jueves, 5 de julio de 2012

El nuevo mundo de Asia Central


Las potencias como Rusia, China, Estados Unidos y la Unión Europea, le comienzan a dedicar a la región de Asia Central un espacio importante en su agenda, especialmente en términos económicos y estratégicos. En el continente asiático, los países desarrollados como Japón y Corea del Sur, el despegue de China e India, los avances de Singapur, Malasia, Tailandia e Indonesia, y la riqueza petrolera de Medio Oriente son temas analizados arduamente por la academia  pero ¿cuál es el abordaje que se hace de Asia Central? En este artículo nos proponemos presentar cinco repúblicas de la ex Unión Soviética: Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán. La región a la cual hacemos referencia es la menos favorecida del continente, principalmente por su geografía montañosa o desértica. Sin embargo, las riquezas naturales le brindan a futuro, una importancia clave en el comercio mundial.

Asia Central es una de las cinco partes en las que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) subdivide al continente que representa la tercera parte de la superficie terrestre del mundo. Allí es donde China está adquiriendo una gran jerarquía en materia comercial, casi igualando a Rusia, la otra potencia de la zona. Por su parte, Moscú busca defender sus intereses económicos, tanto por el acceso como por el control de los recursos energéticos. Mientras que Turquía y la Unión Europea no pierden de vista el crecimiento de estos países.

Cinco naciones con realidades distintas

En términos económicos, los cinco estados poseen aspectos similares pero no se presentan como uniformes. Kazajstán, noveno país en superficie en el mundo, se encuentra entre las primeras 50 economías. Uzbekistán y Turkmenistán se ubican alrededor del número 80, con un tamaño de economía equivalente a la de Ecuador. Kirguistán y Tayikistán son economías más pobres, de niveles africanos o apenas por encima de Haití.

Kazajstán es una de las economías más fuertes de la región gracias a sus enormes reservas de petróleo, gas, minerales y metales. El algodón, el trigo y la carne son sus otros productos locales. Uzbekistán, además de recursos petroleros y gasíferos, desarrolla la industria pesada (maquinaria agrícola), así como también la producción de arroz, trigo y algodón, al beneficiarse de un avanzado sistema de riego artificial. La explotación de oro blanco es otro de los rubros que caracterizan al país.

Turkmenistán también posee avances en petróleo y gas, aunque no cuenta con la logística necesaria para poder exportar su producción. Las plantaciones de algodón son fundamentales para una economía que lucha contra su clima desértico. El maíz y el arroz complementan los productos característicos del país. Por último, Kirguistán y Tayikistán son naciones de bajo desarrollo, dedicados a la actividad agrícola, sin grandes avances a nivel urbano e industrial.

 El contacto con el exterior

En términos de comercio exterior, Kazajstán, país de 15 millones de habitantes, se enfoca actualmente en la diversificación, apuntando al transporte, las telecomunicaciones, la petroquímica y al área farmacéutica. Este objetivo se debe a que el 60% de las exportaciones actuales son de petróleo o derivados. Kazajstán fue el primer país de la ex Unión Soviética en recibir el grado inversor y actualmente es país observador de la Organización Mundial del Comercio (OMC). En materia de exportación, China, con un 20% del mercado, es su principal comprador; Italia y Rusia le siguen en importancia. En materia de importación, Kazajstán se abastece de Rusia (43%), China (13%) y Alemania (6%), adquiriendo maquinaria y productos metálicos.

Uzbekistán exporta hidrocarburos, oro y algodón. Al igual que Kazajstán, China es su principal comprador con un 22% del mercado, mientras que Rusia y Turquía son sus otros dos grandes socios. Más de la mitad de las exportaciones de Uzbekistán van hacia esos tres países. En lo referente a las importaciones (maquinaria y productos alimenticios), las mismas provienen de Rusia, Corea del Sur y China. Turkmenistán, país que no integra la OMC ni es miembro observador de la misma, tiene un desarrollo menor, al tener las privatizaciones más limitadas. Las exportaciones también tienen como primer destino China, que casi alcanzan el 30%, mientras que otros destacados socios son Turquía y Emiratos Árabes. Los productos que más adquiere del exterior (maquinaria y químicos) provienen de Rusia, Turquía y China.

En lo que refiere a los principales rubros exportables, Kazajstán se ubica dentro de las 20 naciones con mayor venta de petróleo. Con respecto al gas natural, Turkmenistán se posiciona en el lugar 14, mientras que tanto Uzbekistán como Kazajstán entran entre los primeros treinta exportadores. El algodón, otro rubro importante en Asia Central, es exportado por los tres países (que se ubican dentro de los 20 mayores vendedores), destacándose Uzbekistán por ser el quinto mayor proveedor del mundo.

Zona estratégica y desarrollo en conjunto

Como lo muestran los números, China se posiciona de gran manera en este juego estratégico comercial. El oleoducto que desde 2009 conecta el noroeste de China con Kazajstán, así como los dos gasoductos desde Turkmenistán y Kazajstán, han sido fundamentales para el comercio entre Asia Central y China. En este escenario, Rusia pelea a dos frentes buscando por un lado frenar la influencia de China en estos países y por el otro evitando la competencia que significa Asia Central para sus exportaciones energéticas a Europa. 

Turquía es otro país que gana influencia en los últimos años por ser la nación que conecta Europa con esta zona del mundo. El comercio ha crecido a través de gasoductos u oleoductos que ligan sus ciudades con el Mar Caspio (vía Georgia y Azerbaiyán). Mientras tanto, la Unión Europea observa en Asia Central una región de donde puede acceder al gas natural (que mayoritariamente proviene de Rusia) para sustituir o diversificar sus proveedores.

