en Estambul, donde hoy son fuertes las protestas, tras alcanzar la alcaldía en 1994. El objetivo actual de Erdogan es reformar la Constitución para instaurar un sistema presidencialista, frente al actual régimen parlamentarista, ante la imposibilidad de renovar su mandato en 2015. Su meta es gobernar hasta 2023, año en que se cumple el centenario del Estado turco, fundado por el defensor de la laicidad Ataturk, tras el hundimiento del Imperio Otomano. Con una gestión pragmática durante los primeros años, Erdogan se ganó la confianza de la población pero con el correr del tiempo se lo acusa de haber perdido el contacto con la realidad. Las promesas de reformas quedaron en eso y si bien meses atrás se solucionó la cuestión kurda, los turcos exigen aún más.  


En un país en el que las huelgas generales no están permitidas, dos semanas de protestas contra el gobierno es un llamado de atención. La población le pide a Erdogan un cambio en la forma de hacer política. El tinte autoritario de su gobierno ha llevado a que grupos heterogéneos encabecen una revuelta política y cultural. Esta nación que creció un 2% en el último año, miembro de la OTAN y candidato a la Unión Europea, sufrió una acumulación de emociones por parte de la juventud. Una protesta que comienza por un proyecto urbanístico en una zona verde pero que trae por detrás quejas por los cambios en el sistema educativo y en el alejamiento de un Estado laico. El apoyo a los rebeldes en Siria, lo cual produjo un atentado por parte de grupos leales a Bashar Al Asad en una ciudad turca fronteriza, marca un descontento de la minoría alauí. Erdogan tendrá que cambiar si no quiere terminar como otros mandatarios de la zona. Por ahora se fue de gira diplomática por países del Magreb como si nada hubiese ocurrido, pero tendrá que prestar atención a los movimientos que se generan si quiere seguir firmemente en el poder de esta potencia emergente clave en la región. 

jueves, 21 de marzo de 2013

Histórico avance hacia la paz entre Turquía y los kurdos

El líder del Partido de los Trabajadores de Kurdistán ordenó dejar las armas y apostar a la negociación
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La guerrilla kurda declaró este jueves el alto al fuego con Turquía. Su líder Abdalá Ocalan, encarcelado desde 1999, anunció que es tiempo para la paz. El comunicado histórico fue leído ante más de 200.000 personas que se reunieron en Diyarbakir, principal ciudad kurda de Turquía. La declaración para dejar las armas antes de agosto y el pedido a los militantes que se retiren del país, es un primer paso para poner fin a una guerra que lleva casi 30 años con un saldo de 45.000 muertos.  
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Los políticos del Partido para la Paz y la Democracia (PPD), única agrupación prokurda legal en Turquía, dieron inicio al ambiente festivo en Diyarbakir. El comunicado leído en kurdo y turco se dio a conocer el día de la celebración de Noruz, año nuevo persa, una festividad celebrada por esta comunidad. La declaración de alto al fuego y la retirada de los militantes hacia el norte de Irak buscan satisfacer los pedidos del primer ministro turco Recep Tayip Erdogan. Abdalá Ocalan, líder del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), recibió en las últimas semanas la visita de diputados del PPD en la cárcel de la isla de Imrali para conversar sobre las negociaciones con Turquía. Ocalan fue arrestado en Kenia hace catorce años y condenado a cadena perpetua. Los contactos para lograr un acuerdo entre el jefe de inteligencia turca y el mandamás de la guerrilla comenzaron a finales del 2012. Si bien el asesinato de tres miembros del PKK en París enrareció las conversaciones, el clima de optimismo con respecto al proceso de paz se mantuvo.   

En enero de 2013 comenzaron los contactos directos entre el gobierno de Turquía y el fundador del PKK para finalizar el conflicto que comenzó en 1984, causando una mayoría de muertes kurdas y de civiles. Los principales objetivos de Turquía son la retirada de los guerrilleros de su territorio y el desarme de la organización que consideran, al igual que la Unión Europea y Estados Unidos, de carácter terrorista. A cambio Abdulá Ocalan exige mayor autonomía para la región kurda del sudeste y el reconocimiento de una serie de derechos sociales y políticos para su pueblo. Las señales que posibilitaron el alto al fuego vinieron de las dos partes. En enero el parlamento turco aprobó una ley que brinda el derecho a las personas a defenderse en tribunales usando el idioma materno, permitiéndole a los kurdos utilizar el suyo y satisfaciendo una de las demandas del PKK. En respuesta a ese gesto se liberaron a ocho rehenes turcos que llevaban más de un año y medio retenidos en el norte de Irak, allí donde la guerrilla tiene su cuartel general en el enclave montañoso de Qandil.

