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lunes, 18 de agosto de 2014

Números que encandilan en Colombia

El gran crecimiento de la economía colombiana en los últimos años comienza a llamar la atención en la academia. Antes que nos invadan los artículos sobre lo bien que está haciendo las cosas Colombia, vale destacar algunos puntos de esta transformación de un país que no solo es la hermosa Bogotá ni la ordenada Medellín, también es la abrumadora pobreza de la región costera.

Colombia es hoy una especie de combo perfecto para los neoliberales. En primer lugar porque tuvo un crecimiento de 6.4% en el primer trimestre de 2014, que lo posiciona al tope en el mundo. Luego porque tiene un desempleo de 9.2%, lo que refiere un gran avance con respecto al 15% de los últimos años pero que aún es alto con respecto a la región. Por último, porque posee una inflación controlada por debajo del 3% anual. Estos números, sumado a la tasa de inversión que se sitúa en niveles récord, merecen un destaque en una región que crecerá menos del 2%, su peor cifra desde 2009.

En este contexto la revista The Economist, muy seguida en tiendas conservadoras para explicar lo que se debe hacer, dedicó un capítulo a Colombia, país que estaría superando a Perú como nueva estrella de la región. El presidente Juan Manuel Santos, beneficiado en su momento por el incremento de los precios del carbón y petróleo, aseguró que Colombia está pasando por el mejor momento económico de su historia. Esto posibilitó la negociación para formar parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), conocido como “club de los países ricos”.  

Pero la pregunta que se genera es si estos números llegan al conjunto de la sociedad y si la ciudadanía puede sacar provecho de este crecimiento económico. Para ello se debe observar los indicadores sociales de Colombia, país de 47 millones de habitantes. Actualmente se estima que un 30% de los colombianos viven bajo la línea de pobreza, número que ha venido decayendo con los años. Sin embargo cabe destacar las diferencias entre las regiones, por ejemplo entre Bogotá (13%) y el Departamento de Chocó (64%), ubicado al noroeste de Colombia.

Además, a ese 30% se le suma un gran porcentaje de personas en vulnerabilidad, fruto de los bajos ingresos y la elevada informalidad. En lo que refiere al Índice de Desarrollo Humano, Colombia tiene un puntaje de 0.710, número por debajo del promedio de Latinoamérica. Incluso es uno de los países más desiguales de la región, aunque mejoró en el Índice Gini. Esto quiere decir que si bien los avances han sido importantes, el camino por recorrer es bastante más largo de lo que aparenta.

La exclusión y los acuerdos de paz son los dos grandes desafíos de este nuevo mandato de Santos, que comenzó hace pocas semanas. Tal como el propio presidente lo expresó, “la paz total no es posible si no hay equidad”. Según el informe de la OCDE, un mejor desempeño en el mercado laboral ayudaría a reducir la desigualdad en un país con un sistema fiscal que recauda poco, que permite una redistribución muy reducida y que no es suficiente para financiar los programas sociales.

En la elección presidencial de este año, el ex presidente Álvaro Uribe terminó empujando a Santos hacia el centro. Su confrontación por las negociaciones con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) determinó un clivaje claro entre Uribe-Santos, lo cual marcó un apoyo de fuerzas de izquierda al actual presidente, a pesar de que existen amplias diferencias en materia económica. En este contexto y luego de ser reelecto, Santos volvió a posicionar su gobierno en el marco de la “Tercera Vía”. Esta corriente, apoyada por Tony Blair y Bill Clinton, busca un camino del medio entre la socialdemocracia y el neoliberalismo, tal como lo definía Anthony Giddens.  

Sin embargo es interesante remarcar la opinión del académico norteamericano, James Robinson (autor del libro ¿Por qué fracasan los países?), quien destaca que la Tercera Vía es una serie de opciones para Estados modernos que controlen el monopolio de la violencia y con una democracia participativa, entre otras exigencias. No sería el caso de Colombia, que lejos está de ser un Estado que provea a todos los ciudadanos de servicios básicos y derechos. Incluso uno de los puntos clave del libro de Giddens es la lucha contra la exclusión, aspecto que la élite política colombiana, desligada de la sociedad, nunca llevó a cabo.