Los esfuerzos en conjunto para lograr un desarrollo económico se pueden observar en la Cooperación Económica Regional de Asia Central (CAREC, por sus siglas en inglés), programa del Banco de Desarrollo Asiático de las cinco repúblicas de Asia Central, sumado a China, Azerbaiján, Afganistán, Mongolia y Pakistán. Los objetivos del mismo son promover la cooperación en la creación de corredores de transporte, optimizar las relaciones energéticas, incentivar la apertura del comercio y el ingreso de los países a la OMC.

Hoy no podemos afirmar que Asia Central sea una zona clave de la economía global. Las miradas se encuentran en China, India y el Sudeste Asiático, pero aquellos que ven más allá están descubriendo una región productora y exportadora de energía. Su ubicación, al ser un espacio de tránsito de mercancías entre Europa y Asia Oriental, le brinda un valor estratégico en el comercio mundial. Seguramente su potencial como región crezca a partir del momento en que la infraestructura permita una mejor y rápida circulación de los productos.  Es por ello que consideramos interesante comenzar a conocer un nuevo mundo, el de Asia Central.

jueves, 14 de junio de 2012

Tensión permanente: la frontera entre Corea del Sur y Corea del Norte


Luego de casi 70 años de división entre Corea del Sur y Corea del Norte, resulta difícil creer que el fin de la tensión depende de los nombres que gobiernen cada país. Este año habrá elecciones presidenciales en el Sur y el desarrollo económico será el principal tema a debatir antes de los comicios del 19 de diciembre. El Gran Partido Nacional del actual mandatario surcoreano Lee Myung Bak (quien no podrá presentarse para una segunda administración) enfrentará al Partido Democrático de Unificación y a ciertos sectores independientes. Si bien las tensiones con su vecino país también son parte de la discusión, los posibles cambios en la cúpula del gobierno surcoreano no significarán una alteración en la situación con Corea del Norte. Las señales deben venir desde el país comunista, donde la muerte de Kim Jong Il el 17 de diciembre del 2011 y la sucesión en la administración norcoreana, abrieron una puerta de esperanza que no se concreta.

Una frontera provisoriamente definitiva

Nadie imaginó que la partición temporal en el famoso Paralelo 38, que desde la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial en 1945 y hasta hoy divide ambas Coreas, se mantendría tantos años inmóvil. La separación fue la solución a las diferencias existentes entre los que buscaban un modelo más liberal y los grupos de tendencia comunista. Solamente dos años duró la resolución de la Conferencia de El Cairo de 1943, en la que los líderes aliados plantearon el futuro de Corea como una nueva nación libre e independiente de la ocupación japonesa. Cabe destacar que desde comienzos del siglo XX Japón había anexado ese territorio e imponía un régimen autoritario.
A partir de 1948, el tiempo sólo aumentó la rivalidad. En ese año, lo transitorio se volvió definitivo y se proclamó la República de Corea del Sur, con Seúl como capital, y la República Popular de Corea del Norte, con Pyongyang como su ciudad principal. Los apoyos de la Unión Soviética al régimen comandado por Kim Il Sung (Corea del Norte) y de Estados Unidos al de Syghman Rhee (Corea del Sur) no hicieron más que acelerar un conflicto armado que comenzó en 1950 y finalizó con la firma de la paz en julio de 1953. Desde ese momento, cada país comenzó su desarrollo: el norte lo hizo bajo una dictadura comunista, mientras que el sur llevó a cabo un proceso político que alternó dictaduras con transiciones que desembocaron en gobiernos democráticos desde la década de 1980.

El acercamiento y la cuestión nuclear

La desaparición de la Unión Soviética y la llegada de fuerzas democráticas a Seúl cambiaron el panorama. La política exterior denominada “Sunshine Policy” llevada adelante por Kim Dae Jung, presidente de Corea del Sur, provocó un acercamiento y alivió las tensiones. En julio de 2000 se produjo una histórica entrevista en Pyongyang, entre el presidente surcoreano y Kim Jong Il (líder de Corea del Norte que sustituyó a su padre Kim Il Sung tras su fallecimiento en 1994). Los desfiles bajo una sola bandera en los Juegos Olímpicos dieron señales al mundo de una recomposición en la relación de ambas Coreas y el nuevo siglo comenzó con perspectivas de apertura.

Sin embargo, años después la situación volvió a deteriorarse. A fines del 2002, Corea del Norte se retiró del Tratado de No Proliferación Nuclear y reanudó su programa atómico, lo que provocó una crisis diplomática. Las operaciones militares en 2006 y en 2009 acentuaron las tensiones entre los países. El bombardeo en 2010 de la isla de Yeonpyeong fue otro de los acontecimientos que marcaron el último tiempo, causando la muerte de soldados surcoreanos y una alerta máxima en la administración de Lee Myung Bak.

La sucesión en Corea del Norte y la incertidumbre

El fallecimiento de Kim Jong Il, a finales del año pasado, abrió un compás de incertidumbre sobre el futuro y la relación entre ambos países. Los pronósticos en el mundo mostraron variadas perspectivas. Un golpe de estado, un endurecimiento del régimen, el desmoronamiento del país y el alzamiento de la multitud para derrocar al gobierno fueron algunos de los presagios de los académicos.

Las conversaciones entre los vecinos se estancaron por una cuestión primordial: la transición de poder hacia Kim Jong Un. A fines de febrero, Corea del Norte anunció que suspendería las pruebas de misiles de largo alcance y las actividades de enriquecimiento de uranio, a cambio de ayuda humanitaria por parte de Estados Unidos. A pesar de ello, Pyongyang informó en marzo el futuro lanzamiento de un nuevo cohete, que puso nuevamente en alerta a la comunidad internacional. Con motivo de la celebración del centenario del nacimiento de Kim Il Sung, se lanzó un cohete de largo alcance que falló a los pocos minutos de haber despegado.

