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miércoles, 23 de abril de 2014

Lentos movimientos en Argelia

El anciano de 77 años, Adelaziz Buteflika, volvió a ganar las elecciones e iniciará su cuarto mandato consecutivo. Aunque hace un año todo indicaba que la salud del actual presidente le iba a impedir renovar su estadía en el poder, Buteflika nuevamente vence y alarga la tan ansiada transición en Argelia. Los dirigentes del Frente de Liberación Nacional, partido dominante en este país, no quisieron arriesgar con una nueva figura y apostaron por una transformación segura.
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Lo más importante en las elecciones presidenciales de Argelia no fue el 81% de votos que obtuvo Buteflika (3.5% menos que hace cinco años) sino el alto porcentaje de abstención, que llegó a 51% o quizás más si se incluyen aquellos ciudadanos que no poseen carné electoral. Tal número era previsto principalmente por el desgano de la gente joven que hoy representa casi la mitad del país ya que el 45% de los argelinos tiene menos de 25 años. Cansados de la burocracia, la clase política y la carencia de libertades públicas, cierto sector de la población exige otra concepción de país. Sin embargo el movimiento crítico Barakat (Bastante en español), que se expandió en las calles en los últimos tiempos, no logró mucha convocatoria en la jornada electoral.

Las elecciones del jueves pasado se desarrollaron con total tranquilidad y mucha presencia de las fuerzas de seguridad. Buteflika concurrió a votar con normalidad a pesar de que hace más de dos años no se lo veía en público, después de aquel derrame cerebral que lo mantuvo internado 80 días en París. La campaña electoral de esta figura histórica la realizaron seis de sus principales colaboradores, aprovechando los medios oficiales. Esa fue una de las quejas del líder de la oposición, Ali Benflis, quien obtuvo un 12% y denunció fraude. Este abogado independiente fue ex jefe de gobierno de Buteflika durante su primer mandato. Benflis propuso en estos días una conferencia nacional para debatir el avance a la democracia. También cabe destacar que el resto de los candidatos no lograron más de un 3% en los comicios.

Argelia clave para Europa

Este enorme país del norte de África mantiene cierta estabilidad pese a la Primavera Árabe que en 2011 sacudió la región. Buteflika lidera Argelia desde 1999 cuando inició el proceso de reconciliación nacional que dio fin a una larga guerra civil, entre el ejército y los militantes islamistas, que dejó como saldo alrededor de 200.000 muertos. Aquel conflicto se desató debido a que los partidarios del Frente Islámico intentaron tomar por la fuerza lo que los militares le habían arrebatado en las urnas en 1992. Tras ese período de guerra, la figura de Buteflika representa pacificación y estabilidad en el segundo país con mayor producción de hidrocarburos en África. Es un político respetado también por su participación en el Movimiento de Liberación que luchó contra el dominio colonial francés.

La certidumbre en Argelia es tranquilidad para sus socios comerciales, principalmente europeos, ante los problemas que surgen en Rusia y Ucrania por el actual diferendo de Crimea. Los movimientos bruscos en un gigante como este país de 38 millones de habitantes, supondrían un peligro para los intereses occidentales. Es por ello que no se oyen muchas voces de disconformidad con respecto al oficialismo argelino, igual de anti democrático que muchos otros. Europa y Estados Unidos prefieren aceptar esta aparente democracia antes que dejar el gobierno al libre albedrio y que las urnas le den la victoria a islamistas de políticas indescifrables.

Buteflika, que se inició en la política hace 52 años como Ministro de Juventud y Deporte, hoy vuelve a ganar las elecciones, siendo la clave de una posible lenta transición a la democracia. Con una economía en crecimiento pero con grandes problemas estructurales, Argelia se mantiene estancado en lo que refiere a reformas democráticas. Dado el estado de salud del presidente, no se puede precisar cuánto tiempo más estará en el poder. Por lo tanto, las promesas sobre una revisión de la Constitución y una apertura deberán realizarse cuanto antes; debido a que el poder autoritario ya no se mantiene tan fácil ante esta juventud cada vez más numerosa en el norte de África.


sábado, 21 de septiembre de 2013

Pequeño, rico y marketinero

Catar no sólo se convirtió en un jugador clave en la geopolítica del mundo árabe sino que conquista el planeta a través del marketing deportivo. Con el monarca más joven de la península arábiga, este país con forma de papa se proyecta como un actor importante de los próximos años.
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Con tan solo 2 millones de habitantes la monarquía sunní de Catar tiene los ingresos per cápita más altos del mundo, según el Fondo Monetario Internacional. A pesar de su pequeño territorio (11.500 km2) es el mayor exportador de gas natural licuado. Hasta hace algunas décadas era uno de los países más pobres de la región, basado en la pesca y la recolección de perlas, pero gracias a la explotación de petróleo Catar comenzó su transformación y hoy es una potencia global de inversiones. Independiente del Reino Unido desde 1971 terminó con su aislamiento en los noventa y ahora intenta desprenderse de Arabia Saudita.