Con la asunción de Santos se reiniciaron las negociaciones en La Habana. En las próximas semanas, tal vez meses, discutirán sobre cómo resarcir a las más de seis millones de víctimas que lleva este conflicto. Es el cuarto punto de una agenda que ya logró ciertos acuerdos en el tema agrario, la participación política y el narcotráfico. La paz, en esta sociedad partida en dos mitades, significará el fin de los desplazamientos, una mejora del desarrollo rural y un crecimiento en infraestructura, clave para este país agroindustrial.

Pero también las negociaciones de paz podrían posibilitar un crecimiento de las fuerzas de izquierda en un país históricamente de derecha. La legitimización de la izquierda, hasta hace poco asociada con la FARC, permitiría incluir en la agenda temas importantes para que Colombia continúe superando los problemas de una nación subdesarrollada. Una fuerza política que presione hacia cambios profundos que permitan incorporar a este hermoso país en la lista de naciones con un desarrollo humano alto. Quizás una convivencia y alternancia de partidos de centro derecha y centro izquierda.


Por eso es que antes que las luces nos encandilen por el gran crecimiento económico colombiano, sería bueno entender que si es considerado por Santos como un comienzo, es algo valorable. Pero si el crecimiento sin inclusión es un fin en sí mismo, deberíamos recordar que en el Departamento de Chocó los números de pobreza son de nivel africano.  

viernes, 6 de junio de 2014

Colombia define en segunda vuelta

El domingo 25 de mayo se realizaron las elecciones presidenciales en Colombia. Ninguno de los cinco candidatos logró la mayoría requerida, por lo que se disputará una segunda vuelta el 15 de junio entre los dos más votados: Oscar Zuluaga y el actual presidente, Juan Manuel Santos. Sin dudas la gran ganadora de los comicios fue la abstención, que llegó al 60% de los habilitados. El descreimiento y el cansancio hacia la clase política no ayudan a la democracia colombiana ni al progreso de un país que, si bien se encuentra inmerso en un crecimiento económico, no logra dejar atrás décadas de conflicto y desigualdad. 

La abstención como ganadora 

Oscar Zuluaga, candidato del Centro Democrático, fue el más votado con un 29.25% de las preferencias. Desconocido hasta hace pocos meses, el ex ministro de Hacienda de Álvaro Uribe logró un gran repunte teniendo en cuenta las encuestas de comienzos de campaña. Zuluaga, de 55 años y educación cristiana, se presentó como un hombre de familia y fue acusado de falta de carisma. Sin embargo, el candidato uribista demostró que el ex mandatario Uribe posee el apoyo incondicional de muchos colombianos. 

El actual presidente y candidato, Juan Manuel Santos, captó el 25,69%, posicionándose en segundo lugar. Los politólogos colombianos coinciden que Santos ha sido un buen presidente pero un mal candidato. Especialmente, porque, en la campaña, el bogotano se centró principalmente en el proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), descuidando otros aspectos que figuran como prioridad para los colombianos: seguridad ciudadana, empleo, salud y educación. También se mostró dubitativo por no saber a quién apuntar, ya que en un principio no estaba tan claro a quién enfrentaría en segunda vuelta.

Dos mujeres, una conservadora y otra izquierdista, obtuvieron 15% de las preferencias cada una. Marta Lucía Ramírez del Partido Conservador fue quien finalizó tercera en la contienda. Los conservadores, si bien tienen mayor afinidad con el uribismo, también formaron parte del gobierno de unidad nacional de Santos. Pocos votos por detrás de Ramírez se ubicó Clara López, del Polo Democrático Alternativo en coalición con la Unión Patriótica. La candidata, que tuvo una alta votación en Bogotá, posiciona nuevamente a la izquierda democrática. En el quinto lugar, logrando un 8%, se ubicó Enrique Peñalosa de Alianza Verde.

La abstención fue sin dudas la gran ganadora en los comicios. Solo fue a votar un 40% de los habilitados, siendo el porcentaje más bajo de los últimos 20 años, concurriendo a las urnas 13 de 32 millones de personas. Incluso la abstención fue aún mayor en la costa atlántica (70%), fortaleza del presidente Santos. La segunda ronda será en pleno mundial de fútbol, un día después que juegue la selección de Colombia. En este contexto habrá que ver si en el balotaje los ciudadanos concurren a elegir el futuro de su país. 