Las actividades en el recinto de Punggye-ri despertaron sospechas de una nueva prueba nuclear y provocaron reuniones de altos representantes de los países occidentales. En las últimas semanas los enviados especializados de Japón y Estados Unidos (aliado principal de Seúl desde la separación de la península) que llegaron a Corea del Sur, instaron a la comunidad internacional a enviar un mensaje hacia Corea del Norte, para que este país renuncie a su programa nuclear, respete los Derechos Humanos y mejore la vida de sus ciudadanos. La última novedad fue en los primeros días de junio, cuando el Ejército Popular de Corea del Norte amenazó a los medios de comunicación de Corea del Sur por la cobertura que realizaron sobre un festival infantil organizado por el gobierno de Pyongyang.

Cambios que no modifican la situación

Al igual que en 1994, tras la muerte de Kim Il Sung, la asunción de un nuevo líder en Corea del Norte no parece traer demasiadas transformaciones. El bloque militar burocrático parece establecido y la última sucesión no ha confirmado ninguno de los pronósticos de los académicos. El statu quo parece inamovible. El cambio de nombres al mando de los gobiernos, tanto en Corea del Sur (que tendrá elecciones en diciembre) como en Corea del Norte (que cambió su dictador a comienzos de año), no modifica el estado de tensión y crisis diplomática que viven ambos países. Mientras tanto el turismo crece, la frontera terrestre entre las Coreas es un vivo recuerdo de la Guerra Fría y aproximadamente seis millones de personas por año visitan la Zona Desmilitarizada en busca de una explicación al conflicto.

Corea del Sur: la política comercial y una oportunidad para América Latina


Asia sigue siendo en este 2012 una región del mundo a la que debemos prestar atención, tanto por su crecimiento económico como por las posibilidades que brinda para los países subdesarrollados. Hace diez años Corea del Sur planteó una hoja de ruta para promocionar el comercio y mejorar su economía. La entrada en vigor - a mediados de marzo - de un extenso Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, marca un momento clave en la política comercial de una economía que se ubica entre las primeras quince del planeta. Corea del Sur no sólo debe ser vista como ejemplo a seguir sino como una oportunidad que se presenta para América Latina.

El mayor de los famosos “Tigres Asiáticos” fue siempre objeto de estudio por el conflicto con su vecina Corea del Norte y por el desarrollo económico alcanzado en la década del setenta. “El milagro del Río Han” es como denominan los coreanos a un proceso que los catapultó hacia una economía desarrollada. Con 48 millones de habitantes - población muy similar a la de Colombia -  y una superficie relativamente pequeña - menor a Cuba -, Corea del Sur alcanza un Producto Bruto Interno (PBI) per cápita de 20.000 dólares. Su capital, Seúl, es uno de los centros financieros más grandes de Asia, siendo también una de las ciudades más poderosas según la revista Forbes. La importancia de este país a nivel mundial se ve reflejada en su participación en el G-20, organismo en el cual se deciden los principales lineamientos del sistema financiero internacional.

La combinación entre una estrategia de promoción de exportaciones y una política de sustitución de importaciones fue trascendental para el despegue de la economía. Altos niveles de protección a los productos “hechos en casa” (textiles, muebles y calzados) y bajas tarifas a las materias primas necesarias para fabricar. La creación de conglomerados de empresas, denominados “Chaebol”, fue una propuesta inteligente que permitió el desarrollo de ciertas áreas de la economía. Con el correr de las décadas, debido al crecimiento de China y de los países del sudeste asiático, Corea se vio obligada a dar mayor preponderancia a la electrónica. En cambio disminuyó la importancia del sector agrícola y ganadero, siendo efímero su porcentaje en el PBI.

El rumbo de la economía varió considerablemente en los años noventa. El gobierno redujo su participación y el sector automotriz se consolidó como clave en el desarrollo del país. La inversión en educación permitió el crecimiento de la industria electrónica que hoy representa alrededor del 25% de las exportaciones del país. Teléfonos móviles, chips de memoria y televisores digitales son algunos de los productos más vendidos. Asimismo, la industria química y la construcción naval, al tener en Ulsan los astilleros más grandes del mundo, son otras dos áreas fuertes de la economía. En lo que refiere a la importación, Corea del Sur adquiere materias primas, principalmente petróleo y combustibles. Además se nutre de componentes electrónicos para sus productos de exportación, así como de maquinaria mecánica y siderúrgica (sector primordial para la producción de automóviles y barcos).

Actualmente China, Estados Unidos y Japón son los principales socios de Corea del Sur. Históricamente los destinos de las exportaciones fueron países desarrollados pero los tratados firmados ampliaron el espectro y brindaron mayor importancia a mercados emergentes: el sudeste asiático y América Latina. En el año 2003 el gobierno de Roh Moo Hyun planteó una estrategia denominada “Promotion Roadmap”. Para ampliar los destinos de las exportaciones se calificaron objetivos de corto, mediano y largo plazo. Dicho plan permitió la firma del TLC con Chile en 2004, con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) y Singapur en 2006 y un año después con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). En 2008 el mandatario Lee Myung Bak aceleró la construcción de una red global de TLC,  promoviendo tratados no previstos en la hoja de ruta original. En este sentido ya funcionan los acuerdos con India, Perú y la Unión Europea. Además están avanzadas las negociaciones con Australia, Colombia y Turquía. El objetivo a mediano plazo es poder alcanzar TLC con México, Mercosur, China, Centroamérica y determinados países de Asia.