En 1995 cuando el jeque Hamad depuso a su padre, Catar comenzó con una modernización. Este mismo personaje fue quien meses atrás abdicó a favor de su hijo de 33 años, educado en el Reino Unido y miembro del Comité Olímpico Internacional, para realizar un cambio generacional, anticipándose a cualquier tipo de reclamos enmarcados en la Primavera Árabe. Aunque no estaban dadas las condiciones para posibles protestas contra el gobierno, población homogénea sin divisiones religiosas y con 250 mil habitantes autóctonos, el jeque astutamente se anticipó.

Catar fue el principal proveedor financiero de las revueltas árabes incluso con el envío de armas y con un pragmatismo fascinante. Fue clave en las operaciones de ataque a Libia, apoyó al gobierno de Mohammed Morsi y es promotor de los rebeldes en Siria. En este sentido Catar demostró distinto enfoque y percepciones que Arabia Saudita, monarquía que fue temerosa de los cambios que se suscitaron en el mundo árabe. En política exterior, Catar posee buenas relaciones con Estados Unidos (la mayor base militar norteamericana en la zona) y lazos cordiales con Irán, con quien comparte el mayor yacimiento de gas natural.

El crecimiento no es sólo diplomático

Los intentos de mediar en conflictos como el de Palestina, Sudán, Yemen o con los talibanes  afganos han colocado a Catar en un lugar importante a nivel diplomático. Sin embargo la movida marketinera no sólo se limita al mundo político estratégico sino que abarca medios de comunicación, fundaciones, eventos deportivos y una línea aérea de bandera nacional. De esta manera Catar se prepara para cuando las reservas de gas se acaben e intenta cambiar una imagen salpicada por las acusaciones de malos tratos a los trabajadores extranjeros y la falta de libertad de expresión.

Las relaciones entre Qatar Foundation y el club español Barcelona catapultaron a una entidad encargada de las reformas educativas y sociales del pequeño país. La fundación de la esposa del exmonarca, Sheij Moza, provee 30 millones de euros al año al equipo de fútbol. Los contactos con el deporte rey no quedan solo ahí, la compra de equipos de fútbol (PSG y Málaga) y el nombramiento como sede del Mundial FIFA 2022, más allá del polémico debate de la compra de votos, colocan a Catar en la mira de todo el planeta deportivo y le posibilitará seguir creciendo en infraestructura, principalmente autopistas y aeropuertos.

Al Jazeera, fundada en 1996 con financiación del gobierno, y la aerolínea Qatar Airways son otros dos grandes embajadores cataríes en el mundo. La cadena televisiva permite formar opinión a lo largo y ancho del mundo árabe e incluso ahora en Norteamérica con su desembarco en Estados Unidos. Con sus corresponsalías, el medio logró prestigio y convertirse en una referencia a nivel global. Mientras que la aerolínea, nombrada como la mejor del año en 2011 y 2012, opera en alrededor de 150 países.

La fusión de Occidente y Oriente que se aprecia en Catar le permite al país gozar de prestigio internacional. Las tradiciones culturales arcaicas se juntan con la tecnología de último modelo. La formación de alianzas y la diversificación de la economía son claves para una nación que busca el equilibrio geopolítico árabe mientras intenta despegarse de Arabia Saudita. Manteniendo una neutralidad en algunos casos y tomando posición en otras, la dinastía Al Thani continúa al frente del país  buscando convertirse en pieza clave a nivel mundial.

domingo, 4 de agosto de 2013

Túnez y su lucha contra Al Qaeda

La turbulenta transición política en esta nación del norte de África, abre espacios de inestabilidad que son aprovechados por la red terrorista líder en la actualidad. El asesinato de dirigentes opuestos a las políticas extremistas islámicas es la estrategia utilizada por Al Qaeda para hacer temblar los cimientos políticos que el partido Ennahda trata de crear. Se necesita acelerar la transición y realizar unas elecciones en el corto plazo pero solo con eso no alcanza, el ejército debe derrocar a Al Qaeda antes que sea tarde.
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En los últimos días la falange Okba Ibn Nafka, perteneciente a la red Al Qaeda, asesinó a ocho soldados de una unidad de elite. Las fuerzas de seguridad cayeron en una emboscada y terminaron degollados por los terroristas. Este hecho provocó de inmediato una serie de manifestaciones espontáneas en la sede del partido islamista moderado gobernante, Ennahda. Los partidos de la oposición y la poderosa Unión General de Trabajadores Tunecinos se unieron exigiendo la dimisión del actual primer ministro, Ali Larayed.