La contienda entre Uribe y  Santos 

Las elecciones demostraron que la población está cansada de la férrea disputa personal entre el ex presidente Uribe y el actual mandatario Santos. Sin embargo, la segunda vuelta será una contienda de popularidad entre ambos. Claramente sus diferencias son con respecto al proceso de paz con las FARC, ya que sostienen el mismo modelo económico (con matices). Es por ello que la campaña de cara al 15 de junio se centrará en las negociaciones de La Habana. Serán solo tres semanas para captar votos sobre un tema determinante.

Oscar Zuluaga había anunciado que apenas asumiera el gobierno suspendería provisionalmente las conversaciones en Cuba hasta que la guerrilla no declarara el cese permanente de fuego. Es claramente la idea del uribisimo, sin embargo ya pensando en el balotaje Zuluaga comienza a hablar de paz negociada, con planteos de reducción de penas para los jefes guerrilleros. Su postura firme de no concesiones captó muchos ciudadanos que no están de acuerdo con que los guerrilleros salgan impunes. Pero para el balotaje Zuluaga intenta moverse al centro, denominándose en los últimos días como un “amigo de la paz”. 

Juan Manuel Santos propone legitimar una paz duradera, aunque sabe que los resultados de la elección son un llamado de atención a las negociaciones en La Habana. El presidente candidato habla de “la guerra sin fin o el fin de la guerra” para diferenciarse de su contendiente. El gran debe de Santos fue la mala comunicación de los acuerdos con la FARC. Ahora deberá convencer a los votantes de que no existirá tal impunidad y que se han logrado fuertes avances para obtener la paz y frenar la violencia. Cabe destacar que si bien se incluyeron temas importantes en las negociaciones, los puntos restantes (víctimas y terminación del conflicto) son muy polémicos.  

La idea de que los miembros de las FARC sean parte del Congreso y no vayan a prisión conlleva rechazo en gran parte de la ciudadanía. En las ciudades, la imagen de aquella guerrilla fundada hace 50 años y de origen marxista campesino está destrozada fruto de los constantes ataques a civiles y también por la pérdida de compromiso ideológico, por su vinculación con el narcotráfico. El uribismo explotó fácilmente esta situación durante la campaña, intentando vincular a Santos con la izquierda chavista y cubana. 

Álvaro Uribe siempre sostuvo que la fuerza y la violencia eran el único recurso para acabar con los guerrilleros. De 2002 a 2010 fue un líder duro que arrinconó a las FARC pero que también sufrió acusaciones de violación de los Derechos Humanos por parte de los militares y grupos paramilitares. El ex presidente, que durante su administración concentró el poder, intentó mantenerse en el Palacio de Nariño un tercer mandato, solicitud que fue rechazada por el Tribunal Constitucional.

Cabe recordar que Santos y Uribe tienen una raíz común. Hasta 2010 el santismo cabía dentro del uribismo. El actual presidente fue ministro de Defensa de 2006 a 2009 bajo las órdenes de Uribe. Sin embargo, luego de asumir el gobierno Santos se alejó y se mantuvo nucleado en su partido de la U, el Partido Liberal y Cambio Radical. Uribe, acusándolo de traidor, se colocó en la oposición y ha sido, durante los últimos años, el político que más se opuso a las conversaciones con las FARC. 

Alianzas de cara a la segunda vuelta

La reelección de Santos parecía asegurada meses atrás, sin embargo los dos contendientes deberán buscar coaliciones de cara al balotaje. Dadas las características del electorado quizás las alianzas no sean tan importantes, ya que la fuerza de las maquinarias partidarias decayeron. Hacia dónde pueden crecer los candidatos es una buena forma de analizar qué ocurrirá en el futuro. Sin embargo, la clave para ellos será captar el 60% del electorado que no fue a votar en la primera vuelta. Los mayores rivales del presidente, que arranca por debajo, son los votos en blanco y la abstención. Aún así, Santos tiene mayor margen para crecer que Zuluaga. 

La mayoría de los votantes de la izquierda y verdes ubican a Uribe en la extrema derecha y como un saboteador permanente de la paz, proceso que los progresistas han respaldado. Santos, que derivó en su jefe de debate César Gaviria los contactos con el resto de los partidos, puede apuntar hacia acuerdos en otros temas, incluyendo en su propuesta el combate a la pobreza, el medio ambiente y la lucha contra la corrupción. Éstos son temas en los que Santos puede captar adeptos ya que tiene mayor margen de maniobra que un dogmático Zuluaga. 