El 15 de marzo entró en vigor el TLC con Estados Unidos suscrito en 2007 y demorado en ambos parlamentos hasta el 2011. Son recordados los enfrentamientos (con gases lacrimógenos incluidos) entre parlamentarios surcoreanos, en noviembre del año pasado, cuando se aprobó el acuerdo. Este tratado es el primero de Estados Unidos con una potencia asiática y es considerado el más grande firmado por el gigante norteamericano desde el suscrito en 1994 con Canadá y México (NAFTA). El TLC generó preocupaciones en ambos países firmantes, principalmente en aquellos sectores que se pueden ver perjudicados: el agrícola en Corea del Sur y el automotriz en Estados Unidos. Sin embargo la eliminación de tarifas y barreras del 80% de los productos prevén un beneficio a nivel global. El acuerdo permitirá que en diez años el 98% del comercio ingrese libre de impuestos. Con este acceso al mercado norteamericano, Corea del Sur adquiere una ventaja frente a sus competidores China y Japón en diferentes áreas: electrónica, automotriz y manufacturera. A contraparte cede en el sector agrícola, el cual hace tiempo perdió peso en el “Tigre Asiático”.

Como decíamos anteriormente, Corea del Sur apuntó hacia América Latina en la búsqueda de ampliar mercados de exportación. Chile y Perú fueron los primeros en “recoger el guante” y acordar tratados que permitan un mayor flujo e intercambio comercial. Actualmente Colombia negocia su TLC que aún se encuentra trabado por los sectores más conflictivos: automotriz y cárnico. México intenta rever su estrategia luego que las conversaciones se suspendieran en 2008 y los países de Centroamérica crearon una ronda de análisis para una futura negociación.

Con respecto al MERCOSUR el estudio conjunto se lanzó hace nueve años. Los avances no han sido sustanciales aunque es parte de la agenda del organismo. Las trabas, más que nada de Brasil y Argentina por el sector automotriz, dificultan la confirmación de un tratado a corto plazo. En lo que refiere a Uruguay, Corea del Sur ha manifestado su intención de firmar aunque sea un acuerdo bilateral.

El gobierno de Corea del Sur tiene claro que no puede quedarse atrás con respecto a sus competidores: China, Japón y el sudeste asiático. Su vecindario ha crecido mucho en la última década y de querer mantenerse como una economía líder, el “Tigre Asiático” deberá seguir tejiendo relaciones económicas con distintas zonas del mundo. En este sentido es que la política comercial surcoreana ofrece una oportunidad de entrada y una invitación al mercado asiático, tanto para Uruguay como para el resto de los países latinoamericanos. Chile y Perú ya aceptaron el desafío, Colombia se encamina hacia ello ¿no es hora que el resto tome la misma postura?.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Singapur: la puerta de entrada a Asia


En Asia Oriental, al igual que en las distintas regiones geográficas del mundo, se pueden agrupar los países según sus principales características. China es el gigante que crece rápidamente; Indonesia, Malasia, Filipinas, Tailandia y quizás Vietnam, son las potentes economías emergentes. Mientras que Laos, Camboya y Myanmar no han podido, hasta el momento, superar una pobreza crónica. El mapa se completa con el primermundista Japón y con los famosos “tigres asiáticos”. El estudio de Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur no es nuevo, pero siempre es interesante conocer su realidad. Luego de cuarenta años de reformas, Singapur se destaca por su interacción con un vecindario tercermundista.

La excolonia británica, que alcanzó su independencia en 1965 luego de separarse de la Federación de Malasia, es una ciudad-estado de un tamaño cercano al de Montevideo, pero con más del triple de población (4.7 millones de personas). Desde un comienzo, el régimen hibrido que gobierna Singapur (que combina democracia con autoritarismo) se propuso metas de primer mundo. Sin lugar a dudas lo logró con creces: en cuarenta años mejoró su Producto Bruto Interno (PBI) per capita de 500 dólares en uno que hoy ronda los 50.000.

Una recorrida por esta diminuta nación permite observar claramente que Singapur es de las naciones más globalizadas del mundo.  La tecnología inunda las calles del City Center, siendo un claro ejemplo los peajes electrónicos que se cobran por circular a determinadas horas. La arquitectura y el centro financiero en la bahía se encuentran rodeados por el gran puerto que da a las costas del estrecho que lleva el nombre del país. Las distintas zonas de esta nación se completan con barrios en donde predominan los complejos habitacionales estatales, organizados por Vivienda y la Junta de Desarrollo del gobierno nacional.
            
El Estado tuvo un rol central desde el comienzo de las reformas, el país avanzó hacia una economía de mercado con disposiciones planificadoras. La estrategia productiva se centró en las actividades multinacionales, buscando atraer matrices de las principales empresas a nivel mundial. Hoy en día, Singapur es el cuarto centro financiero del mundo, donde las finanzas representan un 25% del PBI. El pequeño país es líder en servicios portuarios y posee el segundo puerto de mayor trafico de contenedores, con un movimiento de 28.4 millones de TEU (unidad equivalente a un contenedor de 20 pies). En comparación, el puerto latinoamericano con más tráfico es Santos, en Brasil, con 1.8 millones. 

Con un territorio sin agricultura y carente de recursos naturales, la única opción viable para Singapur fue la innovación. Las políticas educativas (incentivando una población que lea y entienda más de un idioma),  la capacitación científica, técnica y el enfoque en la administración de empresas, son aspectos fundamentales para haber obtenido los resultados actuales. En el Índice Global de Innovación, que mide el ambiente y los logros reales de la misma, se ubica tercero. Con respecto a la facilidad para hacer negocios, lidera el ranking de Doing Business elaborado por el Banco Mundial. Como si fuera poco, ocupa el segundo lugar en el Índice de Competitividad Global, siendo uno de los países que brinda más altos niveles de prosperidad a sus ciudadanos.