Acusado de ser incapaz de combatir a Al Qaeda, el mandatario llamó al diálogo y ofreció elecciones para diciembre de este año. Ali Larayed pertenece a una agrupación afín a los Hermanos Musulmanes y es quien lidera actualmente la transición. Tras condenar el ataque, hizo un llamado a la unidad nacional y puso como prioridad la lucha contra el terrorismo. A su pedido se adhirió el presidente Moncef Marzouki, perteneciente al Partido Nacionalista y parte de la coalición del gobierno. 

A principios de este año, militantes de Al Qaeda se agruparon en los montes de Chaambi, en la provincia de Kabserine al oeste del país, cerca de la frontera con Argelia. Sin embargo el asesinato de los soldados fue hasta el momento el mayor golpe terrorista desde la caída del presidente Ben Ali. Túnez se convirtió en un nuevo frente terrorista en el norte de África, tras la expulsión de los yihadistas de Mali, por la presencia del ejército francés. Los terroristas se han trasladado al sur de Libia, en donde se aprecia un gran tránsito de militantes hacia Argelia, Níger y Túnez.

En mayo fueron heridos militares por la explosión de minas antipersonales, causando que la Guardia Nacional de un paso atrás, dejando al Ejército al mando de la lucha anti terrorista. Sin embargo, el Ejército posee 27.000 hombres, mal equipados, y deberán combatir contra Al Qaeda, que posee armamento robado a las Fuerzas Armadas de Libia y Mali. Esta semana las fuerzas de seguridad respondieron de inmediato para marcar presencia con una operación a gran escala aérea y terrestre. El objetivo es no perder espacio en momentos donde el país avanza en la transición, tras designar dirigentes claves para diversos órganos.  

La transición debe acelerarse

La última crisis política se había suscitado por el asesinato del diputado de la izquierda laica, Mohamed Brahmi. El dirigente de 58 años era coordinador del Movimiento del Pueblo, crítico del gobierno y perteneciente a la coalición Frente Popular. El principal sospechoso de su muerte es Boubakeur El Hakim, el mismo que se presume mató a Chokri Belaid tiempo atrás. Frencés de origen tunecino, este hombre de 30 años es uno de los terroristas más peligroso de la zona, buscado por tráfico de armas desde Libia y posiblemente vinculado con la agrupación salafista Ansar Al Sharia.  

La inestabilidad en Túnez comenzó en diciembre de 2010 cuando un vendedor ambulante se prendió fuego dando inicio a la revolución que terminó con Ben Alí y que se extendió al resto de los países (Primavera Árabe). A partir de la caída del histórico líder se produjo una lucha entre laicos e islamistas por el poder, con la presencia sofocante de elementos extremistas. Las elecciones legislativas de 2012 las ganó Ennahda, acordando un gobierno tripartito. Sin embargo la crisis política que se sucedió tras el asesinato de Belaid hizo renunciar al primer ministro Hamadi Yabali, quien no pudo controlar la situación ni formar un gobierno de tecnócratas.

La historia se vuelve a repetir. Ali Larayed asumió con el apoyo de dos partidos laicos hasta los comicios de fin de año. El asesinato de Brahmi volcó a la gente a las calles, reclamando cambios urgentes. El ministro del Interior fue el primero en reaccionar, poniendo su cargo a disposición para calmar las aguas. Desde el extranjero se pide paciencia tras los asesinatos que suponen un golpe a la democracia. La inestabilidad en la nación es un peligro para Túnez y para las potencias occidentales debido a un posible crecimiento de Al Qaeda en la zona.


Los políticos tunecinos se encuentran en el último tramo para redactar la nueva Constitución, la que se estima estará lista en octubre. Túnez necesita salir rápidamente de la transición, asegurándose un gobierno fuerte para combatir y rodear al grupo terrorista. Los islamistas moderados de Ennahda están siendo cuestionados por la población, tras el aumento de divisiones, el caos, los problemas para reactivar la economía y la dificultad para frenar a los salafistas. Además, la oposición recibió un fuerte espaldarazo con lo sucedido en los últimos días en Egipto por la caída del gobierno islamista. La ansiedad está minando muchos logros de la Primavera Árabe, Túnez deberá tener cuidado. 