Zuluaga se adelantó con los conservadores, a quienes invitó a votarlo en el balotaje. Claramente hay coincidencias ideológicas e incluso muchos seguidores del Partido Conservador ya votaron por Uribe. La candidata conservadora Ramírez oficializó en los últimos días su respaldo a Zuluaga, acordando darle continuidad al proceso de paz pero “sin impunidad”. Sin embargo un grupo de congresistas del partido se unieron a la campaña reeleccionista de Santos.

Clara López, del izquierdista Polo Democrático, se opone al modelo económico de ambos candidatos por considerarlo injusto. Pero en lo que refiere al proceso de paz siempre mostró su apoyo a la propuesta de Santos. López descartó cualquier apoyo a Zuluaga y destacó que un posible respaldo a Santos se centraría en el proceso de paz más que en el proyecto político de país. 

Enrique Peñalosa de la Alianza Verde inmediatamente confirmó que se mantendrá al margen. El ex candidato, que respaldó las conversaciones de paz pero que tuvo el apoyo de Uribe en las pasadas municipales de Bogotá, remarcó que no comparte ninguna de las propuestas y no expresará apoyo público a ninguno. Sin embargo destacó que no continuar con las conversaciones en La Habana sería un error histórico. 

Final reñido

Colombia tuvo un sólido crecimiento económico en los últimos tiempos. Durante el gobierno de Santos se adhirió, además, una cierta inclusión social y un progreso en la reducción de la pobreza. Se diversificaron las relaciones internacionales y el país se consolida gracias a una potente inversión extranjera y el aumento de las exportaciones. El contexto actual es una excelente oportunidad para seguir avanzando y dejar atrás el conflicto eterno con las FARC. Una oportunidad única, difícil de desaprovechar. Lamentablemente las conversaciones de paz han sido más un tema de campaña que una necesaria política de Estado.

Los duros ataques entre los candidatos continuarán hasta el 15 de junio. Santos acusado de recibir dinero del narcotráfico para su campaña y Zuluaga inmerso en un escándalo de espionaje, han sido los últimos coletazos de una campaña sucia y dura, una campaña de miedos, una campaña por la negativa. En el balotaje colombiano se enfrentará el miedo a la impunidad con el miedo a los uribistas. La frustración, el desencanto y el rechazo de la población a una campaña de este estilo seguramente motivaron a los votantes a no concurrir a las urnas. ¿Seguirá siendo así?

Es clave para la democracia colombiana que los ciudadanos acudan a las urnas para elegir el país que quieren. Tanto Zuluaga como Santos obtuvieron porcentajes reales extremadamente bajos. Del 100% del electorado, un 11% votó a Zuluaga y un 10% a Santos. Son números despreciables, que si no cambian en segunda vuelta darían un duro golpe a la democracia de este país de 47 millones de personas. Para marcar diferencias, Santos en la primera vuelta de las presidenciales de 2010 recogió el apoyo del 22% del electorado total.

Zuluaga, junto a Uribe, han llevado a Santos a su arena preferida, el de la confrontación centrada en el proceso de paz. El presidente, que se embarcó en un proceso histórico, deberá comunicar mejor las negociaciones con la guerrilla e intentar convencer a la ciudadanía los avances consumados. Además, cuenta con la ventaja de una mayor cintura para abordar otros temas que preocupan a la población. Es por ello que si bien los uribistas van con ventaja al balotaje y será un final reñido, de acrecentarse el número de votantes el actual presidente  tiene todas las oportunidades para ser reelecto.

miércoles, 29 de mayo de 2013

El primero de seis

El domingo se produjo un acuerdo histórico en Colombia
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El gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) acordaron sobre el problema agrario. La cuestión rural es el primero de los puntos de la agenda de negociación para la paz entre las partes. El cumplimiento del compromiso está condicionado al consenso en el resto de los temas. El presidente Juan Manuel Santos afirmó que hasta que no se acuerde la agenda completa no habrá un cese al fuego. La falta de acuerdos había llevado al escepticismo con respecto a la negociación.
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Tras seis meses de negociaciones ambas partes emitieron un comunicado titulado “Hacia un nuevo campo colombiano: reforma rural integral”. La notificación, leída en el centro de convenciones de La Habana, explica los acuerdos sobre programas de desarrollo con enfoque territorial, infraestructura y adecuación de tierras. Las partes coincidieron en temas de desarrollo social (salud, vivienda, educación, pobreza), estímulo a la producción agropecuaria y una economía solidaria y cooperativa. También se incluyeron en el acuerdo aspectos sobre asistencia técnica, subsidios, créditos, generación de ingresos, formación laboral, políticas alimentarias y nutricionales. Para darle un marco a las decisiones se creará un fondo de tierras para la paz. De esta manera se supera el primer punto de la agenda pactada, el desarrollo integral agrario. Desde un principio se consideraba el tema más difícil ya que las FARC reclamaban zonas reservadas para campesinos indígenas y comunidades afro, siendo éste punto una de las principales reivindicaciones como guerrilla.