Gracias a su apertura económica, Singapur se ha convertido en un centro de almacenaje y redistribución de mercaderías en la región. La exportación de manufacturas domesticas y la prestación de servicios internacionales bancarios, de transporte y comunicaciones (siendo uno de los principales exportadores de sistemas de control para aeropuertos y puertos) son claves para entender este modelo.

El comercio exterior es fundamental en el desarrollo económico de un país que produce para el resto del mundo. Su economía depende básicamente de  las exportaciones, la electrónica, productos farmacéuticos y lo que se denomina tecnología de la información. Singapur es un gran exportador de discos duros y otras piezas de computadoras. Como miembro de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) comparte una tarifa preferencial común con el resto de los integrantes, reservándose ítems como el petróleo, vehículos y tabaco entre otros. La política comercial le permite poseer mercados diversificados y no depender de fluctuaciones de los vecinos. Malasia (11%), Hong Kong (11%), China (10%), Indonesia (9%) y Estados Unidos (6%) son sus mayores compradores. Con respecto a los proveedores, sus socios son similares: Malasia (11%), Estados Unidos (11%), China (10%) y Japón (7%), siendo los productos  minerales, químicos, alimenticios y de consumo, los principales rubros de importación.

El primer Tratado de Libre Comercio (TLC) fue el área de negocios acordada con la ASEAN en 1993. A posteriori, Singapur firmó 18 acuerdos regionales y bilaterales con 24 países. Los tratados permiten que esta ciudad - estado esté intercomunicada con su región, incluyendo potencias (China e India), países desarrollados (Japón, Corea, Australia y Nueva Zelanda) y el vecindario más cercano (Malasia, Indonesia y Tailandia, entre otros). La política comercial no se ha quedado allí: apuntando hacia el pacífico, firmó acuerdos con Panamá, Perú, Chile y Estados Unidos, a los que se le pueden sumar México y Canadá, con quienes se encuentra en etapa de negociaciones.

Singapur saca provecho de una zona del mundo que ha entendido las ventajas del regionalismo. El denominado triangulo de crecimiento subregional es un ejemplo de ello, combinando gobiernos y el sector privado. Singapur, el estado malayo de Johor (que limita con la isla), y la isla Riau de Indonesia han establecido contratos para trabajar conjuntamente. De esa manera, el gobierno puede brindar a sus inversores un espacio en donde las empresas puedan acceder a mano de obra más barata y menores costos para las industrias.

Las naciones tercermundistas buscan justificar su desarrollo moderado por las características propias de su economía, cultura de su población o por su vecindario. En cuarenta años, una nación diminuta y sin recursos naturales logró convertirse en un lugar muy codiciado para vivir. Tomar países como ejemplo o modelo es una tarea complicada, ya que no se pueden transpolar circunstancias. Lo que sí podemos imitar es la forma de entender el progreso; “nosotros decidimos que seríamos un oasis en una región de tercer mundo” fue como lo definió el ex ministro Lee Kwan Yew. Singapur se convirtió de esta manera en un centro regional de referencia, la puerta de entrada al fascinante mundo asiático.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Vietnam: El progreso en motocicleta


A mediados de 1976 finalizó uno de los principales conflictos de la Guerra Fría y se proclamó la República Socialista de Vietnam, un país devastado, una economía diezmada. Meses más tarde, murió Mao Zedong y con él comenzaba a desmoronarse un modelo político económico con gran influencia en el siglo XX. En Europa, la Comunidad Económica Europea creció y se desarrolló con nueve estados. Mientras, en Sudamérica primaban las dictaduras militares. El mundo avanzó mucho luego de 35 años, Vietnam también, paso de ser una de las naciones más pobres del planeta a tener crecimientos anuales de su economía a tasas “chinas”.

Decir “Doi Moi” (Renovación) en Vietnam es hablar de una nueva época en la historia del país, que comenzó en aquel VI Congreso del Partido Comunista en 1986. La economía cerrada, típica del sistema comunista reinante, inició su apertura. El apoyo soviético mermó y China, de la mano de las reformas de Deng, se acercó al capitalismo. La integración a la comunidad internacional, el fin del control de precios, el reconocimiento de la propiedad privada, la liberalización de sectores económicos e incluso la privatización de empresas públicas, fueron algunas de las transformaciones de esta economía de mercado tutelada por el gobierno centralizado.

Vietnam es uno de los 15 países más poblados del mundo, con 90 millones de personas y una fuerza de trabajo de alrededor de 50, en un territorio que duplica al Uruguay. Con una ubicación estratégica en la península de Indochina, este país adornado por montañas y arroceras intenta unirse al grupo selecto de naciones del sudeste asiático, que han logrado una estabilidad económica considerable. La evolución de la industria, que representa un 40% del PBI, se puede observar en el movimiento constante de las calles de la capital Hanoi y la renovada Saigón (actualmente Ho Chi Minh City). En los pueblos pequeños, los comercios se combinan con el hogar y la actividad se concentra en los mercados centrales,  en donde todo se vende.

En la última década, el crecimiento de las urbes trae como consecuencia la caída de la agricultura, que alcanza un 20% del producto. Muchos jóvenes emigraron hacia las ciudades en busca de mejores posibilidades laborales. La mayoría que llegan a las grandes metrópolis logran conseguir un trabajo digno, comprar una motocicleta (principal medio de transporte e icono del progreso de la clase media) y vivir en condiciones sociales aceptables, debido a que existe una tasa de desempleo del 4%. Las ciudades se completan con los vendedores ambulantes que, caminando con los típicos “Non La” -sombreros cónicos-, buscan  superar la pobreza (que alcanza un 10% de la población) a través de la economía informal.