martes, 9 de julio de 2013

El retroceso de Egipto

Hoy en Egipto son todas preguntas. Golpe de Estado o levantamiento popular, alianza democrática o retorno al pasado, segunda revolución o un volver a empezar. La intervención militar y la masacre contra los manifestantes islamistas hacen temblar a toda la zona, por la dimensión demográfica y la importancia geoestratégica del país. La poca paciencia de la oposición y el poco respeto a las minorías del gobierno de Mohamed Morsi dejaron el campo abierto al ejército.
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Este lunes en El Cairo, 53 partidarios de Morsi murieron a tiros por parte del ejército. Según las fuerzas de seguridad, lideradas por Abdel Fatah Al Sisi, los manifestantes marchaban hacia el cuartel de la Guardia Republicana. Ante el ataque a sus simpatizantes, los Hermanos Musulmanes llamaron a la población a rebelarse hasta que el presidente Morsi no sea reintegrado en su cargo. Los líderes del grupo permanecen acampando en las inmediaciones de la mezquita Raba el Adamya, junto a simpatizantes del grupo Gama Islamiya.

Mientras la fiscalía ordenó el cierre del Partido Libertad y Justicia (brazo político de la hermandad) por haber encontrado armas blancas y de fuego, sus líderes buscan ayuda en la comunidad internacional. Solicitan al exterior posicionarse a favor de Morsi y negar un gobierno interino. Sin embargo el golpe de Estado fue celebrado por aquellos que fueron afectados por la primavera árabe, como Siria y Arabia Saudita. La diplomacia estadounidense y europea mira para otro lado, manifestando preocupación pero sin comprometerse.

El presidente interino, Adli Mansur, suspendió la Constitución de corte islámico. El favorito de los golpistas para tomar el poder es Mohamed El Baradei, ganador del Premio Nobel de la Paz y ex director de la Agencia Internacional para la Energía Atómica. Mansur también propuso al abogado Ziad Baha El Din, fundador del Partido Social Demócrata. Las autoridades, que cuentan con la protección de los generales, buscan imponer una nueva Constitución, Parlamento y presidente. Intentarán armar un gobierno de tecnócratas basados en una hoja de ruta del ejército.

En la Plaza Tahrir miles de personas celebraron el golpe de Estado. La oposición se encuentra unida contra Morsi pero divididas con respecto a los grandes temas. El ex presidente sufrió ataques desproporcionados y la impaciencia de una oposición que no respetó los tiempos políticos. El partido salafista Nur, que respaldó el golpe para que se realicen nuevas elecciones, suspendió su apoyo por la masacre ocurrida. Los salafistas son la segunda fuerza en el país, por detrás del grupo fundado en 1928 por Hasan El Bana, los Hermanos Musulmanes.

El liberalismo y la democracia

En 2011 Hosni Mubarak fue quitado del poder por una oposición unida en contra de él. Tras un mandato militar de 16 meses, los políticos enfrentaron las elecciones, las cuales se definieron en segunda vuelta. Morsi superó por la mínima al ex primer ministro de Mubarak, Ahmed Shafik. Los resultados de los comicios dejaron a parte de la población insatisfecha, los cuales acusaron a los Hermanos Musulmanes de robarles la revolución. 

Morsi cometió varios errores durante el año que lideró al país. Sin embargo la situación no era fácil, tuvo que enfrentar la crisis económica, el desabastecimiento, la criminalidad, la pobreza, la inflación y el desempleo. La pasividad con el antiguo régimen, principalmente en lo que respecta a la judicatura y las fuerzas de seguridad, es uno de los reproches hacia su persona. Imponer su agenda islámica lo llevó a no respetar a las minorías y cometer errores en las designaciones para los cargos. De esa manera Morsi fue quedando cada vez más aislado y tras las manifestaciones populares, sufrió la renuncia de cinco ministros.  
El frágil equilibrio político fue constante desde la caída de Mubarak. La división entre los islamistas y opositores se acrecentó, iniciándose una batalla ideológica entre moderados y radicales. La oposición deberá reconocer la legitimidad de los islamistas, los cuales ganaron los comicios y seguramente lo volverán a hacer, ya que las dos principales fuerzas son los Hermanos Musulmanes y los salafistas.

Egipto, un país de 85 millones de habitantes pero con una economía débil que le impide liderar la región, posee un problema histórico con los militares, uno de los ejércitos más poderosos del mundo. Tras asumir el papel salvador que terminó con la monarquía en 1952, el país fue dirigido por las fuerzas de seguridad a través de Nasser, Sadat y posteriormente Mubarak. Morsi nunca fue capaz de dominar este actor que se encuentra dedicado a mantener la estabilidad del país y garantizar la paz con Israel.