Los compromisos entre gobierno y revolucionarios suponen transformaciones radicales de la realidad rural con equidad y democracia, lo cual implica avances concretos. El acuerdo generó reacciones encontradas en la clase política y opinión pública, debido a que es un tema clave para la sociedad colombiana. Cabe destacar que el documento que se elaborará, una vez acordados todos los puntos, será sometido a la ratificación popular. El jefe de la delegación del gobierno, Humberto de la Calle, aseguró que los colombianos serán quienes tendrán la palabra final. El segundo tema a tratar es la participación política de las FARC, una vez desmovilizada. El mismo será un aspecto complicado, debido a que las encuestas muestran que un 67% no ve con buenos ojos que la guerrilla se incorporé a la vida parlamentaria. En estos días las negociaciones de paz recibieron el espaldarazo del vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, quién aseguró que brinda y respalda las acciones del gobierno, al igual que lo hizo en el campo de batalla.

La reelección va de la mano

Las conversaciones de paz entre el gobierno liderado por Santos y las FARC comenzaron en noviembre de 2012. El objetivo fundamental es ponerle fin a 50 años de conflicto que causaron millones de desplazados y decenas de miles de muertos. El núcleo del enfrenamiento, que fue variando con el correr de las décadas, es el acceso y uso de la tierra. El último gran intento de alcanzar la paz finalizó abruptamente en 2001 tras el asesinato de una ex ministra, en aquel momento el presidente Andrés Pastrana se replanteó la estrategia utilizada. En el siglo XXI, bajo el mandato de Álvaro Uribe, el gobierno implementó una política de seguridad denominada Plan Colombia, con una lucha férrea contra la guerrilla y el narcotráfico, pero ahora la estrategia cambió. En abril se completó el séptimo ciclo de negociaciones entre representantes de las partes y se produjo una marcha multitudinaria de la población, que fue recibido como un mandato para acelerar los acuerdos. Los diálogos se frenaron durante varias semanas pero el compromiso alcanzado el domingo le da vitalidad al proceso.  


El cambio de generación de mandos, tanto en la guerrilla como en las Fuerzas Armadas, favorece y crea un clima de acuerdos. La estrategia de choque uribista fue clave para aflojar y enfrentar a las FARC. El nuevo presidente Santos aprovechando la situación y tendió la mano, a pesar que algunos acusan al gobierno de impunidad. Ciertos sectores de la población y la política se encuentran molestos porque los guerrilleros no pagarían por sus crímenes. Por ello, tanto la derecha como otros precandidatos presidenciales, bombardean las conversaciones. Si bien es entendible el reclamo de la impunidad, si se considera que fue una guerra, los excesos se cometieron de ambos lados tanto de la guerrilla como del ejército. El éxito de las negociaciones garantizaría un gran performance de Santos en los comicios de junio de 2014. El presidente declaró hace días que esperaba que su política para la paz sea reelecta. Está claro que el triunfo en las negociaciones ira de la mano con la victoria electoral. 

domingo, 26 de mayo de 2013

Informe Semanal: Alianza del Pacífico

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El objetivo de esta nueva entrega semanal es investigar la sociedad comercial creada por Chile, Colombia, Perú y México. Esta semana se realizó la VII Cumbre Alianza del Pacífico en la ciudad de Cali, lo cual abre un espacio de análisis con respecto a la integración latinoamericana. En el informe nos proponemos estudiar la creación de esta alianza, la situación comercial de cada uno de los países, la adhesión de Costa Rica y el futuro de esta asociación como alternativas a otros bloques comerciales.
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Los cuatro países fundadores de la Alianza del Pacífico se reunieron en Colombia en busca de acordar los detalles para bajar las trabas arancelarias, que incluirán en una primera fase el 90% del comercio. Los mandatarios Juan Manuel Santos de Colombia, Ollanta Humala de Perú, Sebastián Piñera de Chile y Enrique Peña Nieto de México fijaron el 30 de junio como próxima fecha para definir el acuerdo y especificar la lista de productos que serán excluidos. La Cumbre fue un impulso para esta alianza que apunta a la integración regional en el área del comercio pero no excluye otros ámbitos como el turismo, aspectos diplomáticos e intercambio de información. La puerta se encuentra abierta a nuevos socios y el primero en acceder será Costa Rica, por impulso de su mandataria Laura Chinchilla. Los países observadores ya son 16, lo que convierte a esta alianza en un verdadero éxito tras un año de creación. 