Vietnam se integró recientemente a la comunidad económica internacional con una liberalización pragmática y gradual, protegiendo ciertos sectores. A pesar de no ser un Tratado de Libre Comercio (TLC), el tratado comercial con Estados Unidos firmado en 2001, permitió un aumento del intercambio entre ambos países. Los cambios en las últimas décadas le permitieron ingresar en 2007 a la Organización Mundial del Comercio. Sin embargo, doce años antes ya formaba parte del proceso de integración del sudeste asiático, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean). Si bien actualmente Vietnam forma parte de las economías poderosas de la región, al momento de integrarse representaba y lideraba un grupo de países pequeños y pobres: sus vecinos Laos y Camboya y la conflictiva Myanmar. En 2010, mostró su intención de formar parte del Acuerdo Estratégico Trans Pacífico de Asociación Económica. Días atrás firmó un TLC con Chile, el primero en materia bilateral, ya que los anteriores fueron como parte de la Asean.

La apertura de la economía no permitió reducir el déficit comercial que Vietnam posee desde hace años. Sus exportaciones se centran en vestimenta, zapatos, arroz y café, siendo el segundo proveedor mundial de los dos últimos productos. El petróleo,  los muebles y el caucho complementan sus principales productos de exportación. Su primer mercado es Estados Unidos, a quién le venden un 25 % del total, muestra de que el resentimiento ha quedado atrás. Japón y China se disputan el segundo lugar con alrededor del 10% cada uno. En materia de importación, la maquinaria, los derivados del acero y los plásticos son los rubros principales, que provienen más que nada de China (23%), Corea del Sur (11%) y Japón (10%).

La inversión extranjera directa creció en el último tiempo en tierras vietnamitas. El gobierno brindó licencias a sectores que generen puestos de trabajo, lo que permitió que prestigiosas marcas establezcan sus fábricas allí. Según un estudio del Overseas Development Institute de Inglaterra, “Vietnam aprovechó las oportunidades de los mercados internacionales, atrajo inversiones para producir y exportar debido a la ventaja comparativa de poseer una fuerza de trabajo de gran calidad y bajo costo”.

La apertura en materia económica choca con la falta de libertades civiles y políticas de este país, gobernado por un partido único. La llegada de inversiones extranjeras y marcas conocidas a nivel global no coinciden con las decoraciones de las ciudades, colmadas de banderas rojas del país y los símbolos del Partido Comunista. Las enseñanzas del “Tío Ho” (así le denominan a Ho Chi Minh), con retratos e inscripciones acerca de los trabajadores, el esfuerzo y el desarrollo buscan motivar a una población que durante décadas vio entorpecida la posibilidad de progresar. 

En los últimos diez años, 30 millones de personas han dejado atrás la pobreza en esta nación del sudeste asiático. Su apertura económica le permitió convertirse en un país globalizado. A pesar que se superaron ciertos parámetros y paradigmas, el desarrollo de Vietnam causa una sensación ambigua. Si bien por su régimen político no se lo puede considerar un ejemplo, los cambios económicos realizados permiten que se desarrollen el resto de las libertades, aunque de manera paulatina. Sin embargo, hasta que no consume esa transformación, seguirá siendo un progreso rápido, endeble y peligroso: un progreso en motocicleta. 

jueves, 3 de noviembre de 2011

Malasia: la importancia de la Asean en su crecimiento


En la primera entrega sobre Malasia realizamos un repaso de las principales características de una nación que propone convertirse en una economía desarrollada para 2020. Concluimos que el progreso de este centro bancario y financiero del mundo islámico se debe en parte a las enormes riquezas naturales que posee. La creciente actividad interna y las políticas de largo plazo también son claves. Sin embargo, el comercio exterior, la inserción internacional y la inversión extranjera, son fundamentales para el despegue de la economía malaya. El estudio de las mismas será el objetivo de esta segunda entrega. 

La ubicación estratégica, el bajo costo de su mano de obra, los incentivos fiscales y la estabilidad política han permitido captar inversiones de distintas empresas multinacionales para la industria de alta tecnología. En perspectiva histórica, la inversión extranjera directa ha crecido rápidamente hasta 1996, año en que sufrió una estrepitosa caída fruto de la crisis de la región. A partir de 2001 se puede observar un lento pero constante crecimiento hasta 2007. La crisis norteamericana de 2008 impactó de gran manera y recién en lo que va de este año, Malasia ha recuperado el nivel de inversiones que poseía. Los analistas aseguran que su mercado puede recibir mayor inversión extranjera directa de lo que actualmente percibe. Los desafíos están en la capacitación de su fuerza de trabajo, la innovación y una política de inversiones más abierta.

Con respecto a la matriz productiva, el estaño y el petróleo son dos de los recursos de mayor importancia. El primero de ellos ha perdido su ascendencia con el correr de los años, mientras que la producción de petróleo se ha incrementado. Malasia exporta 650.000 barriles por día, 50.000 menos que Brasil y lejos de las potencias petroleras como Arabia Saudita, que alcanza los 7.630.000 barriles. La empresa estatal Petronas es la encargada del negocio y ha firmado contratos particulares con Exxon Mobil y Royal Dutch Shell, entre otros. A su vez controla el gas natural, abundante en la zona de Sabah. Malasia es el noveno exportador en el mundo de esta fuente de energía, con cifras que alcanzan los 30 billones de m3, triplicando las exportaciones de Bolivia, país sudamericano que más exporta. También existe gran producción de cobre y  carbón, a los que se le suma el caucho y aceite de palma (cuarto y segundo exportador mundial respectivamente).