Los nuevos movimientos en Egipto buscan desactivar los efectos de la primavera árabe. Queda claro que la democracia es imposible con un ejército tan protagonista en la vida política de una nación. El presidente Morsi no estuvo tan apegado a la libertad, principalmente por la violencia política y el poco respeto a las minorías, sin embargo fue electo en las urnas y eso debió ser respetado. 

viernes, 14 de junio de 2013

Difícil que caiga

Arabia Saudita posee algunos de los condimentos de la Primavera Árabe
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Decenas de personas fueron detenidas por las fuerzas de seguridad tras las protestas de familiares para la liberación de sus parientes, encarcelados por motivos de seguridad. Los manifestantes acusan al ejecutivo de retenerlos sin juicio y de no liberar a los que son inocentes. Si bien las críticas son acalladas por el régimen, la situación es distinta a la de los últimos años. Lejos de caer, la dinastía saudí afronta problemas parecidos a los que ocurrieron durante la Primavera Árabe.  
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Durante los últimos dos años se produjeron protestas en la capital Riad y en otras ciudades, desafiando la prohibición de manifestaciones que rige en el país. En la última semana la Policía realizó arrestos, en su mayoría de hombres, en la ciudad de Buraidah. Las autoridades crearon un sitio web para que los familiares puedan seguir el progreso de los casos. También aseguran que los detenidos, en los distintos casos, son presuntos milicianos islamistas. Durante este tipo de protestas se entremezclan familiares reclamando por sus parientes y personas que exigen un cambio en el régimen. En la última década han sido detenidas 11.000 personas por motivos de seguridad, de las cuales 2700 siguen en custodia según las fuentes oficiales. Activistas de Derechos Humanos aseguran que la cifra real es superior. El régimen saudí es el de más ejecuciones en el mundo, se estiman que en 2011 fueron 82. Human Rights Watch condena las decapitaciones y torturas en Arabia Saudita.

En el último tiempo, el régimen estableció controles más estrictos para vigilar los signos de descontento social que se observan desde la Primavera Árabe. A comienzos de mes el gobierno prohibió el programa Viber y amenazó con hacer lo mismo con Skype. El cese de esta mensajería instantánea se produce por no cumplir las normas específicas. El gobierno pidió un cambio en la política de privacidad para tener un mayor control y que se adapten a la política del reino. A su vez se considera que es un tema de negocios, ya que las aplicaciones privan de más ganancias a los operadores de telecomunicaciones. Hasta el momento Arabia Saudita se mantiene al margen de la convulsión política, sin embargo posee alguno de los condimentos para convertirse en un país de riesgo. Esto se debe a la gran población juvenil con poca perspectiva de trabajo, sin apertura y con una sucesión peligrosa.

Un actor fundamental en Medio Oriente

El reino de Arabia Saudita aplica una interpretación estricta del Islam. Las personas condenadas por asesinato, narcotráfico, violación y robo a mano armada son ejecutadas. Este régimen feudal, basado en el Corán, es gobernado por una monarquía absoluta, de las pocas que quedan en el mundo. La dinastía ejerce el poder desde 1932. El territorio posee dos de los lugares más sagrados para la religión, La Meca y Medina. Este país de casi 30 millones de habitantes estableció una alianza histórica con Estados Unidos, de quien recibió apoyo en la guerra con Irak en 1990, cuando fuerzas norteamericanas se desplegaron en territorio saudí. El Rey Abdallah de 86 años es quien gobierna el país desde 2005, tras la muerte de su hermanastro el Rey Fahd.  El mandatario ejerce el poder junto a diversas familias reales.


Los príncipes han gastado mucho dinero para evitar el descontento y la oposición en el país. Sin embargo no han logrado crear empleo para la población ni satisfacer las reformas políticas que solicita el pueblo. Las causas de esto son la mala gestión y la corrupción. Para cubrirse han desembolsado millones para mejorar sueldos, vivienda y salud pero no es suficiente. El riesgo de que caiga la monarquía es muy pequeño. Arabia Saudita es un actor clave en la geopolítica mundial, al ser el segundo productor de petróleo, el mayor exportador y poseedor del 25% de las reservas mundiales de crudo. También es líder de la Organización de Países Exportadores de Petróleo y fundamental en la lucha contra el terrorismo de Al Qaeda en la región. Los habitantes piden mayores libertades pero a las potencias les conviene que todo siga como está en Arabia Saudita. 