Doce meses desde el comienzo

En junio de 2012 los presidentes de cuatro países latinoamericanos acordaron la creación de un bloque regional en la ciudad de Atacama, Chile. Estas naciones, que representan un tercio del Producto Bruto Interno (PBI) de América Latina, son los principales Estados hispanos con costas al Océano Pacífico. El objetivo principal de esta iniciativa es el aumento comercial y los contactos con la región de Asia Oriental. La alianza supone un mercado de 207 millones de consumidores y agrupa economías que han tenido un gran crecimiento en los últimos años, con una tasa mayor a los países del Mercosur. Chile, Colombia y México son de los países con economías más abiertas al exterior y caracterizados por haber firmado un Acuerdo de Libre Comercio con Estados Unidos. La coalición no apunta a la confrontación ideológica y si bien apunta directamente al comercio, no deja afuera la lucha contra la pobreza. Hasta el momento se han celebrado siete cumbres, lo que denota el éxito de la iniciativa.

El ex presidente de Perú, Alan García, fue el promotor e ideólogo de la alianza en abril de 2011. El actual mandatario incaico, Ollanta Humala, heredó el proyecto de su antecesor y le dio impulso. La misma situación ocurre en México, ya que al momento de crearse la confederación el presidente era Felipe Calderón del Partido Acción Nacional. El presidente colombiano Santos invitó en aquel entonces a nuevos socios, ya que la agrupación se presentaba como compatible con otros procesos de integración latinoamericanos. Los primeros dos países observadores fueron Costa Rica y Panamá pero la lista se amplió e incluso varias naciones quieren lograr esa calidad, entre ellos Francia, Portugal, Honduras, Paraguay, Ecuador, El Salvador y República Dominicana.

La apertura como principal objetivo

Las metas de esta alianza pragmática crecen día a día con el principal objetivo de constituir un espacio libre de circulación de personas y bienes. Los países se propusieron ampliar la red de oficinas comerciales, compartiendo las de Casablanca y Estambul, y dándole coordinación a las estrategias de exportación agrupadas en las organizaciones PromPerú, ProChile, ProExport y ProMéxico. También se elaboraron campañas de promoción de turismo de forma conjunta. Los lanzamientos de becas para estudiantes, así como el visado único con validez para los cuatro países, brindándole oportunidad de incluir temas culturales, clave para todo proceso de integración. Promover mecanismos para intercambiar información fiscal, la lucha contra la corrupción y la evasión de impuestos, también constituyen elementos fundamentales. Un paso importante fue la formación de una unión de los mercados bursátiles de Chile, Colombia y Perú. Los valores que le dan contexto a esto radican en la vigencia del Estado de derecho, la separación de poderes, el libre comercio, el respeto a la propiedad privada y el fomento de la competencia. También aparece como clave el fomento de la inversión extranjera y la seguridad jurídica. Los principios apuntan a generar bienestar, a través del empleo y la calidad de vida.

La reunión que supuso el traspaso de la presidencia temporal de Piñera a Santos contó con la presencia de los mandatarios de España, Mariano Rajoy y el de Canadá, Stephen Harper. Además no faltaron a la cita delegaciones de Australia, Nueva Zelanda, Uruguay y Japón. La cumbre también sirvió como marco para la reunión de 400 empresarios. La presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, acordó abrir conversaciones formales de adhesión. El país centroamericano firmará este año un Acuerdo de Libre Comercio con Colombia, ya que una condición para ingresar es tener convenios de estilo con todas las naciones que conforman la unión. La mandataria dejó en claro que los países deben dejar atrás las ideologías y las consignas para asumir temas pendientes en torno al desarrollo. Otto Pérez, mandatario de Guatemala, expresó su interés en ingresar formalmente. Para finales de este año también se prevé el ingreso de Panamá, a impulso del presidente Ricardo Martinelli. Ecuador mostró un acercamiento a pesar de formar parte del eje bolivariano creado por el fallecido presidente venezolano, Hugo Chávez.