Malasia posee una ubicación estratégica en el sudeste asiático, siendo uno de los países que controla el estrecho de Malacca. En este sentido, la actividad comercial supone un aspecto primordial para su economía. En lo que refiere a los organismos multilaterales, Malasia es fundador de la Asean (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) creada en 1967. En 1992, junto a Indonesia, Filipinas, Singapur, Tailandia y Brunei crearon un Área de Libre Comercio. Actualmente los tratados entre dichos países permiten que el 99% de los productos transiten con impuestos de van desde 0 a 5%. Con el resto de los miembros de la organización - Laos, Camboya, Myanmar y Vietnam- la reducción es progresiva y en la actualidad abarca el 60% del comercio.  

Más allá de cubrir un mercado de 566 millones de personas, mayor al de la Unión Europea (500) y al del Mercosur (370), este organismo concretó distintos Tratados de Libre Comercio (TLC) para ampliar sus negocios con el mundo. El 2003 fue una fecha fundamental ya que se firmó un acuerdo con China para crear una zona de libre intercambio de 1.700 millones de consumidores. A comienzos del 2010 entraron en vigor acuerdos con Corea del Sur, India, Australia y Nueva Zelanda. También existe un tratado con Japón y ya se han iniciado conversaciones con la Unión Europea. Esta asociación de países es la región del mundo subdesarrollado con mas rápido crecimiento. Según un informe del Asian Development Bank, “a pesar que existen diversas razones que explican el éxito del Asean, un elemento central es el alto grado de apertura en el comercio”.

En materia bilateral, Malasia firmó en febrero de este año un acuerdo con India que cubre una serie de productos que no contempla el TLC Asean-India, agregando también acuerdos de inversiones y visas para trabajadores temporales. Asimismo es miembro del Foro de Cooperación Económica de Asia y el Pacifico (APEC), organismo multilateral que componen 21 países. En este marco, en noviembre del 2010 firmó un TLC con Chile, como puerta de entrada al mercado latinoamericano. Malasia suscribió un acuerdo con Japón en 2005 y tres años después entró en vigor un TLC con Pakistan. En 2009, luego de diez rondas de negociación, se acordó una extensión al acuerdo de Asean con Nueva Zelanda. Actualmente negocia con Turquía y con la Unión Europea, mientras que las rondas de negocios con Estados Unidos se encuentran estancadas.

Los mercados de exportación han ido cambiando con la firma de distintos tratados comerciales. El desarrollo de la industria de alta tecnología permite una gran exportación en materia de electrónica: semiconductores, electrodomésticos, paneles solares y comunicación tecnológica, entre otros. En 2006 el destino principal para los productos malayos era Estados Unidos (18%) seguido por Singapur (14%) y Japón (8%). La política en busca de ampliar y diversificar los clientes tuvo como resultado que en 2010, Singapur y China se disputen el primer lugar (12,8 y 12,7% respectivamente) mientras que Japón (11%), Estados Unidos (8%) y Tailandia completan los cinco grandes mercados que reunen alrededor de un 50%. A dichas cifras se agrega un 24% de las exportaciones que van hacia el resto de países de la Asean.

En materia de importación los productos de electrónica y químicos son los rubros principales. Los tratados comerciales no han variado en gran manera los proveedores. Japón (11%) y Estados Unidos (10%) fueron perdiendo importancia por el avance de los integrantes de la Asean -Indonesia entre otros- pero se mantienen como tercer y cuarto abastecedor. Ambos se ubican por detrás de  Singapur (13%)  y China (12,5%) que son los mayores proveedores.

Con una economía interna de alrededor de 3o millones de consumidores (los mismos que Venezuela) y una exportación de petróleo similar a la de Brasil, una de las ventajas que posee Malasia sobre los países latinoamericanos es pertenecer  a un bloque comercial fuerte, que le brinda acceso a mercados de grandes proporciones. A su vez, la flexibilidad de la Asean y la astucia de Malasia ha permitido extender, a través de acuerdos bilaterales, las negociaciones de productos que por distintas cirscunstancias no incluye el bloque regional.

En la era de la globalizacion las naciones han intentado unirse para fortalecer su capacidad de negociación. Aquellos con enormes mercados internos como Estados Unidos, China e India tienen la ventaja de poder negociar por sí solos. El resto de mundo se agrupa para tener mayor importancia, la Unión Europea y la Asean son dos grandes ejemplos. En la primer entrega destacabamos el progreso de Malasia por sus características internas, ahora buscamos entender su crecimiento de forma global, como parte de una región y un bloque comercial. Esto último, una gran lección para los países sudamericanos.

jueves, 6 de octubre de 2011

Malasia: un moderno país musulmán

En materia de economía internacional todas las miradas conducen al continente asiático. Actualmente, China e India son los modelos más analizados, mientras que tiempo atrás fueron protagonistas Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur, los llamados tigres asiáticos. A lo largo de los años se ha dejado de lado el estudio de otros países de gran crecimiento ¿Cuál es la situación de las potencias intermedias como Malasia, Indonesia y Tailandia? En esta entrega nos dedicaremos al primero de ellos,  país que logró su independencia del Reino Unido en 1959.

Malasia es una monarquía parlamentaria: una democracia con carencias. Al ser el Islam la religión oficial del país, las libertades se reducen en diversas áreas donde las cortes religiosas poseen mucho poder (drogas, familia, alcohol y sexo son algunos ejemplos). El rico y burocrático gobierno musulmán creó su sede administrativa en Putrajaya. Esta ciudad jardín con arquitectura islámica, ubicada a 35 kilómetros de la capital y centro económico Kuala Lumpur (KL), nada tiene que envidiarle a Dubai y otras metrópolis del golfo pérsico.