lunes, 18 de marzo de 2013

Avanza la transición política en Yemen

Dio inicio el diálogo nacional para redactar una nueva Constitución tras la caída de Alí Abdalá Saleh en febrero de 2012. 
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Este lunes comenzaron una serie de reuniones para definir el futuro político de Yemen, en las que participan más de 550 representantes de partidos y facciones. La hoja de ruta delineada por los países del golfo, también auspiciada por las Naciones Unidas, estableció un diálogo de seis meses para escribir la Carta Magna y convocar a elecciones en febrero del 2014. El plan elaborado en noviembre de 2011 en Ryad se fue retrasando por las divergencias políticas existentes en el país.
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Saná, capital de Yemen, amaneció con un clima distinto debido a que más de 60.000 efectivos policiales y militares controlaban la prohibición del porte de armas. En el Palacio Presidencial, con la asistencia de representantes de las Naciones Unidas, la Unión Europea y la Liga Árabe, dio inicio el diálogo convocado por el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), organismo integrado por Arabia Saudita, Kuwait, Omán, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Bahrein. Los principales desacuerdos internos tienen su mayor reto en los separatistas del Sur, quienes reclaman autonomía y acusan al gobierno actual de discriminarlos. Para protestar contra el diálogo convocado, los insurgentes realizaron una huelga general en la ciudad portuaria de Aden. Además, contaron con el boicot de figuras políticas, quienes alegaron que los representantes invitados a las conversaciones no representaban al pueblo. Los rebeldes chiíes, que controlan la provincia de Saada (en la frontera con Arabia Saudita), también son un obstáculo al diálogo debido a que exigen mayor soberanía.  

La estrategia delineada por el CCG implicó la renuncia del presidente Alí Abdalá Saleh, la cual se efectivizó en febrero de 2012. Como parte del acuerdo, el ex mandatario se aseguró de ser exonerado de cualquier persecución judicial. En su lugar asumió su vicepresidente Abdo Rabu Mansur Hadi, ganador de los últimos comicios en los que fue único candidato. La crisis política en Yemen comenzó en enero del 2011 como parte de la denominada Primavera Árabe. La “Revolución Rosa” buscaba tumbar el régimen de Saleh a través de manifestaciones callejeras. La revuelta se consideró de carácter pacifista aunque se estiman que murieron alrededor de 2.000 personas. Las protestas comenzaron debido a que el partido de Saleh intentó impulsar reformas constitucionales que le permitiesen gobernar de por vida o brindarle el poder a su hijo, jefe del cuerpo de elite del ejército. De un momento a otro, este régimen aliado de Estados Unidos, quedó desestabilizado.

Divisiones históricas difícil de sanar

Las divisiones en este pobre país de 24 millones de habitantes son históricas. Su situación nunca fue muy clara, en la práctica es una especie de protectorado saudí y como consecuencia le abrió la puerta a la presencia militar de Estados Unidos. Los norteamericanos combaten el terrorismo de grupos extremistas como Al Qaeda, que se valieron del tribalismo para instalarse en la zona. La partición entre Sur y Norte es el problema endémico de Yemen. En 1967 se constituyó Yemen del Sur, dominado por el Frente de Liberación Nacional de orientación soviética. Durante años se produjeron incidentes fronterizos pero con la asunción de Ali Nasser Muhammad, un político de conciliación, se firmó el acuerdo con Yemen del Norte, nación liderada por Saleh desde 1978. La unión en mayo de 1990 estableció la ley islámica como fuente básica de legislación y Aden como capital comercial del país. Las divisiones no cesaron y ambas fuerzas se embarcaron en una guerra civil que finalizó en 1994 en favor de las tropas del Norte. Saleh, con el apoyo de su partido Congreso General del Pueblo, estableció un sistema republicano basado en su reelección y acompañado de una mafia incondicional.  

El diálogo que se inició este 18 de marzo inscribe una nueva página en la historia de Yemen. En la teoría se busca el cambio de sistemas, administración y costumbres del antiguo poder que gobernó durante más de treinta años. La necesidad de un gobierno firme y estable en Yemen se debe al aumento de la actividad de Al Qaeda. Si bien las Fuerzas Armadas lanzaron una ofensiva contra los feudos del grupo en distintas zonas del país, la transición política será fundamental para encarar una lucha seria contra el terrorismo. Los levantamientos en contra de Saleh apuntaron a lo político, exigiendo su caída, pero también protestando por las condiciones de vida deplorables que tiene a la población yemení azotada por el desempleo, la pobreza y la desigualdad. Ese castigado ciudadano yemení valora que su país es el único implicado en la Primavera Árabe que culmina con un acuerdo negociado. La convocatoria nacional al diálogo es un paso más en un proceso que sabremos si tiene un final feliz dentro de un año, cuando se realicen las elecciones parlamentarias y presidenciales. 

jueves, 9 de junio de 2011

El ejército de Gadafi avanza hacia Misrata

El tirano de Libia no se rinde ante los ataques de la OTAN y bombardea un bastión de los rebeldes.