Lineamientos consensuados

México busca expandir su agenda internacional más allá de los temas relacionados al narcotráfico. Peña Nieto recibirá al presidente de China, Xi Jinping, para acelerar las relaciones e intentar reducir el déficit comercial. Desde las últimas presidencias del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en la década del noventa, continuadas por las administraciones de Vicente Fox y Felipe Calderón, México ha firmado decenas de acuerdos comerciales. La nación apunta por la iniciativa privada y el intercambio comercial para la generación de empleo. Chile, desde la dictadura de Augusto Pinochet, posee una apertura hacia el exterior, que fue continuada por los gobiernos izquierdistas de la Concertación para la Democracia. El partido derechista de Piñera seguramente pierda las próximas elecciones previstas para noviembre de este año. La posible victoria de Michelle Bachelet no cambiaría en nada la participación de Chile en la Alianza del Pacífico, porque la política comercial trasciende agrupaciones políticas. 

Ollanta Humala asumió la presidencia en julio de 2011 tras ganar los comicios en segunda vuelta. Al mandatario se lo veía como próximo a la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA), sin embargo se lo ve cómodo en la alianza, con su objetivo de mantener relaciones amistosas con todos los países. Las políticas neoliberales de Perú vienen desde la época de Alberto Fujimori, Alejandro Toledo y Alan García. Humala, si bien ha intentado darle una impronta social a su gobierno, ha continuado contra todos los pronósticos con las políticas de apertura en materia comercial. Colombia, inmerso en las negociaciones de paz con las FARC, no descuida la lucha contra la pobreza y la desigualdad. Santos continúa la estrategia utilizada por los últimos gobiernos con respecto a la firma de Acuerdos de Libre Comercio y apertura económica. En una mezcla de recuperar dignidad y relevancia en los escenarios mundiales, Colombia, tercer país más poblado de Sudamérica, se ve muy beneficiado por esta alianza.


La mejor opción a futuro

La alianza busca dar pasos prácticos para cumplir objetivos sensatos y no vivir situaciones como las de otras organizaciones latinoamericanas. El Pacto Andino, creado en 1969 entre Ecuador, Bolivia, Perú y Colombia, se encuentra fracturado por la negociación del acuerdo comercial con la Unión Europea. El Mercosur creado por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, temporalmente suspendido, es el bloque más grande de Latinoamérica y este año concretó el ingreso de Venezuela. Sin embargo, las barreras de protección que se imponen entre los socios y las disputas internas frenan el dinamismo de la organización. Si bien Venezuela y Argentina son mercados atractivos para la Alianza del Pacífico, su modus operandi no coincide con las propuestas de libertad económica pautadas. Los integrantes de la nueva coalición afirman que no intentan ser una alternativa de otros procesos, pero la realidad es que buscan tomar distancia del ALBA y de la hegemonía continental de Brasil, representada en el Mercosur. 


La integración de América Latina y Asia genera expectativa. Esta alianza innovadora constituye una nueva unidad que permite un nexo entre Asia y el resto de las economías. China es el primer cliente del subcontinente y un gran consumidor de materias primas, hacia allí deben apuntar las naciones latinoamericanas. Es clave que los países que entren cumplan con los requisitos y objetivos para que no se desnaturalice la alianza ha medida que crece. Hay quienes ya denominan a Chile, Colombia, Perú y México como los tigres de Latinoamérica, haciendo un paralelismo con las naciones que lograron un gran crecimiento en Asia Oriental. Los cuatro países conforman un bloque que representa el 3.5 % del PBI mundial y la octava economía. El objetivo principal del éxito radica en neutralizar los sectores que se puedan ver desfavorecidos en cada uno de los Estados. No caben dudas que este es el momento de América Latina para cerrar las brechas de la desigualdad en cada uno de los países. Para superar este problema endémico, las estrategias de Alianza del Pacífico parecen ser las adecuadas.         