Una lucha que se remonta al final de la Primera Guerra Mundial

La comunidad kurda en el mundo asciende a 40 millones de personas distribuidas principalmente en cuatro estados: Turquía (donde se establecen casi la mitad), Siria, Irak e Irán. Es fuerte la presencia en Armenia y Azerbaiyán así como en Europa, donde se destaca la población en Alemania (700.000) y Francia (150.000). En Turquía, donde han sido tradicionalmente discriminados, representan el 20% de la población, siendo la principal minoría de la nación. El nacionalismo kurdo se originó con el desmembramiento del Imperio Otomano tras la Primera Guerra Mundial. En 1923 el Tratado de Lausana, que reconoció a Turquía como país soberano, no tomó en cuenta un Kurdistán independiente. La insurrección que duró décadas tuvo como punto de inflexión la creación del PKK de ideología marxista-leninista en 1978, que aspiraba a la independencia del pueblo kurdo. El proceso de Oslo en 2009 que buscó una salida negociada al conflicto tuvo un final abrupto con cientos de arrestados en 2011 y huelgas de hambre por parte de prisioneros kurdos durante 2012.

El objetivo principal de las negociaciones es superar la desconfianza entre turcos y kurdos. Para ello el alto al fuego y una posible reforma legislativa que ayude a integrar a la minoría kurda permitiéndoles participar en política son fundamentales. Erdogan aprovecha esta oportunidad en medio de su segundo mandato, no asumiendo riesgos políticos, sintiéndose fuerte tras haber logrado su reelección en 2011 y muy lejano de los futuros comicios de 2014/15. El apoyo público de la población turca es clave ya que el nacionalismo es muy fuerte y se detesta la figura de Ocalan. A su vez la decisión de pactar con los kurdos así como la cesión de autonomía es un paso importante y condición previa para la adhesión de Turquía a la Unión Europea. Por el otro lado los kurdos dejan las armas en un momento importante en el que han logrado administrar sus regiones tanto en Siria como en Irak. La estrategia kurda del terror y las acciones militares del ejército turco solo condujeron a una cruda guerra. A partir de hoy se inicia un nuevo capítulo en la relación entre ambos, apuntando hacia la política y la negociación, en definitiva hacia la paz.


lunes, 13 de junio de 2011

Erdogan fue reelecto nuevamente en Turquía



El actual primer ministro, Tayyip Recep Erdogan, logró una tercera victoria consecutiva pero deberá negociar la reforma de la Constitución.

El Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) gobierna Turquía desde 2002 con el liderazgo de Tayyip Recep Erdogan. Los resultados de los comicios legislativos, a los cuales estaban convocados alrededor de 50 millones de ciudadanos, dieron como resultado un 50.8% de las preferencias para el actual mandatario. En segundo lugar se ubicó el Partido Republicano del Pueblo (CHP) de tendencia socialdemócrata con 26%, logrando aumentar un 5% en relación a las elecciones del 2007. La tercera fuerza política seguirá siendo el Partido Nacionalista (MHP) de extrema derecha que consiguió un 13%.

Los comicios del domingo renovaron el parlamento unicameral de un país que ha crecido en un 9% en el último año. Las miradas estaban puestas en la representación que cada uno de los bandos políticos lograría en la Gran Asamblea Nacional, debido a que no cabían dudas que el AKP volvería a liderar el país por tercera vez consecutiva. El conservador Erdogan se planteó superar la barrera de los 330 diputados, que le permitía poder lanzar la reforma de la Constitución sin pactar con la oposición. Los 326 representantes que logró el partido islamista moderado no alcanzaron el número deseado. El CHP liderado por Kemal Kilicdaroglu, apodado el Gandhi turco por su parecido físico con el histórico guía de la India, será la principal fuerza opositora, la cual buscará controlar al gobierno que posee mayoría absoluta en el parlamento. El MHP que superó en un 3% su participación en las pasadas elecciones y el Partido para la Paz y Democracia (BDP) de los nacionalistas kurdos, completarán la Asamblea.


El primer ministro Erdogan ha planteado durante la campaña electoral la necesidad de reformar la Constitución heredada de gobiernos militares de la década del ochenta. Su propuesta más trascendente es la sustitución del modelo parlamentario por uno presidencialista al estilo de Francia o Estados Unidos. El mandatario que ha comandado al país con muy buenos resultados económicos, buscaría postularse para el cargo de Presidente con posibilidad de gobernar hasta 2023, cuando Turquía cumpla el centenario de su independencia. Para este nuevo período, además de la mencionada reforma, los principales desafíos siguen siendo el ingreso a la Unión Europea y el veto de Chipre así como el conflicto kurdo y la exigencia de este grupo de una mayor descentralización.


Los resultados de las elecciones dan continuidad al proceso exitoso llevado adelante por el premier turco Erdogan. Si bien se cuestionan diversas actitudes como la persecución a ciertos sectores del periodismo o la búsqueda de perpetuarse en el poder, las reformas en Turquía la han convertido en una democracia más cerca del mundo occidental. No haber alcanzado los diputados necesarios para cambiar la Constitución por iniciativa propia posibilita un mayor control de la oposición y la búsqueda de consensos. Por este camino, Turquía se encamina a ocupar un lugar en el continente europeo y a consolidarse como una de las potencias emergentes del mundo.