La guerra civil continúa en Libia y se sigue cobrando victimas. En la mañana de ayer las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) realizaron nuevos ataques aéreos sobre la capital Trípoli. La respuesta por parte del ejército de Muamar Gadafi fue el bombardeo a las ciudades de Tawarga y Dafnisa y el avance por tierra hacia Misrata, causando doce muertos y veinte heridos. A mediados de mayo las tropas del ex presidente habían sido expulsadas de dicha ciudad, que representa un bastión de los rebeldes, principalmente por que a escasos kilómetros de allí se ubica la línea de combate. 

El golpe de Estado contra la monarquía en 1969 dio como resultado la llegada al poder de un presidente que se mantuvo por más de cuatro décadas, Muamar el Gadafi. Durante su estadía como Jefe de Estado libio mostró distintas facetas, la primera fue la imitación al mandatario de China, Mao Tse Dong, elaborando tres tomos del Libro Verde.  La oposición al “imperialismo” occidental lo asoció con el nacionalismo árabe y el código moral islámico. Sobre comienzos de este siglo experimentó un cambió con respecto a las potencias, buscando asociaciones con empresas para la explotación de las reservas de petróleo, firmando acuerdos con países europeos como Italia y uniéndose a la lucha contra el terrorismo. Si bien Libia se encontraba en una buena relación con occidente, las protestas que comienzan a mediados de febrero, luego de los hechos que ocurrieron en Túnez y Egipto, cambiaron la situación del gobierno de Gadafi y su relación con el mundo.

Los rebeldes instalados en la segunda ciudad, Bengazi, avanzan desde hace meses hacia Trípoli, exigiendo el cese de la represión de las fuerzas de Gadafi y su dimisión. El fracaso de la mediación del presidente venezolano Chávez, los bloqueos económicos impuestos por una gran cantidad de países y la acusación al mandatario de crímenes contra la humanidad por parte de la Corte Penal Internacional, derivaron en un aislamiento del gobernante. A raíz de esta situación, la comunidad internacional reconoció el Consejo Nacional de Transición, órgano político de los rebeldes, creado días después del comienzo de las revueltas. A posteriori, se produjo la resolución del 17 de marzo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que aprobó una zona de exclusión aérea sin la intervención de tropas. Días después, la OTAN se hacía cargo del operativo militar y a dos meses del comienzo de los bombardeos, se producía la mayor ofensiva aérea sobre Trípoli.

La guerra en Libia forma parte de una ola de revueltas del mundo árabe que quedará sin dudas marcado en la historia. El mandatario con más años en el poder ya no volverá a ser el presidente del país del norte de África. Al igual que en Yemen y Siria, las tropas oficialistas reprimen a su población pero a diferencia de aquellos países, los organismos internacionales han tomado parte del conflicto. A través de los bombardeos de la OTAN, las potencias intentan defender a los civiles, mientras que el común ciudadano del mundo se pregunta: ¿Por qué en Libia y no en Siria o Yemen?

miércoles, 8 de junio de 2011

El presidente de Yemen se encuentra en estado grave

El ataque al palacio presidencial y el control de la ciudad Ta´izz por parte de opositores armados presagian el final de Ali Abdula Saleh.


El presidente de Yemen, Ali Abdula Saleh, se encuentra luchando por su vida en un hospital de las Fuerzas Armadas en Arabia Saudita, luego de dos intervenciones quirúrgicas. Las agencias internacionales afirman que el mandatario posee quemaduras en 40% de su cuerpo y una perforación en un pulmón. La razón de dichas heridas es el ataque perpetrado la semana pasada contra el palacio presidencial en la capital Saná. Si bien no están confirmados los detalles del asalto, la teoría que cobra más fuerza es la existencia de una bomba en la mezquita en la cual estaban rezando altos cargos del gobierno yemení. A esta situación se le suma el control de la ciudad de Ta´izz que lograron opositores armados luego de un enfrentamiento con las fuerzas fieles al presidente. 

Ali Abdula Saleh alcanza la presidencia de la República Árabe de Yemen (norte) en 1978, poniéndole fin a dos décadas de guerra civil. Tras el desplome de la Unión Soviética en el año 90, el mandatario fue el principal encargado de la unificación del país, acordando con dirigentes de la República Democrática Popular del Yemen (sur) – que se quedaba sin el apoyo comunista - el reparto de poder y la celebración de elecciones. Los resultados negativos para los dirigentes del sur provocaron una guerra civil en 1994 que finalizó con la hegemonía de Saleh en todo el territorio. A través del clientelismo y la manipulación, el gobernante se convirtió en el segundo en el mundo con más años en el poder, detrás de Muamar Gadafi.