miércoles, 10 de abril de 2013

Mensaje contundente de la población en Colombia

La marcha a favor del diálogo entre el gobierno y las FARC contó con un amplio respaldo popular
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Una marea blanca inundó este martes la principal avenida de Bogotá. Alrededor de 900.000 personas se manifestaron exigiendo la paz y apoyando las conversaciones que comenzaron en noviembre entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El espaldarazo de la opinión pública a la salida negociada del conflicto armado también se produjo en otras ciudades. Colombia busca ponerle fin a 50 años de conflicto que causaron millones de desplazados y decenas de miles de muertos.
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La marcha se da días después de la culminación del séptimo ciclo de negociaciones en La Habana, en la que tanto el representante del gobierno, Humberto De La Calle, y el de las FARC, Iván Marques, reconocieron los avances alcanzados. En la manifestación, convocada en primera instancia por el movimiento izquierdista Fuerza Patriótica, marcharon figuras emblemáticas como el presidente Santos y el ex guerrillero Gustavo Petro, hoy Alcalde de la capital. El Partido Liberal, el Partido Verde y la Organización de Estados Americanos, a través de su Secretario General Insulza, manifestaron el respaldo a la marcha. No salieron a las calles los partidarios del ex presidente Álvaro Uribe, quien critica la legitimidad política que se le está dando a un grupo narcoterrorista. Los sectores conservadores expresan que su oposición no es a la paz sino a la impunidad. Tampoco participó de la convocatoria el único partido de izquierda en el Congreso, el Polo Democrático. Este grupo si bien apoya las negociaciones, no participó de la marcha al considerarla amarrada a las pretensiones reeleccionistas de Santos. 

El gobierno recibió la jornada de ayer como un mandato para profundizar y acelerar los acuerdos de paz. Juan Manuel Santos sabe que el éxito de las negociaciones garantizaría un nuevo mandato suyo. Es por ello que también ha manifestado que más temprano que tarde buscará un diálogo con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional. El proceso de paz que comenzó el año pasado y en el que el ex presidente venezolano Hugo Chávez jugó un rol fundamental, cuenta con el apoyo de países de confianza de ambas partes: Cuba y Venezuela de las FARC, Chile y Noruega del gobierno. Tras los dos meses de tregua que finalizaron en enero, se vivieron momentos de tensión debido a la captura de policías por parte de las FARC. En febrero se recrudecieron los combates y comenzaron las dudas, aumentaron las protestas sociales, se cuestionó la política de Santos y se deterioró la percepción pública de seguridad. Sin embargo el momento del diálogo parece ser este. El cambio de generación de mandos en las FARC, en los cuales predominan más los urbanos que los campesinos y la jefatura profesional renovada en las Fuerzas Armadas, con generales no formados en la Guerra Fría, posibilitan los acuerdos.

La tierra como centro de un largo conflicto

El primer punto de la agenda pactada es el desarrollo integral agrario, las FARC reclaman zonas reservadas para campesinos, indígenas y comunidades afro. El acceso y el uso de la tierra son el núcleo de un conflicto interno que lleva más de cinco décadas. El asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán en 1948 inició una época denominada La Violencia, a la que le siguió la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla. El escenario político se complejiza en los sesenta con el surgimiento de las guerrillas, entre ellas las FARC en el 64. Las luchas y la mezcla con el narcotráfico en los ochenta contribuyeron aun más a la desestabilización del país. Los gobiernos de Uribe desde 2002 al 2010, con una política de seguridad dura, lograron disminuir a los guerrilleros. El líder histórico de las FARC, Pedro Antonio Marín (apodado Marulanda o Tirofijo) falleció en 2008  y su sucesor Alfonso Cano fue abatido por el ejército en noviembre de 2011. Un año después, la organización anunció un cese unilateral del fuego por dos meses para iniciar las conversaciones por la paz en La Habana.

La manifestación de ayer es una de las mayores marchas políticas de los últimos años en Colombia. El gobierno de Santos deberá aprovechar esta gran oportunidad para cambiar la historia, encaminando a su país hacia la reconciliación. El mandatario anunció que no negocia el cese al fuego bilateral mientras que no se llegue a un acuerdo, pero sabe que en las negociaciones habrá cierto grado de impunidad y de recursos materiales para el cambio social reclamado por la guerrilla. Las FARC tienen claro que en un escenario de guerra pueden perder, por ello en los acuerdos apuestan a lograr algunos de sus cometidos y cambiar su imagen ante la opinión pública. Las raíces del conflicto yacen en las trabas sociales que implica el latifundio de origen colonial. En las próximas semanas en La Habana tratarán nuevamente este punto para darle un cierre y recién allí avanzar hacia el segundo tema: la participación política y la transformación de la guerrilla en una fuerza política dentro de la democracia colombiana.