Gobernado por una coalición multi partidaria realizó un cambio de política económica en la década del ochenta, bajo el mandato de Bin Mohamad. Las reformas estructurales buscaron transformar la economía agrícola en una tecnológica basada en la informática, tomando como ejemplo los famosos tigres asiáticos. Malasia logró un crecimiento económico promedio de 8% entre 1991 y 1997, año en que sufrió la crisis financiera, al igual que todo el sudeste asiático. La base de su desarrollo fue la industria de alta tecnología, las grandes reservas de gas, petróleo y estaño, mientras que se complementó con la actividad agrícola, al ser productor de caucho, aceite de palma, cacao y arroz.

Diferentes megaproyectos son consecuencia de una década de gran crecimiento económico. La inauguración de un aeropuerto ejemplar ubicado a 30 kilómetros del centro de KL y unido a la ciudad por anchas autopistas, que recorren la vegetación abundante y las tierras rojas del país, es icono de dicha época. Sin embargo, el emblema principal son las Torres Petronas construidas en 1998, que fueron en su momento el edificio más alto del mundo. La sede de la compañía nacional de petróleo y gas se puede observar desde las distintas regiones metropolitanas de la capital, cuando el smog provocado por el intenso tráfico lo permite.

El despegue del país se observa en infraestructura, un sistema de transporte moderno (basado en trenes subterráneos y monorraíles), un boom arquitectónico y también en el consumo. Los “malls” malayos de no menos de seis pisos se muestran repletos y cierran a altas horas de la noche. En los barrios periféricos, los ciudadanos luego de largas jornadas laborales inundan las plazas de comidas que se montan en distintas esquinas, donde se puede observar la economía informal en su máximo esplendor. La humedad, el calor sofocante y el precio accesible de los alimentos provocó que la población malaya se acostumbrara a consumir las tres comidas principales del día fuera del hogar.

Malasia ha logrado con el correr de las décadas y luego de haber sufrido diversos in sucesos, un equilibrio étnico-político entre musulmanes, chinos e hindúes. El 50% de la población es de etnia malaya - musulmana (bumiputras) y han sido favorecidos por el gobierno, a través del acceso a empleos públicos y becas de estudio. Un cuarto de la ciudadanía de origen chino domina la economía y los grandes emprendimientos, siendo parte del desarrollo del sector tecnológico industrial. Los hindúes (10%), llegados en épocas de la colonia británica principalmente para trabajar en los cultivos o en las minas,  se establecieron en comunidades a lo largo y ancho del país. Económicamente débiles, reclaman los mismos beneficios que los bumiputras.

Malasia posee 27 millones de habitantes, una población mayoritariamente joven en la que tan sólo un 5% supera los 65 años y con una edad media de 26 (en comparación, la de Uruguay es 33 y en Japón 44).  El crecimiento económico permitió reducir la pobreza y a través de las políticas enfocadas a los sectores más sumergidos, se redujo la desigualdad medida en el Índice Gini. En la capital se pueden observar enormes complejos habitacionales donde se ha instalado la nueva clase media malaya, suprimiendo los bolsones de pobreza tan comunes en el mundo subdesarrollado.  

La bonanza económica y la necesidad de mano de obra han permitido la llegada de flujos extranjeros, principalmente ilegales. Filipinas, Myanmar e Indonesia, entre otros, han expulsado trabajadores hacia la península malaya. Al igual que en los países desarrollados, los inmigrantes acceden a puestos de trabajo en el área de servicios. Por otro lado, al ser un país musulmán “abierto” han llegado familias islámicas en busca de más libertades. En Malasia las mujeres tienen permitido trabajar y manejar vehículos, situación muy distinta a monarquías como Arabia Saudita. Es común ver a las mujeres con el velo islámico trabajando en empleos públicos, algo impensado en otras partes del mundo musulmán.

El desafío y principal objetivo de Malasia como economía abierta es reducir su dependencia del comercio internacional. Como consecuencia de la crisis global la caída de las exportaciones ha sido estrepitosa, lo que determinó la desaceleración de la economía, disparándose la tasa de desempleo de 3 a 4.5%. Para mitigar sus efectos, el gobierno busca diversificar sus exportaciones a través de nuevos socios y mercados emergentes. La formación de la comunidad económica de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (mercado de 560 millones de consumidores) y la firma de Tratados de Libre Comercio (Japón, Nueva Zelanda y Chile entre otros) es un gran punto de avance. A su vez se han establecido diversas políticas para incentivar la inversión extranjera, como la enseñanza del idioma inglés a su fuerza de trabajo o la creación de ciudades tecnológicas como Cyberjaya. Sin embargo, según el informe del Banco Mundial (Malaysia Economic Motor), “la fuga de cerebros toca el corazón y las aspiraciones de Malasia de convertirse en una nación de altos ingresos”.

Este país, dividido por las aguas del mar de la china meridional, apuntó a un proceso de largo plazo con el objetivo de convertirse en una nación desarrollada para 2020. En los últimos años se ha transformado en un centro bancario y financiero del mundo islámico y así se presenta ante los inversores extranjeros. Las enormes riquezas naturales se combinan con la disciplina de la comunidad china que empuja la economía. En los últimos años, debido a una buena política de inserción internacional, el comercio se convirtió en factor fundamental para su crecimiento. El desafío actual es aumentar la demanda interna para no depender de las fluctuaciones del exterior. En tiempos de revolución en los países islámicos es importante conocer el modelo malayo, un ejemplo de país musulmán moderno.