Las protestas contra el gobierno de Yemen se producen en el contexto de la primavera árabe que se inicia a finales del 2010 en Túnez y posteriormente en Egipto. A fines de enero, miles de manifestantes salieron a las calles de Saná para oponerse a la reelección y la sucesión del presidente actual. Esta convocatoria de los grupos de oposición obligó a Saleh a ceder y expresar su intención de renunciar en 2013 sin transferir el cargo hacia su hijo. En este sentido, en abril se elaboró un plan por parte del Consejo de Cooperación del Golfo (Arabia Saudita, Kuwait, Bahrein, Qatar, Omán y Arabia Saudita) para el traspaso pacífico del poder. Sin embargo el presidente se ha negado a dimitir, por lo cual ha tenido que lidiar con diferentes protestas y enfrentamientos entre su guardia republicana y distintos milicianos. La Organización de las Naciones Unidas afirmaba que a finales del mes de mayo cincuenta manifestantes perdían la vida en las represiones del gobierno en la plaza de la libertad de Ta´izz.

Con Ali Abdula Saleh en estado grave, Arabia Saudita, Estados Unidos y la Unión Europea trabajan para buscar una salida al conflicto y una transición pacífica. Mientras la población se manifiesta para expresar su rechazo al regreso del presidente, la comunidad internacional intenta lograr un acuerdo entre las distintas fuerzas de oposición al mandatario. Esta situación permitirá alcanzar estabilidad en un país que posee células terroristas de Al Qaeda. El final de Saleh parece indiscutible, la cuestión es saber cuál será el rumbo de este país sumergido en la pobreza.

miércoles, 1 de junio de 2011

El presidente de Siria anunció amnistía política

Luego de tres meses de protestas y en un clima de rebelión, Bachar el Asad estira su agonía con señales hacia el exterior.

Siria es uno de los países que en la actualidad protagoniza grandes manifestaciones sociales. La denominada primavera árabe, que comienza a finales del 2010 en Túnez y que luego se expandió por otros países del norte de África y el Medio Oriente, es el dolor de cabeza de la élite que gobierna Siria desde hace más de tres décadas. Para contrarrestar las manifestaciones que se vienen realizando en las distintas provincias y en la capital, Damasco, el presidente, Bachar el Asad, publicó un decreto que reduce las penas que tienen los presos del régimen. Esta decisión se toma después del pedido de la liberación de encarcelados y la presión ejercida por parte del G-8, reunido la semana pasada en Francia.

La dictadura del partido Baaz y la minoría alauí, secta chiíta, comenzó a gobernar el país en la década del setenta. El padre del actual presidente, Hafez al Asad, se encargó de conformar una élite política que con los años se fue uniendo con diversos empresarios multimillonarios del país, lo que le permitía liderar sin mayores sobresaltos. Sin embargo en 1982 debió enfrentar una gran revuelta de los Hermanos Musulmanes que finalizó con la mayoría de esta secta suniita en prisión. En el 2000 tras la muerte de su padre, Bachar el Asad asumió como jefe de Estado. Este oftalmólogo con estudios en Gran Bretaña se propuso realizar un mandato con reformas, etapa que se denominó “primavera de Damasco”. Distintas presiones dentro del propio gobierno o quizás la poca convicción en el movimiento reformista, llevó al presidente a dejar atrás los cambios propuestos.

Las manifestaciones en Siria comenzaron a fines de enero de este año, cuando sectores opositores a El Asad, motivados por los sucesos en países vecinos, exigían reformas sociales y políticas. El gobierno realizó detenciones masivas que organizaciones de Derechos Humanos estiman en 10.000 ciudadanos; a esto se le debe sumar las victimas, muy difíciles de calcular, que se ha cobrado la violenta represión. La escalada de enfrentamientos provocó que los manifestantes cambiaran su reclamo exigiendo definitivamente el cambio de timón en Siria y una ola de transformaciones democráticas. En este contexto, la comunidad internacional impuso bloqueos y sanciones con el objetivo de ejercer una presión económica al gobierno.

Un gran grupo de partidos opositores se encuentran por estos días reunidos en la ciudad de Antalya, Turquía. Los distintos políticos han calificado la medida del presidente como tardía. Como parte de la primavera árabe, el futuro político de Siria es predecible. Tarde o temprano, el gobierno autoritario tendrá que ceder ante su población y comenzar con una transición hacia una administración que emerja del voto de la ciudadanía. El camino dependerá del Bachar El Asad, de las decisiones de los organismos internacionales y de la mediación que pueda surgir. Por la fuerza o de forma negociada, el gobierno sirio se encuentra cerca de su final.